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jueves, 18 de septiembre de 2014

LA REPRESION DEL MAGISTERIO EN VALVERDE DEL CAMINO



La represión de los maestros en Valverde y la inauguración del Grupo Escolar.

 Juan Carlos Sánchez Corralejo.

Extraído de "El grupo Escolar y Valverde del Camino (1937-1986)". En SÁNCHEZ CORRALEJO , J.C. PÉREZ RITE J.A. Y BARCELÓ MARTÍNEZ M. (2012):  Del Grupo Escolar al CEIP Menéndez y Pelayo, pp. 42-46.


El 7 de diciembre de 1937 se produjo la Orden de la Junta Técnica del Estado[1], que estableció la suspensión de empleo y sueldo de Antonio Rodríguez-Cepeda García, quien, andando el tiempo, llegaría a ser director del propio colegio.

El procedimiento sancionador con los maestros fue básicamente igual en todas las provincias. Se decretaba la suspensión provisional y la exigencia de solicitar el reingreso para todos los docentes.  Estuvo regulado el Decreto 101 de 8 de septiembre de 1936 de la Junta de Defensa Nacional[2], que estableció la  obligación de todos los funcionarios de la  zona liberada de presentarse ante la  Autoridad o funcionario de superior categoría y la orden de 5 de noviembre de 1936 de la Junta de Burgos, que invalidaba todas las disposiciones administrativas dictadas posteriores al 18 de julio que no hubieran dictado las autoridades de la zona nacional. Su incumplimiento sería sancionado en virtud del Decreto 93 de 3 de diciembre de 1936, que ordenaba que los funcionarios que no se presentaran en el plazo debido serían declarados cesantes, sin formación de expediente[3]. La Orden de 30 de octubre de 1936, sobre depuración de responsabilidades de los empleados públicos, estableció, además, la suspensión de empleo y sueldo.  

A ello le siguió lo que Cano Bueso llamó el goteo de disposiciones para eliminar del servicio a los funcionarios no afectos al nuevo régimen. El decreto 108, de 13 de septiembre de 1936, permitía juzgar los delitos políticos cometidos desde 1934; la circular de 30 de septiembre de la Junta de Defensa Nacional conminaba a todos los alcaldes a remitir sus informes con patriotismo, pero a la par instaba a la desaparición de casos de informes basados en resentimientos personales o en casos de lenidad, y el decreto de Unificación de 19 de abril de 1937 estableció, además de la propia unificación de fuerzas políticas afectas, la  ilegalización del resto de partidos políticos y la necesidad de que los funcionarios fueran corregidos, suspendidos o destituidos, en caso de actuaciones antipatrióticas o contrarias al Movimiento Nacional[4].

En la práctica, el procedimiento consistía en analizar la ideología, la filiación política, actividad y cargos políticos y sindicales desempeñados, y la conducta profesional[5]. La depuración del magisterio fue encargada a comisiones de ámbito provincial, presididas por un director de Instituto de Bachillerato, un inspector de Enseñanza Primaria, el presidente de la Asociación Católica de Padres de Familia de la provincia y «dos personas de máximo arraigo y solvencia moral y técnica»[6]. Tres años después, una Orden Ministerial añadió dos nuevos miembros a las comisiones, designados a propuesta de la respectiva Jefatura Provincial de Falange Española Tradicionalista y de las JONS.[7]

El franquismo acusó a miles de maestros de inocular el virus laicista y republicano y, por tal motivo, muchos docentes acabaron su vida de manera trágica en las tapias de los cementerios.

Reyes Santana y De Paz Sánchez  han analizado la represión  del magisterio al iniciarse la guerra civil en la provincia de Huelva y establecen dos fases represivas: La fase inicial surge al amparo de la Orden de 19 de agosto de 1936,  que conminaba a los alcaldes a informar al Rectorado Universitario sobre la conveniencia de la conducta en el aspecto moral y patriótico de los maestros, aunque la acumulación de expedientes hizo que la labor de purga pasara a manos de la Comisión Gestora Provincial de Primera Enseñanza. Esa potestad disciplinaria del alcalde se hizo extensiva a la jefatura de inspección, pero también  a los responsables de los Gobiernos Civil y Militar.

