Páginas vistas en total

miércoles, 24 de octubre de 2018

VALVERDE SU PARROQUIA (IV): LA VIDA ESPIRITUAL EN EL SIGLO XVI


VALVERDE SU PARROQUIA  (IV): LA VIDA ESPIRITUAL  EN EL SIGLO XVI

Juan Carlos Sánchez Corralejo
Facanias. Octubre  de 2018. 



La dotación del templo y la vida espiritual

Los datos sobre la vida espiritual de la Iglesia de Valverde, que poseemos a día de hoy, son muy escasos. Respecto a las ropas sacras, sabemos, por el testamento de Francisco Pérez Calvo, que la Iglesia contaba con una casulla de terciopelo comprada en la Plaza Nueva de Granada[1].  Existía también  una manga negra destinada a los entierros; hay noticias de ella desde el siglo XVI. En 1700 se confeccionó una nueva con 6 varas de terciopelo, 14 varas de guarnición de oro fino, flecos de oro fino,  y dos  muertes bordadas de dicho hilo, además de cordones y borlas y reales de Bramante y clandillas.

Había otra manga, la encarnada o carmesí. Francisco Arroyo documentó la existencia de dicha manga carmesí, en la década final del siglo XVI; y de una cruz de plata, que era  colocada durante las misas de réquiem o las misas pro remedio animae  sobre las sepulturas de mayor abolengo.[2]

Ya en espera de su muerte, el doctor Pérez Calvo se concertó con el notario Juan de Arévalo  para que trajese a Valverde “el Breve de Juan de Ortega” por 90 ducados. Parece tratarse de un Breve apostólico[3], aunque no conocemos su contenido exacto. Rey Pastor habla del problema de identificación de Juan de Ortega por una simple cuestión de homonimia: existe un Fray Juan de Ortega (¿1480?- 1557), monje y obispo jerónimo del siglo XVI, que preparó el retiro de Carlos V en el Monasterio de Yuste y que  llegó a ser obispo de Chiapas; un catedrático de filosofía natural de la Universidad de Salamanca, estos dos asociados a veces como el autor del Lazarillo de Tormes; y un tercer  Fray Juan de Ortega  de la orden de predicadores, amante de las matemáticas, y autor del Arte de la Aritmética 

 Curas semaneros

Desde 1595, Valverde pasó a contar con dos curas. Lo fueron por aquellas calendas Juan Fernández de Lorca, doctor en teología, y Mateo Escudero, licenciado. Ello supuso una división de tareas. Desde entonces iban  “sacramentando  y predicando,  y haciendo “domenas a semanas”, además de oficiar las misas de prima y tercia. 

Las misas se regulaban por las horas en que los Romanos dividían el día. Las horas canónicas constituían una división del tiempo, empleada durante la Edad Media y la Edad Moderna, adaptada al ritmo de los rezos de los monasterios. Cada una de las horas correspondía a una parte del Oficio divino, lo que hoy se conoce como liturgia de las horas, es decir, el conjunto de oraciones pertinentes a cada parte de un  día. Las horas canónicas eran las siguientes: Maitines, antes del amanecer; Laudes, al amanecer:  Prima, la primera hora después del amanecer, en torno a las  6 de la mañana;  Tercia,  tercera hora después de amanecer, sobre las 9; Sexta, mediodía; Nona, sobre las 15:00, Hora de la Misericordia; Vísperas, tras la puesta del sol, en torno a las 18:00; y, finalmente Completas, antes del descanso nocturno, las 21:00.

Los Maitines, los Laudes y las Vísperas eran las “Horas mayores” en las que era preceptivo que todas las comunidades monásticas se reunieran en la iglesia; la Prima, la Tercia, la Sexta y la Nona eran las “Horas menores”. Según la regla benedictina no era obligación en estas horas acudir a la iglesia, sino que, al escuchar la trompeta o campana, los monjes debían interrumpir sus labores y ponerse a orar en el lugar en el que se encontraban.

En Valverde había, pues,  “misa de prima” en torno a las 6 de la mañana[4], y otra misa de tercia, en torno a  9 de la mañana.

Eran además curas semaneros. Así se llamaba a cada uno de los presbíteros que estaban de turno una semana, con el encargo de cumplir las obligaciones pastorales, que solían estar detalladas en las Constituciones Sinodales y que eran recordadas y exigidas  a través de las visitas pastorales anuales.  La distribución temporal de encargos y trabajos extraordinarios originó la aparición de los curas semaneros.[5]

Las Constituciones Sinodales del siglo XVI denunciaban la presencia, durante la Cuaresma y la Semana Santa, de compañías ambulantes de cómicos que hacían un teatro religioso "a manera de farsas del mundo". Así ocurre en las Constituciones Sinodales de Sevilla de 1512[6]. También, nos  informan de la celebración de una fiesta señera, el Corpus Christi.

Las Constituciones Sinodales de Fernando Niño de Guevara[7] nos sirven para acercarnos a la vida espiritual de la época. Las Sinodales de Sevilla de 1604 hablan del Corpus Christi:

«Cosa muy asentada es, por costumbre universal destos reinos de la Corona de Castilla , que la fiesta propia del Santísimo Sacramento (que por lo que en sí contiene se llama de Corpus Christi) se celebre con gran solemnidad y regocijos exteriores de representaciones, danzas y otras cosas", que eran examinadas y aprobadas por el Provisor o por el Cura más antiguo».

Establecía la obligación de tomar residencia a los vicarios cada tres años, al tiempo que no estimaban  conveniente que estuvieran en su cargo mucho tiempo; al finalizar su misión se les tomará residencia, y no podrán ser reelegidos hasta haberla dado.


