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lunes, 26 de septiembre de 2016

LA GUERRA CIVIL y VALVERDE DEL CAMINO (IX)



CARTAS Y CRÓNICAS  DESDE  EL FRENTE Y LA RETAGUARDIA
 LA GUERRA CIVIL VISTA DESDE VALVERDE DEL CAMINO (IX)


Juan Carlos Sánchez Corralejo

El Andévalo. Paisaje y Humanidad
Actas de las V Jornadas del Andévalo, pp. 247-251.
Ampliado para Facanias

La ofensiva contra Cataluña (enero-marzo de 1939)

Las luchas en el frente del Segre dejaron casi tantos muertos como el Ebro. Allí hubo valverdeños como Manuel Calero Sánchez, quinto de 1932, que estuvo en Fraga en 1938, en el suministro de las piezas de artillería. Del 6 al 12 de noviembre se produjo una contraofensiva republicana, con el objetivo de tomar Fraga, envolver Lleida e iniciar un nuevo contraataque. El 12 de diciembre terminó la batalla u ofensiva de Seròs, punto final de la batalla del Segre, iniciada ocho meses antes, y el 16 acabó la batalla del Ebro.[1]

Entonces se reactivó la campaña de Cataluña. El cuerpo de ejército de Urgel, al mando del general Muñoz Grandes, formado por las divisiones 61, ésta incompleta, la 62, 63 y 150, se situó en la zona de los Pirineos[2]. El 23 de diciembre de 1938  se produjo la ruptura del frente del Segre y el ejército de Urgel –donde se encontraba José Contioso– avanza desde Lérida y ocupa Solsona, Basella, Manresa y la Seo de Urgel[3]. Mientras, el ejército de Navarra, el marroquí y la división italiana Littorio tomaron Tarragona el 15 de enero y  entraron en Barcelona once días después, sin apenas resistencia[4].


La Nochebuena de 1938, José Contioso la pasó en unión de algunos camaradas: Desde luego tú las pasarías mejor que yo de un tirón, y hoy veinticinco tendrás el cuerpo en mejores condiciones. En la semana final de diciembre de 1938, varios valverdeños, amigos antes de la guerra, estuvieron en las inmediaciones de Barcelona, aunque ni se vieron; nos referimos a los batallones de José Contioso y José Castilla.



José Contioso

En 26 de enero de 1939 las tropas nacionales llegaron a Barcelona, después de intensos bombardeos aéreos de la Legión Cóndor. El 1 de febrero de 1939 las tropas del ejército de Urgel, al mando de Muñoz Grandes, se concentraron en las márgenes del rio Segre e iniciaron el avance sobre Vic y la Seo de Urgell, esta última ocupada el 5 de febrero, alcanzando poco después las fronteras con Francia y Andorra. Ese día, el 1 de febrero, José escribe a Dolores desde León y dice estar “sin tiempo para poder escribir una verdadera carta[5].

De Extremadura y Castilla-La Mancha a Madrid

El frente de Castuera, Monterrubio de la Serena y Cabeza de Buey, junto a las trincheras del río Zújar, en el límite entre Badajoz y Córdoba; y las Riberas del Tajo, en Cáceres y Toledo, fueron otros destinos de soldados valverdeños.

Desde la primavera de 1937 varios valverdeños, como Federico Arroyo, se encuentran en Extremadura. Vicente Rojo planifica el ataque a Extremadura, mientras las fuerzas franquistas iniciaban la gran ofensiva contra Aragón. Por entonces, José Contioso parece inmune a la guerra y le comenta a su cuñado que ni los traslados ni la voz de ataque impresionan ya a su corazón. Confiesa estar curtido de tantas luchas con la sola esperanza de volver a Valverde. La presencia de paisanos en el frente de guerra es casi la única alegría. El último del que han tenido noticias es Joselito “el pelador, de mediana estatura y delgado”, perteneciente a la  quinta de 1933.[6]