Hubo una segunda fase en virtud del Decreto 66 de la Junta Técnica del Estado de 8 de noviembre, que creó cuatro tipo de comisiones, designadas con letras mayúsculas desde la “A” a la “D”, esta última  encargada de depurar  a los maestros de educación primaria. Su funcionamiento quedó regulado por la Orden de 10 de noviembre, que preceptuaba la emisión de informes sobre los aspectos profesional, personal y social de los encausados por parte del alcalde, del párroco, del comandante de la Guardia civil y de un reputado padre de familia. Una Orden de 17 de febrero incluyó la sanción de separaciones temporales del servicio entre un mes y dos años, con suspensión de empleo y sueldo[8].


Se calcula que tres de cada diez maestros fueron depurados y trasladados fuera de su provincia de origen. Pese a ello, Reyes Santana y De Paz Sánchez[9] concluyen afirmando la escasa intensidad de la represión de maestros en Valverde, frente a la gran magnitud del mismo fenómeno a nivel provincial. Su estudio recoge a cuatro de los maestros primigenios del Grupo Escolar a los que se les abrió un proceso sancionador, aunque de carácter menor, que solo se cerró en un caso con suspensión de empleo y sueldo por periodo de un mes, en la persona de D. Antonio Rodríguez-Cepeda García[10].


Miguel Rasero Pardo, por pertenencia a un sindicato de enseñanza; Antonio Rodríguez Cepeda, por tendencias políticas de izquierda y pertenencia a sindicato de enseñanza. Manuel Viso Toscano, por tendencias políticas de izquierda y pertenencia a sindicato de enseñanza. Gregorio Romero Bogado fue el que recibió más acusaciones de izquierdista: tendencias izquierdistas, familiaridad con personas de izquierda y desempeño de cargos. (REYES SANTANA M. y PAZ SÁNCHEZ, J.J. 2009,  594).

   


Sin embargo, la única suspensión que nos consta fue la impuesta a Antonio Rodríguez Cepeda,  suspendido de empleo y sueldo por un mes a partir del 18 de Diciembre de 1937 por  Orden de la Junta Técnica del Estado de 7 de Diciembre de 1937 (BOP de 18 de diciembre de 1937). La explicación familiar, que pasó de la esposa, Ana Marín de Sardi, a los hijos es la siguiente: a pesar de que Antonio era hombre de vocación religiosa, se habría negado a acudir a algún acto, ante la acumulación de fiestas y misas. Para evitar lo que él consideró una perdida excesiva de clases de sus alumnos no acudió a un acto, celebrado bien en la Iglesia parroquial, bien en la Plaza. A partir de ahí, los recuerdos se difuminan. Ese sería el origen del expediente.


 


A ello habría que añadir la extensión de la represión dirigida hacia personas que regentaban escuelas privadas y a los llamados cursillistas del 36. Conocemos el fusilamiento de José Quiñones García, que, aunque no era maestro, regentaba un parvulario en el callejón de las Brujas[11], y la represión sufrida por Diego Fernández Romero y  Andrés Rite Batanero.


 Diego Fernández Romero, nacido en 1909, obtuvo el título de maestro en marzo de 1931, pasando a ejercer en la Escuela de la Estación, sustituyendo a Manuel Viso, cuando este se reintegró en el ejército. Algunos de sus alumnos recuerdan aún cómo les enseñaba la tabla de multiplicar, desde el 1 al 12, cantando, todos de pie junto a las bancas bipersonales de madera[12]. Hermano del alcalde republicano Juan Fernández[13], estuvo preso en el penal castrense del Castillo de Santa Catalina (Cádiz) y tras la guerra, por mor de las depuraciones sufridas en su familia, debió abandonar la docencia y ayudar en el negocio familiar de su padre, la imprenta de Diego Fernández Parreño, antiguo apoderado del Frente Popular.