Pecado y miedo al purgatorio

El sínodo de Sevilla (1604-1609) estableció la manera de exonerarse del pecado: El pecador en la penitencia debe "considerar que a offendido a Dios, que le dio ser i por momentos le haze tantas mercedes, i le tiene la bienaventuranza para si se arrepiente, i infierno para si muere en peccado mortal". Por ello, la confesión auricular cobra enorme fuerza en el siglo del Barroco.[8]
El  miedo al purgatorio y la necesidad de librarse de los pecados están en la base de los rituales de muerte, aspecto al que dedicaremos una próxima entrega. Las Constituciones sinodales de Sevilla (1604-1609)  establecían que la Iglesia "constanter tenet Purgatorium esse, animasque ibi detentas fidelium suffragiis iuvari". Es decir se mantiene la existencia  del purgatorio, y la idea de que las  almas de los fieles podrían ser ayudadas mediante sufragios.[9]

Frente al pecado, la Iglesia impone la necesidad de la confesión auricular y de las las bulas de indulgencias, Las Constituciones sinodales de Sevilla (1604-1609) dicen: "Potestatem indulgentias conferendi a Christo in Ecclesia relictam esse; illarumque usum christiano populo maxime salutarem esse affirmat". Cristo dejó a la Iglesia el poder de conceder indulgencias, y afirma que su uso es de lo más saludable para el pueblo cristiano.[10]



 Representación del Purgatorio 

El profesor Rodríguez Molina habla de un “proceso de confesión, pena e indulgencia” que solo puede administrar la Iglesia, dado por Cristo en el poder de las llaves,  y “La Iglesia al conceder la indulgencia aplica su tesoro, que son los méritos sobreabundantes de Cristo y los santos para la remisión de la pena. En este proceso, la  Iglesia aparece como la administradora (no dueña) de ese tesoro, pero si el vehículo para la concesión de la indulgencia.

  Ya las Constituciones sinodales de Sevilla de 1586 insistían en la importancia de la confesión e instaban a los curas a poner el máximo celo en ello.  El profesor Rodríguez Molina nos recuerda sus principales indicaciones: El cura debía amonestar a sus parroquianos sobre la obligación de confesarse, al menos, por Pascua, entre el domingo de Ramos y el domingo de Quasimodo. Era, pues, un precepto general de la Iglesia Católica confesar una vez al año por la Cuaresma, y recibir el Santísimo Sacramento de la Eucaristía por la Pascua de Resurrección, desde el Domingo de Ramos al Domingo de Quasimodo, inclusive. En caso negativo, los prelados debían confeccionar los padrones de parroquianos no confesados, quienes, además, debían ser nombrados en público y en voz alta, para escarnio y conocimiento de sus convecinos, y castigados con un ducado de pena. La persistencia podía acabar en la pena de excomunión.


Los curas debían recoger en un libro a todos los fallecidos en sus parroquias, explicitando además el nombre de sus albaceas testamentarios y herederos. Se insistía a los curas sobre la necesidad de que en sabiendo que algún parrochiano suyo está enfermo, le visiten y amonesten que confiese y reciba los sanctos sacramentos, y haga testamento".
 Los pecados más graves eran reservados a la confesión del propio obispo: excomunión mayor a jure vel ab homine; juramento hecho en daño del prójimo, homicidio voluntario, sacrilegio, sortilegio,  matrimonio clandestino, usuras y renuevos y diezmos retenidos.
«Quienes no confiesen a lo menos una vez en el año todos sus pecados a su propio cura y no reciban la comunión en la Pascua de Resurrección, u ocho días antes o después, no deven ser recebidos a la comunión i participación de los fieles cristianos, ni a los otros sacramentos eclesiásticos i, muriendo, deven carecer de eclesiastica sepultura».


También se insistía en la obligación de los curas de amonestar a los médicos para que aconsejaran  a los enfermos la obligación e confesar y comulgar so pena de excomunión i de doscientos maravedís. Por último, instaban a los padres “que tienen hijos o hijas de edad que lo puedan aprender i esclavos o esclavas, les enseñen el Pater Noster, el Ave María, i el Credo, i la Salve Regina, i los Artículos de la Fe, i Mandamientos de la Sancta Madre Iglesia i Sacramentos della, i los lleven o hagan ir a las iglesias los Domingos i Fiestas de Guardar a oir missa i la doctrina cristiana, i vos, los dichos curas, al tiempo del Offertorio, enseñad la doctrina cristiana, como está mandado.



Los otros templos

En la segunda mitad del siglo XVI se levantó también la ermita de San Sebastián, se ultimó la de Santa Ana con la nueva imagen y, de forma paralela, el Hospital de la Misericordia y la Capilla anexa del Santo Cristo que, desde la década de 1570, daba cobijo a la Cofradía de la Vera Cruz .

La antigua ermita de San Sebastián remonta su existencia a la segunda mitad del siglo XVI. Se trató de una ermita erigida extramuros del lugar de Valverde. F. Arroyo Navarro sitúa su construcción a caballo entre las décadas de 1570 y 1580. A través de los protocolos notariales, F Arroyo rastreó algunas mandas testamentarias cuyo destinatario no era otro que el «señor San Sebastián»[11].  En el siglo XVII la presidía una «imagen de San Sebastián en un nicho de madera sobredorada» y disponía de su propio administrador.