Desde febrero del 38, el capitán Nieto se mueve con su batallón en el límite entre Cáceres y Toledo, las Sierras cacereñas de Altamira y Carbonera, el valle del Hospital del Obispo, Navalmoralejo. Contribuyó al fortalecimiento de las tropas nacionales en la comarca de La Campana de Oropesa: en  Villar del Pedroso, en el límite entre las provincias de Cáceres y Toledo, formó parte  de la brigadas del coronel  Sanz de la Garza  que ocupó  tras un  intenso cañoneo enemigo la cota 571; y pasó a Azután (Toledo) en la margen izquierda del Tajo, donde logró tomar la loma Paladilla Allí, en la Sierra de la Estrella, Toledo. Desde fines de agosto, su unidad se dedica a  la “limpieza del macizo montañoso de Sierra Estrella, haciendo gran cantidad de prisioneros y recogiendo mucho armamento y material ”.

Diego Romero Pérez[7] se incorporó al frente de Extremadura, en el verano de 1938, como zapador minador, y terminó la contienda de alférez provisional de infantería. Allí hizo amistad con Manuel Sánchez Caballero, quinto del 31, el Chispa, portero del Valverde C.F., quien llegó a ser sargento de infantería.


Manuel Sánchez Caballero, el chispa



Licencia de jugador de fútbol de Manuel Sánchez Caballero. Temporada 1942/43.

Andrés Nieto se adentró en la comarca de La Jara y volvió a las trincheras en Aldenueva de Barbarroya, avanzó por Belvís de la Jara, donde su batallón paso el otoño. A principios de enero de 1939,  habían llegado a Talavera de la Reina y desde mediados su batallón está en Toledo, donde desde marzo  cooperó en la ruptura del frente de la cabeza de puente de Toledo[8].   



Organización de la ruptura del frente de Toledo

José Dolores Macías vivió los estertores de la guerra en un pequeño poblado a las orillas del río Tajo, que creía recordar se llamaba Alcubilete[9], al norte de Mora de Toledo. Sin necesidad de trincheras, el Tajo hizo de frontera natural entre ambos bandos: La división de los dos bandos estaba hecha por el río Tajo, que a la margen de cada orilla y de forma bastante distanciada tenía cada bando un fortificado de ametralladoras. Pero, a pesar de ello, era un lugar tranquilo que permitió la vida de los habitantes de los caseríos. Ante la retirada de los republicanos se comenzó a construir un puente de madera, mientras una fábrica de conservas de tomate sirvió de recinto de acogida de los prisioneros republicanos.[10]

Antonio Gamonoso Gutiérrez, quinto del 41, vivió los últimos meses de la guerra en la compañía III del regimiento Málaga. Fue enviado al frente de Badajoz (Castuera, Monterrubio y Cabeza de Buey), a las trincheras del rio Zújar, desde donde se veía Belálcazar (Córdoba), donde se levantaban las trincheras republicanas. Desde julio de 1938, la llamada bolsa de la Serena o de Mérida había perdido mucho terreno, con poblaciones importantes como Don Benito, Villanueva de la Serena, Quintana, Castuera, Monterrubio, Orellana de la Sierra y Navalvillar de Pela. Ahora, a comienzos de la primavera de 1939, los regimientos asentados en Extremadura y la Mancha marchan hacia Madrid. El regimiento Málaga lo hizo a través de Gargantiel, Almadén, Mérida, Don Benito y Valverde de Mérida.

Así llegamos a una ciudad universitaria en ruinas. Allí me encontré con algunos valverdeños como José Antonio Cejudo Duque, Antoñé”.[11]

Otros valverdeños también Fueron destinados al frente de Badajoz,  como Juan Lorca Feria,  aunque en unidades diferentes y no se vieron en ningún momento

    
               Antonio Gamonoso                          



Juan Lorca Feria


Frente de Badajoz. Enero-febrero de 1939

El 5 de marzo de 1939, José Contioso escribe desde Pelegrina, Guadalajara, un pequeño pueblo cercano a la monumental Sigüenza. Se complica el final de la guerra y se suspenden los permisos: Almería, Murcia, Cartagena y Alicante se convierten en casi los únicos reductos republicanos. La flota cartagenera protege los convoyes de buques con suministros. José teme ser enviado a Murcia a la eliminación de los últimos focos de resistencia republicanos:

“No sabemos bien el porqué, pero algo ha de pasar: por aquí óyese decir se han sublevado en Cartagena  y que desde ese punto piden auxilio a Cádiz. Aquí se han formado los pocos hombres que quedan y se les ha tomado nota de las municiones que tiene cada uno, por lo que nos sospechamos tengamos que marchar, ahora que sin saber nada afirmativamente”.

