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jueves, 9 de julio de 2026

VALVERDE DEL CAMINO Y LA LUCHA CONTRA EL FRANCÉS (II). LA PUGNA POR EL CONTROL DE ZALAMEA LA REAL

 

VALVERDE DEL CAMINO Y LA LUCHA CONTRA EL FRANCÉS (II).  LA PUGNA POR EL CONTROL DE ZALAMEA LA REAL

 

Juan Carlos Sánchez Corralejo

 

José Saldaña Fernández destaca el hecho del traslado de la Junta Suprema de Sevilla, en febrero de 1810, a Ayamonte y no a Cádiz. Esta decisión habría permitido organizar institucionalmente tanto el apoyo a las tropas intervinientes en el Condado de Niebla, como a las existentes en el eje Algarve-Huelva-Cádiz, un arco litoral o hinterland coincidente a grandes rasgos, desde Ayamonte a Chipiona, con la provincia marítima de Sanlúcar de Barrameda (1804-1810), con un funcionamiento de ida y vuelta tanto en lo relativo a la intendencia, como a la construcción de relatos[1].

 BALLESTEROS LLEGA A ZALAMEA LA REAL

 A finales de marzo o principios de abril de 1810, llegó a Zalamea la Real, por fin, un destacamento del ejército español al mando del general Francisco Ballesteros, destacamento que se había formado con milicianos y guerrilleros de todo tipo, aunque no es de descartar que hubiera un cierto número de soldados con sus suboficiales correspondientes. Desconocemos si se trataba del prometido por el vizconde de Gante[2].  M. Domínguez Cornejo, M. y A., Domínguez Pérez de León afirman que la llegada de este ejército respondió al intento de los franceses  de consolidar el dominio en la zona tras establecer su cuartel general en el Castillo de las Guardas[3].

 La segunda semana de abril de 1810, los franceses vuelven a la carga y desde Valverde del Camino tratan de dominar de nuevo Zalamea la Real. Las versiones de los hechos ofrecen distintas variantes o quizá, se complementan: El 11 de abril de 1810, seiscientos soldados franceses entraron en Valverde del Camino y con ellos, llegaron el pillaje, las afrentas y el miedo[4]. Es posible que en este momento (quizá fue alguno previo o alguno posterior) se sitúe una narración popular valverdeña que evoca la entrada de las tropas francesas al mando del general Mortier. Según este relato, las fuerzas, procedentes de Calañas, penetraron en la localidad por la calle Real de Abajo, al atardecer. Las chispas que desprendían las herraduras de los caballos al golpear el empedrado sembraron el pánico entre los vecinos. Los soldados portaban, además,  la imagen del Niño de la Virgen de la Coronada, que previamente habían sustraído[5]. Sin duda, la narración encaja muy bien en un tipo de memoria popular muy extendida durante la Guerra de la Independencia. Hablamos de relatos de la entrada de los franceses en los que nunca falta el saqueo de iglesias, los robos, la profanación de imágenes religiosas y el terror causado entre la población. Los historiadores han señalado que muchas de estas historias mezclan hechos reales con elementos legendarios transmitidos oralmente durante generaciones.

 

Al día siguiente, el 12 de abril, la guerrilla de Ayamonte, comandada por Pedro Gil, el teniente capitán Pedro Pierre con 40 soldados, y los escopeteros de la zona, sostuvieron con los invasores un tiroteo en el camino que iba de Valverde a Zalamea. Los invasores se retiraron a Valverde y a la mañana siguiente hacia Trigueros,  dejando entre ocho y diez bajas, mientras que los españoles solo habrían perdido tres hombres[6]. La resistencia de las partidas guerrilleras en la zona minera y serrana de Huelva constituyó un importante obstáculo para el ejército napoleónico. Estas acciones de guerra irregular dificultaban el control efectivo del territorio y de las rutas de abastecimiento francesas, especialmente en localidades como Zalamea la Real, que adquirieron relevancia estratégica durante la campaña andaluza de 1810.

