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sábado, 23 de julio de 2016

CARTAS Y CRÓNICAS  DESDE  EL FRENTE Y LA RETAGUARDIA
 LA GUERRA CIVIL VISTA DESDE VALVERDE DEL CAMINO (VII)

Juan Carlos Sánchez Corralejo

El Andévalo. Paisaje y Humanidad
Actas de las V Jornadas del Andévalo (Noviembre de 2014), pp. 236-242.
Ampliado para Revista Facanias. Julio de 2016.



La ofensiva nacional en el norte. La Guerra en las Merindades (febrero-agosto de 1937)

Desde febrero de 1937, el batallón de José Contioso se instala en Espinosa de los Monteros, en el norte de Burgos, para acabar con la resistencia republicana en la comarca de las Merindades. Desde el primer momento del alzamiento, Burgos se había decantado por el bando nacional y albergó el cuartel general de la VI División orgánica. Según los planes de Mola, la VI División debía formar una fuerte columna, que confluiría con otra enviada desde Zaragoza para caer sobre Madrid, a través de Somosierra. La resistencia republicana se concentró en las localidades con mayor peso obrero, como Miranda de Ebro, las Merindades y el extremo norte de La Lora, desde donde hubo varios contraataques republicanos hasta el verano de 1937, en el que estas zonas son conquistadas, y se da comienzo a una violenta represión.[1]

El 4 de febrero de 1937, una vez aclarado el papel de la madrina de guerra, José añoraba ser licenciado y prometía a su Cariñillo Dolores  pegar “un  salto cabriolero de gran atletista [sic] que me encajaba en casa”. Para tranquilizar a la amada, decía estar muy bien, aunque matizaba “también se estaría muy bien, muy bien, sin la ropa militar”. Desde allí, José dice estar muy contento: Muy bien, / muy bien estaré /  si tu llegases a ser mi mujé [sic]. Trata de seducirla con la historia de Tío Maña:

¡Tú no conociste a tío Maña!
Pues yo sí.
Tenía unas barbas muy largas,
muy cortas, muy canas,
era muy alto, muy bajo,
en fin era todo y nunca se vio.

Por entonces, y seguro que en muchos momentos más, José añora a Dolores «Parece mentirilla que con la falta que me hace aquí una mujer para limpiarme el traje, lavarme ropa y coserme los botones no te hayas venido aquí voluntaria para deshacerme de estas necesidades»[2].

José ya llama novia a Dolores. No tiene ganas de los bailes que le preparan a la tropa y se entera por Dolores de que la Calle Martín Sánchez –en cuyo número 15 vivía ella- había cambiado su nombre por el de Capitán Rodríguez Carmona, el héroe herido de la batalla del Empalme y máximo ejecutor de la represión de Salvochea –actual El Campillo–. Él, con su sorna habitual, espeta que “siguiendo así con las calles nunca sabrá uno andar por su pueblo”. José se preocupa: Blas Ramírez aún seguía en Valverde cuando él pensaba que “ya estaría pegando tiros”, y desconoce el paradero de su amigo Castilla.[3]


José Contioso Lineros

Desde Espinosa de los Monteros  José escribe a su apreciable y querida novia el 12 de febrero. Ha estado unos días en cama, pero le había pedido a ella no comunicarle nada a su madre, para no preocuparla. Dolores trata de dominar los impulsos amorosos del soldado: le pide no mandarle esquela, ni saludos ni besos, en las cartas remitidas a sus padres, ya que ella pasa pudor al enfrentarse a sus futuros suegros. Dolores confía en un pronto permiso y ver a José, pero éste, consecuente, cree que no lo catará. Así fue[4]. La guerra se alarga de manera interminable y su lejanía de Valverde dificulta un permiso. A finales de junio de 1937, José escribía con su característico retintín “no creo yo que dure muchos años esto”.

Cinco días después, el 17, José escribe de nuevo. Dolores es ahora “soleá del alma mía”. Sus padres le han prometido unas perrillas y ha recibido unas latas de tomate que disfrutaron entre tres o cuatro compañeros. Pese a todo, no se queja: La azadura de cerdo vale a dos pesetas el kilo, y la de vaca a 0’70 pesetas el kilo. Fíjate bien 7 perras un kilo de azadura de vaca, y si es la leche a 4 perras, todo económico, se come casi gratis. Ya le ha crecido el pelo que le cortaron en Ávila y ya es capaz de ir “destocao por mi pueblo sin que naie [sic] se tenga que reí [sic]”[5]. Debía estar aprendiendo gallego de tanto escucharlo en el batallón, y le promete unas frases en la próxima carta.[6]

El soldado se preocupa por el devenir de otros soldados valverdeños. A finales de marzo, concretamente el día 31, José vuelve a escribir. Su batallón rezuma tranquilidad, pero el de otro valverdeño, el Quini, había tenido algunos encuentros y no había podido relevarlos, como le habían comunicado previamente. José se preocupa también por el hermano de Dolores, Federico Arroyo, de la quinta de 1930, pues aunque su madre era viuda y tenía los demás hijos casados, no era “nada de extraño que hagan igual con todos los hijos de viudas bajo mantención [sic] de la familia que tenga la viuda, como ha pasado con el amigo Lazo y otros”.[7]

La prensa onubense recogía la llegada de algunos soldados con permiso a Valverde, especialmente aquellos vinculados a la Falange[8], y difundía noticias de otros valverdeños heridos: Pedro Moya Vizcaíno fue ingresado en el hospital de la Cruz Roja de Córdoba, y la prensa falangista se jactaba de su apoyo ya que, a pesar de su humilde condición de labrador, había donado dos monedas de oro de 25 pesetas isabelinas y alfonsinas. Era miembro de la segunda centuria, tercera falange de la bandera de los Pinzones. Iba herido en un pie de un disparo en el frente de La Granjuela, escenario de tremendos combates.[9]