Andrés Rite Batanero (1907-1979) estudió en los Escolapios de Sevilla e inició la carrera de derecho, por indicación paterna, pero finalmente acabó en la Escuela Normal de Huelva, ya que su verdadera vocación era ser maestro.  Obtuvo el título de Magisterio en 22 de marzo de 1932, con 25 años de edad[14]. En diciembre de 1937 su nombre aparece en la relación  definitiva de solicitantes de vacantes de interinidades en escuelas nacionales, aprobada por el rector de la Universidad de Sevilla para la provincia de Huelva[15]. Algunos de sus alumnos en el Grupo Escolar, hacia 1938/39, fueron Paquillo Márquez o Manuel Romero Moya. Era un hombre «cariñoso, responsable y serio». Sabemos que trabajó además en el reformatorio en los primeros años cuarenta. Tras ser expulsado de la carrera docente –desconocemos los motivos esgrimidos- trabajó durante años en la oficina de Muebles los Zarzales, primero en la sucursal de Galaroza y más tarde en Valverde, hasta la etapa de la Cooperativa Muebles Valverde.

Estos cursillistas valverdeños del 36, como ocurrió a nivel nacional, aprobaron los ejercicios eliminatorios y los cursillos de perfeccionamiento en la época republicana, pero sus méritos fueron anulados por el régimen franquista. Eran maestros procedentes del plan profesional de 1931 que fueron privados de los derechos profesionales adquiridos dentro de la legalidad de la República. Muchos fueron perseguidos y procesados, acusados de «defender las ideas y la política del Frente Popular, dando trato preferente y amistad a las izquierdas; leer prensa de este matiz y ser de mala conducta religiosa». Todos tuvieron que abandonar el magisterio y dedicarse a los más diversos oficios. «La actuación antipatriótica y contraria al espíritu del Movimiento Nacional salvador de España» era uno de los cargos habituales contra ellos; otros la asociación o reunión ilícita, y la simpatía política por los partidos que habían «contribuido al mal que hoy padece nuestra querida Patria».[16]

Al terminar la guerra, todos los cursillistas quedaron suspensos de empleo y sueldo a efectos de la orden de 5 de noviembre de 1936. En 1960 se convocó una oposición restringida para el ingreso de cursillistas y ex combatientes que pudieran demostrar su afección al régimen franquista y estar libres de antecedentes penales.

Podríamos añadir el caso de José Castilla Limón, zapatero local, reconvertido a profesor de francés de la Academia Virgen del Reposo. Carecía de titulación de francés, pero aprendió el idioma durante la Guerra Civil leyendo y traduciendo Los miserables de Víctor Hugo, encerrado en la cárcel por su condición de socialista, en la prisión central del Puerto de Santa María, desde mayo de 1938.[17]


El zalameño José Contioso Lineros era estudiante por libre de último curso de magisterio y había hecho las practicas de 1º y 2º en la escuela de Manuel Viso Toscano, en el piso alto de la calle Juan González,  cuando estalló la Guerra Civil y su corazón “rojo” y libertario se vio obligado a combatir en el bando nacional en Espinosa de los Monteros, León o Peñaranda de Bracamonte. Aunque trabajó de contable en la fábrica de calzados de Andrés Senra gustó de ayudar, siempre de forma altruista, además de a sus hijas a algunos vecinos y conocidos a enderezar sus estudios, tanto de bachillerato como de magisterio.[18]


En definitiva, nos inclinamos a pensar que la apertura del Grupo Escolar de Valverde se produjo hacia febrero de 1938, una vez cumplidas las suspensiones de empleo y sueldo, después de que todos los docentes hubieran de solicitar el reingreso en el cuerpo, y que las harcas disminuyeran su actividad, debido al fin de los maquis[19]. 
     