 


 


Entrada de las                                                                    Tropas de Mortier en Valverde del Camino (Recreación virtual)





















Entrada de las tropas de Mortier en Zalamea la Real  desde la Fuente de los Fresnos (Recreación virtual)

 

 


LA BATALLA DE ZALAMEA (15 de abril de 1810)

 El domingo 15 de abril de 1810, un nuevo grupo de franceses habrían sido enviado desde el Castillo de las Guardas y esta vez sí ocuparon Zalamea la Real. Las tropas españolas del general Ballesteros se retiraron hacia El Villar sufriendo numerosas bajas, cuantificadas en 800 muertos y 250 prisioneros por la Gaceta de Madrid[7], cifra muy voluminosa pero aceptable si se acepta que el mariscal Édouard Mortier habría entrado en el pueblo con 12.000 hombres[8]. Sir Charles Oman habla expresamente de la batalla de Zalamea en el rio Tinto. Acaecida el 15 de abril de 1810, supuso la primera derrota del general Ballesteros durante su incursión en el oeste de Andalucía en la primavera de ese año.  Ballesteros tuvo que replegarse hacia la sierra de Huelva y Extremadura, pero ni siquiera allí estuvo completamente a salvo, pues el 26 de mayo sufrió una segunda derrota en Aracena[9].

 Las tropas Édouard Mortier se establecieron en Zalamea durante dos días. Hicieron su aparición por la Fuente del Fresno y la Calleja del Juego de las Bolas. Hubo saqueos en las casas particulares y en la Iglesia, donde destruyeron varias imágenes y robaron el oro y la plata de los copones y de las custodias, además de perpetrar ejecuciones de castigo por la resistencia ofrecida. Ruiz Mantero afirma que el pueblo fue incendiado por muchos puntos y que algunos vecinos inocentes fueron pasados por las armas. Narra cómo la iglesia quedó convertida en una simple cuadra, cuyos altares sirvieron de pesebres para los caballos, mientras las pilas del agua bendita fueron utilizadas como improvisados abrevaderos.

 






La transmisión popular refiere que muchos vecinos aterrorizados huyeron a sus casas de campo donde, además de protegerse, enterraban sus alhajas y su dinero[10]. Tras las acciones de rapiña y castigo, el 17 de abril, los franceses abandonaron Zalamea la Real. El mariscal ordenó al ayuntamiento designar una comisión para presentar la sumisión debida al rey José I Bonaparte. Las autoridades atemorizadas acordaron obedecer la orden[11]. Mortier informó al mariscal Soult desde Valverde del Camino del balance del enfrentamiento[12]. En esta coyuntura, Valverde del Camino parece funcionar como el centro de mando provisional y punto estratégico de operaciones de las fuerzas de ocupación francesas en la zona.

Seguimos la secuencia completa en la Gaceta de Madrid:

      Las divisiones de Ballesteros y Contreras se adelantaron hasta la raya del reino de Sevilla […]. Ballesteros había llegado a Zalamea la Real sobre Riotinto, y allí se creía inexpugnable; el señor mariscal en persona dirigió a este punto tres regimientos de su cuerpo de exército con su caballería ligera, y marchando aceleradamente le obligó a aceptar la batalla. En ella la división de Ballesteros fue en un punto desbaratada y disipada, con muerte de 800 de los más granados de los suyos; 250 quedaron prisioneros; los demás se huyeron a toda prisa a Portugal. En esta jornada, cuyas resultas han sido tan útiles, pelearon el regimiento 34º de línea mandado por el capitán Potel, la compañía escogida del 21º de cazadores a caballo, su capitán Lasalle, y el 2º de húsares[13].

    A pesar de la derrota, Ballesteros consiguió un éxito estratégico. Logró sobrevivir, conservar una fuerza operativa y obligar a Soult a distraer importantes efectivos para contenerlo. En términos estratégicos, fue más una molestia permanente y costosa para los franceses que un enemigo definitivamente vencido. Así lo cuenta Sir Charles Oman:

      El 15 de abril, Ballesteros, imprudentemente, presentó batalla en Zalamea, a orillas del río Tinto, donde fue derrotado y se retiró a las montañas. Allí, tiempo después, fue perseguido por las columnas de Mortier y nuevamente vencido en Araçena el 26 de mayo. Sin embargo, reagrupó a sus diezmadas tropas en la Sierra de Araçena, donde permaneció durante mucho tiempo, convirtiéndose en una espina clavada para el Ejército de Andalucía, descendiendo siempre para realizar incursiones en las llanuras de Sevilla cuando se encontraba sin vigilancia. Soult se vio obligado a mantener una parte considerable del V Cuerpo bajo observación, un destacamento que no estaba dispuesto a ceder.[14]