José no pierde las tradiciones y le confiesa a Dolores que “después de almorzar me voy a tirar una hermosa siesta”, aunque prefería que ella viniera a cantarle el coco para dormirse antes[10]. En su carta de 14 de mayo de 1937 da riendas sueltas a sus sentimientos, y confiesa su amor perturbador a Dolores, un amor que venía de atrás, pero que había sido pospuesto por las exigencias de los estudios:

Érase hacia el año mil novecientos treinta, amores estudiantes radiaban en mi pecho, a la vez que conocía a una linda mozuela de mi alegre pueblo. Todo era por entonces luz e ilusiones por mi escasa edad y comprensión de la vida mundana. Dolores fue la mozuela que a mis dieciséis añuelos hirió el corazón sensible, noble y generoso que por mi escasa edad, ansío de cariño, forjó en mi corazón [...] Todos mis esfuerzos por alegrar aquel alma radiante de amor éranme insuficientes y por momentos veíase en aquel alma adorable la pena de su desengaño. ¿Por qué estas triste ante mí? ¿Es que no me quieres? ¿Es que esperabas en mi otros dones a los que poseo? Todo decíamelo con una dulzura tan llena de encantos y atracciones que llenaba mi alma de enternecimiento. No podía menos en aquellos momentos que declararle todo mi amor una vez que atenada veíala de sufrimientos. Por mis venas brotaba la sangre con más intensidad y tal como al moribundo hace la inyección tenerle en pleno conocimiento, sus palabras sanas y doloridas impulsábanme a serenar mi alma cansada y decirle en estos términos: Eres cual blanca paloma posada en mi corazón, desde que tú te aposaste no conozco otro amor, y eres el más preferido...[11]

Los poemas a la morenilla, que no hemos podido datar, quizá sean de esta misma época:

Permiso me han de dar
para ir a visitar
 a una morena sin par
de pelo negro y curvado
ojos grandes muy castaños
cejas pobladas y curvadas
 su nariz no es de igualar
con boca tan regular
y dientes bien colocados
su pedrera conformada
su línea bien dibujada.
Por eso es de alabar
 la morena que me ama.

El 8 de junio de 1937, las autoridades, soldados y paisanos de Espinosa están en el oficio, celebrado en toda la España Nacional, en honra del General Mola, el planificador del alzamiento, fallecido el 3 de junio  cuando su avión se estrelló en una colina de la localidad de Alcocero (Burgos) debido al fuerte temporal, cuando sus tropas se acercaban a Bilbao, que caería el día 19, y se libraba la batalla de La Granja.

Franco ya era jefe del Estado y del partido único, pese a lo cual se ha querido ver en esa muerte una mano oscura.  Los jefes militares de la Junta de Defensa se reunieron en una finca en Salamanca para decidir la formación de un mando único y en su caso, la persona dedignada para tal fin. A la reunión asistieron los generales Cabanellas, Dávila, Mola, Saliquet, Valdés y Cabanillas, Gil Yuste, Franco, Orgaz, Queipo de Llano y Kindelán y los coroneles Montaner y Moreno Calderón. Mola y los monárquicos Kindelán y Orgaz propusieron a Franco. Puesto su nombre a votación, sólo Cabanellas no lo apoyó: se abstuvo. El 1 de octubre se publicó el nombramiento de Franco como jefe del Estado y Generalísimo.

 José Contioso habla de tranquilidad: haciéndose una vida tan natural que nadie que no conozca este frente y llegue a este lugar ha de decir que se halla en primera línea. Algunas aunque pocas veces paseo con los amigos militares tan distraído y alegre que parece estoy en mi propia casa. Las diversiones escaseaban: ayer estaba un gorrión en el tejado de nuestra casa y le tiré con un pedazo de pan duro y rompí un cristal de la casa de enfrente, aunque las ganas de guasa no le faltaban, ya que le pedía además ocho libras de papel de fumar y la saliva para pegarlo[12]. Como siempre, trata de tranquilizar a Dolores: En el sector de Espinosa de los Monteros no habréis podido leer otra cosa que algunos tiroteos de fusil y cañón, cosa que no tiene importancia pues de los cañones me da menos cuidado que la cagada de un pájaro.[13]


Emilio Mola

 
Plaza antigua de Villarcayo



Situación de La ofensiva nacional en el norte.
La Guerra en las Merindades

A mediados de junio de 1937, el batallón abandona Espinosa y se dirige a Villarcayo. José añoraba un “permiso para desahogarnos algo de la larga y dura tarea tan prolongada” y, ante los preparativos y la falta de tiempo, pedía a la novia comunicárselo a sus padres[14].

 A finales de junio, de vueltas en Espinosa de los Monteros -la carta de José es del 25-, Dolores, quien es ahora apreciable y querida nena, está asustada por la marcha al frente de su hermano Federico Arroyo. José la anima con el consejo de que “uno que se apuró nada adelantó” y compara la situación con la de su propio hermano. Hablar del tiempo sigue resultando muy socorrido en este trasiego epistolar. En Espinosa de los Monteros llueve como si estuvieran en pleno invierno y las tormentas eran muy frecuentes. José dice no necesitar papel de fumar, sino una foto de Dolores.

De las trincheras a las academias

Algunos valverdeños abandonan las trincheras por las academias de alféreces y sargentos provisionales. Un Benito que tenía terminada la carrera de magisterio, se encuentra en Madrid: había alcanzado la categoría de alférez provisional y aspiraba a lograr la estrella de teniente. José Dolores Macías, Antonio Lazo, Isidoro Hidalgo, Diego Caballero, Gregorio Mora y el “Gordí” se preparaban para sargentos en el cuartel del batallón de ametralladoras de Plasencia (Cáceres).