[1]. BOP de la provincia de 18 de diciembre.
[2]. ABC. Sábado 9 de enero de 1937. Edición de Andalucía, p. 14. 
[3]. CANO BUESO; J., 1985, 117.  Se establece la sanción de declarar cesantes sin necesidad de apertura de expedientes  a los funcionarios ausentados de su residencia desde el 18 de julio.
[4]. CANO BUESO, J., 1985, 117-121. 
[5]. Por similitud con la Ley de 10 de febrero de 1939 de la Jefatura del Estado sobre depuración del personal en las zonas recientemente liberadas, podemos intuir el proceso aplicado con anterioridad. Por esta ley se exigía una declaración jurada en la que, además de sus datos personales, contestarían si prestaron adhesión al Movimiento Nacional o al gobierno rojo, si cotizaron a partidos o sindicatos, o si habían pertenecido a la  masonería.
[6]. Decreto de 8 de noviembre de 1936, Boletín Oficial del Estado del 11.
[7]. MORENTE VALERO F. 2001,  666 y 674-675.  Vid. BOE del 8 de noviembre de 1939.
[8]. REYES SANTANA M. y PAZ SÁNCHEZ, J.J. 2009, pp. 312 y siguientes.
[9]. REYES SANTANA M. y PAZ SÁNCHEZ, J.J. 2009,
[10].
[11]. SÁNCHEZ CORRALEJO, J.C.  2006 a, 41. Con apenas 28 años fue fusilado en Beas un triste 5 de agosto de 1937, al decir de los papeles franquistas «por su significación marxista». Vivía en el número 13 de la calle Triana. Regentaba la escuela del callejón de las Brujas. Era hijo de Santos García, más conocida como Santos «la garrocha». Era primo hermano de Dolores Quiñones Callejas, viuda con apenas 30 años.  En su acta de defunción consta la profesión de obrero, ya que no fue maestro nacional. Según Mª Jesús Domínguez Batanero, también dio repaso en la calle del Duque a niñas como Rosenda o las hermanas  Reyes, Petra y Josefita Corralejo Batanero.
[12]. Entrevista a Daniel Bermejo Ponce.
[13]. El alcalde en cuestión fue detenido por la guardinha al intentar pasar por Portugal a zona republicana. Probablemente murió en los acontecimientos de la Plaza de Toros de Badajoz, aunque no se tiene certeza absoluta de ello.
[14]. Entrevista a sus hijos, Magdalena y Paco Andrés Rite.
[15]. ABC de Sevilla. 15 de diciembre de 1937, p. 16. El mismo artículo establece que quedaba en suspenso la colocación de varios maestros hasta la resolución de la Comisión Depuradora del Magisterio, pero Andrés Rite no aparece en esa relación  
[16]. CARRASCO, Bel,  “Los maestros de la República quieren que sus derechos profesionales sean reconocidos”, en EL PAIS, 8 de noviembre de 1977.
[17]. ANTEQUERA LUENGO, J.J, y LUENGO JIMÉNEZJ.J.   Expedientes carcelarios de Huelva. Naturales y vecinos. 1938, p. 17. Fue apresado en agosto de 1937 junto a una veintena de valverdeños. Vid. ANTEQUERA LUENGO, J.J, y LUENGO JIMENEZJ.J.  Expedientes carcelarios de Valverde del Camino. Sevilla,  2008,  Facediciones, pp. 8, 11-13. 
[18] Entrevista a su hija María Dolores Contioso y a sus alumnos José Antonio Pérez Rite y Mª Jesús Ramos, todos ellos maestros del Menéndez y Pelayo.
[19]. Las  medidas represivas  privaron al maquis de sus enlaces. Los guerrilleros se entregan o prefieren morir. A decir de  P. J. Feria Vázquez,  la  actividad guerrillera fue debilitándose desde el otoño de 1937, hasta casi desparecer en la primavera de 1938. Entre  marzo y abril fueron asesinados, capturados o se entregaron la mayor parte de los guerrilleros. Algunos supervivientes optaron por huir a la zona republicana en pequeños grupos para no levantar sospechas. Terminó así la época de las grandes acciones guerrilleras en Huelva.

domingo, 31 de agosto de 2014

POSTALES DE VALVERDE: LA BARRIADA DEL VILLAZGO

JCSC
 



En 1980, el arquitecto Gonzalo Delgado Vizcaíno ultimaba el proyecto de 300 viviendas sociales en el Cabecito Pelado, mientras el ayuntamiento cedía al Instituto Nacional de la Vivienda una parcela de 15.912 m2 para su construcción[1]. A finales de 1981 el proyecto quedó reducido a 160 viviendas sociales.

