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lunes, 25 de mayo de 2015

LAS CRUCES DE MAYO DE VALVERDE (1ª Parte)





EL MES DE MAYO EN VALVERDE: el Mes de María y las Cruces de Mayo.


Manuel Fernando Gómez Cera
Juan Carlos Sánchez Corralejo

                                                                               Facanias, nº 503, mayo de 2015



La Cruz en el ideario colectivo

       La Cofradía de penitencia de la Santa Vera Cruz fue quizá la primera de las cofradías valverdeñas. Nacida como una Cofradía de Sangre destinada al culto al Madero en que murió Jesucristo, existía con anterioridad al año 1576 y, siguiendo la misma tendencia de otros  muchos lugares andaluces, se reforzó a lo largo del siglo XVI. Igual sabemos que ocurrió en San Juan del  Puerto[17] e igualmente temprana fue la Vera Cruz del antiguo Hospital de San Bartolomé de Beas.[18]
Sin embargo pocos datos históricos tenemos sobre las fiestas de la Exaltación e investidura de la cruz  en Valverde que como poco fueron tardías. En la Breve Historia de Valverde,  Luis Arroyo Valero  cuenta que “Las Cruces de Valverde, debieron tener veneración tan acusada, que mereció se editara en el último siglo un pequeño folleto exclusivamente dedicado a la historia del sagrado símbolo. Yo he tenido en mis manos ese folleto”, terminaba diciendo[19]. Sí tuvieron un notable desarrollo en pueblos cercanos como Zalamea la Real, donde  en mayo, con motivo de las fiestas de la cruz, se celebraba tradicionalmente una representación de una comedia desde el siglo XVII, que llegó a ser prohibida por el alboroto ocasionado.[20]

Las Cruces eran hitos religiosos pero también señales geográficas. Debemos distinguir aquí las cruces de término –cruceros en Castilla y otras regiones-, que no eran más que rollos o   picotas con una doble funcionalidad de marcas de jurisdicción y postes de justicia; a esta categoría pertenecen en Valverde la Cruz del Rollo, la de Calañas y la desaparecida Cruz de Caporro, y seguramente alguna otra más aún por documentar, ya que  varios caminos locales conectaban Valverde con el Pozuelo, Buitrón y el Villar, como documentó en su día José García-Lería.[21]

La Cruz de Calañas fue -en opinión de Luis Arroyo- coetánea a la construcción de la Iglesia Parroquial, y sirvió de señal de jurisdicción a la entrada del camino de Calañas, aunque a la par de hito religioso del que partía la romería a la ermita de la Coronada y, tras su traslado, era el punto de recibimiento de los romeros que transportaban la imagen. En el siglo XIX aún se levantaba en los cercados del alfoz y junto a ella se erigió la llamada venta de la Cruz de Calañas. Tenemos asimismo noticias de la existencia de otras cruces en el camino de la ermita de la Coronada, con  la Cruz de cuatro pies situada a media legua de Valverde.La Cruz de Caporro era la entrada de Valverde desde el camino al Pozuelo; y la Cruz del Rollo, hoy levantada sobre una columna pétrea, fue rollo y picota jurisdiccional de Valverde una vez logrado el villazgo, situada en su entrada principal, junto al camino real de Extremadura.

    


 
La Cruz del Rollo o Cruz del VIllazgo                   La Cruz de Calañas                            





 
    Cruz del valle de la Fuente


José Andrés Rivera documentó la existencia de al menos quince cruces urbanas en la década de 1990[22], en pie, afortunadamente, la mayoría de ellas.

Las cruces urbanas valverdeñas  son de dos tipos; unas exentas, asociadas normalmente a calles más anchas, frente a una mayoría de cruces de forja de pequeño porte, recluidas en las fachadas de las viviendas, a menudo ubicadas en las esquinas entre dos calles, y siempre en lugares estratégicos. Entre las cruces exentas, levantadas sobre pedestales de hierro, sobresalen la Cruz del Barrio Viejo, y la del Cabecillo de la Cruz.

