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miércoles, 10 de mayo de 2017

EGB EN EL GRUPO ESCOLAR

Juan Carlos Sánchez Corralejo.

Extraído de "El grupo Escolar y Valverde del Camino (1937-1986)". En SÁNCHEZ CORRALEJO , J.C. PÉREZ RITE J.A. Y BARCELÓ MARTÍNEZ M. (2012):  Del Grupo Escolar al CEIP Menéndez y Pelayo, pp. 70-73


Los iniciadores de la  E.G.B.

Pepita Serrano, Mari Cruz Ponce, Maruja Pino, Dolores Arroyo, Ana Corrales, Reposo Calero, Pilar García, Josefa Parreño, Pedro C. Márquez, Francisco Romero, José Zamarreño y Antonio Pérez Fernández. 
  
 En los últimos 60 y en los comienzos de los 70 fueron incorporándose al centro, Juan Luis Duque Rivera, desde el curso 68/69, Juan Manuel Alcaría Capado, procedente del Colegio del Santo en el curso 69/70, y José Zamarreño León en 1971.

 Francisco Javier Almonte Martínez, con una primera experiencia en el curso 67/68 como propietario provisional, no obtiene plaza definitiva en el centro hasta el curso 72/73, tras su paso por Puerto Moral y Cala, de cuya escuela graduada fue director durante cuatro años. Francisco Javier dejó huella por su enorme capacidad docente, su carácter y la atención y preocupación por todo su alumnado:

«Todos guardamos un muy buen recuerdo de él. Siempre estaba dando ánimos a los más rezagados diciendo que aún estábamos a tiempo de coger el tren, aunque fuese el mes de junio».[1]

 Juan Manuel Alcaría Capado, alumno de primaria de las hermanas Salesianas, y posteriormente de la Academia Virgen del Reposo  desde los 9 a los 18 años en condición de becario, obtuvo las oposiciones de magisterio en 1963[2]. Su primera vinculación con el Grupo Escolar se produce durante la realización de las prácticas de magisterio en los cursos 60/61 y 61/62, bajo la tutoría docente de  Fausto Arroyo y de Manuel Medina, respectivamente.

 «En el tema profesional, a ambos les estoy agradecido en cuanto ejercieron en mí sus mejores influencias pedagógicas. D. Fausto tenía una formación y una inclinación hacia las materias científicas –matemáticas y ciencias naturales-, mientras D. Manuel Medina era más profesor de lengua, historia y geografía, ambos con enorme experiencia».[3]

Entre 1963 y 1967 estuvo vinculado a las campañas de alfabetización, un curso en el Santo y los tres siguientes en el propio Grupo Escolar, ocupando el aula de D. Fausto Arroyo, compaginado tal cometido con las clases en el Colegio Libre Adoptado de Enseñanzas Medias por las mañanas. Tras obtener la plaza definitiva de enseñanza primaria en Valverde –gracias a sus méritos académicos y a la puntuación doble de méritos por las campañas de alfabetización-, estuvo dos cursos escolares en el José Nogales del cabezo del Santo, antes de llegar a las aulas del Menéndez y Pelayo en la fase de concurso local.  Fue miembro de la Junta Económica desde 1970, sustituyendo en el cargo a Josefa Garfia Camacho. Asimismo, fue encargado de material en 1975 y miembro del primer equipo directivo creado en el centro en 1977. Era, junto a Juan Luis Duque, el especialista de Matemáticas y Ciencias de la Naturaleza de la segunda etapa de EGB.