En cuanto al Hospital de la Misericordia, en opinión de Luis Arroyo su construcción fue auspiciada por Lucía Ramírez que lo dotaría con «generosidad inusitada»[12]. En su opinión, su finalidad fue recoger y curar a los pobres desvalidos y vecinos de la villa. En el edificio y capilla del Hospital residieron las Cofradías de la Vera Cruz y Nuestra Señora de la Misericordia. En la esquina del Hospital de la Misericordia seguía habiendo solares sin construir, uno  de ellos era propiedad de Beatriz García, viuda de Domingo Gómez, que dejó en herencia a su hijo Francisco Martin, cuya puerta salía a la Calle Real.[13]

La Coronada. Luis Arroyo fija la fecha del hallazgo de la imagen de esta virgen tan venerada en Valverde. Lo sitúa a «principio de septiembre de 1520», afirmando basarse en «la escrita tradición de referencia», aunque no aporta documentación que sustente tal afirmación. Estudios posteriores demuestran que la ermita estaba en pie con anterioridad al año 1425. Por entonces la hermandad de San Vicente Mártir de Zalamea arrendaba a las ermitas de Santa María de España y de La Coronada dos calderas de su propiedad para sus festejos.[14]

González Gómez y Carrasco Terriza  sitúan a la Virgen de Coronada en el catálogo de vírgenes onubenses encontradas en los siglos XIII al XV, momentos de reconquista y repoblación,  junto a la moguereña Virgen de Montemayor, la Virgen de la Estrella de Chucena, la Virgen del Prado de Higuera de la Sierra, la Virgen de Luna de Escacena, La Bella de Lepe, Las Angustias de Ayamonte, Blanca de Villablanca, La Cinta de Huelva,  del Valle de Manzanilla y La Palma,  de los Remedios de Villarrasa o de Tórtola de Hinojales.[15]

El códice de Fray Felipe de Santiago, en 1714, recoge una vieja leyenda, carente de cualquier autenticidad,  la de Tomasuco, hijo de Juan Andúbalo, quién debió vivir en el ocaso del mundo visigodo, y del posterior hallazgo, en 1520, por parte del pastor Pedro Márquez, quien al  refugiarse en el santuario de la virgen de España para protegerse de una tormenta, y bajo una piedra, halló una imagen pequeñita con un papel manuscrito de Tomasuco Andúbalo que narraba que aquella imagen  de la Virgen le sirvió de consuelo durante las invasiones sarracenas, y que la ocultó, para protegerla de los herejes, en aquella humilde ermita cuando se sintió enfermo. El pastor se llevó la imagen a su choza pero ésta desapareció volviendo a encontrarla en el mismo paraje. Informó a las autoridades de Calañas y Valverde del Camino, quienes acordaron construirle una ermita.[16]

La leyenda recurrente de estas apariciones marianas de los siglos bajomedievales repiten los mismos elementos de forma invariable: la ocultación de las efigies durante la invasión musulmana, el transporte de la reliquia en el morral por parte de su humilde descubridor, la vuelta casi milagrosa de la imagen a su primitivo emplazamiento y la construcción de un santuario en el lugar de la aparición.  


                                      
       Ermita de La Virgen de Coronada.   


La versión valverdeña de esta leyenda sobre el origen de la ermita de la Coronada nace asimismo de la pluma de Luis Arroyo. Afirmaba que un pastor, en este caso valverdeño, llamado Juan Márquez, -conocido más tarde como Juan el de la Santa- estaba apacentando ganado, cuando le sorprendió la lluvia y se guareció en una pequeña gruta a orillas del río Odiel. El resto de la historia es idéntica a la de Fray Felipe de Santiago.

González y Carrasco hablan de “ingenua leyenda”, mientras que José A. Gómez Marín habla de la  “descabellada imaginación” de Fray Felipe de Santiago en relación no solo a La Coronada, sino también a La virgen de los Milagros de La Rábida[17] y al resto de vírgenes  de la provincia.


La Virgen de los Milagros. Códice de Fray Felipe de Santiago



En estos años, se documenta una fuerte devoción a la vírgenes de Coronada y del  Rosario, Santa Ana y San Sebastián e incluso, aunque con menor intensidad  a la Virgen de Clarines. Además, se mantuvo  la costumbre de la limosna de San Antón,  que ya existía en el siglo XV. De ello hablaremos en la próxima entrega


[1] A.P.V. 1564, nov, 30. Testamento de Francisco Pérez Calvo Leg. 1.  
[2] Se basa en una manda testamentaria de 1597 de la que no da titular.
[3] Un Breve Apostólico o Pontificio es un documento circular firmado por el Papa y refrendado con su anillo  de menor longitud e importancia que los demás documentos papales, la bula, la encíclica o la carta apostólica.
[4] «Una de las partes en que los Romanos dividían el día artificial, y era de las tres primeras horas de la mañana. Usase oy desta voz en las Universidades, en donde se llama Lección de prima la que se explica a esta hora, y Cathedrático de prima el que tiene este tiempo destinado para sus lecciones». (Diccionario de Autoridades.  Tomo V (1737).

[5] Vid CANDAU CHACÓN, María  L. (1993) : La carrera eclesiástica en el siglo XVIII: modelos, cauces y formas de promoción en la Sevilla rural. Universidad de Sevilla, p. 393.