José Contioso se entera de ello por las cartas, pero dice preferir seguir de soldado raso: Yo si me dejaran en este batallón, haría lo posible para hacer los cursillos, pero como no me van a dejar prefiero mejor ser soldado raso y seguir en el puesto que tengo. El servicio en Espinosa de los Monteros seguía siendo relativamente tranquilo: Como está este batallón solo, puesto que los requetés que hay no llegan quizás a la sección, tenemos mucho que hacer ya que en este pueblo no queda sino otra cosa que asistentes, el tren y algunos de los enlaces, pues los demás están todos en los parapetos. Yo sigo igual con un día sí y otro no de servicio, ahora que tengo que estar en él más constante, sobre todo por la noche que quedo al cuidado del teléfono, en unión de otro.[15]

Los nuevos sargentos valverdeños recibieron pasaporte. Antonio Lazo para Tetuán y José Dolores Macías para Melilla; eso sí, después de innumerables peripecias, pero al menos pudieron pasar un par de días en Valverde.

Quintos del 35 en la fase de instrucción en Melilla
Belchite, el frente de León y las batallas de Santander y Asturias (agosto-octubre de 1937)

Quintos del 33, como Juan Alcaría Corralejo y varios del 37, como José Dolores Pérez Cuesto, Ildefonso Ramos Cejudo, José Méndez Moreno, Manuel Fernández Domínguez, “el Tate[16], Jesús Garrido Romero, Manuel Rivera Becerro o Emilio Pérez Doblado, fueron enviados al frente de Aragón: estuvieron en La Almudia de Doña Godina, Zaragoza, en la comarca de Valdejalón, y vivieron la batalla de Belchite, entre agosto y septiembre de 1937, donde los republicanos trataron de demostrar su capacidad de acción en el Sur del Ebro, calificado por los nacionales como inexpugnable. Más tarde, algunos de ellos vivieron la  batalla de Teruel,  y otros terminaron la guerra en Liria, Valencia[17].


La unidad del valverdeño Ildefonso Ramos Cejudo. De pie, 2º por la izquierda.  


Jesús Garrido Romero

José de Jesús Fernández Domínguez  (1916-1992)  “Jesulito el Tate”

Tras la caída de Bilbao, el 19 de junio, y el fin de la batalla de Brunete, a finales de julio, se incentivan las operaciones militares en Cantabria. La 62ª División abandonó el norte de Burgos a través de Villarcayo y Sargentes. En agosto y septiembre de 1937, la Columna Sagardía, incluida en la Primera Brigada de Castilla, participó en la Batalla de Santander y  ejerció una dura represión contra civiles y soldados republicanos con numerosas ejecuciones extrajudiciales[18]. José Contioso, a finales del verano de 1937, se encuentra en Cantabria. Llega a San Salvador, en el  municipio de Medio Cudeyo, en la falda norte de Peña Cabarga, junto a la ría de Astillero.[19]

Tras la refriega militar, a primeros de septiembre de 1937, la división de José Contioso se concentra en León. El propio Sagardía Ramos lo confirma[20]. José recibe entonces carta de Dolores, y sigue provocándola con sus comentarios sobre las mozas del lugar: Las niñas de este León valen poco o las bonitas no salen[21]. Sus hijas nos recuerdan que José les contaba su estancia en Peñaranda de Bracamonte, en el nordeste de la provincia de Salamanca, quizá como una retirada de la primera línea de guerra, para recuperar fuerzas. En la semana final de septiembre de 1937 se encuentran en Viadangos de Arbas (León). José dice estar bien de salud, feliz y disfrutando de un tiempo excelente. Pareciera que no estaba en guerra. La 62ª División estaba a la espera de que otras unidades militares “dejen sin comunicación y sin auxilio a los asturianos”, y se mueve entre León y Asturias:

«Si antes no se marchan caerán en la trampa y si se marchan queda liberada Asturias que es a lo que nosotros vamos. Puedes contestarme a León que creo ha de ser en mi poder. Póngame para más seguridad: operaciones en el frente de León».[22]

Es de sobras conocido el frío habitual de Viadangos. El 22 de octubre de 1937, la madrina de guerra, Ana, vuelve a escribir y le promete el envío de chalecos y guantes para protegerse del rigor del frío norteño:

«Apreciable ahijado éste fue un día de alegría para mí y para todas aquellas que tienen la dicha de hacerse llamar patriotas, no puedes hacerte una idea del entusiasmo que reinaba en este pueblo al ser extendida la grandiosa noticia que esperaba  con impaciencia varios días antes. En este estaba un día de lluvia espantoso el que me hace pensar las calamidades que sufren los gloriosos soldaditos en las trincheras sin más amparo que Dios del Cielo, yo me figuro el frio que estaréis pasando y quisiera poder mandar muchas piezas de abrigo para remediar mucho frio. Antes que tú me lo advirtieras estaba haciendo un chaleco y pensamiento de hacerte unos guantes para poder aliviarte  un poco de frio yo que quisiera poderte mandar mucho más, pero me es imposible porque tengo cuatro ahijados ya, y a todos tengo que mandarles lo mismo que te mando a ti».

Ana manda recuerdos para otros valverdeños[23]. Es entonces cuando, suponemos que por falta de papel, José Contioso utilizó la carta de Ana para reenviar unas letras a Dolores, escribiendo en los márgenes más inverosímiles. 

Hubo otros valverdeños en Asturias. Uno de ellos, José Parra Vizcaíno, quien al finalizar la guerra no volvió a Valverde y trabajó en la mina de la población asturiana de Blimea. 