«Mi nuevo maestro/tutor fue D. Juan Manuel Alcaría y tuve que hacer 7º de EGB por problemas de edad. Ahora las clases eran mixtas y teníamos varios maestros. Alcaría siempre se quitaba las gafas y decía: "Dos ojos más dos (gafas), cuatro". A él era muy difícil engañarlo».[4]




Claustro de profesorado. Curso 1975-76. Fila superior: F Javier Almonte, Ana Corrales, Dolores Arroyo, Manuel Domínguez, Carmen Simón, Maruja Pino y Pilar García. Segunda Fila: El  sacerdote Elías Fernández Bayo, Juan Luis Duque, Antonio Pérez, Josefa Parreño y José Zamarreño. Fila Inferior: Juan Manuel Alcaría, Mari Cruz Ponce, Manuel Medina, Fernando Gómez, Pepita Serrano, Francisco Romero y Pedro C. Márquez
Juan Luis Duque Rivera, tras cinco años en las campañas de alfabetización,  tomó posesión en el Grupo Escolar el 1 de septiembre de 1968. Fue administrador o interventor de la Junta Económica en los primeros años de dirección de Francisco Javier Almonte, y más tarde Jefe de Estudios. Sus primeros cursos fueron un primer grado, con niños de 6 a 8 años, y el 3º que dejó Agapito Verde tras su marcha de Valverde. Tras la implantación de la EGB superó los cursos de especialización de 5º y en ese nivel ejerció la docencia durante varios años. Desde la segunda mitad de los 70 fue uno de los maestros de 2ª etapa con la especialización de matemáticas y ciencias de la naturaleza. 

José Zamarreño León llegó a Valverde con su esposa, igualmente maestra del Grupo Escolar, Pilar García González. La familia numerosa ocupaba una de las casas de los maestros; estuvieron entre nosotros desde 1971 hasta 1981. Fue además el responsable del departamento de formación religiosa. Era un gran profesional, muy preocupado por los avances de sus alumnos.[5]          

«Cuando empecé 5º de primaria, en el año 1971, me tocó un nuevo maestro, D. José Zamarreño. Fue quizás el mejor maestro que tuve en Primaria/EGB. Era natural de Salamanca y casado con una maestra que también ejercía en el colegio. Vivían en una de las antiguas casas de maestros del colegio. Era cristiano y muy buena persona. Sabía motivar a los alumnos y era exigente con el aprendizaje. Nos daba a cada uno todo lo que podíamos aprender. Recuerdo que en Matemáticas, nos ponía ejercicios después del recreo matinal, y dejaba marcharnos de clase antes de finalizar la misma, si éramos capaces de resolver los problemas. Me fui muchas veces antes de acabar la clase, y había una gran competencia entre los alumnos»[6]. 

 «Tengo buenos recuerdos de todos ellos, en general y especialmente de D. José  Zamarreño y de D.  Fº Javier Almonte. Lo que más admiraba de ellos era la forma de dar la clase, amena y divertida, lo que nos hacía más agradable el conocimiento de las cosas, y sobre todo la forma de tratar a los alumnos, no de manera tan rígida como era lo habitual por aquella época»[7].

Francisco Javier Almonte Martínez fue además el director del centro desde 1975 hasta 1986, capaz de crear un equipo directivo con capacidad decisoria y funcionamiento totalmente democrático. Ello fue acompañado de una distribución de tareas de los miembros del propio equipo directivo. Sus años de dirección supusieron un enorme modernización del centro y una lucha por aumentar la calidad de enseñanza y la formación del alumnado. 


En el curso 1970-71, José Martín de Toro[8] era maestro, con carácter provisional, de un 1º de EGB compuesto por 45 alumnos. Era una clase diminuta, la pequeña séptima unidad existente entre los dos pabellones antiguos, con 45 alumnos:

 «Yo no sé ni cómo cabían, pero allí estábamos. Todavía me pregunto cómo la mayoría aprendió a leer, pero así fue. Salvo algunos más torpecillos, casi todos sabían leer a mediados de curso, incluso muchos por Navidad. Lo excesivo de la ratio se compensaba, porque yo vivía en la calle Málaga, a apenas veinte  metros del Colegio».

José Corralejo Borrero (1970-1971), José Mª Marín de Sardi fue el tutor de un 2º de EGB en el curso 72/73[9]. Antonio Pérez Fernández[10] fue profesor del centro, por vez primera, en el curso 1973/74.

En el curso 1975/76 llegan al centro dos valverdeños con destino provisional,   Isidoro Mantero Pérez, que fue derivado al aula de Cabecillo de la Cruz –la antigua aula de María Ruiz Cobo de Guzmán, reconvertida en sede local de la O.J.E.- y Juan Román Domínguez Carrero que imparte un 2º de EGB junto a Pilar García[11].

