Vistas de página en total

sábado, 20 de junio de 2026

VALVERDE DEL CAMINO Y LA LUCHA CONTRA EL FRANCÉS (I).

 

VALVERDE DEL CAMINO Y LA LUCHA CONTRA EL FRANCÉS (I).

 

Juan Carlos Sánchez Corralejo

 

Entre 1810 y 1812, el territorio onubense se convirtió en un espacio de tránsito, resistencia y enfrentamiento entre fuerzas francesas, tropas regulares españolas y partidas guerrilleras. En 1810, la consolidación del dominio francés en buena parte de Andalucía, se extendió también a lo que luego sería la provincia de Huelva, espacio que quedó expuesto a incursiones militares y a la presión constante de las tropas napoleónicas. La Sierra y el Andévalo adquirieron especial relevancia estratégica, ya que funcionaban como zonas de comunicación entre los ejércitos franceses y los territorios aún no controlados completamente. Esta situación provocó una intensa actividad bélica en forma de escaramuzas, movimientos de tropas y acciones de guerrilla[1].  La población civil jugó un papel clave, tanto apoyando a las guerrillas como sufriendo  consecuencias directas del conflicto, como saqueos, destrucción de cosechas y desplazamientos forzosos[2].

 Durante estos años, la guerra en Huelva adoptó en gran medida la forma de guerra de guerrillas, un tipo de conflicto característico en España pero que en Huelva tuvo especial intensidad debido a su carácter fronterizo y a la debilidad del control militar francés en áreas rurales[3].  La cercanía con Portugal permitió la colaboración con fuerzas aliadas, especialmente británicas, que operaban en la Península Ibérica. Localidades como Puebla de Guzmán, Villanueva de los Castillejos, Calañas, El Cerro de Andévalo o Paymogo, tuvieron un papel clave por su cercanía a Portugal. En esta zona actuaron partidas guerrilleras que cruzaban la frontera para refugiarse o reorganizarse, y hubo colaboración indirecta con fuerzas portuguesas y británicas. Esta conexión facilitó el suministro de recursos y el refugio para las tropas españolas, contribuyendo a mantener la resistencia frente al invasor.[4]

 En el mes de febrero de 1810, los franceses, dueños de Sevilla, comienzan a extenderse por el Andévalo. Desde marzo, los soldados del mariscal francés Édouard Mortier (quien había participado previamente en el sitio de Zaragoza y en la batalla de Ocaña) se enfrentan en la Sierra de Aracena a las tropas del general Ballesteros.

 Niebla tuvo un papel estratégico durante la Guerra de la Independencia debido a su posición geográfica y a su importante sistema defensivo amurallado. En febrero de 1810, las tropas napoleónicas ocuparon la ciudad, convirtiéndola en un centro militar clave. Su valor radicaba en su posición sobre el eje de comunicaciones del Condado y en sus fuertes murallas medievales, que los franceses repararon y adaptaron para uso defensivo. El castillo y el recinto amurallado actuaron como ciudadela fortificada reforzada[5], base logística y punto de control territorial. En 1811, el general Joaquín Blake dirigió un intento de asedio sobre Niebla, pero la resistencia de la guarnición francesa —a pesar de su reducido número— y la solidez de las defensas hicieron fracasar la operación.[6]

 Sevilla capituló el 1 de febrero y la Junta Central de Defensa se trasladó a Cádiz, mientras el ejército francés se aprestaba a controlar a los pueblos de Huelva.

El ayuntamiento de Zalamea la Real pide voluntarios para oponerse al invasor y se creó una compañía con los tiradores más diestros de la zona para proteger el pueblo y sus aldeas[7]. Esta funcionó como una auténtica milicia, que en ocasiones coordinaba sus acciones con otras partidas de Cabezas Rubias, El Cerro del Andévalo, Calañas, Alosno, la Puebla de Guzmán y Valverde del Camino. Estuvo capitaneada por Juan Santana de Bolaños, empresario zalameño, alcalde en varias ocasiones y conocido estraperlista, que encabezaría varias partidas integradas por paisanos zalameños que se enfrentaron en repetidas ocasiones a las tropas francesas.[8] Consiguió armas procedentes de las minas de Riotinto y llevó sus acciones al interior de la sierra onubense[9]. La pólvora fue suministrada por Vicente de Letona[10], director de las Minas de Riotinto durante el tiempo de la guerra, del arsenal del propio depósito minero. El suegro de este, Atanasio José Rodríguez, tesorero de la mina, habría ofrecido una gratificación económica por las orejas de los franceses que le llevasen ante su presencia. La resistencia fue un éxito desde su primer asalto, concretamente desde la llamada emboscada de Santa Olalla. La guerrilla atacó, en febrero de 1810, a un destacamento francés que se dirigía a Badajoz por el camino de Santa Olalla que había salido de Sevilla para participar en la conquista el sur de Extremadura y Badajoz. El destacamento habría perecido  al completo, cobrando algunos zalameños la prometida recompensa.[11] 