Finalmente la  barriada del Villazgo se levantó entre 1983 y 1985 como barriada de protección oficial con el sello de la Consejería de Política Territorial de la Junta de Andalucía[2]. La  entrega de las casas se realizó mediante  un sorteo que tuvo en cuenta un baremo de necesidades, y la  inauguración y entrega de llaves, en junio de 1985, estuvo presidida por José Rodríguez de la Borbolla, presidente de la Junta de Andalucía, y Jaime Montaner Roselló, Consejero de Política Territorial[3].


 Junto a las calles Zapateros y Carpinteros, la plaza central fue intitulada de La Academia, en merecido homenaje a esta institución docente. 

 



[1]. FACANIAS, nº 82, abril de 1980, p. 12, y nº 86, agosto de 1980, p. 11.
[2]. ABC de 5 de marzo de 1985.
[3]. “Barriada del Villazgo”. En FACANIAS, nº144, julio de 1985, p. 3. “Entrega de llaves de la nueva barriada del Villazgo”.  Extraordinario de feria de 1985, 

sábado, 16 de agosto de 2014

ESTAMPAS DE VALVERDE: LA ORQUESTA CALERO






De izquierda a derecha: Sebastián Bermejo Bernal,  clarinete;  Manuel Almeida, saxo alto; Isidoro Jiménez, saxo tenor, y Juan Batanero, yamba.   



 La orquesta Calero vino después y puso el toque local. Por sus filas pasaron Antonio Calero Arroyo,  Sebastián Bermejo Bernal, Manuel Almeida, Isidoro Jiménez, José Fernández y Juan Batanero Romero, el entrañable Juanillo el del Yamba.  Animaron  las casetas de feria, los bailes de La Goya o las veladas de las aldeas colindantes, como Sotiel Coronada. 

lunes, 11 de agosto de 2014

HISTORIAS DE LA FERIA DE VALVERDE (i)


  DE LOS PREPARATIVOS AL JOLGORIO DE FERIA  EN LA DÉCADA DE 1950

 
Facanias. Especial de Feria 2014.  
Juan  Carlos Sánchez Corralejo.
 
La Feria  de los años 50 se celebraba en la Plaza Ramón y Cajal y en el Valle de la Fuente, pero antes del festejo venía la limpieza de las casas.  La cal viva o la tierra blanca eran las materias utilizadas. Se compraban dos o tres piedras de Cal Viva en Morián y “se apagaban”, remojándolas en agua… ¡y a enjarbegar! con una escobilla  de empleita, previamente  cardada en una carda de puntillas, con lo cual el efecto en la pared era de enorme  finura. A veces, la cal era mezclada con polvos azules removidos que daba un esplendido blanco azulado, del gusto de muchas familias.
 
 
Otras casas preferían la “tierra blanca”, más oscura que la cal, que se esparcía  con un trozo de piel de borrego curtido, la zalea. Con este sistema, la pared quedaba casi estucada. Aquella misma zalea curtida servía de protector de los colchones de lana  y evitaba que los orines de los bebés picaran los colchones.   

 Los suelos se adecentaban con tierra amarilla, recortando con mimo el pasillo central de piedras que facilitaba la entrada de las bestias. Especialmente útil era la tierra amarilla en los suelos de las cocinas, para evitar el negro que proporcionaban los hogarines  y los  humos del carbón.
 
 
Los metales se abrillantaban con arenilla y limón. Las sábanas bajeras y los cancanes se  almidonaban con harina y más tarde con pastilla de almidón,  rebajadas en agua  en los barreños de metal.
 