La formación de los maestros del grupo rozaba la excelencia. Antonio Rodríguez-Cepeda García tenía título de maestro superior y había acabado el bachillerato con nota de sobresaliente[12].

La mayoría de maestros oriundos de Valverde estudiaron tanto el bachillerato como la carrera de magisterio por libre, aprovechando las clases de la Academia Virgen del Reposo, reconvertida, en  1961, en Colegio Libre Adoptado[13].

A ellos se unían las maestras, de las que hablamos en un capítulo aparte: Dolores Arroyo Medina, María de las Virtudes Pino, Ana María Corrales Daniel, Josefa Parreño, Pilar García, Trinidad Palanco, Mª Dolores Contioso, Mari Cruz Ponce, Pepita Garfia… 

Como centro aperturista que era, muchos otros maestros valverdeños hicieron sus prácticas de magisterio en el Menéndez Pelayo y se beneficiaron de la labor tutorial de sus profesores.[14]

A esa formación de base se unió la formación permanente a través de los Centros de Colaboración Pedagógica, las Universidades de verano, las escuelas de verano o los  cursos de especialización de los maestros de EGB.  


[1]. Entrevista a Román Arroyo Bermejo.
[2]. Orden de 6 de agosto de 1963 por la que se aprueba el expediente de las oposiciones a ingreso en el Magisterio Nacional, convocada por orden de 19 de enero de 1963, y se nombran maestros nacionales a los opositores que se citan (BOE nº 194 de 14 de agosto de 1963), p. 12154.
[3]. Entrevista a Juan Manuel Alcaría Capado.
[4]. Entrevista a Manuel Vera Mora.
[5]. Entrevista a Juan Romero Ramírez.
[6]. Entrevista a Manuel Vera Mora.
[7]. Entrevista a Manuel Fiscal Borrero.
[8]. El  año anterior había estado de provisional en Valdelamusa. A finales del curso 70/71 fue obligado a  participar en un "concursillo" para plazas de menos de 2000 habitantes, y tuvo que elegir entre Mina Concepción y Cueva de la Mora. “Me decidí por Mina Concepción, y me equivoqué. Si hubiera cogido Cueva de la Mora, sólo hubiera estado allí dos años, ya que trasladaron a los alumnos a El Cerro, y sin embargo tuve que esperar ocho años en Mina Concepción para poder meterme en Valverde”. En el curso 79-80 inauguró el José Nogales. Entrevista a José Martin de Toro.
[9]. Falleció el 28 de Octubre de 1991. Era esposo de Ana María Rodríguez Malavé.
[10] Años más tarde el colegio fue su centro de referencia,  concretamente entre  1991 y 2007.
[11]. Tras un año en Puerto Moral y doce en el José de Calasanz de Calañas, volvió al Menéndez  y Pelayo en el curso 89/90. Se jubiló en 2012.
[12].  Hoja de servicios de Antonio Rodríguez Cepeda.
[13]. Fernando Gómez Becerro, tras pasar por las aulas de las salesianas y de la Escuela de la Luz, comenzó a estudiar bachillerato con ayuda de D. León Alexandre Macedo y continuó en la primitiva Academia de la calle Barberán y Collar de la mano de D. Miguel Rasero y D. Manuel Pedrero, además de las  clases particulares de Antonio Cuevas y José Castilla en sus domicilios particulares de la calle Menéndez y Pelayo.
 Francisco Javier Almonte  hizo el bachillerato de forma tardía tras sus estudios en la preceptoría y en el Seminario de Sanlúcar de Barrameda.