 

Valverde del Camino actuó como nodo de comunicaciones y operaciones, vinculado a expediciones militares y acciones de guerrilla en el eje Valverde-Zalamea la Real- Castillo de las Guardas. Vemos la presencia del general Ballesteros durante su incursión en el oeste de Andalucía en la primavera de 1810. Tras ser separado del ejército de Extremadura del marqués de La Romana, recibe órdenes de invadir el Condado de Niebla.

 EL COMBATE DE VALVERDE (19 de febrero de 1810)

 Sir Charles Oman  afirma en su History of the Peninsular War[12] que el general Ballesteros derrotó a una brigada de caballería francesa en Valverde, la medianoche del 19 de febrero de 1810.    Habla del “combate de Valverde que, sin embargo, parece haber desaparecido de los anales militares posteriores. El mariscal Mortier operaba en coordinación con el ejército de Jean-de-Dieu Soult, utilizando destacamentos móviles de caballería para asegurar las comunicaciones, vigilar los movimientos españoles, recaudar suministros, y sofocar los focos de resistencia. El Condado de Niebla era estratégico porque conectaba Sevilla con la frontera portuguesa, Extremadura, y la costa atlántica onubense.

 

El 19 de febrero de 1810, el general español Francisco Ballesteros realizó un ataque sorpresa nocturno sobre la brigada francesa estacionada en Valverde del Camino. Según las fuentes, la brigada francesa se encontraba mal protegida, los españoles aprovecharon la oscuridad, y el ataque produjo una dispersión inmediata de la fuerza francesa. La unidad pertenecía al V Cuerpo de Mortier como parte de la caballería de dragones francesa destacada hacia el oeste de Sevilla. El brigadier francés -identificado en algunas fuentes como Charles Victor Woirgard y en otras como Beauregard, murió durante el combate. 

 La acción de Ballesteros en Valverde mostraría una táctica de guerra de movilidad y sorpresa. El ataque nocturno del 19 de febrero permitió desorganizar a la brigada de caballería francesa. La muerte del brigadier Beauregard debió tener un impacto simbólico. Ballesteros habría utilizado tácticas irregulares y ataques inesperados para compensar la superioridad militar napoleónica. La dispersión de la brigada de Mortier y la muerte de Beauregard reflejan cómo la resistencia local podía afectar seriamente el control francés en Andalucía occidental y estimular la oposición popular contra la ocupación. Así es el relato de Charles Oman:

      En cierta medida, Reynier contuvo al ejército de La Romana, pero ni siquiera cumplió plenamente con esa tarea moderada, pues el general español envió al sur dos de sus divisiones, las de Contreras y Ballesteros, para amenazar las fronteras de Andalucía e instigar una insurrección en el Condado de Niebla y otras regiones al oeste de Sevilla. Ballesteros sorprendió a la brigada de caballería del cuerpo de Mortier en Valverde, a medianoche del 19 de febrero, y la dispersó, matando a Beauregard, el brigadier.[13]

 Después de la escaramuza de Valverde, Ballesteros avanzó por el Condado de Niebla intentando estimular levantamientos locales, cortar comunicaciones francesas, y amenazar Sevilla desde el oeste

 




Edouard Mortier (1768-1835)

Francisco Ballesteros González. El 25 de enero de 1811 participó en la acción de Villanueva de los Castillejo (Biblioteca Nacional de España)

 

LA EMBOSCADA DEL BARRANCO DE PALANCO

 