           
Cruz de la Calle del Duque          
                                         

 
Calle Nueva 45
Entre las cruces de fachada, el siglo XX conoció la de la calle del Sol, en la fachada de Antonio Oliva Ramírez, sobre una columna de piedra y barro, frontera con la casa del Organista, que creemos está a punto de ser recolocada. También la de la Calle del Duque, en una casa propiedad de Isabel García Cera, adquirida en 1916 por Francisco Romero Fernández, casado con Manuela Santos; desde entonces es la cruz de la esquina de los Vironda, que abre paso al Barrio Viejo y a la Calle Las Cruces. La cruz de la calle Jesús y María se situaba en la casa- panadería de Diego Batanero  –al decir de Luis Arroyo Valero, la más antigua de la población-. La de la calle Santa Ana nº 1, hoy tristemente desaparecida, daba la bienvenida al barrio  santanero; estaba situada en la fachada de la vivienda de Antonio Palomo y Amparo Marín Cejudo, que luego pasaría a su hija Dolores Palomo Marín (1914-2004), casada con  Eliseo Caballero.

Completan el catálogo las dos cruces de la calle Peñuelas –la del número 1, en  casa de Juanito el de los Cortes, y la de su esquina con la Huerta Nueva, en una casa propiedad de Dolores y Josefita Morián, las morianas-. La cruz de la calle Trinidad nº 5 señoreaba la casa de D. Simón Santos Bermejo, capellán de La Navahermosa, una pequeña cruz de forja, acompañada de un azulejo de la Virgen de Los Dolores. La cruz de la Plaza Ramón y Cajal se situaba en la casa de las Quiyoyas, abriendo paso a la calleja de Carpinteros; allí las hermanas Obdulia y Benita fabricaron exquisitos alfajores y piñonates, mientras su hermano y Sebastián Rite Morián regentaban una taberna junto a la barbería de Frasco.

Y además la cruz del número 64 del Valle de la Fuente, esquina con la calle San Isidoro, en una vivienda propiedad de Manuel Vázquez Calero e Ildefonsa Batanero; la de la calle Nueva nº 45, esquina con la Casas Solas, propiedad  en su día de Manuel Bermejo Salas, el Campanillero; la cruz de las Casas Solas nº 8; la de la calle San José o Peñuelas Chicas nº 14, en la casa  de José Castilla Palanco, el “Capao”, hijo de Inés Palanco Capado, casado en segunda nupcias con Dolores Delgado Camacho; la cruz de la calle Camacho, ya desaparecida –no sabemos si en casa de los Arroyo- ; o la cruz de los Arrabales Grandes, de nuevo en la esquina del número 10.




 La cruz de Cantarero




                                                       La cruz del Barrio

Pero sin duda hubo más, casi siempre una cruz por cada calle: la cruz de la casa de Gorito Hidalgo, el espartero, en el número 22 de calle del Duque Chica; la de la esquina del Valle de la Fuente con la Plaza Ramón y Cajal, en la casa-confitería de Virtudes Ramos Fernández y de su hermano Floreano, confitero y mancebo de farmacia. Había una segunda en la calle Nueva, en la medianía de las casas números 17 y 19, la primera propiedad de María Jesús Moya Camacho, hermana de D. Pedro Moya, el cura de la Fuente de la Corcha, y la segunda del matrimonio formado por Ana Berrocal Arrayás y Eugenio Domínguez Bermejo.

Dos cruces se erigían y se celebraban en el Peñeo, en la calle Coronada, una en el número 3, cerca de la  esquina con el Valle de la Fuente, propiedad de la familia Huertas, y una segunda en el número 21 de la misma calle, propiedad de Andrea Carrero, esposa de Salas.

Estamos seguros de que se nos escapa alguna de las cruces históricas de Valverde, debido a su pronta desaparición. No desdeñamos un catálogo más exhaustivo en el futuro, sobre todo con ayuda de los lectores.