El Castillo de Pelegrina, Guadalajara

Negrín optó por resistir «palmo a palmo» en espera del estallido de la inminente Guerra Mundial; salió por la frontera de Cataluña (9 de febrero) pero regresó al día siguiente en avión a Alicante, con la intención de reactivar la guerra. Pero el final de la guerra estaba próximo. El 2 de marzo de 1939, Juan Negrín llegó a Cartagena en un intento desesperado de arengar a la flota para que adoptase una postura numantina, pero ya los mandos tenían listos los barcos para abandonar España. Negrín recorrió las instalaciones y se percató del desastre que supondría una resistencia, volviéndose a Elda[12]. El golpe de Estado de Segismundo Casado, la noche del 5 al 6 de marzo, puso en bandeja la capital de España a Franco, aunque antes los comunistas, que tenían un importante control sobre el Ejército del Centro, se negaron a la rendición y, obedeciendo las órdenes de Negrín, desencadenaron una guerra contra los casadistas por el centro de Madrid.

El nerviosismo, la intranquilidad, la desazón se apodera de aquellos jóvenes que llegaron a creer que la guerra nunca acabaría. La 62ª División no fue a Murcia, pero no sabemos realmente dónde se encontraba. El 15 de marzo, José Contioso estaba agotado y triste[13]. A ello contribuían el frío y los días de viento y de nieve. José decía preferir “el día más crudo de invierno de nuestro Valverde. Pero la desazón viene también por el conocimiento que tiene de otros valverdeños que tuvieron la suerte de ser reclamados por la fábrica de botas militares Inval y habían podido regresar a la patria chica:

“Hace unos días vi al paisano Gordí, al novio de la Carmona, la del Cabezo y me dijo que se marchaba a casa movilizado por la fábrica, la Inval, lo cual iba bastante contento, pero a mí me dejó triste, ya que todos tienen la suerte de quitarse de las múltiples fatigas que cada día que pasa es más irresistible el aguantarlas. También habla de otro paisano con enchufe, Antonio Lazo: Viva el enchufe del amigo Lazo. Dígale si es amigo, haga el favor de sustituirme por un mes”.

En tal sentido, dos empresas monopolizaron el abastecimiento de zapatos a la soldadesca de la Guerra Civil, una de Valverde del Camino y otra de Val de Uxó: la Inval S.A valverdeña suministraba zapatos a la zona nacional, mientras que la empresa castellonense “Segarra”, nacida en 1931, hizo lo propio en la zona bajo mando republicano.

Mientras, en la segunda quincena de abril de 1939, la unidad del capitán Nieto Mariano se ocupó de la custodia de los prisioneros del campo de concentración de  Valdehigueras, en Talavera de la Reina. El 29 llegaron en tren a Mora de Toledo  y desde allí a Manzaneque, desde donde se traslada ocasionalmente al Cerro de los Ángeles (Madrid). El 18 de mayo se trasladó a Madrid con el fin de asistir al desfile de la victoria.

Andrés Nieto


Cerro de los Ángeles, a 14 kilómetros de Madrid. Monumento al Sagrado Corazón de Jesús, y Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles. 1919.


[1]Vid. MARTÍNEZ REVERTE, Jorge: La batalla del Ebro. Crítica, 2006.

[2] SEMPRÚN, J.: op.cit., p. 494.