Otro episodio, mejor documentado, ocurrió el 11 de marzo de 1810: desde Valverde salió un destacamento francés formado por unos 400 hombres de infantería y caballería y se dirigió hacia Zalamea la Real, bien para realizar represalias por ataques previos, bien para asegurar el control de la cuenca minera[14]. M. Domínguez Cornejo, M. y A. Domínguez Pérez de León hablan de una represalia por la emboscada de Santa Olalla, pero también de la necesidad francesa de controlar la zona minera y especialmente el arsenal de armas y explosivos que la compañía minera entregaban a las autoridades locales. Al parecer, Valverde no informó de ello como se habría acordado (esa fue al menos la acusación llegada desde Zalamea), pero sí envió un aviso el alcalde pedáneo de El Pozuelo, lo que permitió la actuación anticipada del pelotón de voluntarios, formado por vecinos de Zalamea, operarios de las minas de Riotinto, y otros de los pueblos más próximos[15], destacando una cincuentena de hombres procedentes de Calañas, quienes junto con la tropa regular hicieron que la fuerza de combate española llegase hasta los 800 efectivos[16]. 

 

Las fuerzas españolas, compuestas por milicias locales, trabajadores de las minas y guerrilleros, dirigidos por el teniente de infantería Pedro Pierre[17] prepararon una emboscada en el entorno del barranco de Palanco, dentro del término municipal de Zalamea, al este de la mima homónima,  sirviéndose de tácticas guerrilleras: Pierre envió una avanzadilla como señuelo, atrajo al enemigo hacia una posición favorable para finalmente ordenar abrir fuego desde posiciones ocultas. Los franceses se retiraron hacia Valverde, dejando unos ocho o diez muertos, un caballo, y material en el campo, demostrando con ello la eficacia de la guerrilla, dificultando el control francés de la cuenca minera y reforzando la moral de la resistencia local[18].

 

La guerrilla de Zalamea adquirió enorme fama por todo el contorno y recibió las felicitaciones de la Junta Militar de Aracena y del  General en jefe del ejército de la Reunión, desde el Cuartel General de la Puebla de Guzmán, alabando la actitud de la patriótica conducta del “leal pueblo de Zalamea la Real”.[19]

 El día 14 de marzo, el cabildo de Zalamea, la Junta Militar de Aracena y los pueblos inmediatos, formaron una especia de Junta de resistencia, que operaría hasta Valverde, pero sin internarse en la Campiña. A pesar de ello, algunos grupos de milicianos hicieron incursiones en algunos pueblos de esa comarca para intentar recuperar los botines requisados anteriormente por los franceses[20]José Ruiz Mantero habla de otra gesta posterior. De nuevo, el 26 de marzo, un grupo de 26 escopeteros zalameños habrían logrado recuperar 750 cabezas de ganado cabrío, tres caballos y dos bueyes con sus pastores, requisados por los franceses que se encontraban junto a la villa de Gerena. Esos animales servirían para el acopio de alimentos de las partidas guerrilleras.[21]

 



Tropas Édouard Mortier (Primer Duque de Treviso) en Valverde del Camino.  La población fue ocupada de formas discrecional para lanzar partidas hacia Zalamea la Real y otras zonas (Recreación digital)

 

Durante la noche del 12 al 13 de marzo de 1810, una cincuentena de hombres de las tropas napoleónicas llegó a Calañas. El municipio desconocía la proximidad de los invasores. Manuel Gómez del Valle habla de una presencia casi testimonial. María Antonia Peña Guerrero afirma que solo se llevaron aquello con lo que podían cargar[22]. Poco después se retiraron y se unieron al resto del contingente y llegaron a Zalamea la Real[23]. Charles Oman explica los siguientes pasos del general Ballesteros:

 

    Luego avanzó hasta Ronquillo, a solo treinta kilómetros de Sevilla, donde, entre el 25 y el 26 de marzo, tuvo un enfrentamiento indeciso con una de las brigadas de Gazan, tras lo cual se retiró al Condado. Mortier, entonces, salió a su encuentro desde Sevilla al frente de toda una división. Imprudentemente, ofreció batalla en Zalamea, en el río Tinto, el 15 de abril, donde Ballesteros fue derrotado y se retiró a las montañas. Allí, tiempo después, fue perseguido por las columnas de Mortier y nuevamente derrotado en Araçena el 26 de mayo. Pero reagrupó a sus diezmadas fuerzas en la Sierra de Araçena, donde permaneció durante mucho tiempo, siendo una espina clavada para el Ejército de Andalucía, descendiendo siempre para realizar incursiones en las llanuras de Sevilla cuando se encontraba sin vigilancia. Soult se vio obligado a mantener una parte considerable del V Cuerpo bajo vigilancia, un destacamento que no estaba dispuesto a ceder.[24]