Continuará…



[1] Vid. SANCHEZ CORRALEJO, J.C.  2012, Valverde y el Grupo Escolar, 110.
[2] Vid. SANCHEZ CORRALEJO, J.C.  2012, Valverde y el Grupo Escolar, 110.
[3] A.C.M.P. Libro de actas. 30 de abril de 1954.
[4]Entrevista a Juan Feria Parreño.
[5]Vid SÁNCHEZ CORRALEJO, 2006, “Las escuelas  y los maestros de nuestros abuelos (III), Raíces, 2006.
[6]Entrevista a Josefa Quintero caballero (1928).
[7] Entrevistas a Rosa María Banda Delgado y Pepi Montín. 
[8] Entrevista a Pepita Márquez Rodríguez (1931).
[9]ARROYO NAVARRO, F. (1989): La Acción Católica y otras celebraciones. En Historia de la Parroquia de Valverde del Camino (Huelva). 1469-1950. Una espiritualidad y un esfuerzo. Valverde del Camino, el autor.
[10] Vid. SÁNCHEZ CORRALEJO, J.C. El Grupo Escolar y Valverde del Camino,  2012, p. 165
[11] SÁNCHEZ CORRALEJO, J.C., 2006,  Las escuelas  y los maestros de nuestros abuelos (III)”,  45
[12] Entrevista a Juana Corralejo Flores (1941).
[13]Aquellas niñas fueron María Feria Becerro, Mercedes Contreras Limón, Vicenta Díaz Bermejo, Reposo Feria Feria, Rita Feria Arrayás o Paquita Feria Corralejo.
[14] Entrevista a Mª Dolores Vázquez Marín (1932).
[15] Entrevista a Catalina Mora Arrayás (1939)  y Loli Limón  Corralejo  (1956). 
[16] Entrevista a Pepita Márquez Rodríguez (1931)
[17] Vid. CARTES PEREZ. J.B. «Hermandades y Cofradías en el  San Juan del Puerto del siglo XVI», en  Fiestas de San Juan Bautista, 2005, p. 97.
[18] Vid. BECERRIL PEREZ D.L. (1998): La Torre y la parroquia de San Bartolomé, págs. 83-93
[19] ARROYO VALERO, Luis, Breve Historia de Valverde 2ª ed. Valverde, Tip. Fernández, 2000, p.51).
[20] LANCHA, Manuel Jesús, "Zalamea la Real excomulgada". En Feria y Fiestas. Año 1988. Epoca III. Vol.1, nº 10. En el año 1724, por orden del Vicario de la Iglesia y por mediación del presbítero D. Alonso de León, se decreta la prohibición de estas representaciones, bajo la pena de excomunión
[21] GARCIA RODRÍGUEZ; José. “La red anterior al tren”. Raíces, nº 1, 1998, p. 17
[22]Vid. RIVERA BECERRO, José Andrés. Valverde en busca de su historia; 1. “Las Cruces de Mayo”, Revista Facanías nº 303, octubre de 1998.

martes, 19 de mayo de 2015

EL MES DE MARÍA



EL MES DE MAYO EN VALVERDE:
        El Mes de María y las Cruces de Mayo (1ª parte)


Manuel Fernando Gómez Cera
Juan Carlos Sánchez Corralejo

                                                                      Facanias, nº 502, mayo de 2015


De las mayas al mes de mayo

La tradición mariana del mes de mayo ha sido considerada a veces como una transposición romana del culto a la diosa Maya, a quien se dedicaba el quinto mes del año, como remembranza  de un culto ancestral a la fertilidad y la maternidad que siempre fue  acompañado de ofrendas de flores, y en el que destacaba el componente femenino[1]Pero en el calendario festivo español, al hablar de la maya, Caro Baroja, citando a Larramendi, dice que la maya es “la niña que por mayo visten muy de novia, y otras piden para ella…”; refiriéndose a la fiesta de la cruz, y citando ahora a Antonio de Capmany, la define así: “…había una costumbre peculiar en algunas festividades de este mes, y principalmente en la de este día(de la Cruz), de engalanar con todo género de adornos y artificios a alguna niña (y acaso siga esta costumbre hoy), y a la cual, cuando se presentaba así adornada, la llamaban ‘la maya”.[2]Es, quizá, el antecedente de las actuales reinas de la primavera, del carnaval o de la cabalgata de reyes.
           
En los referidos ritos ancestrales en torno a la fertilidad, el mayo es el árbol que se trae al pueblo y se adorna con flores, y representa el elemento masculino, mientras que la tierra en la que se clava representa al femenino.En el lento proceso de sincretismo, paso de los cultos paganos a los cristianos, la maya y los ritos de la primavera se convierten en la Virgen María, la nueva reina, y en el culto asociado a ella, el Mes de María, en tanto que el mayo-árbol se transforma en el madero de la Cruz, el árbol de la Cruz. Una coplilla valverdeña, de los tiempos de la posguerra, nos deja constancia de ello:

En el árbol de la Cruz,
Puso la tórtola el nido,
Y yo le quité los huevos
               Y me los comí cocidos.[3]





Cartel anunciador de la Cruz del Barrio 2013.