 Juan Luis Duque  fue asimismo alumno del Grupo Escolar, y estudiante de bachillerato por libre, con la ayuda de su primo Luis Duque, y desde 3º de bachillerato a 2º de magisterio alumno de la Academia Virgen del Reposo. 
 Juan Manuel Alcaría fue alumno de la Academia Virgen del Reposo y obtuvo las oposiciones de magisterio en 1963.
 José Antonio Santos Lorca hizo magisterio por libre después de abandonar los estudios en el Seminario.   
 José Luis Sánchez Borrero hizo la primaria en el Colegio salesiano de María Auxiliadora y allí mismo curso ingreso y primero de bachillerato. El resto de los estudios de bachiller y la carrera de magisterio completa la hizo por libre, aprovechando el magisterio de los profesores del Colegio Libre Adoptado.   
 Juan Feria Parreño  hizo el bachillerato en la Academia, en la época  de las Tenerías,  y el magisterio  en la Escuela Normal de Huelva, de forma oficial, en las naves prefabricadas levantadas en el patio del colegio Tartessos.
  Eliseo Sánchez Borrero pasó del colegio de las Salesianas al Colegio Libre Adoptado, donde cursó el bachillerato y los inicios de la carrera de magisterio. 
[14].Juan Manuel Alcaría estuvo tutorizado por Fausto Arroyo y Manuel Medina. José Luis Romero Mantero hizo sus prácticas con don Manuel Medina en el año 1968 a lo largo de tres semanas. Sebastián Bermejo las hizo  en los cursos 1975/76 y 1976/77, junto a María Luisa Arroyo Morián, Josefa Calero, Juana Quiñones Boniquito, Pedro Luis Arroyo Oso, Mª del Reposo Mantero Villadeamigo y Fernando Lorca. Todos ellos estudiaron magisterio en la Escuela Universitaria de Magisterio de Huelva, en Cantero Cuadrado, en la promoción 1974/77. Sebastián Bermejo, por ejemplo, estuvo adscrito a José Zamarreño el primer año, y a Pedro C. Márquez Mora el segundo, además de asistir a algunas clases de Ana Corrales Daniel para cursar la especialidad de Ciencias Sociales.
Trinidad Cobos López  realizó las prácticas en el Menéndez y Pelayo en los años 77 y 78, siendo sus tutores Dolores Arroyo Medina y Juan Manuel Alcaría. Dio clases a alumnos de 7º y  8º. Recuerda la experiencia como muy positiva, y guarda un recuerdo agradable de las relaciones que mantuvo con los maestros del centro. Cita a Dña. Pepita, Dña. Maruja, Dña. Dolores Medina, D. Pedro, D. Francisco Javier, D. Juan Manuel Alcaría  y nos cuenta  que todos la ayudaron mucho y que la relación con ellos fue muy buena. Como anécdota, recuerda que D. Juan Manuel Alcaría le insistía mucho en que lo tratara de "tú" y a ella le daba muchísima vergüenza hacerlo.  Esperanza Arroyo coincidió con Trinidad Cobos, pero solo hizo un año de prácticas. Tuvo como tutora a Dña. Pepita  Parreño pero, al tratarse de prácticas de matemáticas, también entraba y colaboraba en las clases de J. M. Alcaría. Recuerda la experiencia también como muy agradable.

lunes, 10 de abril de 2017

EL MOLINO DEL ANDEVALO. TIPOLOGIA



LOS MOLINOS DE VIENTO DE VALVERDE DEL CAMINO. 1744-1978. (IV)


Juan Carlos Sánchez Corralejo

Actas de las VI Jornadas del patrimonio del Andévalo, pp. 175-180.

La tipología

El molino valverdeño, como el andaluz, responde a la tipología A de molino mediterráneo de Krüger: es un molino de eje horizontal con aspas en forma de cruz, acopladas a un eje por cuatro o más pares de varas, y velas triangulares de lienzo o panémoros.