[1] DELGADO CRUZ, S. y LÓPEZ GRACIA, S.: “Una aproximación a la guerra civil en Castilla León”, en REDERO SAN ROMÁN, M. y DE LA CALLE VELASCO, Mª D., Castilla y León en la Historia Contemporánea, Universidad de Salamanca, 2008, pp. 427-486.
[2] Carta de 4 de febrero de 1937. Espinosa de los Monteros.
[3] Carta de Espinosa de los Monteros [s.f.]. El cambio de calle fue decidido el 23 de septiembre de 1936.
[4] Carta del 12 de febrero de 1937. Espinosa de los Monteros.
[5] Carta del 17 de febrero de 1937. Espinosa de los Monteros.
[6] Carta de 28 de marzo de 1937. Espinosa de los Monteros.
[7] Carta de 31 de marzo  de 1937. Espinosa de los Monteros.
[8] ODIEL. Viernes, 15/01/ 1937, p. 2. Se trata de Telésforo Cayuela Cánovas, recién llegado del frente de Córdoba.
[9] Azul: órgano de la Falange Española de las J.O.N.S. 1937, abril, 19.
[10] Carta de 31 de marzo  de 1937. Espinosa de los Monteros.
[11] Carta de 5 de mayo de1937.
[12] Carta 8 de junio de 1937. Espinosa de los Monteros.
[13] Carta de 11 de junio de 1937.
[14] Carta de 11 de junio de 1937. Espinosa de los Monteros.
[15] Carta de 25 de junio de 1937. Espinosa de los Monteros.
[16] De los cuatro hermanos Fernández Domínguez, huérfanos de padre, solo se libró el mayor, Nicolás, no así Ramón, Manuel y José Jesús.
[17] SIMEÓN RIERA, J. D.: Aproximación al estudio de la guerra civil y la revolución en Lliria: 1936-39. Lauro. Quaderns d'Història i Societat, 1988, pp. 181-202.
[18] Sagardía, en su obra autobiográfica, aclara que formó parte de la División Llamas Negras. SARGADÍA, Antonio (1940): Del Alto Ebro a las Fuentes del Llobregat. Treinta y dos meses de guerra en la 62 División, p. 107. SANZ HOYA, J.: La construcción de la dictadura franquista en Cantabria. Universidad, 2009, p. 124.
[19] Carta de 6 de septiembre de 1937. León.
[20] SAGARDÍA RAMOS, A.: op., cit., p. 108.
[21] Carta de 6 de septiembre de 1937. León.
[22] Ibídem.
[23] «Le das recuerdos a Gregorio y le dices que no sueñe con que está en Calañas, que son sueños locos, le dices, que su amigo Bernardo está en ésta con permiso».

lunes, 20 de junio de 2016

Valverdeños en la guerra civil. LA GUERRA CIVIL EN ANDALUCIA (VI)



CARTAS Y CRÓNICAS  DESDE  EL FRENTE Y LA RETAGUARDIA
 LA GUERRA CIVIL VISTA DESDE VALVERDE DEL CAMINO (VI)

Juan Carlos Sánchez Corralejo

El Andévalo. Paisaje y Humanidad
Actas de las V Jornadas del Andévalo, pp. 235-236
Reelaborado y ampliado para Facanías

La Guerra Civil en Málaga según la presencia valverdeña

En los primeros meses de guerra hubo varios valvedeños en Málaga, en el Valle del Genal, Sierra Bermeja y Marbella.

El 16 de septiembre, las tropas de Varela y Queipo de Llano conquistan Ronda y cuatro días después Faraján y Alpandeire, pero los republicanos recuperan estas localidades hasta el 20 de octubre, mientras las columnas milicianas de Pedro López hostigan los pueblos ocupados y retoman nuevamente Alpandeire. La vía de escape de las gentes republicanas de los valles del Genal y Guadiaro fue hacia Ronda, a través del Puerto del Viento, pero al acercarse Varela desde Antequera y Queipo de Llano desde Sevilla, dicho éxodo republicano se realizó a través de la “Laguanfría” Conejeras, Marbella, y desde aquí a Málaga a través de la costa, sin duda más castigada por la marina, por lo que utilizaron alternativamente la ruta por Istán, Coín, Cártama y Málaga.

Desde mediados de octubre está en Ronda Andrés Nieto Mariano (1899-1981): se integró inicialmente en la columna del comandante Antón, protegiendo la línea del ferrocarril, desde la posición del Puente de las Ventillas y el Puerto del Viento, y luego participó en la toma de Alpandeire, Faraján y Júzcar en la columna del comandante Fermín Hidalgo. En diciembre fue destinado a la 8ª bandera de la Legión, abandonó Andalucía y fue trasladado al frente de Madrid.

En Marbella[1] sabemos que estuvo Félix Navarro Cejudo (1917-1981), aunque apenas nos han llegado sus vivencias bélicas. Tan sólo sabemos que hizo amistad con un soldado de la capital onubense:

Mi padre y el soldado de Huelva se llamaban mutuamente por el nombre de sus pueblos respectivos: eran “el Huelva” y “el Valverde”. De las conversaciones con mi padre solo recuerdo que me contó que llegaron de noche a Marbella. Félix halló un palomar y ese fue el sitio elegido para dormir aquella noche.[2]

Capitán Andrés Nieto

Félix Navarro Cejudo

El 8 de febrero de 1937 se celebraron manifestaciones en todo el Andévalo para celebrar la toma de Málaga el día anterior. El arcipreste de Valverde, Jesús de Mora, se dirigió a los valverdeños desde el balcón del ayuntamiento para mostrar su satisfacción[3]. En paralelo, el  nuevo estado franquista puso en funcionamiento las suscripciones patrióticas en apoyo de las poblaciones recién liberadas. Las hubo con ocasión del asedio de Madrid en noviembre del 36, para Málaga, o para Bilbao. Ahora, en marzo de 1937, Valverde fletó un camión con artículos de primera necesidad y donó 1.000 pesetas en Auxilio de Málaga[4]. Los miembros de Falange se ocupaban de delatar y elaborar informes confidenciales sobre la menguada aportación económica de algunos vecinos[5]. Denunciar era la obligación del buen falangista. 