[3] SAGARDÍA RAMOS, A., op. cit., p. 214.
[4] BALCELLS, A.: Cataluña contemporánea II (1900-1939). Estudios de Historia Contemporánea, Siglo Veintiuno. 1981, 5ª edición, p. 54.
[5] Carta de 1 de febrero. 
[6] Carta de José Contioso a Federico Arroyo. 19 de marzo de 1938. Ayerbe.
[7] Sería interesante ahondar en la vinculación de Diego Romero Pérez con Queipo de Llano. Sabemos que escribió discursos para él y que actuó como telonero del Virrey de Sevilla, junto a Eduardo Llosent y Rafael de León.
[8] RUIZ ALONSO; José María  (2004):  La Guerra Civil en la provincia de Toledo : Utopía, conflicto y poder en el sur del Tajo (1936-39).  Ciudad Real : Almud, 2004. 2 vol.  Biblioteca Añil , 21- 22.
[9] J. Dolores muestra dudas sobre este nombre. Alcubillete era un campo de concentración en el término de Torrijos.
[10] MACÍAS DELGADO; J.D., op. cit., p. 213.
[11] Entrevista a Antonio Gamonoso Gutiérrez.
[12] Vid. Historia de Cartagena. Juan Soler Cantó. 1990. Cartagena fue una isla. La sombra de Aníbal.
[13] Carta de José Contioso. 15 de marzo. Estafeta de campaña nº 14.

sábado, 23 de julio de 2016

CARTAS Y CRÓNICAS  DESDE  EL FRENTE Y LA RETAGUARDIA
 LA GUERRA CIVIL VISTA DESDE VALVERDE DEL CAMINO (VII)

Juan Carlos Sánchez Corralejo

El Andévalo. Paisaje y Humanidad
Actas de las V Jornadas del Andévalo (Noviembre de 2014), pp. 236-242.
Ampliado para Revista Facanias. Julio de 2016.



La ofensiva nacional en el norte. La Guerra en las Merindades (febrero-agosto de 1937)

Desde febrero de 1937, el batallón de José Contioso se instala en Espinosa de los Monteros, en el norte de Burgos, para acabar con la resistencia republicana en la comarca de las Merindades. Desde el primer momento del alzamiento, Burgos se había decantado por el bando nacional y albergó el cuartel general de la VI División orgánica. Según los planes de Mola, la VI División debía formar una fuerte columna, que confluiría con otra enviada desde Zaragoza para caer sobre Madrid, a través de Somosierra. La resistencia republicana se concentró en las localidades con mayor peso obrero, como Miranda de Ebro, las Merindades y el extremo norte de La Lora, desde donde hubo varios contraataques republicanos hasta el verano de 1937, en el que estas zonas son conquistadas, y se da comienzo a una violenta represión.[1]

El 4 de febrero de 1937, una vez aclarado el papel de la madrina de guerra, José añoraba ser licenciado y prometía a su Cariñillo Dolores  pegar “un  salto cabriolero de gran atletista [sic] que me encajaba en casa”. Para tranquilizar a la amada, decía estar muy bien, aunque matizaba “también se estaría muy bien, muy bien, sin la ropa militar”. Desde allí, José dice estar muy contento: Muy bien, / muy bien estaré /  si tu llegases a ser mi mujé [sic]. Trata de seducirla con la historia de Tío Maña:

¡Tú no conociste a tío Maña!
Pues yo sí.
Tenía unas barbas muy largas,
muy cortas, muy canas,
era muy alto, muy bajo,
en fin era todo y nunca se vio.

Por entonces, y seguro que en muchos momentos más, José añora a Dolores «Parece mentirilla que con la falta que me hace aquí una mujer para limpiarme el traje, lavarme ropa y coserme los botones no te hayas venido aquí voluntaria para deshacerme de estas necesidades»[2].

José ya llama novia a Dolores. No tiene ganas de los bailes que le preparan a la tropa y se entera por Dolores de que la Calle Martín Sánchez –en cuyo número 15 vivía ella- había cambiado su nombre por el de Capitán Rodríguez Carmona, el héroe herido de la batalla del Empalme y máximo ejecutor de la represión de Salvochea –actual El Campillo–. Él, con su sorna habitual, espeta que “siguiendo así con las calles nunca sabrá uno andar por su pueblo”. José se preocupa: Blas Ramírez aún seguía en Valverde cuando él pensaba que “ya estaría pegando tiros”, y desconoce el paradero de su amigo Castilla.[3]


José Contioso Lineros

Desde Espinosa de los Monteros  José escribe a su apreciable y querida novia el 12 de febrero. Ha estado unos días en cama, pero le había pedido a ella no comunicarle nada a su madre, para no preocuparla. Dolores trata de dominar los impulsos amorosos del soldado: le pide no mandarle esquela, ni saludos ni besos, en las cartas remitidas a sus padres, ya que ella pasa pudor al enfrentarse a sus futuros suegros. Dolores confía en un pronto permiso y ver a José, pero éste, consecuente, cree que no lo catará. Así fue[4]. La guerra se alarga de manera interminable y su lejanía de Valverde dificulta un permiso. A finales de junio de 1937, José escribía con su característico retintín “no creo yo que dure muchos años esto”.