Julio Caro Baroja realizó un doble viaje al Andévalo[1], y su descripción clásica sigue siendo la base descriptiva de los molinos del Andévalo. Los  sitúa como integrantes de una misma unidad estructural, el molino andaluz, que abarcaría la propia comarca del Andévalo, ciertos tipos de molinos portugueses del Algarve y el Alentejo, y los del Antiguo Reino de Sevilla.[2]

Con esa excepcional base, con los restos del molino de Cañaluenga y la ayuda suplementaria de unas fotos decimonónicas, podemos decir que los molinos valverdeños eran de torre totalmente cilíndrica, no ligeramente tronco-cónicas como algunos molinos de la comarca; de muros gruesos de unos 6 m de altura, construidos en mampostería de pizarra mezclada con arcilla, posteriormente revocados y encalados. Los del cabezo de San Gregorio eran de pizarra azul-morada, proveniente seguramente de la pedrera anexa al cabezo, que trabajó a principios del siglo XX Juan Marín Gamonoso –actual calle Tarsis-, o de las Pedreras del Pozo Malagón.[3]

Según la descripción de Caro Baroja, solían tener una base de 8 metros de diámetro, que dejaba libre un interior de unos 5 metros, ya que las paredes llegaban a tener 1’50 metros de anchura. Pero el valverdeño era un molino menudo. Los restos del molino de Cañaluenga apenas tienen cuatro metros de diámetro y un grosor de un metro[4]. Contaba con una única puerta de acceso en la planta baja, situada al oeste-noroeste, en posición opuesta al rotor, orientado al oeste-suroeste. Una escalera de piedra o ladrillos de 9 escalones, adosada al muro y sin barandilla, llevaba al piso de la maquinaria principal, de igual diámetro que la base del molino, y de una altura de tres metros. La escalera del molino de Feria era de ladrillo y el suelo enlosado de lajas. Su rotor tenía cuatro velas latinas. El chapitel o techumbre cónica estaba recubierto con un manto de brezo.

Era un molino móvil: unas ruedas de madera de encina o de hierro, las “carretillas” (19) embutidas en la rueda grande (20), permitían el giro de la estructura superior del molino –el ingenio-,  ya que giraban en círculo sobre el carril (18) fabricado de madera pero con refuerzos de hierro. Del extremo del injerto colgaba una cuerda o cintero (33) para provocar el giro deseado.

El eje superior horizontal se componía de las berlingas (31), ocho aspas rudimentarias  formadas por cuatro pares de árboles o palos de madera: cuatro de vela y cuatro de puño, estos últimos así llamados porque en ellos se amarraba las velas cuando estaban desplegadas. Las velas eran fabricadas con telas amarradas a las arboladuras o palos del rotor, de forma similar a los molinos persas, mientras las aspas estaban tensadas entre sí por una soga o escota (36).

El molino onubense y gaditano posee un giro de velas dextrógiro, siguiendo la dirección de las agujas del reloj, mientras que los almerienses giraban en sentido levógiro. La velocidad de giro podía regularse por el procedimiento de soltar o recoger vela, y ésta es una de sus  principales ventajas. Una desventaja era que, frente a tormentas imprevistas, las velas se rompían con facilidad.[5]

El movimiento circular de las aspas era transmitido al injerto, el eje horizontal del molino, que ya en su interior perforaba la rueda de engranes  o rueda catalina, gracias a su extremo o “rabo”. La rueda de engranes (23), fabricada de madera de encina, se componía de hasta 30 piñones o dientes y multiplicaba las revoluciones de una a cinco. En la sala de molienda, la potencia multiplicada se transfiere por medio de la linterna (11), formada por seis husillos de madera o hierro,  al eje vertical o tenazón,  que actúa como engranaje secundario, solidario al eje vertical que debe mover las muelas. La transmisión desde la linterna al tenazón se realiza  con dos piezas  varón del carro (6) y barril (5)-  a modo de abrazaderas. El tenazón se sujeta a la lavija  -una plancha de hierro con un agujero en el centro-, atraviesa las dos piedras de moler, la solera, fija, y la volandera, móvil, transmitiéndole a esta última el movimiento de giro que hace posible la molturación del grano.[6]

La tolva de madera (12), de forma piramidal invertida, suministra el grano a la piedra, cuyo vértice estaba conectado con la panereta (13), elemento que regulaba la entrada de grano por el ojo de la piedra volandera, garantizando su flujo constante. Todo el peso del sistema llegaba hasta el suelo, donde el molinero, sentado en el marranillo, regulaba una palanca que servía para regular la presión de las muelas y así determinaba la calidad de la harina resultante.