 Los estudiosos del tema, al menos los más ortodoxos, consideran que las primeras referencias plenamente cristianas de la historia del “Mes de María” datan del  siglo XIII, cuando Alfonso X el Sabio invitaba a rogar a María en una de sus Cantigas, “Bienvenido Mayo”. Se trata de la cantiga 406 Ben vennas, mayo, e con alegriaescrita en gallego-portugués, cuya primera y última estanzasrecordamos al lector:

Ben vennas, maio, | e con alegria;
poren roguemos | a santa Maria
que a seufillo | roguetodavia
que el nos guarde | d’err’ e de folia.
Ben vennas, maio.
Ben vennas, mayo, e con alegria.
Y así finaliza:
Ben vennas, maio, | con bõos manjares;
e nos roguemos | en nossos cantares
a santa Virgen, | ant’ os seus altares,
que nos defenda | de grandes pesares.
Ben vennas, maio, e con alegria.[4]  

Un siglo más tarde, los joyeros de París llevaban a la Virgen, en señal de devoción, un “mayo” o rama de plata adornada con brillantes y cintas. En el siglo XVI, la devoción se extendió por Alemania e Italia: un monje alemán legó un pequeño opúsculo titulado “Mayo espiritual”, en el que figura el primer esbozo de la celebración del Mes de María. Por esas fechas, San Felipe Neri aconsejaba a los jóvenes venerar a María durante el mes de mayo. En el siglo XVII, unos novicios dominicos de Fiésole dedicaban a la Virgen los primeros domingos de mayo, y en Nápoles era costumbre rezar durante una hora oraciones a María.

Las primeras codificaciones de la devoción a María en mayo son compuestas por dos jesuitas, una a principios y otra a finales del siglo XVIII. En este siglo, la práctica piadosa se extiende por EEUU y Latinoamérica, y se encuentran datos de celebrarse en China. Los primeros pontífices que hablan y la aconsejan son Pío VII y el Beato Pío IX, quienes la premiaron con abundantes indulgencias. Desde mediados del siglo XIX se fortaleció en Latinoamérica, donde la festividad se traslada a la primavera austral, a lo largo del mes de noviembre.

En el siglo XIX, el Mes de María se celebraba en los colegios y parroquias madrileñas[5] y de toda España, a base de ejercicios espirituales, rezos y cánticos. 

Se publicaron libritos para su desarrollo, varios llegados desde Francia, como El mes de María de Nuestra Señora de Lourdes del padre Enrique Laserre,con traducción de Ramón María Araiztegui, en el año 1879,que tuvo enorme aceptación[6]; “El mes de María en Casa” una hojita que daba las claves para seguirlo de modo práctico en el domicilio; o “El mes de María de las almas interiores”, traducido de la edición francesa por el padre franciscano Juan M. Marquina, en una edición de 1882. También, desde fines del siglo XIX, hubo otros textos salidos de la pluma de diferentes religiosos, como José A. García de la Iglesia, Juan Martí y Canto, José María Cuadrado, Benigno Carballo, Ramón García, Enrique de Osso, Antonio Bory y Foresta, Niceto Alonso Perujo, Zacarías Metola, así como varias colecciones de letanías, letrillas y salves para la ocasión.



Episodios milagrosos del Padre Laserre

Meditaciones de J.L. Tercero  
 

El mes de María en las escuelas de Valverde del Camino

Sea como fuere su origen, aquella tradición mariana encontró acomodo en la escuela de la Restauración, no desapareció con la República y se reforzó en la escuela franquista. Sí, la escuela fue uno de los principales vehículos de su extensión. Se ha dicho en tal sentido que el Régimen Franquista buscó a maestros más santos que sabios[7]. La circular de 5 de Marzo de 1938 señalaba el camino de inspectores y maestros: la defensa de una educación religiosa, patriótica y cívica, la obligatoriedad de que el crucifijo presidiera las aulas, la exigencia de dedicar varias sesiones a la Historia Sagrada, la lectura del santo evangelio la mañana de los sábados y la asistencia obligatoria de escolares y maestros a la misa parroquial[8].El art. 5 de la Ley de Educación Primaria de 1945 pedía a los maestros ajustarse al dogma católico, en sus propias palabras consubstancial a la tradición escolar española.Pero la tendencia no nace con Franco. Está arraigada desde el siglo XIX, y libros como  “Las doce virtudes del buen maestro, o sea, manual del maestro católico” de Juan Bautista de la Salle[9], profusamente reeditado  en España en el siglo XIX,  son un buen testimonio de ello.
Gracias a aquel mandato adoctrinador se reforzó la celebración del Mes de María,  la asistencia a  procesiones y vía crucis, la celebración de fiestas como el Domund o del día del Seminario. El mes de María se extendió por todo el territorio peninsular[10]. La esencia del Mes de María era el exorno de la Virgen con ramajes y flores,  y los cánticos y oraciones poetizadas que seguían al rezo inicial del rosario.