Cinco días después, el 17, José escribe de nuevo. Dolores es ahora “soleá del alma mía”. Sus padres le han prometido unas perrillas y ha recibido unas latas de tomate que disfrutaron entre tres o cuatro compañeros. Pese a todo, no se queja: La azadura de cerdo vale a dos pesetas el kilo, y la de vaca a 0’70 pesetas el kilo. Fíjate bien 7 perras un kilo de azadura de vaca, y si es la leche a 4 perras, todo económico, se come casi gratis. Ya le ha crecido el pelo que le cortaron en Ávila y ya es capaz de ir “destocao por mi pueblo sin que naie [sic] se tenga que reí [sic]”[5]. Debía estar aprendiendo gallego de tanto escucharlo en el batallón, y le promete unas frases en la próxima carta.[6]

El soldado se preocupa por el devenir de otros soldados valverdeños. A finales de marzo, concretamente el día 31, José vuelve a escribir. Su batallón rezuma tranquilidad, pero el de otro valverdeño, el Quini, había tenido algunos encuentros y no había podido relevarlos, como le habían comunicado previamente. José se preocupa también por el hermano de Dolores, Federico Arroyo, de la quinta de 1930, pues aunque su madre era viuda y tenía los demás hijos casados, no era “nada de extraño que hagan igual con todos los hijos de viudas bajo mantención [sic] de la familia que tenga la viuda, como ha pasado con el amigo Lazo y otros”.[7]

La prensa onubense recogía la llegada de algunos soldados con permiso a Valverde, especialmente aquellos vinculados a la Falange[8], y difundía noticias de otros valverdeños heridos: Pedro Moya Vizcaíno fue ingresado en el hospital de la Cruz Roja de Córdoba, y la prensa falangista se jactaba de su apoyo ya que, a pesar de su humilde condición de labrador, había donado dos monedas de oro de 25 pesetas isabelinas y alfonsinas. Era miembro de la segunda centuria, tercera falange de la bandera de los Pinzones. Iba herido en un pie de un disparo en el frente de La Granjuela, escenario de tremendos combates.[9]

José no pierde las tradiciones y le confiesa a Dolores que “después de almorzar me voy a tirar una hermosa siesta”, aunque prefería que ella viniera a cantarle el coco para dormirse antes[10]. En su carta de 14 de mayo de 1937 da riendas sueltas a sus sentimientos, y confiesa su amor perturbador a Dolores, un amor que venía de atrás, pero que había sido pospuesto por las exigencias de los estudios:

Érase hacia el año mil novecientos treinta, amores estudiantes radiaban en mi pecho, a la vez que conocía a una linda mozuela de mi alegre pueblo. Todo era por entonces luz e ilusiones por mi escasa edad y comprensión de la vida mundana. Dolores fue la mozuela que a mis dieciséis añuelos hirió el corazón sensible, noble y generoso que por mi escasa edad, ansío de cariño, forjó en mi corazón [...] Todos mis esfuerzos por alegrar aquel alma radiante de amor éranme insuficientes y por momentos veíase en aquel alma adorable la pena de su desengaño. ¿Por qué estas triste ante mí? ¿Es que no me quieres? ¿Es que esperabas en mi otros dones a los que poseo? Todo decíamelo con una dulzura tan llena de encantos y atracciones que llenaba mi alma de enternecimiento. No podía menos en aquellos momentos que declararle todo mi amor una vez que atenada veíala de sufrimientos. Por mis venas brotaba la sangre con más intensidad y tal como al moribundo hace la inyección tenerle en pleno conocimiento, sus palabras sanas y doloridas impulsábanme a serenar mi alma cansada y decirle en estos términos: Eres cual blanca paloma posada en mi corazón, desde que tú te aposaste no conozco otro amor, y eres el más preferido...[11]

Los poemas a la morenilla, que no hemos podido datar, quizá sean de esta misma época:

Permiso me han de dar
para ir a visitar
 a una morena sin par
de pelo negro y curvado
ojos grandes muy castaños
cejas pobladas y curvadas
 su nariz no es de igualar
con boca tan regular
y dientes bien colocados
su pedrera conformada
su línea bien dibujada.
Por eso es de alabar
 la morena que me ama.