[6] Vid. MENÉNDEZ PELÁEZ; Jesus: “Teatro e iglesia: las constituciones sinodales, documentos para la reconstrucción del teatro religioso en la Edad media y el Renacimiento español”.  Archivum: Revista de la Facultad de Filología, ISSN 0570-7218, Tomo 48-49, 1998-1999, págs. 271-332 .
[7] “Constituciones del Arzobispado de Sevilla, hechas y ordenadas por el ilustrísimo y reverendisímo Sr. D. Fernando Niño de Guevara, Cardenal y Arzobispo de la Santa Iglesia de Sevilla, en la sínodo que celebró en su catedral año de 1604, y mandadas imprimir por el Deán y Cabildo, Canónigos in sacris, sede vacante, en Sevilla, año de 1609. Se reimprimen de orden del Sr. Cardenal Tarancón, Arzobispo de esta diócesis”. Librería Española y Extrangera, 1971.
[8] Vid. RODRÍGUEZ MOLINA; José (2008): “La confesión auricular. Origen y desarrollo histórico”. Gazeta de Antropología, nº 24. 
[9] Ibídem.
[10] Vid. RODRIGUEZ MOLINA; José (2008): La confesión auricular… 
[11] En 1577, un valverdeño donó un real. En 1585, otro valverdeño donó cuatro ducados para la obra de señor San Sebastián.  De estas donaciones podemos presuponer que la ermita se construyó entre finales de la década de 1570 y se mantuvo durante la década de 1580.
 [12] ARROYO VALERO, Luis., Op. cit, pp. 55-56.
[13] A.P.V. Inventario. 23 de mayo de 1604.
[14] VAZQUEZ LEON, A., Ermitas rurales de la Provincia de Huelva, Diputación: 1997, p. 119 y 149.
[15] GONZÁLEZ GÓMEZ, J.M. y. CARRASCO TERRIZA, M.J. (1992): Escultura mariana onubense. Diputación de Huelva, pp. 423-424.
[16] GONZÁLEZ GÓMEZ, J.M. y. CARRASCO TERRIZA, M.J., Op. Cit,.,  p. 319

[17] GOMEZ MARÍN José A.,  “Vírgenes  onubenses. Notas apresuradas para una socioantropología  del milagro”. Boletín de la Real academia Sevillana de Buenas Letras: Minervae Baeticae,  vol XXXVIII. 2010, pp.125-135.  La fuente es  SANTIAGO, Fray Felipe de (1714). "Libro en qve se trata de la antigvedad del conuento, de Nª Sª de la Ravida, y de las maravillas, y prodigios de la Virgen de los Milagros". Ayuntamiento  de Palos de la Frontera. Estudio y preparación: Fr. David Pérez. Dep. Legal: H-336/90.


martes, 25 de septiembre de 2018

VALVERDE Y SU PARROQUIA (III): EL TEMPLO MAYOR DE FACANÍAS


 EL TEMPLO MAYOR DE FACANÍAS


Juan Carlos Sánchez Corralejo- 
Facanías. Septiembre de 2018, págs. 19-23.



El Libro Blanco del Racionero de la Catedral de Sevilla, Diego Martínez, fechado, en torno a 1411, incluye la parroquia de Facanías, y refiere su cuidado a cargo de un único clérigo[1]. Poco después, en un año impreciso, entre las décadas de 1420-1430, otro clérigo llamado Pero González, acompañado de un joven iliplense llamado Simón Alfonso, posiblemente aprendiz de monaguillo en la Iglesia de Beas, que por entonces tenía 17 años de edad, vinieron a “resar ciertos treintanarios en las ygleçias de Facanías y Calañas”.[2]

A partir de 1478 comienzan las series diezmales de Valverde[3], los que nos informa del desarrollo del caserío y de la fortaleza creciente de su iglesia desde, al menos, el último tercio del siglo XV. 

Conocemos, aunque parcialmente, a algunos de los miembros de la clerecía y de la fábrica parroquial de la decimosexta centuria, recogidos en el cuadro adjunto, y de la presencia de un sacristán:

Fechas
Titular
Cargo
Ca. 1530
Juan de la Vaca
Padre
Ca 1548-1568
Francisco Pérez Calvo 
Doctor. Natural de Olvera (Cádiz)[4].
Fue vicario de Campillos (Málaga) hasta 1548   
Ca   1560-64
Francisco Bernal
Clérigo
Ca   1560-64
Juan de Lepe
Clérigo
1568-1591
Bartolomé Cruzado
Clérigo. Mayordomo. Párroco
1583
¿Diego Martín?
Sacristán
1583
Francisco Rodríguez
Clérigo
1583
Antón Rodríguez
Clérigo
1591
Pedro Fernández Barragán
Párroco. Natural de Barcial de la Lona. León
1597-1618
Juan Fernández de Lorca
Doctor. Cura. Párroco. Natural de Belmonte (Cuenca)[5]
Desde 1597
Mateo Escudero
Clérigo. Cura
Natural de Murcia [6] Era  hijo de Luis Martín y Magdalena Sendero . Su hermano era Fabián Martínez
1602-04
Juan de Herrera
Beneficiado
1602-03
Alonso Lorenzo del Pozo
Mayordomo de la fabrica parroquial (1602)
Criador de ganado porcino .
1603-04
Alonso Sánchez
Mayordomo de la fabrica parroquial
1604
Bartolomé García
Cura de misa en Aracena. Hijo de Catalina Domínguez de la call Real
Desde 1602-
Bartolomé Cruzado Caballero
Capellán perpetuo de la Capellanía  de Isabel Ramírez, la duquesa.
Apoderado ante la Chancillería de Granada  en el pleito de  pastos de los baldíos de Villarrasa (1604)
1619-1639
Bartolomé Cruzado Caballero
Nació en Valverde en 1581, llegando a ser Comisario de la Santa Cruzada. Desde 1619 fue cura y beneficiado de Valverde.
Hermano de Diego Cruzado (sacerdote y contador mayor del duque de Alcalá).
Mayordomo de la Iglesia a fines de la década de 1630.
En 1640 fundó el Vínculo de los Cruzado.
Clérigos y adjuntos de la Iglesia de Santa María de Valverde. Siglo XVI

Las visitas pastorales

La Iglesia de Valverde recibe las visitas pastorales de Fray García de Loaysa (1479-1546), arzobispo de Sevilla. Previamente había sido confesor de Carlos V y obispo de Osma, además de presidente del Consejo de Indias y de la Santa Cruzada, y cardenal desde 1530, antes de ser nombrado obispo de Sigüenza y finalmente de la diócesis hispalense. Sabemos de esas visitas pastorales a través del vicario Francisco Pérez Calvo, quién no olvida un débito -en concreto tres cahíces de trigo y dos de cebada- que le dejó a deber en una de esas visitas, y que años después reclamaba a las herederas del obispo a través de su testamento.[7]