Líneas de asalto sobre Málaga por una fuerza combinada del bando sublevado y los italianos del Corpo Truppe Volontarie


Valverdeños en la Guerra Civil en Córdoba

Numerosos valverdeños estuvieron en la provincia de Córdoba, constituida en zona de combates constantes, que se alternó con una guerra de posiciones que se prolongó casi hasta el final de la contienda. Una vez aseguradas las partes central y sur de la provincia, el bando franquista se centró en la parte norte, siendo el principal objetivo la toma de Pozoblanco y la comarca de los Pedroches. 

En noviembre de 1936, en la primera fase de las operaciones llevadas a cabo en la aldea de Los Blázquez, murió Manuel Arrayás Rabadán, miembro voluntario de primera línea de Falange con la segunda bandera de Huelva, los llamados Pinzones[6]. Hubo funeral por los primeros caídos de Falange en Los Blázquez, que se celebró en Pueblonuevo, donde estuvo José María Pardo, jefe provincial  de Huelva de Falange Española, junto al teniente coronel Gómez Cobián.[7]  

Entre los Pinzones iban otros valverdeños, algunos por convicción y otros para evitar una segura represión sobre sus carnes. Al parecer, este fue el caso de Antonio Cejudo Arroyo, quinto del 39, y afiliado a la C.N.T. durante la Segunda República, quien se fue voluntario a la guerra con apenas 18 años cumplidos: Antonio Cejudo, Antoñé, enfermó de fiebres tifoideas en el frente de Peñarroya y tuvo que pasar al hospital. Al volver al frente, su compañía había sido exterminada por el fuego y la aviación republicana, por lo que fue derivado a un tábor de Regulares. Mientras, Antonio Villadeamigo Calero cayó herido de metralla en Peñarroya y fue curado en el hospital de Córdoba.

Murieron otros falangistas comarcanos en aquellos primeros meses de guerra, como Cayetano Torres, de Castillejos[8]. También mueren miembros del Requeté del Rocío, presentes asimismo en el frente de Córdoba, algunos de ellos recogidos en la prensa, como Robustiano Borrero, de Cortegana, en Villanueva de Córdoba[9], o Pablo Muñoz, de Bonares, y se organizan misas en todos los pueblos por los caídos de la Falange o del Requeté. Todos ellos son convertidos en mártires en la prensa y los altares.  
Tras la caída de Málaga, Queipo de Llano atacó, el 6 de marzo de 1937, con varias columnas desde Peñarroya y Espiel. Esperaba conquistar Pozoblanco, romper el frente, progresar hasta el Santuario de la Virgen de la Cabeza, rompiendo el asedio al que estaba siendo sometido desde el comienzo de la guerra, y tomar las minas de Almadén, de gran interés estratégico por sus reservas de mercurio[10].

Las unidades republicanas del sector de Pozoblanco fueron reorganizadas por Joaquín Pérez Salas bajo su mando directo, a pesar de que el Estado Mayor Central autorizó su evacuación al considerar aquella zona prácticamente perdida. Pero en abril de 1937 se produjo la batalla de Pozoblanco, un lance decisivo que sigue a la victoria republicana de Guadalajara: Pérez Salas lanzó un contraataque que ocasionó numerosas pérdidas materiales al ejército de Queipo de Llano, recuperó el territorio perdido e incluso ocupó amplias zonas enemigas[11]. En el resto del año se sucedieron combates entre los franquistas, parapetados en sus posiciones iniciales de Peñarroya, Espiel y Villaharta, y los republicanos.

La prensa falangista destaca la valentía de las tropas nacionales y la crueldad de los republicanos: en febrero de 1937, un grupo de Pinzones defiende la estación ferroviaria de Valsequillo frente a las hordas marxistas claramente superiores en número.[12] 

Al año siguiente, en junio de 1938, se produjo una nueva ofensiva franquista con la toma de localidades del Valle del Guadiato: los nacionales ocupan Los Blázquez, Valsequillo y La Granjuela, en la línea férrea de Bélmez a Almochón, destacando la labor de la Falange de Huelva. Le  siguió  Sierra Patuda, y el cerro de La Noria, desde donde los republicanos cañoneaban Peñarroya y la Sierra de Gamonal donde  se enfrentan a brigadistas y a jóvenes de 17 años de la quinta de 1941, movilizados en la zona republicana:

 Entre los prisioneros hechos hoy se encuentran muchos checos y otros, verdaderos chiquillos, de Alicante que sin preparación militar fueron enviados al frente”.[13]

La prensa falangista insistía en que los rojos se llevaron consigo a todo el vecindario de Los Blázquez, Valsequillo y la Granjuela y por todas partes quedan huellas de sus vandálicos procedimientos[14]. Por el contrario,  El defensor de Córdoba elogiaba el trato humanitario  y cariñoso dado por el ejército nacional a los soldados republicanos hechos prisioneros[15].