El 8 de junio de 1937, las autoridades, soldados y paisanos de Espinosa están en el oficio, celebrado en toda la España Nacional, en honra del General Mola, el planificador del alzamiento, fallecido el 3 de junio  cuando su avión se estrelló en una colina de la localidad de Alcocero (Burgos) debido al fuerte temporal, cuando sus tropas se acercaban a Bilbao, que caería el día 19, y se libraba la batalla de La Granja.

Franco ya era jefe del Estado y del partido único, pese a lo cual se ha querido ver en esa muerte una mano oscura.  Los jefes militares de la Junta de Defensa se reunieron en una finca en Salamanca para decidir la formación de un mando único y en su caso, la persona dedignada para tal fin. A la reunión asistieron los generales Cabanellas, Dávila, Mola, Saliquet, Valdés y Cabanillas, Gil Yuste, Franco, Orgaz, Queipo de Llano y Kindelán y los coroneles Montaner y Moreno Calderón. Mola y los monárquicos Kindelán y Orgaz propusieron a Franco. Puesto su nombre a votación, sólo Cabanellas no lo apoyó: se abstuvo. El 1 de octubre se publicó el nombramiento de Franco como jefe del Estado y Generalísimo.

 José Contioso habla de tranquilidad: haciéndose una vida tan natural que nadie que no conozca este frente y llegue a este lugar ha de decir que se halla en primera línea. Algunas aunque pocas veces paseo con los amigos militares tan distraído y alegre que parece estoy en mi propia casa. Las diversiones escaseaban: ayer estaba un gorrión en el tejado de nuestra casa y le tiré con un pedazo de pan duro y rompí un cristal de la casa de enfrente, aunque las ganas de guasa no le faltaban, ya que le pedía además ocho libras de papel de fumar y la saliva para pegarlo[12]. Como siempre, trata de tranquilizar a Dolores: En el sector de Espinosa de los Monteros no habréis podido leer otra cosa que algunos tiroteos de fusil y cañón, cosa que no tiene importancia pues de los cañones me da menos cuidado que la cagada de un pájaro.[13]


Emilio Mola

 
Plaza antigua de Villarcayo



Situación de La ofensiva nacional en el norte.
La Guerra en las Merindades

A mediados de junio de 1937, el batallón abandona Espinosa y se dirige a Villarcayo. José añoraba un “permiso para desahogarnos algo de la larga y dura tarea tan prolongada” y, ante los preparativos y la falta de tiempo, pedía a la novia comunicárselo a sus padres[14].

 A finales de junio, de vueltas en Espinosa de los Monteros -la carta de José es del 25-, Dolores, quien es ahora apreciable y querida nena, está asustada por la marcha al frente de su hermano Federico Arroyo. José la anima con el consejo de que “uno que se apuró nada adelantó” y compara la situación con la de su propio hermano. Hablar del tiempo sigue resultando muy socorrido en este trasiego epistolar. En Espinosa de los Monteros llueve como si estuvieran en pleno invierno y las tormentas eran muy frecuentes. José dice no necesitar papel de fumar, sino una foto de Dolores.

De las trincheras a las academias

Algunos valverdeños abandonan las trincheras por las academias de alféreces y sargentos provisionales. Un Benito que tenía terminada la carrera de magisterio, se encuentra en Madrid: había alcanzado la categoría de alférez provisional y aspiraba a lograr la estrella de teniente. José Dolores Macías, Antonio Lazo, Isidoro Hidalgo, Diego Caballero, Gregorio Mora y el “Gordí” se preparaban para sargentos en el cuartel del batallón de ametralladoras de Plasencia (Cáceres).