La víspera de Feria se procedía al reparto a los hijos de la “recurta de Feria.   Las familias más modestas echaban la alcancía a lo largo del año y la iban llenando a base de una gorda y un real, y por feria se sacaban unas cuantas pesetas que pronto  se esfumaban. ¡Y a disfrutar cada momento de la feria, con sus matices y diferencias  de mañana, de tarde o de noche!  
 
La feria valverdeña de agosto comenzaba con la diana y se componía de grandes conciertos en los centros de sociedad, especialmente en El Católico, durante las mediodías. Muchos recuerdan aún al cantante onubense Urreta, a los sones de “La Vaca Lechera“ y “El dedo gordo del pie”; o la orquesta Molero, igualmente llegada de la capital provincial, cuyos cantantes repetían actuación por la noche en la Gran Caseta, situada delante de la casa del  Diputado. La orquesta Calero vino después y puso el toque local. Por sus filas pasaron Antonio Calero Arroyo,  Sebastián Bermejo Bernal, Manuel Almeida, Isidoro Jiménez, José Fernández y Juan Batanero Romero, el entrañable Juanillo el del Yamba.  Animaron  las casetas de feria, los bailes de La Goya o las veladas de las aldeas colindantes, como Sotiel Coronada. 
 
A dichos actos se unían los conciertos de la banda municipal, la elevación de globos grotescos, los espectáculos taurinos, los concursos de trajes regionales y las funciones de cine.  De vez en cuando llegaban atracciones novedosas como el Museo Torero Sánchez Mejías.  
Las casetas se convierten poco a poco en el centro de la actividad festiva.
Cobró enorme actividad la caseta de baile, inicialmente situada  en el valle de la Fuente   y, algo más tarde, en  la Plaza Ramón y Cajal. Fue  La Gran Caseta”. Era un establecimiento de gestión privada y uso público, eso sí, siempre que uno pudiera costearse la entrada a los bailes, por un día o el abono para los cuatro de feria.  Su gestión paso por muchas manos. Desde fines de los 40, estaba regentada por Cándido y Juan Domínguez Lorca que eran los encargados del montaje de los típicos entablamentos de madera, José Dolores Macías, Federico Arroyo, Antonio Lazo,  José Feria Morián y Antonio Cejudo “Antoñé”. A principios de los 50,  los sustituyeron Agustín Sánchez Ramírez, José Doblado, Fernando Hidalgo, Francisco Mora Parreño y Manuel López Arroyo. En 1951, los nuevos gestores obtuvieron un  beneficio personal de 100 pesetas, pero les duró poco,  ya que se lo gastaron íntegramente en Cádiz, en el Trofeo Carranza. Tres años después la gestión se completó con la entrada de José María Morián Romero y Francisco Parreño.  En aquellos años iniciales de la década de los 50 animaron los bailes la orquesta Molero con Agustín Sánchez Pérez como vocalista y la valverdeña Orquesta Calero, que además de sus miembros fundadores - Antonio Calero a la trompeta, Isidoro Jiménez y Manuel Almeida, al saxo y  Juan Batanero, en la batería-,  ya contaba con un vocalista,  José Domínguez Berrocal. 
Cuando la Gran Caseta  se trasladó a la  Plaza Ramón y Cajal  continuo con el pesado  montaje de madera, aunque pronto sus nuevos gestores cambiaron la madera por cerchones metálicos: José Doblado Vizcaíno, José María Morián Romero -Paco Rena-, Francisco Arroyo Parreño y Juan Alamillo. Por las tardes había sesión vermut y concurso de sevillanas,  y por las noches baile con orquestas de relumbrón. Andando el tiempo llegaron a la Gran Caseta Época 69, de Bollullos, Vibraciones, de Santafé (Granada) o  Xcombo de Almonaster la Real.
Desde fines de los 40 aparecen las casetas privadas, la de la “N”, la decana, la de  Muebles Franco y otras.  Una de las más activas era  la Caseta de la “N”, en la puerta del Banco Español de Crédito, formada por una peña de amigos que llegó a tener multitud de adiciones posteriores y que se reunía habitualmente en la puerta de la Goya. Uno de los pioneros fue  Rafael Fleming Zarza, luego vendrían  Francisco Lorca, Rubio el Calderero, Florencio Salas Luiso, y varias familias relacionadas con el calzado y los curtidos, las de Antonio Millán Cansino, Falcón, los Parreño, Paco Becerro, socio número 17, o los Chamendi, y algún que otro forastero afincado en la ciudad,  como José Antonio Borbolla y San Juan, llegado Valverde como cobrador de contribuciones.
Su amistad con el director del Banco Español de Crédito, Francisco García García, les valió el acceso a exquisitos vinos amontillados que llegaban a Valverde embotellados con su propia marca, la “N”. Aquel  grupo de amigos ofreció una cena homenaje al director cuando fue ascendido y trasladado a Córdoba, en enero de 1951. Era una caseta montada en alto, con un entarimado de madera situado a ras de las ventanas de  la antigua fábrica de medias y calcetines de José Franco José,  y hermosas sillas de tipo sevillano.    
 