La capilla o ermita de Santa Ana ha sido señalada como  el primero de los templos valverdeños, pero lo cierto es que faltan datos fidedignos para señalar su origen y desarrollo. En opinión de Luis Arroyo, su construcción fue impulsada por la mujer del séptimo Duque de Medina Sidonia, Alfonso de Guzmán, Ana de Silva y Mendoza, en una fecha imprecisa entre 1570 y 1608, y además defiende su enterramiento en la citada capilla[8]. Francisco Arroyo Navarro negó tales extremos, el patrocinio, el enterramiento y la fecha de construcción.[9]

F. Arroyo habla de una manda testamentaria del año 1576 en la que se dejaba «un paño labrado a nuestra señora Santa Ana si la traen»[10]. Tal coletilla informaría de que la primera imagen de Santa Ana aún no había llegado a la población. Sin embargo, otra manda testamentaria del año 1585 hacía donación de cuatro ducados a Nuestra Señora Santa Ana para la adquisición de un manto o saya «o lo que oviere menester». El presbítero valverdeño deducía de estos dos documentos que la imagen debió llegar a Valverde en los años comprendidos entre 1576 y 1585 y añade que si existió la ermita con anterioridad a 1597, por aquel entonces se estaban realizando obras de reforma ya que una manda testamentaria establecía una limosna a la imagen de Santa Ana de un ducado, «para ayuda a hazer su iglesia». Aunque también podría tratarse de la iglesia parroquial a donde debería ser trasladada la imagen.

La Iglesia Mayor (1564-1580)  

Según Luis Arroyo, la construcción de la Iglesia Mayor valverdeña se inició en el primer tercio del siglo XVI. Entonces se habría construido un templo de 3 naves, el crucero, el Altar mayor, la torre, la sacristía vieja y la saleta, especie de sala de capítulos montada sobre la primitiva  sacristía. Más tarde, hacia el año 1700, se habrían construido las cuatro capillas: la del sagrario, la Pureza, la de Ánimas y la del Pilar.[11]

De nuevo, datos mejor documentados son los ofrecidos por D. Francisco Arroyo, quién  afirmaba que su obrase había iniciado con anterioridad a 1564, ya que al menos desde ese año existen mandas testamentarias para la iglesia local[12]. Seguramente algún día descubramos, con datos contrastados, que hubo una construcción  inicial, mucho más antigua, posiblemente del siglo XV.

En 1576, la Iglesia  ya debía tener torre o espadaña, y se inician las gestiones para comprar en Chiclana veinte quintales de metal con los que fundir dos campanas[13]. A fines del siglo XVII se mantenían el esquilón y la campana chica, y fue entonces cuando se añadió la campana grande.

La obra de la Iglesia

Al principio de la década de 1580 la obra de la Iglesia Mayor estaba muy «encimada» o adelantada, aunque aún no se había construido la techumbre, ya que la gente estaba «al sol y al agua, y el común da voces porque no se labra». Por ello el cabildo valverdeño, encabezado por sus dos alcaldes, Rodrigo Alonso y Juan Martin Camacho y  los tres regidores Juan Caballero, Alonso Sánchez y Alonso Yanes exigían su terminación.

El templo valverdeño, de planta de cruz latina, se levanta pues en la segunda mitad del siglo XVI,  a modo de núcleo de la iglesia parroquial actual.  Sin embargo, la obra estuvo paralizada desde 1582 a 1588 con gran protesta popular y disminución de las limosnas por cuanto los valverdeños veían caer en saco roto sus dádivas.

Por esta razón, en 1588, el concejo valverdeño acude al vicario general de Sevilla e le insta a obligar al cura y mayordomo de fábrica de la Iglesia, Bartolomé Cruzado, a continuar con sus construcción. El mayordomo disponía entonces de 600 ducados. El Visitador del arzobispado, don Jerónimo Pacheco, le exhorta a acudir al provisor y gobernador arzobispal a fin de nombrar un nuevo aparejador que prosiguiera su construcción.[14]



Alzado virtual de la Iglesia Mayor. Siglo XVI: Elaboración: José Rodríguez Lara


Tras esta paralización, la obra toma nuevos bríos. Intervienen en su reanudación, en 1588,  Pedro Díaz de Palacios y el alarife Diego García, quienes visitan las obras al año siguiente[15]

Diego García, sevillano,  fue maestro de obras de la Iglesia de Nuestra Señora del Reposo. Pedro Díaz Palacios (1549-1636) era maestro mayor de la catedral de Sevilla. Había nacido en la comarca de Trasmiera en Cantabria y llegó a Sevilla en 1569. A la muerte de Hernán Ruiz II, ese mismo año, fue elegido maestro mayor de la catedral hispalense, interviniendo en la decoración de la Capilla Real, aunque  fue sustituido por el  Cabildo en 1574, en favor de Juan de Maeda, a la sazón  maestro mayor de la catedral de Granada. Su destitución acabó en los tribunales: el pleito se prolongó hasta 1592, aunque mientras tanto, Díaz Palacios continuó al frente de las obras del arzobispado de Sevilla. Por esta razón  intervinó en  algunas de las iglesias que entonces se levantaban o reformaban, como el campanario de la iglesia de Constantina, las Capillas sacramentales de la Iglesia de Santa María de Carmona, la iglesia parroquial de El Pedroso o la iglesia de Valverde del Camino.

