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domingo, 20 de julio de 2014

LAS SIAMESAS VALVERDEÑAS DE 1660 (III)

De mensajeros de desgracias al derecho a una vida normalizada.-

        A lo largo de la historia, los siameses han sido considerados por muchos pueblos de la Antigüedad como mensajeros de desgracias. Esto no debe extrañar en exceso, ya que incluso la moderna ciencia médica los ha catalogado reiteradamente de monstruosidades, siguiendo la nomenclatura de la fisiología y la teología de la Edad Moderna. En este sentido, los siameses de Bangkok tuvieron que ser escondidos por sus familiares, ya que según las costumbres de Siam debían ser sacrificados públicamente para ahuyentar al diablo, aunque lograron salvar sus vidas  y finalmente murieron solidariamente en 1874, a los 63 años de edad, con apenas dos horas de diferencia.

        Del mismo modo, los Algonquinos, tribus norteamericanas situadas entre los lagos Hurón, Míchigan y Superior preferían matarlos al nacer al considerar que eran una fuente de desgracias para la tribu. Incluso las comunidades actuales de los U'was que habitan la selva oriental de Colombia abandonan a sus gemelos al considerarlos mensajeros de malos augurios.

        No debemos olvidar, empero, que también los siameses fueron considerados por algunas culturas indígenas como dioses. Fueron adorados como tales en varias culturas indígenas africanas. De la misma manera, los gemelos Quetzalcoalt y Tezcatlipoca formaron la base del panteón de los dioses aztecas, mientras que los gemelos, hijos de Sabná, fueron los creadores del hombre Maya. Si acaso, sería conveniente seguir el ejemplo del rey siamés Rama, quien inicialmente condenó a muerte a los siameses de Bangkok al considerarlos un mal augurio, pero que finalmente recapacitó -gracias a la intercesión de la princesa Xenga, quien los halló encantadores- y los mantuvo a su lado como signo de prosperidad para el reino.

        El tema de los siameses ha sido tratado como cuestión bioética, ha sido analizado desde el campo de la antropología filosófica. Nosotros no pretendemos ir tan lejos. Sólo queremos hacer constar que los siameses no constituyeron nunca ninguna monstruosidad. Las aberraciones las produce la propia Humanidad.


 
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.
Referencias médicas
-LEÓN J. (1959): Tratado de Obstetricia. Buenos Aires: Ed. Científica Argentina. Tomo III, págs. 229-246 y 642-643.
-LÓPEZ GÓMEZ J. R. RIVAS M. ALVARADO S. Y CASTRO J. (2000):  Gemelos Unidos: presentación de un caso de malformación fetal. Revista de Obstetricia Ginecológica de Venezuela, nº 60, págs. 59-61.
-PÉREZ AGUDELO E. (1976): gemelos unidos simétricos (siameses): Revista Colombiana de Obstetricia Ginecológica, nº 5.
-RIESCO LE-GRAND I. Mª (1848): Tratado de Embriología Sagrada. Capítulo II: De las razas.
-TOVAR J. A. (1998): Gemelos unidos (siameses). Boletín de Pediatría, págs. 259-263.
-URANGA IMAZ, F. A. (1981): Obstetricia práctica. Buenos Aires. Editorial Intermédica, págs. 361-370.
-WALLACE I. y WALLACE A. (1978): Los siameses: la verdadera historia de los hermanos siameses. Barcelona: Ediciones Grijalbo.


Referencias teológicas:
-FEIJOO, B. J. (1742): Cartas eruditas y curiosas. Tomo primero. Carta sexta
-RIESCO LE-GRAND I. M: (1848): Tratado de Embriología sagrada. Ediciones digitales. Proyecto de Filosofía.
-SANTA TERESA, M. de (1805): Compedio Moral Salmaticense. Imprenta de Josef de Rada. Formato digital. Proyecto Filosofía en español.
-SANTIDRIÁN P. R. (1994): Diccionario de las Religiones. Biblioteca Temática Alianza. Madrid: Alianza




jueves, 10 de julio de 2014

18 DE JULIO: DIVERSION POPULAR EN VALVERDE DEL CAMINO (HUELVA).-


L A    F I E S T A    DEL  18  DE    J  U L I O
Juan Carlos  Sánchez Corralejo
A mi padre,  José Sánchez Ramos



INTRODUCCION.-

El  18 de julio simbolizó el momento fundacional del régimen franquista. Aunque el pronunciamiento comenzó el 17 de julio en el Protectorado Español en Marruecos, fue el  18 de julio cuando se extendió al resto de España. Se trató de levantamientos en casi todas las comandancias militares, que triunfaron en Canarias, con Franco, Navarra, con Emilio Mola, Álava, León, Galicia, y las islas Baleares (excepto Menorca) gracias a Goded y que significaron el inicio de la Guerra Civil.  

Desde entonces, el 18 de julio fue designado para la conmemoración anual del Alzamiento Nacional y declarado fiesta nacional en el Fuero del Trabajo, en  marzo de 1938. El régimen  franquista le  asignó además la consideración de «fiesta de Exaltación del Trabajo» Esta doble faceta de la festividad fue mantenida por la orden de 15 de julio de 1939 del Ministerio de la Gobernación, que refundía el precepto del Fuero del Trabajo con el decreto de 7 de julio de 1937 y la orden de 16 de julio de 1938.