 

 

 

 

 

 

 



[1] Menguiano Romero, María Teresa (2018), La Guerra de la Independencia en la Sierra de Huelva. Huelva: Diputación Provincial de Huelva, pp. 45 y 132.

[2] Mira Toscano, A., Villegas Martín, J., y Suardíaz Figuereo, A. (2011). La Batalla de los Castillejos y la Guerra de la Independencia en el Andévalo Occidental. Huelva: Diputación Provincial de Huelva, p. 78.

[3] Armillas Vicente, J. A. (Coord.). (2001). La Guerra de la Independencia: estudios. Zaragoza: Institución “Fernando el Católico”, pp. 15-34.

[4] Gutiérrez Llerena, Felipe (2011). Sobre la Guerra de la Independencia (1808-1814). Badajoz: Diputación Provincial de Badajoz, p. 113.

[5] Delgado, Antonio (1891), “Bosquejo Histórico de Niebla”, Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo XVIII, pp. 484-551. Disponible en https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/bosquejo-histrico-de-niebla-0/html/. Menguiano Romero, M. T., 2018, p. 67.

[6] Gutiérrez Llerena, F. 2011, p. 119.

[7]  Ruiz Mantero, José (1982), “Zalamea la Real en la Invasión Francesa”, Revista de feria. Peña Guerrero, María Antonia (1995). El Tiempo y las Fuentes de su Memoria: Historia Moderna y Contemporánea de la Provincia de Huelva. Tomo IV. San Juan del Puerto: Diputación Provincial de Huelva, p. 19.

[8]  Domínguez Cornejo, M. y Domínguez Pérez de León, A (2011), “La Guerra de la Independencia en Zalamea la real (II)”. Disponible en: https://zalamealareal-historia.blogia.com/2011/030101-la-guerra-de-la-independencia-en-zalamea-la-real-ii.php.

[9] Menguiano Romero, 2018, p. 44.

[10] Vicente de Letona vivió en Sevilla en la calle de Catalanes y murió en 1833. Guardaba entre sus papeles "muy curiosas noticias" muy curiosas noticias" de la invasión y campañas de la Sierra de Aracena y Condado de Niebla (Manuel Moreno Alonso, “La Gazeta de Ayamonte”, en VIII Jornadas de. Historia de Ayamonte, Ayuntamiento de Ayamonte, Área de Cultura, p. 116). Existe en el archivo municipal de Zalamea la Real un documento, fechado en agosto de 1815, acabada ya la guerra, conocido como el “Expediente Letona”, que proporcionar una valiosa información sobre la época. Letona residía en Zalamea, estaba casado con una zalameña y era considerado como un zalameño más. El expediente es un informe del Ayuntamiento en respuesta a la petición del propio Letona que pretendía ser condecorado con los honores de comisario de guerra por su resistencia a Villanouve.

[11] Ruiz Mantero, J., 1982, “Zalamea la Real en la Invasión Francesa. Éxitos españoles en 1808.  Domínguez Cornejo, M. y Domínguez Pérez de León, A. (1994), Zalamea la Real. Aproximación Histórica. Ayuntamiento de Zalamea la Real. Consejería de Cultura y Medio Ambiente, p. 106.

[12] La obra de Oman fue considerada durante gran parte del siglo XX como el estudio más completo y riguroso sobre la Guerra Peninsular. Su valor reside en el uso de archivos militares, diarios de campaña, despachos oficiales británicos, franceses, españoles y portugueses, y el reconocimiento directo de los campos de batalla. En la historiografía militar anglosajona, sigue siendo un punto de partida obligado. Hoy la obra de Oman ya no se considera definitiva, pero sí una fuente monumental para el estudio operacional y militar, detallada y muy fiable en cronología, movimientos y documentación.