Caro Baroja establece diferencias entre los molinos andevaleños y los manchegos: los diferentes sistemas de aspas y velas, la diferente situación de la rueda de engranes, en el  molino manchego delante de la linterna y en el andevaleño detrás; o el diferente sistema de caída de la harina, no por un conducto de madera, sino directamente al jarnal –harinal o  piquera en otras poblaciones;  el suelo de laja, delimitado por unas chapas o reores (17), donde se llenaban los sacos[7]. La harina, gracias a la fuerza centrífuga, era empujada por las chapas laterales del reor o guardapolvo.

Resulta imposible saber la cuantía cierta de la molienda eólica en el siglo XVIII. Es algo conocido el alto grado de ocultación de la encuesta sobre la riqueza mandada realizar por Ensenada. En cuanto a la producción agrícola, se suele cifrar entre un 20 y un 40% del total, seguramente mayor en las producciones industriales como la molienda. Según las Respuestas Generales, los  molinos de viento de Castillejos molturaban 35 fanegas anuales cada uno; los de Valverde 30 fanegas, ya que muelen solo el tiempo de verano. La infravaloración de los rendimientos salta a primera vista, y alcanzó cotas desproporcionadas en  las Comprobaciones del Catastro. Según éstas, el molino de viento de Calañas no produjo nada desde 1751 a 1761.

  
Rueda de engranes. Molino de El Granado


        
  
              Maquinaria  del molino de Santa Bárbara. Foto Antonio Escudero.


 Esquema de molino andevaleño. La Puebla de Guzmán. Julio Caro Baroja (1996): Tecnología Popular Española. Pág. 179. 1.Piedra fija o solera. 2.Piedra volandera. 3.Tenazón. 4.Lavija. 5.Barril  6.Varón del carro 7. Pala de cola de pato. 8.Sortijas de hierro. 9.Galápago. 10.Viga transversal 11.Linterna, farolillo o carro. 12.Tolva. 13.Pandereta. 14.Caíllo. 15.Alivio o freno. 16. Jarnal. 17 Reores. 18.Carril. 19.Carretilla. 20.Rueda Grande. 21.Techo cónico. 22.Palo chamicera. 23.Rueda de engranes. 24.Piñones o dientes. 25.Caja. 26.Injerto. 27.Rabo. 28.Rollete. 29.Gollete. 30.Ulambre. 31.Berlingas. 32.Hocico. 33. Cable o cintero. 34.Cigúeñal. 35.Velas. 36.Escota.  

  
Molino Pie del Castillo  El Almendro                                   







  Sala  de Molienda. La Solana.  El Granado



                    
Villanueva  de los Castillejos

 
Santa Bárbara de Casa

 
Molino de Pujina. Valverde. 

 
  





[1] Caro Baroja, atraído por los datos del diccionario de Madoz, visitó los molinos del Andévalo, especialmente los de Puebla de Guzmán, a los que dedicó una doble visita: a fines de 1949 estuvieron Julio Caro Baroja y George Foster en Puebla de Guzmán, Alosno y El Cerro, y volvieron en la  primavera de 1950 a la romería de la Virgen de la Peña, la de San Benito en El Cerro y las Cruces de Alosno, conocieron el folclore y las peculiaridades de sus molinos de vela.
[2] En dicha obra describe además los de Conil y Vejer de la Frontera, en Cádiz, y los de la comarca onubense del Andévalo. El viaje es reproducido por GARRIDO PALACIOS, M., 2011.
[3] Entrevista a Antonio Mora Mora (1922). Otra opción menos probable es que procedieran de canteras más lejanas como la de Villarbajo, cercanas al río Odiel
[4] RICO PÉREZ, A. “Por un viejo molino”. Facanías. Extraordinario de Feria, 1983.
[5] ROJAS-SOLA, J.I.  y AMEZCUA-OGÁYAR, J.M., 2005.
[6] Ruta cultural ingenios del aire. Los molinos harineros de la Comarca Onubense del Andévalo. Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico. Consejería de Cultura.
[7] CARO BAROJA; 1996, p. 182. Recogido por GARRIDO PALACIOS, M, 2001.