La tradición se acomodó en las escuelas religiosas, pero también en las públicas: en 1927 abrió  sus puertas el convento y el colegio valverdeño de las Hermanas de la Cruz. Una de sus primeras alumnas, Josefa Moya Bermejo, nos relata cómo, en plena República, todas las tardes del mes de mayo, las niñas del colegio iban a la capilla de Santa Ana a llevarle ramos de flores a la Virgen, ramos cogidos y preparados por ellas mismas y procedentes de los corrales de sus casas. Rezaban el Rosario y al menos un día a la semana recitaban versos a la Virgen. Ese día se llenaba la capilla de vecinos, que acudían prestos a escuchar los versos que aquellas criaturas se sabían de memoria, como los siguientes que aún recita de carrerilla Josefa:

Madre de Dios, Virgen Santa,
sublime lirio del cielo,
paz, esperanza y consuelo
del mísero pecador.
Bálsamo santo y bendito
del que gime y del que llora,
mística y naciente aurora
Madre del Divino Amor.
¡Madre!,
si desde ese cielo en que moras
de ángeles mil rodeada
y de estrellas coronada
mi voz acierta a llegar,
si hasta Ti los ecos suben
de esta vida de dolores
y los humanos clamores
oyes Madre resonar.
Tú sabes Reina dorada
cuánto a mis padres adoro
es el único tesoro
que tengo fuera de Ti.

El afanoso trabajo
sin descanso noche y día
y su más santa alegría
la tienen cifrada en mí.
Mi madre, también lo sabes,
con qué infinita dulzura
y con qué fraternal ternura
supo en mi pecho guardar
el nombre dulce y sencillo
de la Virgen sin mancillar,
cuando oraba de rodillas
postergada ante el altar.
¡Virgen santa!
Cándida y pura azucena
tiende una mirada llena
de ternura y compasión
desde ese tu altar sagrado
ante mis padres amado.
Hazlo por tu Hijo sagrado,
por el Mártir de la Cruz.


También en la década de 1930 se celebraba con intensidad el Mes de María en el colegio de las hermanas Salesianas.  Nos lo cuentan algunas de las alumnas que lo vivieron: A diario, en la hora de la costura, salíamos del laboratorio, las niñas nos poníamos en fila de a dos a lo largo del corredor y bajábamos a la capilla, hacíamos estación al santísimo, rezábamos la Salve y Tres Ave María[11]. Purita Borrero también lo recuerda: nos íbamos a la capilla, acompañados por Sor Julia, rezábamos el Rosario y cantábamos el Mes de María, acompañadas al  piano de Sor Concepción Vílchez:

Venid y vamos todos con flores a porfía,
con flores a María, que Madre nuestra es

con flores a María, que Madre nuestra es.
De nuevo aquí nos tienes, purísima doncella,
más que la luna, bella, postrados a tus pies.

Venimos a ofrecerte las flores de este suelo,
con cuánto amor y anhelo, Señora, tú lo ves.
Por ellas te rogamos, si cándidas te placen,
las que en la gloria nacen, en cambio, tú nos des.

En el colegio todos los días hacíamos el mes de María: por las tardes a las 4 y media, media hora antes de salir,  -ya que la salida estaba fijada a las 5 de la tarde- íbamos a la capilla. Antes de entrar, según íbamos bajando la escalera, cantábamos el “Con flores a María“, y lo continuábamos al entrar en la capilla, ya con la ayuda de los sones de  del piano de Sor Concepción Vilches. Rezábamos el Rosario, hacíamos el mes de María y cada día una de nosotras decíamos un verso  a la virgen[12]:

Las flores de mayo se van a caer,
La virgen María la va a recoger 
los pájaros cantan con mucha alegría
que viva, que viva la  Virgen María

Las prácticas rituales asociadas al Mes de María no fueron especialmente distintas en las escuelas religiosas que en los colegios públicos. En las escuelas públicas, igual que en las religiosas, el catecismo era enseñado de memoria, la jornada escolar comenzaba con el rezo de la plegaria de la mañana y terminaba con la salve o la oración de los Caídos por Dios y por España. Los chicos del Grupo Escolar  rezaban el rosario todos los sábados del mes de María y recibían con fervor a la imagen de la virgen de Fátima y a los misioneros que visitaban el centro, de tiempo en tiempo. Los maestros acompañaban a sus alumnos a la misa de domingo o bien los interrogaban el lunes siguiente, a fin de corroborar la asistencia, con preguntas relativas al color de los  hábitos del cura o a la temática del evangelio.