El 18 de julio siguió celebrándose durante toda  la dictadura y se prolongó hasta 1976.  Se celebraba con numerosos actos conmemorativos y festivos en todo el país:  el dictador recibía en el palacio de La Granja de San lldefonso (Segovia) al cuerpo diplomático y a personalidades y autoridades, además se incluían recepciones oficiales en los Gobiernos Civiles de cada provincia, celebración de misas - aunque no era una fiesta de precepto religioso-, a las que acudían las autoridades, dianas, desfiles militares, bandas de música, programación especial en radio y televisión, al tiempo que el Frente de Juventudes, por orden de  20 de febrero de 1943, recibió el encargo de manifestarse en la fecha señalada también como  «Día del Valor».
Desde entonces en las ciudades y pueblos importantes existió una calle, avenida o barrio con el nombre de 18 de julio.

Tras la muerte de Franco, un Real Decreto de Presidencia del Gobierno, publicado en el Boletín Oficial del Estado del 13 de julio de 1977, señalaba que tras el establecimiento del 24 de junio como Fiesta Nacional por el Rey quedaban como fiestas el 1 de mayo y el 12 de octubre. En una disposición transitoria se decía que «el día 18 de julio del presente año (1977) sería considerado inhábil a efectos laborales» y más tarde añadía que «a todos los efectos». Finalmente el Consejo de Ministros del 21 de diciembre de 1977 suprimió  la festividad del 18 de julio y del 19 de marzo (San José), fijando el número de fiestas laborales en once días, que publicó y enumeró el Boletín Oficial del Estado de fecha 28 de diciembre de 1977.

Por su parte, los trabajadores recibían ese día una de las pagas extra a que tenían derecho y que era conocida como «paga del 18 de julio».

18 DE JULIO: DIVERSION POPULAR EN VALVERDE DEL

CAMINO.-

Pero para muchos trabajadores –muy alejados del sentido inicial apologético que quiso darle la cúpula franquista-, la festividad significaba dos cosas: la paga del 18 de Julio y una grata oportunidad de esparcimiento.  La paga del 18 de julio  fue establecida por el ministro falangista  José A. Girón de Velasco, el que fuera ministro de trabajo entre 1941 y 1957, el fanático joven vallisoletano de que habla Paul Preston. Fue el ministro más joven de Franco, pues a los 29 años fue nombrado ministro de Trabajo, cargo que ocupó durante 17 años.



Baño en el  Charco de las Tres Encinas



Pero esta no es la historia de ningún ministro sino la  historia de los Bienavenidos, un grupo de amigos que fortalecieron su camaradería con la versión festiva del 18 de Julio y la de su Caseta de  feria en el  Valle de la Fuente.  

Este grupo de amigos, además de la paga anual, echaban una alcancía  para reunirse en tan señalada fecha. Así lo hicieron durante más de quince años  La reunión se inicio hacia en el año 1964.  Con un tope inicial de 16 miembros llegó a un máximo de 20 amigos y algunos invitados esporádicos. La reunión nace del desgaje de otra inicial con nuevas incorporaciones que debieron incluso esperar a que se produjera alguna vacante. Los precursores fueron Manuel Contioso, Cristóbal Oreal, Benedicto Domínguez, Cecilio Carrillo, Bernardo Pernil y Alejandro Caballero

Mas tarde vendrían propiamente los bienavenidos.  Sus miembros, con un amplísimo abanico de edades que superaba los  treinta años, fueron eran José Ramírez,  Manuel Corralejo, Manuel Flores, Vicente Rivera, Manuel de Valle,  Alejandro Caballero,  Rafael Arrayás, José Nieto, Sebastián Jiménez,  Manuel Berrocal, Benedicto Domínguez, los hermanos Juan y Gregorio Bermejo Malavé, Diego Vallarés, José Sánchez Ramos y Juan  Manuel Macías Malavé.      

Simbolizaban los distintos sectores económicos de la ciudad. Dominaban los zapateros: Vicente Rivera era viajante de la fábrica de cortes aparados de la familia Malavé. Manuel del Valle trabajaba en la zapatería Tocino de la calle doctor Dorronsoro. Juan Bermejo Malavé en el almacén de Malavé, en la calle D Francisco Romero, más conocida en Valverde como Las Peñas. José Nieto era zapatero en Lazo y Duque. Gregorio Bermejo Malavé fue uno de los socios fundadores de Laboral del Calzado. Juan Manuel Macias Malavé trabajó en  la zapatería de David Moreno, en el antiguo salón de la carretera de Calañas y  Diego Vallarés asimismo en  Laboral del Calzado.  
  