 [13] Oman, Charles (1908) A History of the Peninsular War vol.3: September 1809-December 1810. Ocaña, Cádiz, Bussaco, Torres Vedras.  Oxford: Clerendon Press, p. 215

[14] Peña Guerrero, M. A. 2000, p. 169.

[15] Domínguez Cornejo, M. y Domínguez Pérez de León, A., 1994. p. 106.

[16] Domínguez Cornejo, M. y Domínguez Pérez de León, A., 1994, pp. 106-107.  Peña Guerrero, M. A., 2000, 169.

[17] Pedro Pierre fue un teniente de infantería del Regimiento de Línea de Córdoba que actuó como jefe de una partida guerrillera en la zona minera y serrana de Huelva hacia 1810.  Tras la derrota del ejército regular español (como en Ocaña en 1809), la resistencia pasó a depender en gran medida de milicias locales y partidas guerrilleras

[18] Mira Toscano, A., Villegas Martín, J., y Suardíaz Figuereo, A., 2011, p. 81-83.  Huelva24. (2011). Las partidas guerrilleras en el territorio onubense durante la Guerra de Independencia. Recuperado de prensa digital (24 de junio de 2011), pp. s/p (sección histórica, episodio del 11 de marzo de 1810)

[19] Ruiz Mantero, J. 1982.

[20]  Domínguez Cornejo, M. y Domínguez Pérez de León, A. (2011), “La guerra de la Independencia en Zalamea la Real (III). https://zalamealareal-historia.blogia.com/2011/031601-l.

[21] Ruiz Mantero, J., 1982.

[22] Peña Guerrero, M. A. (2000), El tiempo de los franceses. La Guerra de la Independencia en el Suroeste español, con la traducción y edición crítica de la obra "Un village andalou sous le premier empire pendant l'occupation française" de Jean d'Orléans. Ayuntamiento de Almonte, p. 170.

[23] Gómez del Valle, Manuel (2019), Andalucía durante la ocupación francesa (1810-1812). Repercusiones en las provincias de Huelva y Sevilla, p. 73.

[24] Oman, Charles (1908) A History of the Peninsular War vol.3: September 1809-December 1810. Ocaña, Cádiz, Bussaco, Torres Vedras.  Oxford: Clerendon Press, p. 215

 

sábado, 17 de mayo de 2025

LAS CASAS DE LOS MAESTROS

 

Las casas de los maestros.

 

  El artículo 52 de la Ley de Educación Primaria de 1945 establecía que la construcción de  edificios-escuelas y viviendas para el maestro era una función esencialmente municipal y solo por la Ley de Construcciones Escolares de 22 de diciembre de 1953, el Estado asume un papel más destacado como promotor directo, junto a los ayuntamientos. La aprobación del plan de construcción de escuelas de 1956 y la inauguración de la Junta Central de Construcciones Escolares de enero de 1957, dio como resultado que vieran la luz gran cantidad de grupos escolares a lo largo de la geografía onubense. 

 

Muchos maestros del grupo disfrutaron además de una vivienda oficial.[1] El resto recibía una pequeña cuota en concepto de compensación, bien para sufragar su propio alquiler, bien para afrontar los gastos de sus viviendas en propiedad.

 

En junio de 1955 se solicitan de nuevo ayudas al Ministerio para obras de mejora en el centro, aunque la parquedad de la referencia no nos permite profundizar más[2]. Quizá desde este momento se estuviera pensando en la posibilidad de construir viviendas para los maestros, de acuerdo con la ley de 22 de diciembre de 1953 y las órdenes de 10 de febrero y 27 de agosto de 1954.

 

Pero las ocho casas de maestros construidas en el recinto del Grupo Escolar no se levantaron hasta mediados de la década de los 60. No hemos podido documentar, en los archivos locales, la fecha exacta de inauguración ni las aportaciones municipal y estatal, en este último caso si la hubo. Si en cambio la realización de las obras a través del recuerdo de los alumnos de aquellos años.

 

Entre los pocos datos que hemos podido recopilar en este asunto, sabemos que en 1973 las casas de los maestros aún no disponían de agua potable:

 

«La acometida del agua, para el servicio de las casas de los Sres. Profesores es también una necesidad urgente, pues entendemos que ellos deben beneficiarse también como cada vecino del inmejorable abastecimiento de agua que llega ya a todas las casas del pueblo»[3].  