La escuela franquista resucitó, pues, muchos de los elementos confesionales presentes en la escuela de la Restauración, y mantuvo unos cimientos doctrinales establecidos por imperativo legal. Pero la labor de apostolado católico fue anterior a la época franquista. Veamos algunos ejemplos: D. Francisco Romero Sánchez compuso  de su puño y letra una salve que era cantada por sus alumnos; D. Evaristo Arrayás rezaba todos los sábados un misterio, tanto al entrar como al acabar la jornada escolar que, al menos en la memoria de algunos de sus alumnos, comenzaba así Ilumínanos piadoso / Nuestro pobre entendimiento; Doña Carmen Romero Regaña preparaba en las aulas de la Escuela de San Carlos a sus alumnas para realizar la primera comunión con ayuda del Catecismo de Ripalda, con la obligación de aprenderse de memoria las preguntas del catecismo y por supuesto las Bienaventuranzas, el Credo, el Yo pecador o el Dios Mío Jesucristo.[13]

        Durante el franquismo, el maestro continuó siendo pieza clave en el adoctrinamiento católico. En este empeño destacó la Asociación Católica de maestros de Huelva, pero también la propia inclinación natural de muchos de aquellos docentes: Gregorio Romero Bogado sintió una profunda atracción por las experiencias docentes de Andrés Manjón, creador de las Escuelas Católicas del Ave María, a quien conoció en la ciudad del Darro y de quien se declaraba públicamente seguidor. Antonio Rodríguez Cepeda era un hombre «de misa todos los domingos»,  mientras que Antonio Infante Valdayo era «un hombre piadoso, de visita diaria al sagrario», e Ildefonsa Romero se retrataba con sus alumnas con un crucificado metálico sujetado por un cordón de seda negro. Muchos de aquellos maestros de la escuela pública del franquismo dirigían a sus alumnos en el rezo diario de la salve.[14]

Evidente sentido adoctrinador tuvo el respaldo que el régimen franquista dio a la celebración del Mes de María. Varias circulares publicadas en prensa insertaban normas para la celebración del mes de María y se acuerda que lo celebrarán todas las escuelas reunidas”.[15]

En los soportales del Grupo Escolar -principal y casi único centro público de educación de niños de la población-,  se instalaba un altar con una imagen de Inmaculada y allí eran llevados  los niños del centro para entonar diversos himnos religiosos[16]. El alumnado del Menéndez y Pelayo rezaba el rosario todos los sábados del "mes de María", y cada día de aquel mes,  al entrar en clase, debían  recitar el “Venid y vamos todos / con flores a María /con flores a porfía / que madre nuestra es", igual que lo hacían las inquilinas de los colegios de monjas.

En la otra escuela de niños de Valverde, la unitaria de D. Antonio Infante Valdayo, fueron habituales los cantos a la Virgen en el Mes de María: «D. Antonio era un hombre muy celoso de su trabajo y muy religioso: las tardes las dedicaba a hacer rezos con los alumnos organizados en corro, y cantos a la Virgen especialmente en el mes de María».[17]



                                                      Soportales del Grupo Escolar

                La alumnas de la Escuela de San Carlos, bajo la tutela de Dª María Ruíz Cobo de Guzmán, ponían flores en una mesita donde estaba la imagen de la virgen, y rezaban y cantaban, como en el resto de escuelas[18].  El proceder era similar en la Escuela de la Zona:“Dª Carmen Sevilla, Dª Amalia Barbosa, Dª Águeda Díaz Barragán y Dª Carmen Fructos Vázquez  nos llevaban al altar y lo adornábamos con flores. A diario rezábamos el Ave María y  cantábamos el Ave María de la Virgen de Fátima:[19]

El 13 de mayo, la Virgen María
Bajo de los Cielos a Cova de Iría


Devoción Popular y mecanismos de difusión

La devoción no se limitaba a las escuelas. En muchas casas particulares de Valverde del Camino “se ponía el Mes de María”. Se ha insistido a menudo que estos cultos marianos de primavera han tenido históricamente un componente esencialmente femenino: los altares solían estar asociados a la existencia de niñas en la casa. Las madres enseñaban a las niñas más pequeñas, y las hermanas mayores a las benjaminas. No hace falta indagar mucho para que se amontonen los ejemplos: en la calle Peñuelas, esquina con la Huerta Nueva, las hermanas Morianas, Carmen y Dolores,  ponían el Mes de María en el primer cuerpo de la Casa. Era un altar con el retrato de la Virgen, aderezado con abundantes flores, y además adornaban asimismo con flores la cruz situada en el límite entre su vivienda y la de su vecina, Purificación Malavé.