Tuvo a su cargo la realización de la Capilla Mayor de la iglesia del convento de San Francisco de El Puerto de Santa María, que cedió finalmente a Alonso de Vandelvira. También trabajó como retablista, donde alcanzó notables éxitos, trazando el Retablo de la Iglesia de Aznalcóllar (1584), el grandioso retablo de la Iglesia de Santiago de Écija, de 1587, y el de la Iglesia de Sanlúcar la Mayor.

Desde 1599 continuó su trayectoria profesional en Málaga: Como maestro mayor de la catedral de Málaga , fue autor del coro y dirige obras de adaptacion en las iglesias de San Juan y de San Pedro del Perchel (1629), en los templos de Alorza y de San Pedro de Antequera, entre los años 1627 y 1636. Asimismo, desde 1614,  dirigió la restauración de varias parroquias malagueñas, más tarde integradas en la provincia de Cádiz, como las de Setenil de las Bodegas, Olvera, Benaocaz, o Villaluenga del Rosario.

LA IGLESIA MAYOR DE VALVERDE: DE SANTA MARIA DE VALVERDE  A  NUESTRA SEÑORA DEL REPOSO

En la década de 1560,  se denominaba Iglesia de Santa María de Valverde. Asi aparee en los primeros testamentos conservados del año 1564. Apreciamos el nombre de Iglesia Mayor del Reposo, bien avanzada la década de 1580, concretamente en el expediente sobre la muerte del valverdeño Francisco Rodríguez, el perulero, donde se sigue hablando de la Iglesia de Santa María, pero ya se añade la advocación del “Reposo de Nuestra Señora.[16]

El nombre de Santa María de Valverde parecer derivar de la simple unión del nombre de la Virgen y de la población que le da cobijo. Otras opción más rocambolesca que, a veces ha pasado por nuestra cabeza, pero que no somos capaces de sustentar, derivaría del empuje repoblador de Valverde en el siglo XVI con emigrantes norteños provenientes de las Santa María de Valverde cántabra o zamorana[17]. Pero hemos de reconocer que solo es un pensamiento, -no llega siquiera a la categoría de suposición- y por ello seguramente errado.

Quizá la iglesia de Valverde tuviera originariamente una denominación más geográfica que patronímica.  Lo que es innegable es que hubo un cambio de denominación de la Iglesia Mayor valverdeña. ¿De dónde procede este cambio? 

Es posible que la advocación de Nuestra Señora del Reposo pudo ser propuesta por el doctor Francisco Pérez Calvo, vicario de Campillos en la década de 1540, antes de ser trasladado a Valverde, quizá para recordar a la patrona de aquella villa, Nuestra Señora del Reposo, cuya iglesia fue construida desde la década inicial del siglo XV, dentro de una localidad fundada en 1.492 por autorización de los Reyes Católicos y que perteneció al antiguo arzobispado de Sevilla hasta 1958.

                                  Iglesia de Nuestra Señora del Reposo. Campillos (Málaga)

En la década de 1600 se sigue hablando de Iglesia de Nuestra Señora de Valverde[18],  Iglesia de Santa María, o simplemente Iglesia Mayor[19], cuando los moribundos eligen su  enterramiento en el camposanto del propio templo.

Desde 1603, vemos aparecer con más asiduidad en algunos testamentos la denominación de Santa María del Reposo[20], no en todos, y constatamos que ninguna misa pro remedia animae iba dedicada aún al Reposo de Nuestra Señora. Por esas calendas, otras devociones superaban aún a la de la Virgen del Reposo. Bien es sabido, además, que el patronazgo valverdeño de la Virgen del Reposo es muy posterior. Data de 1672.

El  Templo

D. Francisco Arroyo  sitúa el fin de la obra a fines del siglo XVI[21] y afirma que los valverdeños del 1600 acudían a un templo de nave única con crucero que delimitaba la cruz latina, y de menor longitud que la actual, ya que la obra del coro no se realizó hasta el siglo XVIII. Poseía paredes muy robustas de ladrillo enfoscadas con cal. La Iglesia tenía 31 varas de largo y 10'5 varas de anchura. A dicha anchura había que sumar seis varas y media de cada una de las dos capillas levantadas en los extremos del crucero. El coro, situado a los pies, poseía 6 varas de largura y cinco varas y 3 cuartos de anchura.




Iglesia Mayor de Valverde. Elaboración  J. C. Sánchez y José Rodríguez Lara

En Palabras de M. Carrasco Terriza, aquel primer templo, de planta de cruz latina, contaban con una sola nave de dos tramos, cubiertos con bóvedas vaídas y media naranja reticulada en el crucero, conforme al esquema utilizado por Hernán Ruiz en la iglesia de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús de Sevilla. Al exterior tenía tres portadas de ladrillo cortado[22].

En palabras de Arroyo Navarro, poseía una puerta a los pies y dos puertas laterales realizadas en ladrillo cortado. Junto al altar mayor, la parroquia dispuso, ya desde sus orígenes, de otros altares dedicados a la Inmaculada Concepción, a Santa Catalina y a la Virgen del Rosario, además de una cruz parroquial de plata.[23]

Los libros de fábrica y los papeles notariales hablan de varias puertas, ya en el siglo XVI y principios del XVII:  del Perdón, del Sol,  del Corralete y de La Laja.

La que ha mantenido su nomenclatura vigente hasta el siglo XX ha sido la Puerta de la Laja, situada  en el lado del Evangelio[24], convertida  en entrada principal en la actualidad, por su mayor uso.[25]

La Puerta del Sol estaba situada a los pies del templo, frontera al llamado Rinconcillo.  La calle que llamaban del Rincocillo en 1600 se situaba frente a la puerta del Sol y la Calleja- Caño[26] donde confluían  las aguas de arroyada tras los periodos de lluvias.  Allí vivían en 1600, el matrimonio formado por Andrés Martín de la Mora y Juana Domínguez;  Juan Caballero del Pozo, hijo de Juan Caballero, el escribano de la segunda mitad del XVI, ya fallecido, así como otro matrimonio formado por Diego Díaz y Catalina Díaz. El espacio aparecía  limitado por la Calleja del Caño, a veces denominada simplemente caño y otras veces como “caño abierto” en los pales de los siglo XVI y XVII .[27]

La Puerta  del Perdón miraría a la calle Real de Abajo y fue dotada de dos piletas de agua bendita en 1707[28].