José Contioso se entera de ello por las cartas, pero dice preferir seguir de soldado raso: Yo si me dejaran en este batallón, haría lo posible para hacer los cursillos, pero como no me van a dejar prefiero mejor ser soldado raso y seguir en el puesto que tengo. El servicio en Espinosa de los Monteros seguía siendo relativamente tranquilo: Como está este batallón solo, puesto que los requetés que hay no llegan quizás a la sección, tenemos mucho que hacer ya que en este pueblo no queda sino otra cosa que asistentes, el tren y algunos de los enlaces, pues los demás están todos en los parapetos. Yo sigo igual con un día sí y otro no de servicio, ahora que tengo que estar en él más constante, sobre todo por la noche que quedo al cuidado del teléfono, en unión de otro.[15]

Los nuevos sargentos valverdeños recibieron pasaporte. Antonio Lazo para Tetuán y José Dolores Macías para Melilla; eso sí, después de innumerables peripecias, pero al menos pudieron pasar un par de días en Valverde.

Quintos del 35 en la fase de instrucción en Melilla
Belchite, el frente de León y las batallas de Santander y Asturias (agosto-octubre de 1937)

Quintos del 33, como Juan Alcaría Corralejo y varios del 37, como José Dolores Pérez Cuesto, Ildefonso Ramos Cejudo, José Méndez Moreno, Manuel Fernández Domínguez, “el Tate[16], Jesús Garrido Romero, Manuel Rivera Becerro o Emilio Pérez Doblado, fueron enviados al frente de Aragón: estuvieron en La Almudia de Doña Godina, Zaragoza, en la comarca de Valdejalón, y vivieron la batalla de Belchite, entre agosto y septiembre de 1937, donde los republicanos trataron de demostrar su capacidad de acción en el Sur del Ebro, calificado por los nacionales como inexpugnable. Más tarde, algunos de ellos vivieron la  batalla de Teruel,  y otros terminaron la guerra en Liria, Valencia[17].


La unidad del valverdeño Ildefonso Ramos Cejudo. De pie, 2º por la izquierda.  


Jesús Garrido Romero

José de Jesús Fernández Domínguez  (1916-1992)  “Jesulito el Tate”

Tras la caída de Bilbao, el 19 de junio, y el fin de la batalla de Brunete, a finales de julio, se incentivan las operaciones militares en Cantabria. La 62ª División abandonó el norte de Burgos a través de Villarcayo y Sargentes. En agosto y septiembre de 1937, la Columna Sagardía, incluida en la Primera Brigada de Castilla, participó en la Batalla de Santander y  ejerció una dura represión contra civiles y soldados republicanos con numerosas ejecuciones extrajudiciales[18]. José Contioso, a finales del verano de 1937, se encuentra en Cantabria. Llega a San Salvador, en el  municipio de Medio Cudeyo, en la falda norte de Peña Cabarga, junto a la ría de Astillero.[19]

Tras la refriega militar, a primeros de septiembre de 1937, la división de José Contioso se concentra en León. El propio Sagardía Ramos lo confirma[20]. José recibe entonces carta de Dolores, y sigue provocándola con sus comentarios sobre las mozas del lugar: Las niñas de este León valen poco o las bonitas no salen[21]. Sus hijas nos recuerdan que José les contaba su estancia en Peñaranda de Bracamonte, en el nordeste de la provincia de Salamanca, quizá como una retirada de la primera línea de guerra, para recuperar fuerzas. En la semana final de septiembre de 1937 se encuentran en Viadangos de Arbas (León). José dice estar bien de salud, feliz y disfrutando de un tiempo excelente. Pareciera que no estaba en guerra. La 62ª División estaba a la espera de que otras unidades militares “dejen sin comunicación y sin auxilio a los asturianos”, y se mueve entre León y Asturias:

«Si antes no se marchan caerán en la trampa y si se marchan queda liberada Asturias que es a lo que nosotros vamos. Puedes contestarme a León que creo ha de ser en mi poder. Póngame para más seguridad: operaciones en el frente de León».[22]