Las hermanas Elisa y Gregoria Márquez Mantero ponían su altar con María Auxiliadora en su domicilio de la calle Real de Arriba. Se situaba en una estancia que aparecía apenas traspasada la cancela, donde además había un piano y allí “hacían el mes de María”. Acudían muchas vecinas y compañeras de la Iglesia[20].

El movimiento local de la Acción Católica fue rehabilitado en Valverde en 1938, bajo la batuta del arcipreste Jesús de Mora. Creado por el Papa Pío XI, pretendía organizar a los laicos con el fin de cristianizar todos los sectores de la sociedad y situar de nuevo a Jesucristo en la familia, en la escuela y en la sociedad. El movimiento se plasmó en asambleas parroquiales, representaciones de autos sacramentales, y procesiones eucarísticas con la custodia de plata por las calles centrales de la población[21]. La Acción Católica tuvo secciones juveniles de estudiantes y obreros y poseyó, asimismo, una rama infantil, dedicada a sesiones de estudio con lecciones. Eran los famosos “corros de catecismo” de después de la misa de 12, de la mano de las hermanas salesianas Sor Casilda y Sor Julia[22], el elemento propagador del Mes de María. La mayoría de nuestras abuelas y madres –dependerá especialmente de la edad de lector- fueron miembros activos de la Acción Católica y se adentraron con ello en estas prácticas rituales. 

No debemos desdeñar tampoco el poder de seducción de algunas de aquellas catequistas y monjas. Un buen ejemplo puede ser el de Dª Concha Pardal, monja teresiana que había estudiado magisterio en la escuela Normal de Sevilla; llegó a Valverde hacia 1936 y permaneció en nuestra localidad hasta mediados de la década de 1950, como maestra de la Escuela Graduada de la Zona[23]:la esperábamos a diario a la salida de la misa de 7 y la acompañábamos a su casa, apenas unos metros, pues vivía detrás del Porche. Éramos al menos veinte chiquillas. A veces se paraba con nosotras en las puertas de las Escuelas Vicentinas y nos explicaba alguna historia bíblica o el evangelio del día y nos inculcaba el amor a la Virgen.[24]

El Mes de María estuvo muy presente en Los Pinos y en las aldeas. Dolores Rite dejó el convento pero difundió el Mes de María entre las  niñas de La Navahermosa, ya que pasaba allí el mes de Mayo: Nosotras[25] llevábamos nuestro ramito de flores y adornábamos el altar. Ella nos leía trocitos de sus libros de lectura y cantábamos coplas a la Virgen de Fátima en la Capilla Antigua.

Las florecillas del campo
las corto con alegría
Mi mamá me hizo un ramito
Para ti, Virgen María
  


Ermita de la Navahermosa   
                                    
  Los Cuartos

                                                                    
También se celebraba en El Cuco, Los Cuartos o La Fuente de la Corcha. Su celebración en los “Cuartos“ es recordada por algunas niñas de entonces: “Las señoras mayores, Aurora Varón o Dolores Rodríguez Romero, tocaban los tres toques pertinentes como señal de aviso. Acudíamos todas las niñas: rezábamos el Rosario, las 5 Avemarías, las oraciones del mes y los cánticos típicos a la Virgen de Fátima. A continuación, nos íbamos a la estación del Cuervo a ver llegar el tren. También íbamos a la Cruz del Cuco, donde cantábamos sevillanas y alguna que otra cancioncilla a la cruz”.[26]

En la Fuente de la Corcha, una de las impulsoras del mes de María fue Mª Jesús Moya, hermana de D. Pedro Moya Camacho, el cura de la Fuente de la Corcha, quien además impulsó el exorno y la fiesta en la pequeña cruz de forja de su fachada de la calle Nueva; más tarde destacó la labor de Ana Gutiérrez Duque, camarera de la virgen de la Salud durante más de medio siglo.  En los primeros años sesenta era la maestra Dª Pepa Marañón quien dirigía los rezos: Rezábamos “el 13 de mayo, la Virgen María bajó de los Cielos a Cova de Iría”. Acudíamos sobre todo las niñas y nuestras abuelas, pues muchas amas de casa estaban en las labores del hogar o del campo.[27]

En la actualidad, muchos colegios religiosos siguen manteniendo esta tradición. Siguen montando altares distintos y originales para dar realce a los cultos del mes de mayo y a las novenas de la Virgen, en sus distintas advocaciones. Además, muchas de las antiguas alumnas siguen haciendo de manera intima y recogida en el salón de su propia casa el Mes de María, con la ayuda de una imagen o de un viejo cuadro, por ejemplo de María Auxiliadora.[28]


María Auxiliadora engalanada. Valverde.