 

A finales de la década de los 60 ocupaban las ochos casas de maestros Antonio  Cuevas, Casiano Hidalgo, Francisco Javier Almonte, Severino Fernández y su esposa Mercedes Rodríguez Piñán, Carmen Fructos, Águeda Díaz Barragán y Dolores Arroyo Medina.

 

En los primeros 70 las habitaban Dolores Arroyo Medina, Águeda Díaz Barragán y dos familias numerosas, la de José Zamarreñó  y Pilar García, y la de Josefa Parreño, que pudieron ocupar dos viviendas anexas[4]. Tras la marcha de Águeda Díaz en ocupó su plaza y su vivienda Mari Cruz Ponce Vázquez y su esposo, el también maestro Francisco Mendoza Cejudo.   

 

A los ojos de los alumnos, vivir en el propio recinto escolar era un  castigo doble:

«Al otro lado del colegio, en la zona que da a la carretera de Calañas, estaban situadas las casas de los maestros, cuya parte trasera miraba a la calle Madrid. Eran viviendas pequeñas y, al menos en su planta baja,  de la que nunca pasé, poco luminosas. Se nos hacía extraño que nuestro maestro viviera dentro del recinto escolar, y a nuestros ojos parecía un castigo del que afortunadamente nosotros nos habíamos librado».[5]

 

Como conclusión de este apartado de construcciones escolares, podemos afirmar que las obras de reparación del Grupo Escolar en los años del franquismo fueron escasísimas y siempre obras menores. El diario ABC narraba unos años después, en 1977, el olvido que Valverde del Camino tuvo ante las autoridades educativas, de cara a la mejora del Menéndez y Pelayo, lo mismo que del proyecto de Instituto de Enseñanza Secundaria:

 

«El único colegio nacional de Valverde, el Menéndez y Pelayo, considerado como el santa sanctorum de la enseñanza y que verdaderamente merezca el nombre de tal, por su construcción, su situación y capacidad y por el mismo que en él ponen los valverdeños, fue construido durante la II República, en 1934, sin que el Ministerio tuviera que hacer, en los últimos cuarenta años, más que una pequeña ampliación a efectos de levantar algunas aulas para niñas, ya que el grupo escolar José Nogales[6], edificado en los años cincuenta con un presupuesto de 300.000 pesetas, además de insuficiente y mal planteado, se situó sobre un cerro, de tal forma, que el campo de juegos infantiles queda en una de las cuestas más pronunciadas de la población.

 

Se puede deducir, con los datos en la mano, que desde 1960 a 1973, la Junta Provincial de Construcciones Escolares de Huelva, realizó en la provincia inversiones por un total de setecientos veintitrés millones setecientas setenta mil cuatrocientas quince pesetas, sin que a Valverde del Camino le correspondiera ni un solo céntimo, a efectos de centros escolares.

 

Así, pasada la primera sorpresa en el Gobierno Civil de Huelva ante la decisión cientas quince pesetas sin que a Valverde el gobernador se entrevistó el pasado lunes 27(sic), con todos los miembros de la Corporación, que sin desistir de su postura de mantener el cese, aceptaron dar un compás de espera con vistas a ser recibidos en Madrid, tan pronto quede formado el nuevo Gobierno, por el ministro de Educación y Ciencia».[7]

 Pero junto a la escasez de obras de reparación y mantenimiento, aparece una nueva demanda: la ampliación de las dotaciones escolares de una población en continuo crecimiento.  

 En 1958, Valverde solicitaba un grupo escolar de niños de 9 secciones, dos escuelas unitarias de párvulos varones, un grupo escolar de niñas de seis secciones –la escuela del Santo-, y una escuela unitaria, con secciones de niños y niñas, en los Pinos de Valverde, y se añadía que «a efectos de prelación de estas construcciones se indica que el 40% de niños y el 27% de niñas, según las estadísticas más recientes obrantes en esta secretaría, no reciben enseñanza primaria de ninguna clase»[8].