Es de sobras conocido el frío habitual de Viadangos. El 22 de octubre de 1937, la madrina de guerra, Ana, vuelve a escribir y le promete el envío de chalecos y guantes para protegerse del rigor del frío norteño:

«Apreciable ahijado éste fue un día de alegría para mí y para todas aquellas que tienen la dicha de hacerse llamar patriotas, no puedes hacerte una idea del entusiasmo que reinaba en este pueblo al ser extendida la grandiosa noticia que esperaba  con impaciencia varios días antes. En este estaba un día de lluvia espantoso el que me hace pensar las calamidades que sufren los gloriosos soldaditos en las trincheras sin más amparo que Dios del Cielo, yo me figuro el frio que estaréis pasando y quisiera poder mandar muchas piezas de abrigo para remediar mucho frio. Antes que tú me lo advirtieras estaba haciendo un chaleco y pensamiento de hacerte unos guantes para poder aliviarte  un poco de frio yo que quisiera poderte mandar mucho más, pero me es imposible porque tengo cuatro ahijados ya, y a todos tengo que mandarles lo mismo que te mando a ti».

Ana manda recuerdos para otros valverdeños[23]. Es entonces cuando, suponemos que por falta de papel, José Contioso utilizó la carta de Ana para reenviar unas letras a Dolores, escribiendo en los márgenes más inverosímiles. 

Hubo otros valverdeños en Asturias. Uno de ellos, José Parra Vizcaíno, quien al finalizar la guerra no volvió a Valverde y trabajó en la mina de la población asturiana de Blimea. 






[1] DELGADO CRUZ, S. y LÓPEZ GRACIA, S.: “Una aproximación a la guerra civil en Castilla León”, en REDERO SAN ROMÁN, M. y DE LA CALLE VELASCO, Mª D., Castilla y León en la Historia Contemporánea, Universidad de Salamanca, 2008, pp. 427-486.
[2] Carta de 4 de febrero de 1937. Espinosa de los Monteros.
[3] Carta de Espinosa de los Monteros [s.f.]. El cambio de calle fue decidido el 23 de septiembre de 1936.
[4] Carta del 12 de febrero de 1937. Espinosa de los Monteros.
[5] Carta del 17 de febrero de 1937. Espinosa de los Monteros.
[6] Carta de 28 de marzo de 1937. Espinosa de los Monteros.
[7] Carta de 31 de marzo  de 1937. Espinosa de los Monteros.
[8] ODIEL. Viernes, 15/01/ 1937, p. 2. Se trata de Telésforo Cayuela Cánovas, recién llegado del frente de Córdoba.
[9] Azul: órgano de la Falange Española de las J.O.N.S. 1937, abril, 19.
[10] Carta de 31 de marzo  de 1937. Espinosa de los Monteros.
[11] Carta de 5 de mayo de1937.
[12] Carta 8 de junio de 1937. Espinosa de los Monteros.
[13] Carta de 11 de junio de 1937.
[14] Carta de 11 de junio de 1937. Espinosa de los Monteros.
[15] Carta de 25 de junio de 1937. Espinosa de los Monteros.
[16] De los cuatro hermanos Fernández Domínguez, huérfanos de padre, solo se libró el mayor, Nicolás, no así Ramón, Manuel y José Jesús.
[17] SIMEÓN RIERA, J. D.: Aproximación al estudio de la guerra civil y la revolución en Lliria: 1936-39. Lauro. Quaderns d'Història i Societat, 1988, pp. 181-202.
[18] Sagardía, en su obra autobiográfica, aclara que formó parte de la División Llamas Negras. SARGADÍA, Antonio (1940): Del Alto Ebro a las Fuentes del Llobregat. Treinta y dos meses de guerra en la 62 División, p. 107. SANZ HOYA, J.: La construcción de la dictadura franquista en Cantabria. Universidad, 2009, p. 124.
[19] Carta de 6 de septiembre de 1937. León.
[20] SAGARDÍA RAMOS, A.: op., cit., p. 108.
[21] Carta de 6 de septiembre de 1937. León.
[22] Ibídem.
[23] «Le das recuerdos a Gregorio y le dices que no sueñe con que está en Calañas, que son sueños locos, le dices, que su amigo Bernardo está en ésta con permiso».