[1]San Isidoro resume las dos teorías sobre el origen del nombre del mes de mayo: «Mayo (Maius) deriva su nombre de Maia, madre de Mercurio; o tal vez de las personas mayores de edad, que eran los hombres principales de la república. Y es que los romanos consagraron este mes a los «mayores», del mismo modo que el mes siguiente estaba dedicado a los menores» (Etimologías V, 33, 8).
[2]CARO BAROJA, Julio, La estación de amor. Fiestas populares de mayo a san Juan.  Barcelona, Círculo de Lectores, 1992, pp. 69-71.
[3] Coplilla recogida por Manuel Fdo. Gómez Cera a Francisquito Arroyo (85 años) en una entrevista en noviembre de 1986.
[4] Edición de Jesús Montoya: Alfonso X el Sabio, Cantigas, Madrid, Cátedra, 1988, pp. 272-277.
[5] Sin ánimo de exhaustividad, véase por ejemplo  Correspondencia de España, 1889 mayo 30, p. 3; Correspondencia de España, 1916, mayo 3, p. 5.  
[6]El Popular. Diario político independiente. Madrid. Miércoles 23 de abril de 1879.
[7] Marqués, Salomó: “L’escola franquista. Maestros más santos que  sabios. Depuració i exili”.
[8]Véase CABALLERO CORTÉS, A, 1992, 118. Recogido por SÁNCHEZ CORRALEJO, J.C. 2012, 109.
[9] Fue un sacerdote, teólogo y pedagogo francés innovador, que consagró su vida a formar maestros destinados a la educación de hijos de artesanos y de niños pobres de la época. Fue el fundador de la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, instituto religioso católico de carácter laical dedicado a la educación de niños y jóvenes, especialmente de los más pobres. 
[10] Por ejemplo para las Islas, vid GONZÁLEZ PÉREZ, Teresa,  “La educación insular durante el franquismo”, Teresa González Pérez. Tebeto: Anuario del Archivo Histórico Insular de Fuerteventura, nº 18, 2005, págs. 411-436. 
[11]Entrevistas a Petra Hidalgo Caballero (1920) y Purita Borrero Becerro (1928).
[12] Entrevista a Pepita Márquez Rodríguez (1931).
[13] Vid. SANCHEZ CORRALEJO, J.C.  2012, Valverde y el Grupo Escolar, 110.
[14] Vid. SANCHEZ CORRALEJO, J.C.  2012, Valverde y el Grupo Escolar, 110.
[15] A.C.M.P. Libro de actas. 30 de abril de 1954.
[16]Entrevista a Juan Feria Parreño.
[17]Vid SÁNCHEZ CORRALEJO, 2006, “Las escuelas  y los maestros de nuestros abuelos (III), Raíces, 2006.
[18]Entrevista a Josefa Quintero caballero (1928).
[19] Entrevistas a Rosa María Banda Delgado y Pepi Montín. 
[20] Entrevista a Pepita Márquez Rodríguez (1931).
[21]ARROYO NAVARRO, F. (1989): La Acción Católica y otras celebraciones. En Historia de la Parroquia de Valverde del Camino (Huelva). 1469-1950. Una espiritualidad y un esfuerzo. Valverde del Camino, el autor.
[22] Vid. SÁNCHEZ CORRALEJO, J.C. El Grupo Escolar y Valverde del Camino,  2012, p. 165
[23] SÁNCHEZ CORRALEJO, J.C., 2006,  “Las escuelas  y los maestros de nuestros abuelos (III)”,  45
[24] Entrevista a Juana Corralejo Flores (1941).
[25]Aquellas niñas fueron María Feria Becerro, Mercedes Contreras Limón, Vicenta Díaz Bermejo, Reposo Feria Feria, Rita Feria Arrayás o Paquita Feria Corralejo.
[26] Entrevista a Mª Dolores Vázquez Marín (1932).
[27] Entrevista a Catalina Mora Arrayás (1939)  y Loli Limón  Corralejo  (1956). 
[28] Entrevista a Pepita Márquez Rodríguez (1931)


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