            La Decana, nacida a principios de la década de 1960,  fue, desde sus orígenes, caseta muy concurrida. Frente a la antigua fonda de la Vizcaína, en el número 15 del valle de la Fuente, reunía a varias familias de amigos, muchos de ellos empresarios, profesionales liberales y  miembros de la abogacía o la judicatura: Jorge Zarza Fleming,  Rafael Fleming Rodríguez,  Antonio Delgado Mora,  y su hermano Gonzalo, el juez Antonio Pérez Vázquez,  Diego Romero Álvarez,  Ernesto Hidalgo Caballero, José Castilla Bermejo, Salvador Carrero o Salvador Vázquez, entre otros.      
 
La caseta de Muebles Franco  sirvió además  para publicitar su negocio.  Los niños se acercaban a las tablas de aquellas casetas primitivas, ansiosos por observar las pantorrillas de las jovencitas que se dejaban entrever entre los listones. 
 
Miguel Gallart Mora, operario de la Fabrica de la Luz de Triana,  de Rafael Fleming Zarza, era el principal responsable de la instalación eléctrica y su deambular por las   casetas era continuo antes de los días de feria para que todo saliera a la perfección.  





 
Y junto a las casetas, los putacos donde degustar vinos, lechones y gaseosas: la cerveza a peseta,  el vaso de gaseosa a 1’50   y la  media de vino a 3’50. Eran los tiempos de “La Favorita”, aquella exquisita gaseosa fabricada por Ramón Mora junto al Pocillo Requena, y de los “Espumosos Morián”,  gaseosas con cierre de chapa, los famosos platillos con los que los niños jugaban al hoyo, mucho antes de que llegara a Valverde La Casera, en aquellas botellas de litro con su tapón mecánico de porcelana. Estos espumosos se tomaban bien como refresco, bien para combinar el aguardiente y darle forma de lechón, o bien para aquilatar el vermut con el sifón; vermut, por cierto, procedente de las bodegas Pichardo de La Palma del Condado, consumido en Valverde mucho antes que el sofisticado Martini italiano.

 En las décadas de 1960 y 1970 otras casetas poblaron las amplias aceras del Valle de la Fuente. Aunque los socios ocupaban lugar preferente, permitían ya el acceso libre a todos los lugareños y visitantes: los Bienavenidos, Los Independientes, La Guitarra, Villa Piltrafas, El Tropezón o la caseta de Candón, abierta en la puerta de la antigua Delegación de ciegos del Valle de la Fuente.  
 


A nuestra feria se la han dedicado múltiples coplas y poemas. La autora de estos versos fue la directora de la compañía de teatro aficionado del Valverde de la postguerra, cargo que compaginó asimismo con el de actriz de la misma. Sus interpretaciones de la obras de Benavente y de los hermanos Álvarez Quintero fueron un hito en aquel Valverde taciturno. Las representaciones de El Genio Alegre y de Doña Clarines provocaron olas de entusiasmo.
 