Las campañas ideológicas tratan de elevar y mantener el ánimo de la soldadesca. La prensa y la propaganda oficiales exaltan el papel de los soldados comprometidos con la causa nacional, cuyas madres no lloran, ya que saben la altura de su misión, mientras esos mismos diarios recalcan las fugas y deserciones de los reclutas republicanos[16], se mofan de la debilidad y escasa resistencia de los quintos y milicias enemigos, por más que se llamasen columnas de hierro[17], inciden en la barbarie de sus miembros, capaces de acribillar con balazos de fusiles y cargas de ametralladoras las imágenes religiosas para sus ejercicios de tiro[18], o la valentía de otros enrolados en las milicias republicanas pero que se cambian de bando a la mínima oportunidad.[19] 

Esa misma campaña, en sentido contrario, fue llevada a cabo por los diarios republicanos, algunos de cuyos ingredientes fueron odas y poesías al buen soldado marxista,[20] noticias sobre las frecuentes deserciones en las filas nacionales[21], y el elogio continuo a la valentía de sus quintos que caminaban serenos a la guerra.[22]

Esta ofensiva nacional fue respondida con el Plan Córdoba, una contraofensiva del VII Cuerpo del Ejército que avanzó hacia Villafranca, Espiel y Bélmez. El 7 de noviembre de 1938, la aviación republicana bombardeó Cabra, causando un centenar de muertos, y la vecina Baena el 28 de octubre de 1938, y de nuevo los días 9 y 30 de marzo.[23]

Pérez Salas fue alabado por los suyos y temido por los enemigos. Un valverdeño, Miguel Macías, estuvo en el batallón del teniente coronel Pérez Salas y lo acompañó hasta casi el final de la guerra.

Muchos valverdeños lucharon en Pozoblanco y Peñarroya en las huestes nacionales, como Pedro Moya Vizcaíno, Manuel Ramírez Matías, Juan Parreño Romero, José Blas Santos, Gregorio Castilla González, Manuel Bermejo Vélez,  José Díaz, Manuel Castilla Alcuña, Félix Navarro Cejudo, José Fernández Feria, Antonio Cejudo Arroyo, Manuel Bernal Arroyo, José Rosa Cejudo, Jorge Zarza Fleming, José María Gómez Sánchez, el capitán Telesforo Cayuela Cánovas,  Diego Mantero, Alfonso  Ruiza Malavé, Manuel Cejudo Gutiérrez, Antonio Gamonoso Gutiérrez,  José Asuero Núñez, Juan José Tocino, José Alcaría Corralejo o Demófilo Castilla Vizcaíno. Las canciones y poemas de Pérez Salas, que loaban su valentía y su destreza militar, llegaron a Valverde:

Un soldado en su trinchera
temblaba y no era de frío
el cañón de Pérez Salas,
que lo tenía cogío,
sabía que lo mataba.[24]


El Frente de Córdoba.  Atlas de la. Guerra Civil de Fernando Puell. Síntesis, 2007

Búnker de Peñarroya. Fotografía de Manuel Fernández Corralejo

La dureza del frente de Peñarroya ha sido narrada por muchos de aquellos soldados eventuales: el hambre apenas podía ser calmada con la ingesta de bellotas y aquellos muchachos, quintos o voluntarios, que apoyaban al ejército profesional, fueron víctimas del  ataque de los piojos,  de la presencia de fiebres tifoideas y de hepatitis,  demostrada por la evidente ictericia de algunos de ellos.  Muchos recuerdan horrorizados los pozos llenos de muertos en Los Blázquez, los terribles combates de La Granjuela, y algunos encontraron allí su propia muerte.     


Gregorio Castilla González

El valverdeño Manuel Bernal junto a tres compañeros. Córdoba.


  
Benjamín y Demófilo Castilla Vizcaíno

Entre los valverdeños, el capitán Telesforo Cayuela vuelve a Valverde a mediados de enero de 1937, procedente del frente de Córdoba[25]. Desconocemos sus andanzas bélicas posteriores. 

José Rosa Cejudo, hijo del minero Claudio Rosa Calderón, fue alistado a pesar de su sordera y sirvió como conductor en Peñarroya. Era miembro de una familia, los Rosa Cejudo, formada asimismo por cuatro varones: Juan, José, Claudio y Eliseo.[26]

Florencio Gallego González, destinado en el Regimiento de Infantería Granada nº6, nos relató la preferencia republicana de disparos nocturnos y los intensos bombardeos de sus ratas: “Nos metíamos en las trincheras y cuando iban pasando se iban cagando”. Recuerda su armamento: el fusil, las balas en la canana y las dos bolas de cinta por cada soldado. También nos recordó  alguna que otra deserción del bando republicano:
Yo estaba con el cañón del fusil en la aspillera. ¡Cuerpo a tierra y manos arriba! grité al que se acercaba. El cabo de guardia fue a por él. Resultó ser un soldado de Villanueva de los Castillejos que se vino muy contento con nosotros”.[27]

Alfonso Ruiza Malavé (1916- 1951), quinto del 37, estuvo en Peñarroya, junto a otros valverdeños, como Diego Mantero.[28]


Florencio Gallego González

Alfonso Ruiza Malavé

Manuel Bernal Arroyo (1918- 1995)  pasó una parte de la guerra en el frente de Peñarroya, pero también estuvo destinado en la capital cordobesa, donde se ocupó de repartir la correspondencia del regimiento y el  pan. Allí, en la ciudad de los Califas, pudo contactar con algún que otro estudiante valverdeño de la facultad de veterinaria, como el que más tarde seria alcalde local, Domingo Romero Malavé. El soldado se ocupó de enviarles más de un chusco de pan que alivio la vida de aquellos estudiantes

La Guerra en Andalucía Oriental

También hubo presencia valverdeña en los frentes estabilizados de Jaén y Granada, con José Arenas Malavé, José Blas Santos, Diego Mora, Manuel Cejudo Gutiérrez, Miguel Padilla o Diego Mantero.