 En 1960 se solicitó, con cargo al presupuesto de 1961, el nuevo grupo escolar de niños de 6 secciones de Triana[9]. En 1963 se seguían pidiendo 6 unidades de niñas, que se acoplarían al grupo Menéndez y Pelayo, y la tan ansiada escuela de los Pinos[10]. En 1970 se solicitaba la creación de dos escuelas de párvulos y una de niños[11].

 A partir de 1961, el Grupo Escolar Menéndez y Pelayo no estará solo. A él se unen las seis nuevas aulas del recién inaugurado Grupo Escolar José Nogales. Ello vino a significar la existencia de 13 unidades escolares para la población masculina, y apenas cinco para la población femenina. Los  maestros de ambos, así como de las escuelas de niñas, son bien conocidos en la ciudad[12]. En 1967 tuvo lugar la única obra reseñable del Grupo Escolar: la inauguración de la Nueva Escuela Graduada de Niñas, que analizaremos más tarde. 

 

https://mail-attachment.googleusercontent.com/attachment/u/0/?saduie=AG9B_P-lgLo7rtAHRtTAgT3chzjU&attid=0.2&disp=emb&view=att&th=139f74fda02b9ca0





Aún quedaban por resolver algunos inconvenientes constructivos, como el muro de la calle Madrid. Incluso a finales de los años sesenta seguía siendo un  terraplén. Los setos habían alcanzado enorme altura, pero su continuidad solo podía producir accidentes. En 1969, Manuel Medina sugirió la conveniencia de reparar la valla, o mejor de sustituirla por el muro correspondiente.[13] Cuatro años después, siendo ya director del  centro, el problema continuaba:

 

«El cerramiento de la parte derrumbada de la calle Madrid es necesario quede en condiciones, para evitar que no solo los niños sino las gentes transiten por allí sin el menor respeto a cosa acotada. Además, el aspecto de abandono, con aquellos escombros sin retirar aún de la citada calle, hace que algunos vecinos de la misma, sin el menor escrúpulo, echen sus basuras dentro del recinto, lo cual puede comprobarse a simple vista»[14]

Vista aérea de Valverde con el Grupo Escolar y el Valle de la Fuente poblado de  naranjos. Por iniciar  las obras de la barriada Inmaculada Concepción

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1]. A.M.V. / L.A.C. de 1969, 7 de noviembre. Los  maestros Francisco Mendoza, Juan Luis Duque y Juan Bautista Cruz solicitaban autorización para diversas obras de acondicionamiento en las viviendas que les habían sido asignadas.

[2]. A.M.V./L.A.C. de 1955, 25 de junio.

[3]. A.C.M.P.,  Acta de 24 de octubre de 1973.

[4]. En el primer caso, debido a que los dos miembros del matrimonio eran maestros. En el caso de Josefa Parreño, por un acuerdo con el  también maestro valverdeño Juan Cruz Cera.

[5]. ARROYO BERMEJO, L., 2012.

[6]. Actual Guardería Municipal.

[7]. ABC. Viernes 1 de julio de 1977, p. 21. Errata notable en el tercer párrafo.

[8]. L.A.C. de 1958, 3 de noviembre. Propuesta del secretario para el plan provincial de construcciones escolares.

[9]. A.M.V./L.A.V. de 1960, 25 de noviembre.

[10]. A.M.V./L.A.C. de 1963, 23 de abril y 26 de mayo.

[11]. A.M.V./L.A.C. de 1970, 4 de diciembre.

[12]. Por el Menéndez, Manuel Medina, Fausto Arroyo, Teodoro González, Francisco Romero, Antonio Rivera y Fernando Gómez.  Por el Grupo Escolar José Nogales, Francisco Mora Arrayás, Rafael López Muñoz,  Jerónimo Nogueroles, Manuel Rojo Jiménez,  José  Arrayás Arroyo, Luis Retamero Fernández y  Manuel Orihuela Morales. Las maestras de niñas eran María Ruiz, Carmen Sevilla, Amalia Barbosa, Carmen Peña y Antonia Pérez Aparicio. Esta última de la escuela unitaria de niñas, inscrita dentro del Taller-Escuela de Formación Profesional, dependiente del Ministerio de Educación Nacional. Relación manuscrita de los maestros de Valverde del Camino. Leg. 360.  

[13]. A.C.M.P: Libro de actas. 1969, septiembre, 25.

[14]. A.C.M.P: Acta de 24 de octubre de 1973.