La puerta del Corralete, posterior, debió servir  para  dar  acceso al campanario y la Sacristía vieja desde principios del siglo XVIII. 

La Estructura Urbana

La Iglesia Mayor de Valverde corona el espacio urbano. En la década de 1610, el entramado urbano de Valverde se componía de las siguientes calles: El barrio –también conocido como barrio del Pozo de Santa Ana[29], El barrio Viejo[30], El Cabecillo, y las calles del Duque[31], Calle Real[32], La Plaza[33], de la Iglesia, del Sacristán, de Camacho[34], de Peñas o Cal de Peñas[35] -denominación original de las Calle Peñuelas. Junto a la Plaza, la calle de la Fuente[36], la calle Empedrada que sube  del Valle de la Fuente a la Plaza[37] y la calle Carpinteros que daría lugar al barrio del Matadero.

La Calle Real se dividía en dos tramos claramente diferenciados. Las casas de la Calle Real, abajo de la Iglesia, comunicaban con el arroyo de Valverde, que de esta manera dividía el caserío en dos mitades. Allí vivían las hermanas Juana y Catalina Domínguez, o el zapatero Alonso Simón. En 1600 existe asimismo la “calle de Calañas”, donde se situaba la bodega de Alonso Sánchez, y las viviendas de Catalina González[38]  y las de Martin Esteban y Catalina Domínguez, recién casados.[39] 


Mapa de Coello. El Arroyo de Valverde.

En la década de 1640 se habla abiertamente de la calle Nueva. El Cabezo del Peñedo aun no aparecía urbanizado. Por contra estaba formado por varios cercados que componían el ruedo más cercano a la población por la parte norte-nordeste. Ya existía la cruz de la calle Arriba, donde fue abandonada una niña de pecho[40]. Los frecuentes abandonos de niños expósitos hicieron necesarias las ayudas municipales de crianza.  

El mesón de la Calle Real existía desde mediados del siglo XVI[41]. A principios del XVII, había pasado a propiedad de la Fábrica Parroquial. Había otro mesón en la Plaza, propiedad de Pedro Martin Ortega el viejo, que estaba pared con pared con la primitivas Casas del cabildo.   

El Pozo del Concejo se situaba frontero entre la esquina de la Calle Camacho y la calle Peñas[42];  el Pozo de Benito Pérez se situaba en la calle de la Fuente, e igualmente había otro pozo primigenio en el barrio de Santa Ana, que dio nombre al propio barrio.    



Añadir leyenda
El Pozo de la calle D. Rodrigo Caballero.


Demandera de latón del siglo XVI, de las llamadas Dinanderies.
Catálogo de la Exposición Restos de un Esplendor. 1999.  

De aquella Iglesia primera apenas nos han llegado los cimientos, las primitivas bóvedas del cementerio, el espacio central de la cruz latina, o la  primitiva imagen  de la Virgen del Reposo, de madera de nogal, una demandadera de latón, y, sobre todo, muchas incógnitas que aún quedan por resolver.   



[1] SÁNCHEZ HERRERO, José (1998): “La Iglesia y la religiosidad en la Huelva bajomedieval”. Huelva en la Edad media. 20 años después, p. 150.
[2] Respuesta al interrogatorio del doctor Fray Rodrigo Ortiz por parte de Simón Alfonso, vecino de Nieblas. 8 de septiembre de 1450. A.M.V. Leg. 334. Concordia entre Zalamea y Niebla de 1450. Traslado de 1684. 
[3] LADERO QUESADA, M.A., y GONZALEZ JIMÉNEZ, M. (1979). Diezmo eclesiástico y producción de cereales en el Reino de Sevilla (1408-1503), Sevilla.
[4] En su testamento habla de que dejó a su hermana legitima unas casas en Olvera cuando aquella contrajo matrimonio y que cuando él fue nombrado vicario “pasose a las mías que valen más de 40.000 maravedíes”
[5] Era sobrino de Catalina de Arriaga Osorio. Vendió a su tío Francisco Fernández de Lorca  una casa en Belmonte, de su propiedad, en la calle  que va a la Iglesia mayor  A.P.V. Escritura de venta. Leg. 1
[6] A.P.V. Poder de Mateo Escudero para vender medias casas en Murcia en la collación de Santa Catalina.  4 de octubre de 1604. Leg. 1
[7] A.P.V. 1564, nov, 30. Testamento de Francisco Pérez Calvo Fayas. Leg. 1.  
[8]ARROYO VALERO, L., Breve Historia de Valverde, 1963, pp.22-23.
[9] ARROYO NAVARRO, F., Historia de la Parroquia de Valverde, pp. 29-34.
[10] No hemos encontrado en el Archivo de Protocolos ni este testamento ni otros a los que alude D. Francisco Arroyo.  
[11] ARROYO VALERO, L., Op. Cit., pp. 24-26.
[12] ARROYO NAVARRO, F., Op. Cit., pp. 31.
[13] A.P.V .  8 de enero de 1876. Leg. 1. Escritura de poder de Alonso Moro, hijo de Camacho, Alonso Díaz Cabellos, Juan Martín Borrero, Tomé Lorenzo, Alonso Sánchez y Diego Bernal a favor de Cristóbal Rodríguez.
[14] ARROYO NAVARRO, F., Historia de la Parroquia de Valverde..., pp. 29-34.
[15] ARROYO NAVARRO, F. Op. cit, págs. 30-32.
OLIVER, Alberto, PLEGUEZUELO, Alfonso y SANCHEZ, José María,  «Valverde del Camino», en CARRASCO TERRIZA, Manuel Jesús [et alii], Guía artística de Huelva y su provincia, Sevilla, Fundación Lara-Diputación Provincial de Huelva, 2006, pág. 279.
[16] MARTÍN,  Enrique: “Indianos valverdeños”, en Facanías, nº 148. Noviembre de 1985, p. 14.
[17] El nombre Santa María de Valverde coincide con localidades homónimas norteñas. Existe una Santa María de Valverde en  Cantabria, en el municipio de Valderredible, famosa por su iglesia rupestre de la Alta Edad Media, y otra en Zamora, en un  municipio ribereño del río Castrón, en la comarca  de Benavente y Los Valles, que hoy apenas posee una población de 65 habitantes. Ya anteriormente hubo pobladores de tales latitudes. Ruy Fernández, era de Robleda. Conocemos  dos Robledas en España, una en Zamora, en el Partido Judicial de Puebla de Sanabria y la Diócesis de Astorga. La otra en Salamanca, perteneciente a la comarca de El Rebollar, repoblada entre los siglos XI y XII, durante los reinados de Fernando I y Alfonso VI,  con repoblaciones de gentes gallegas, leonesas y navarras. 
[18] Vid. Testamento de Catalina Díaz (8/03/1603).
[19] Vid. Por ejemplo testamento de Pedro Caballero. Enero de 1605. Leg. 1.
[20] Así se observa en los testamentos de Juan Caballero del Castaño,  de mayo de 1603, o  Isabel Martin, mujer de Pedro Alonso,  y Francisco Martin Gamonosa, ambos en julio de 1603; o el de Manuel Rodríguez, fechado en 18 de septiembre de 1604.  
[21] ARROYO NAVARRO, F. Op. cit, p. 32.