 En abril de 1810, Zalamea la Real sufrió una de sus ocupaciones más tensas. Tras la incursión de los días 15 al 17, el general francés Brayer dictó un edicto desde su cuartel en El Castillo de las Guardas, exigiendo el desarme de la población y la sumisión de los zalameños que habían huido a los montes.[15]

 En situación parecida, los franceses permanecieron en Calañas entre el 16 y el 18 de abril o, dicho de otra forma, de lunes a Miércoles Santo de aquel año de 1810. La noche del Lunes Santo, el enemigo francés destruyó con pólvora las Casas Consistoriales de Calañas, cuya rehabilitación no se produjo hasta el año 1837, tras la contratación del profesor de arquitectura Francisco de Zayas Rivero como maestro de obras. Eran alcaldes Amador Baquero y Alonso Martín Soriano. Llegado el mes de diciembre, los munícipes manifestaban la imposibilidad de mandar a Niebla los candidatos para la rueda de elección de alcaldes y regidores, debido a la ocupación francesa de la villa de Niebla. Fueron designados a la postre Diego Ortiz Guerrero y Pedro Lorenzo Romero.[16]

 El 14 de abril, un día antes de la batalla de Zalamea la Real, el mariscal malagueño Francisco Copons y Navia desembarcó en Ayamonte para situar el cuartel general de las fuerzas del Condado en Villanueva de los Castillejos. Desde allí realizó las primeras incursiones hacia Gibraleón, San Juan del Puerto y Huelva[17]. Luego, el cuartel general se instaló, de forma provisional, en la Puebla de Guzmán y parte de sus tropas fueron repartidas entre Calañas, El Cerro y Cartaya. Se enfrentaron a los franceses en Trigueros el 17 de septiembre de 1810. Las tropas galas respondieron con otras incursiones y acciones de pillaje en Castillejos y San Silvestre de Guzmán. El eje central del movimiento de tropas estaba constituido por los caminos que unían Castillejos, San Bartolomé, Gibraleón, Trigueros y Niebla. A fines de diciembre de 1810 se envían fuerzas de apoyo al Condado de Niebla desde Sevilla.[18]

 Los testimonios de Joseph François Sanson[19] permiten concluir que, en el verano de 1810, el control francés sobre la provincia de Huelva presentaba límites muy definidos. Aunque las tropas napoleónicas dominaban el interior y las principales poblaciones, la franja costera seguía constituyendo un espacio de resistencia y de influencia aliada gracias al control marítimo ejercido por españoles y británicos. La percepción de que «allí terminaba nuestro poder» resume con claridad esta realidad estratégica: la ocupación francesa era efectiva en tierra, pero encontraba en el mar un límite insalvable. Las operaciones en Moguer y Palos, junto con las negociaciones para el intercambio de prisioneros, muestran además una guerra caracterizada por la movilidad, la incertidumbre y la persistencia de una resistencia que impedía la plena consolidación del dominio napoleónico en el extremo occidental de Andalucía. Uno de los capítulos de sus memorias se titula “Tras los pasos del escurridizo general Ballesteros”, lo que refleja la frustración francesa ante un enemigo que, aunque derrotado en varias ocasiones, conseguía escapar, reorganizarse y seguir amenazando las comunicaciones y el control francés de Andalucía[20]. 

 

 

 

 

 



[1] Saldaña Fernández, José (2024), La guerra de la Independencia en el suroeste peninsular. Relaciones hispano-portuguesas y configuración del poder en una tierra de fronteras. Sevilla: Universidad de Sevilla (Colección Historia nº. 413), 2024. 332 pp. 88 y ss.