José Arenas Malavé (1914-2007), quinto de 1935,  y talabartero de oficio, pertenecía al regimiento de Infantería Granada 34, pero en julio de 1937 fue movilizado para la guerra dentro del regimiento Lepanto nº 5, donde permaneció hasta el 30 de junio de 1939, cuando fue licenciado. Como fusilero prestó servicios en distintos frentes –así reza en su carta de licencia absoluta-, pero nos consta su presencia en la 33 División, cuyo cuartel general se situó en Lanjarón y su radio de acción iba desde Sierra Nevada hasta el mar en Motril. La 1ª Brigada cubría el sector desde Sierra Nevada hasta Rules con su puesto de mando en Órgiva y la 2ª desde Rules hasta el mar con puesto de mando en Motril.
Granada fue tomada el 20 de julio y la ciudad solo se vio turbada por esporádicos bombardeos republicanos que remitieron a partir del 28 de agosto de 1936. En la capital se estableció  el III Cuerpo del Ejército, con tres divisiones, una de las cuales, la 33, cubría los límites que van de Sierra Nevada al mar, al este de Motril. En el occidente provincial y valle de Lecrín, la sublevación triunfó gracias a la acción de la Guardia Civil de Órgiva y Lanjarón y los refuerzos llegados de la capital, quedando una zona que abarcaba Lanjarón, Órgiva y el barranco de Poqueira, como avanzada nacionalista. Por el contrario, las alpujarras granadinas se convirtieron en uno de los últimos reductos de la República. La 23 división, dependiente de la autoridad republicana de Almería, estableció su cuartel general en Berja y se desplazó en  mayo de 1938 a Ugíjar.

Pero la actividad bélica no fue intensa: escaramuzas en Órgiva, Sierra de Lújar y Capileira, y hostigamientos nacionalistas sobre la resistencia republicana en Pórtugos, Pitres, Trevélez, Jubiles, sin que se llegase a modificar sustancialmente la línea de frente hasta terminar la guerra.

En la primavera del 37 la División ocupó la Sierra de Lújar, en verano  rechazó un ataque republicano en el frente de Capileira Tres Términos y Cascajar Negro; en la primera mitad del año 1938, un batallón ocupó  la localidad y las alturas de Conjuro. Solo en marzo de  1939, tras el abandono de posiciones por los republicanos, los rebeldes ocupan progresivamente La Alpujarra, completándola durante el mes de abril, tras la toma de Almería.

La mayoría de los integrantes valverdeños de la quinta del 38 fueron destinados a la Alpujarra granadina, como Diego Mora Membrillo, Manuel Cejudo Gutiérrez, Miguel Padilla Sánchez o Diego Mantero. Eliseo Boniquito Borrero fue igualmente artillero en Granada. Manuel Cejudo Gutiérrez (1917-1992) pudo permanecer acuartelado en Granada y evitar la primera línea de combate, gracias a su condición de barbero. Luis Caballero Santos, quinto del 36, estuvo destinado en artillería, en Motril.

También estuvieron entre Almería y Jaén  los hermanos Ginés y Juan Parra Vizcaíno.  


Eliseo Boniquito Borrero. Archivo familiar 


Luis Caballero Santos.

Ginés Parra Vizcaíno 

                             La unidad de Ginés Parra Vizcaíno

Fue Jaén la primera provincia andaluza en adherirse a la República y una de las últimas en caer, y por ello sede de durísimos combates y de dos frentes abiertos de forma permanente: uno al sur, otro al oeste. En la propia capital, además de los bombardeos, destacó la posición del castillo de Santa Catalina.[29]

             José Arenas Malavé


Andrés Ramírez Ramírez 


Juan Becerro Romero


   
Daniel Pedrada en Cádiz

 
Ángel Tocino Castilla, panadero del economato

La Guerra en Cádiz

A Cádiz fueron destinados algunos jóvenes y otros más maduros, varios de estos últimos quintos de 1928 que ya habían realizado el servicio militar: Daniel Pedrada Cejudo, Juan Becerro Romero, Ángel Tocino, Andrés Ramírez Ramírez, Manuel Bermejo García, Manuel Romero García y otros valverdeños. Algunos de ellos eran hijos de viudas, pero la falta de efectivos los llevo a la guerra. 

Ángel Tocino Castilla (1907-1995) era hijo de viuda –su madre era María Josefa Castilla Lineros, esposa del zapatero Manuel Tocino Arca-, logró, gracias al favor del capitán y de una monja del hospital de Mora, trabajar en la intendencia de la casa-cuartel, debido a su pericia como panadero, y pudo evitar la primera línea de combate. Pero su condición de soltería puso en peligro su situación de relativo solaz: 

¡Tocino te tengo que enviar a Valverde a casarte!, porque si no tendré que mandarte a las trincheras. Ángel Tocino, con su gracia habitual le espetó ¡pues no sé qué será mejor, mi capitán, si casarme o las trincheras! Finalmente Ángel obtuvo su permiso y evitó la primera línea de combate. Volvió a la Tacita de Plata soltero, aunque llevaba colgadas del hombro y unidas por los cordones unas hermosas botas que le fabricó su hermano José, como muestra de agradecimiento al capitán.[30]

Manuel  Romero García  alias “manolillo el de Aracena”, cosario entre Valverde y Sevilla, estuvo al parecer destinado en Cádiz,  en 1939, aunque ya había contraído matrimonio. 

Juan Becerro Romero (1907-1984) , quinto de 1928,  abandonó su banquilla del Pie de la Torre –el estallido  de la guerra lo cogió en Nerva tomando medidas y cobrando la dita-  y estuvo un tiempo en el hospital militar de San Fernando (Cádiz). Este hospital, situado junto al convento de franciscanos observantes, atendió a pacientes militares y civiles de la localidad y a heridos procedentes de varias guerras, empezando por la Guerra de la Independencia, continuando por la Guerra de África decimonónica, la Guerra del Rif y finalmente la Guerra Civil Española. Desde 1870, incorporó, para la atención de heridos y enfermos, a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl.  El valverdeño Juan Becerro  desarrollo allí labores auxiliares, pero su miopía le permitió una pronta vuelta. Al parecer, estuvo apenas un mes.     