Pero además, Ana Marín De Sardi retrató como nadie la feria de mediados de la década de 1950. El poema se lo dedica a su hijo, Manuel Rodríguez Marín, quien se encontraba realizando el servicio militar en Ceuta en el año 1956 y quien, en su día, tuvo  la amabilidad de ofrecérnoslo.
 
                           
                                    Ana Marín de Sardi. Agosto de 1956. 

VÍSPERAS DE FERIA.
 
Ya está la Feria en la mano
y la buenaza la gente
se dispone a celebrarla
en Plaza  y Valle la Fuente
 
¿qué tendrá para nosotros
esta Feria de Valverde
Porque llegando estos días
no se vive ni se duerme
 
Las jaurías de chiquillos
desparramás por las puertas
castigando y dando lata,
no dejan dormir la siesta
 
Y los cacharros que meten
infernal algarabía
con gramolas en función
a todas horas… armonía
 
Por eso miente el que diga
Y el que lo repita miente
que no le gustan los fuegos,
la música y los cohetes.
 
La feria la sienten todos,
los más, ansiando que llegue,
que falte el sol en el cielo,
pero la feria se quede.
 
Añorándola estará
alguna lejana a tierra
“que le envíen su revista
siquiera para leerla”.
 
Y los del campo  se vienen
Para “juntar” fue la siega,
y en la feria vaciar
la antes repleta cartera.
 
Y vienen nuestros paisanos
que hacen años viven fuera
a dar la vuelta esos días
porque Valverde está en Fiestas.
 
Acuden los forasteros,
y en la playa se lamentan
que no se bañan a gusto
que aquí es la feria.
 
Y en las casas estos días
también anuncian la feria
todos los chismes por medio,
los cubos, las escaleras.
 
Hay que encaramarse alto
aunque se rompa una pierna
que son se quede sin limpiar
nada, por dentro ni fuera.
 
Abajo las telarañas
metales que abrillantar
y para que nada falte
bajeras almidonás.
 
Y ante esta revolución
casera, desagradable
los maridos protestando
cogen la puerta a la calle.
 
No busques un operario
ni mujer para faenas,
todos contestan a una
“hasta que pase la feria”.
 
Criada no encontrarás
Y si te va la que queda,
costureras y modistas
andan en prisas eléctricas.
 
A nadie le falta el traje
Y los detalles… omito
Que saben ganarlo bien
“pá” salir como “palmitos”.
 
En las casas con las madres
los hijos ajustan cuentas
yo ni un cuarto, allá tu padre
contigo se las entienda,
y al final compadecida
acaba soltando tela.
 
Hasta las amas de casas
acariciando esos días…
deciden comer fiambre
y la “tajá” de sandía
 
Guerra en feria a la cocina
¿Quién dijo guisotear
con una feria en la calle
convidando a disfrutar?
 
Al Real por la mañana
con flores y faralaes
y al regreso en la caseta
se tomará “lo que cae”.
 
 
Por la tarde que serán
variados los festejos,
asistir a la corrida.
de toros o de ... borregos.
 
Para los aficionados
habrá pelota y “penqueo”,
al atardecer rebosan
de público los paseos.
 
Más nada como la noche
de luces y fandangueo,
las casetas florecientes,
los cines en su apogeo.
 
Pasará el muchacherío
los mayores y las viejas,
nadie se quedará en casa
esas noches veraniegas.
 
 
Pensar en dormir aburre,
Son noches de trasnocheo,
amanecer en la feria
viendo salir el lucero.
 
Y tras la noche otro día,
así se nos va en dinero
eso sí, la feria sabe
tragarse todos los sueldos.
 
Las pagas y los jornales
dejándonos el recuerdo…
porque se nos va y no hay más
si nos metemos en el cuello.
 
Pero vamos a esta Feria
que se alcanza con la mano
que la del año que viene
nadie podrá asegurarnos.