[2] Segundo hijo de Juan Guillermo Francisco de Gand, conde de Gand, marqués de Hem, y de Angela Louise Desforez, vizcondesa de Danisy. Sirvió primeramente en el Ejército francés, llegando a ser coronel del Regimiento de Infantería de Champagne, emigrando a España a consecuencia de la Revolución francesa. Carlos III le concedió la Grandeza de España de 1.ª clase, el 6 de abril de 1786, recibiendo luego, el 28 de febrero de 1791, la Gran Cruz de Carlos III.  En 1810 mandaba la guarnición de Sevilla, encargada de la protección de la Junta Central, pero ante el avance de las tropas del general Claude-Victor Perrin (conocido como mariscal Víctor), bajo las órdenes de Soult, tuvo que evacuar la ciudad, el 31 de enero, con unos cuatro mil hombres, retirándose al condado de Niebla. La Junta Suprema de Sevilla le acusó de abrogarse del mando de las tropas del Condado de Niebla y de exacciones a los pueblos de la comarca. El 15 de marzo de 1810 se le ordenó entregar el mando al brigadier Felipe Valderioti y pasar a Cádiz. El 6 de abril fue encerrado en el castillo de San Sebastián de Cádiz, siendo juzgado por un consejo de guerra, que finalmente le declaró libre de toda culpa, el 13 de marzo de 1812.

[3] Domínguez Cornejo, M. y Domínguez Pérez de León, A (2011), “La Guerra de la Independencia en Zalamea la Real (II)”. Disponible en: “La Guerra de la Independencia en Zalamea la Real (IV). https://zalamealareal-historia.blogia.com/2011/032201-la-guerra-de-la-independencia-en-zalamea-la-real-iv-.php.

[4] Domínguez, M. A. (2011, 20 de abril). La Guerra de la Independencia en Zalamea la Real (VIII). Zalamea la Real Historia. https://zalamealareal-historia.blogia.com.

[5] Revista de Feria, 1940

[6] Gómez del Valle, M., 2019, p. 81. Mira Toscano, A., Villegas Martín, J., y Suardíaz Figuereo, (2011). “Las partidas guerrilleras en el territorio onubense durante la Guerra de Independencia”. Disponible  en  https://www.huelva24.com, pp. 58-65.

[7] Gaceta de Madrid, 148, 28 de mayo de 1810, p. 621.

[8] Peña Guerrero, M. A., 2000, 50. Gómez del Valle, M., 2019, 64.

[9] Sir Charles Oman (1908.) A History of the Peninsular War vol.3: September 1809-December 1810. Ocaña, Cádiz, Bussaco, Torres Vedras".  Oxford: Clerendon Press.  “El combate de Zalamea”, p. 215

[10] Ruiz Mantero, J., 1982, “Ocupación de Zalamea”.

[11] Domínguez Cornejo, M. y Domínguez Pérez de León, A., 1994, 107.

[12] Gómez del Valle, M., 2019, 63.

[13]. Gaceta de Madrid, 148, 28 de mayo de 1810, p. 621.

[14] Sir Charles Oman (1908.) A History of the Peninsular War vol.3, p. 215.

[15] Domínguez Cornejo, M. y Domínguez Pérez de León, A., 1994, “La Guerra de la Independencia en Zalamea la Real (V).

[16] Romero Mantero, Andrés Bruno. “Notas históricas de Calañas. Siglo IX”. Acta capitular de 4 de noviembre de 1810. Disponible en https://historiavalverde.blogspot.com/search?q=independencia.

[17] Mira Toscano, A. et al., pp. 58-65.

[18] Ibídem, 2010, 73-85.

[19] Joven oficial francés del ejército napoleónico que sirvió en Andalucía durante la Guerra de la Independencia. Sus memorias originales llevaban el título francés Dix années de guerre en Espagne, en Allemagne et en Belgique sous l’Empire... y se conservan en la Biblioteca Central Militar. Juan Villegas Martín las ha estudiado, traducido y publicado en la obra Andanzas de un oficial francés por tierras de Huelva y Sevilla (1810-1811). No fue un personaje decisivo, pero sí un testigo excepcional. Sus memorias son valiosas porque muestran cómo veía un oficial francés la resistencia española en Huelva y Sevilla.

[20] Villegas Martín, Juan (2024), Andanzas de un oficial francés por tierras de Huelva y Sevilla (1810-1811), Huelva: Diputación de Huelva, p. 33.

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