Manuel Bermejo García (1907-2000), alias “domingo”, también quinto de 1928, se había librado por hijo de viuda, pero fue movilizado a principios del 1939 y destinado en el cuartel de Puerta Tierra, localizado  junto a la antigua plaza de toros de Cádiz. El entramado de murallas tenían a ambos extremos los semibaluartes de San Roque y Santa Elena, que dan nombre a los dos cuarteles militares homónimos, convertidos en perfectas atalayas para controlar las entradas y salidas de Cádiz, tanto por tierra como por mar. Su vuelta se aligeró igualmente gracias a la intersección de Manuel Romero Pérez, dueño y gerente de la Culmen. 

Manuel Bermejo García

En el entorno del Castillo-Penal de Santa Catalina de Cádiz  construido en el siglo XVI por Cristóbal de Rojas- estuvo Andrés Ramírez (1918-1998), de la quinta de 1939, carpintero y medio volante del Valverde C.F y de la Olímpica Valverdeña. 

El  penal de El Puerto de Santa María se lleno de prisioneros onubenses recluidos inicialmente en la prisión provincial de Huelva[31], tras ser sometidos a consejo de guerra. A ellos dedicaremos una próxima entrega.  
Penal de El Puerto de Santa María



[1] Víd. PRIETO BORREGO, L (1992): Conflictividad social, guerra y revolución. Estudio de una comunidad andaluza: Marbella (1931-37). Tesis Doctorales / Microfichas, N. º 65. Universidad de Málaga.
[2] Entrevista a su hijo Gonzalo Navarro Sánchez.  
[3] ODIEL. Jueves 11 de febrero de 1937, p. 2. “Júbilo indescriptible por la reconquista de Málaga”.
[4] ODIEL.  6/03/1937.  “Auxilio a Málaga”.
[5] GONZÁLEZ ORTA, Op. Cit, 2012, 193-194,  reproduce algunos informes acusando  a varios valverdeños de escasa o nula aportación. 
[6] Algunos de sus alumnos fueron Reyes Bermejo, Juan José Domínguez Lineros, Jesús Pérez Rivera o Domingo  Malavé. Vid ODIEL. Miércoles 18 de noviembre de 1936. Manuel Arrayás Rabadán ¡¡¡Presente!!!
[7] Azul. Córdoba. 17 de noviembre de  1936, pp. 6 y 7.  Junto a otros falangistas como Miguel Bernal Quintero,  José Rodríguez Benito, Miguel Pérez Gómez, y Francisco Cubillo Gómez.  
[8] ODIEL. 4/08/1937.  “Cayetamo Torres Martín. ¡Presente!”.  Murió el 5 de febrero.
[9] ODIEL. 19/03/1937. “Entierro de un boina rojo muerto en campaña “.
[10]SUERO ROCA, Mª T.: Militares republicanos de la Guerra de España. Barcelona: P. Ibérica, 1981, p. 108.
[11] Ibídem, p. 109. Recomendamos una monografía local: LÓPEZ ROMERO, Laura: Joaquin Pérez Salas y la batalla de Pozoblanco.  El pozo y la encina, nº. 2.
[12] Guión. 13/02/ 1937. “Un caso heroico”.
[13] Diario de Córdoba. 1/06/1938, p. 1. “Prosigue el avance en el sector de Peñarroya”.  Ibídem. 18/08/1936, p. 10. “Falange de Huelva se ha cubierto de gloria, vengando la muerte de Zamacola”.  
[14] Ibídem.   
[15] El defensor de Córdoba. 23/02/1938,  p.1. “Pobres quintos”.
[16] Diario de Córdoba. 17/09/1937. “Los quintos no se incorporan”. El Día de Palencia. 2/12/1937, p. 2. “Estos días son los más propicios para las deserciones”.
[17] Lucha: diario de Teruel al servicio de España. 14/12/1937, p.1. “Ay que llegamos Dios mío! En este caso es una burla de la Columna de Hierro que, procedente de Valencia, intentó tomar Teruel.
[18] “Crónica de Vizcaya”. Lucha: diario de Teruel al servicio de España. 22/05/1937, p. 1. 
[19] El Día de Palencia, 11/12/1937,  p. 2. “Una viuda con su marido”.
[20] Véase a modo de ejemplo el poema “Mira las milicias, madre…” de Félix V. Ramos, miembro de la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la defensa de la cultura. Milicia popular: Diario del 5º Regimiento de Milicias Populares, 5 de septiembre de 1936.
[21] El Luchador: diario republicano. Alicante. 3/08/1937, p. 2. “Rebeliones en la retaguardia facciosa”.
[22] El Luchador: diario republicano. 23/08 1937, p. 1. “Los quintos. Hacia la victoria”.
[23] Véase MORENO GÓMEZ, F.: La Guerra Civil en Córdoba (1936-1939). Ed. Alpuerto, 1985.
[24] Copla recogida por Inmaculada Calero y Fernando Gómez Cera de José Márquez (1937).
[25] ODIEL. 15/01/1937. “Regreso del Frente”.
[26] Entrevista a  su hermana Reposo Rosa Cejudo (1929).
[27] Entrevista a Florencio Gallego González (1916-2015).
[28] Las informaciones proceden de su esposa,  Dominga Maestre Mariano (1918-2003), viuda con 31 años.
[29] Víd. SÁNCHEZ TOSTADO, L.M.: La Guerra Civil en Jaén: historia de un horror inolvidable, 2007.
[30] Entrevista a sus hijas Manoli y Ángeles Tocino Oso.
[31] J. J. ANTEQUERA LUENGO y J. J. LUENGO JIMÉNEZ. Expedientes carcelarios de Huelva, 1936. 1939.