[22] OLIVER, Alberto, Alfonso PLEGUEZUELO y José María SANCHEZ, «Valverde del Camino», en CARRASCO TERRIZA, Manuel Jesús [et alii], Guía artística de Huelva y su provincia, Sevilla, Fundación Lara-Diputación Provincial de Huelva, 2006, pág. 279. http://www.carrasco-terriza.com/valverde_iglesia.htm
[23] ARROYO NAVARRO; F, Op. Cit, 33.
[24] El lado del evangelio es la zona de las iglesias cristianas occidentales, donde se leían los evangelios en la liturgia. De cara al altar mayor, se encuentra en el lado izquierdo. El lado opuesto es el lado de la epístola, donde se leían las epístolas  o cartas canónicas en la liturgia. De cara al altar mayor, el lado de la epístola se encuentra en el lado derecho.
[25] En 1706 se dota de una nueva llave. Libro de mayordomía (1706-1710).
[26] Debe tratarse del Caño de los Esteros. M. CAYUELA  dedicó una serie en Facanías a su cerramiento en el siglo XIX.
[27] Censo y tributo a la fábrica.  Enero de 1603. Leg. 1
[28] En 1707. Francisco Martin, el constructor de la Capilla del baptisterio, colocó además dos piletas en la Puerta del Perdón. 
[29] Eran vecinos del Barrio, en 1600, Gonzalo Bernal,  arrendador de la renta del terrazgo en 1603,  Diego García,  García Hernández e Isabel Ramírez.
[30] Allí viven Juan García Ortega; Alonso Sánchez, mayordomo de la fabrica parroquial  y Juan Martin Rico, de la Ruíza. También matrimonios de recién casados como el de Domingo Gómez y Ana García.
[31] Algunos de su moradores de 1600 son Gonzalo Martín Baco, la Rascona, Juan Pedro Alonso, Diego Márquez e Isabel Pérez, Antón García, y sabemos de unos solares propiedad de Pedro  Lorenzo. 
[32] “Arriba de la Plaza” viven Andrés González ()  y Leonor González; Diego González Ramos y Catalina Miguel; Francisco Martin Duque y Ana Domínguez, junto a la Casa Mesón de la Fábrica Parroquial, o Diego González Ramos. Destacaban las Casas-Palacio de Francisco Martín Moro, el viejo.
[33] Encontramos las casas de Pedro Alonso y de Lorenzo Domínguez.  
[34] Localizamos las casas de Alonso Cumbrera, y de Gonzalo Martin Márquez, junto a la esquina de la calle de las Peñas.
[35] A menudo llamada Cal de Peñas. Allí viven Leonor Sánchez, Diego Díaz Marismeño y Leonor Esteban, Diego Gómez, Manuel Rodríguez;  los  matrimonios formados por Manuel Rodríguez e Isabel Marín; Alonso González y Juana Marín. También allí se situaban los corrales de Gonzalo Martin Márquez. 
[36] Eran sus moradores Diego Díaz Simón y Teresa Pérez, Rodrigo Alonso o Bartolomé Pérez. 
[37] Allí vivían en 1603, el alcalde Juan Martin Blanco,  Juan Sánchez,  y el matrimonio formado por Andrés Martín y Juana Gómez.
[38] A.P.V. Inventario de Juana Rodríguez para casarse con Diego Bernal.  8/09/ 1604.  Leg. 1
[39] A.P.V. Inventario de Martin Esteban, hijo de Benito Hernández. 14/09/1604. Leg. 1.
[40] A.M.V./ L.A.C. de 4 de abril de 1639. Leg. 1.
[41] A.P.V.  24 de octubre de 1583. Inventario de Leonor Pérez contra Hernando Alonso. Leg.1
[42] En el siglo XX fue conocido como  Pozo Juan”.