Había también varios carpinteros: Manuel Corralejo y Rafael Arrayás Tejero,  ambos operarios de la conocida fábrica de muebles los Zarzales. José Sánchez Ramos era trabajador  de  Muebles José Franco y más tarde engroso la fila de  C.I.M.S.A., Complejo, Industrial Maderero en San Juan del Puerto. Benedicto   Domínguez  trabajó pintando bicicletas de la chavalería valverdeña en unos años en los que una bici era un artículo de lujo y pasaba del hermano mayor al siguiente con una simple mano de pintura. Es el Benedicto  de los platillos que nombra la sevillana valverdeña, ya que solía tomar prestadas las tapaderas de las maquinillas de café y con ellas entonaba canciones que lo convirtieron en un personaje célebre como ¿qué es al agua? o que buenos son los padres franciscanos.  Con edad ya avanzada pasó a trabajar como ebanista en Muebles Franco.   Manuel berrocal  era oficinista de  en la fábrica de cortes aparados de la calles Peñuelas, por entonces Millán Astray,  y más tarde uno de los socios fundadores de Induval S.L

Manuel Flores era  talabartero y Sebastián Jiménez Núñez, operario en la  calderería de la familia  Cera, en la Parada y más tarde  barbero  en la calle San Isidoro.  José Ramírez Chaparro  abandono las duras faenas del campo para dedicarse a la albañilería.  Manuel Gómez Vizcaíno se fue a trabajar al  Polo de Desarrollo de San Juan, en la fábrica de Cerámicas Onubense.  Alejandro Caballero, guardia civil retirado, trabajaba como conserje del  matadero municipal.

Los últimos en entrar en la reunión fueron Fernando Núñez Heredia, guardia retirado que trabajo en el juzgado de la Campana, muy conocido en Valverde como cobrador de la cabalgata de Reyes Magos, Francisco García, zapatero de Lazo y Duque y Bartolomé Esquina, representante de refrescos y bebidas espirituosas.

Entre los allegados y conocidos que fueron invitados en alguna ocasión podemos destacar a Salvador Mora Carrero, el conocido Salvador Raimundo, carpintero y tallista de Muebles Franco y CIMSA, propietario de la fábrica de tacones de Triana y reputado  artesano en la fabricación de guitarras en el taller de su casa  de la calle Daoíz y Velarde,  que además ponía su enorme coche para llevarlos a la dehesa Blanco.

Garbanzá en las Tres Encinas

Del  Tornero y el charco de las  Tres Encinas al Puente de la

Tallisca. 
Inicialmente se reunían  en la revuelta del Tornero, de allí pasaron  al charco de las Tres Encinas, un único año se dieron cita en Campanario y el siguiente en la  Dehesa Blanco (Candón), propiedad de las tias de José Mora, para terminar por asentarse en el  Puente del arroyo de la Tallisca, entre Calañas y el Tamujoso, al que visitaron durante quince años.  

Ya el viaje era un autentico periplo.  Para llegar a las Tres Encinas  utilizaban el callejón del agua de Dios. El tránsito se hacía  a pie,  cargando  los enseres del fin de semana. Los manjares en cambio eran conducidos a lomo de mulas. Para ello contaban con dos “taxistas”: el nº 1, Manuel Caballero y el  nº 2, José Ramírez Chaparro. En los emplazamientos posteriores ya se fueron ayudando de sus propios vehículos particulares.

Los  cocineros eran mi tio Manuel Flores Maestre y  la mano experta de Sebastián Jiménez, el barberillo    Sus especialidades eran borrego asado que mataban allí mismo. Además preparaban exquisitas calderetas y ranchos a base de tortillas, jamón,  patatas cocidas con sal y  guisados de asaduras de borrego, carne empanada y exquisitas pavías.   
 
Los bienavenidos bajo el Puente de la Tallisca
 

El vino era un elemento esencial y su adquisición era medida con esmero: A veces procedía del antiguo molino de Beas, junto a la estación,  otras veces de La Peñuela, en casa de la Andrea, este de mayor  graduación, y en otras ocasiones del  Tupi de Candón o de Becerril (Beas).

Anualmente realizaban tres giras: La “General”, y por tanto más importante, era las del 18 de Julio,  que sufragaban gracias  a la cuota mensual, a la que no faltaba nadie. En diciembre-enero solían celebrar la “pajará”. Se reunían en Castillo-Buitrón, la Plata, Villatajá o el Corchito, junto a Valpajoso,  para poner las trampas y la chaparra, que completaban con los conejos cazados por las escopetas de Manuel Corralejo y Alejandro  Caballero. La tercera ocasión de encuentro era el día de pesca en los diversos charcos de la Rivera: las Tres Encinas, La Campana o la Pasá Llana. Allí pescaban bogas para el salmorejo, aunque a menudo, precavidos, llevaban algo de costo de casa por si fallaba la pesca.   

Su amistad se reforzó gracias a sus largos momentos de charla, preparando las distintas giras, en el bar Los Migueletes, el Garajillo, el Cordobés o “la Herradura” del callejón de las brujas y brilló con luz propia en la caseta que mantuvieron en la Feria del Valle de la Fuente, y que hizo gala a su nombre,  los Bienavenidos  

RESEÑAS:
  Informantes:  José Sánchez Ramos y  Juan Manuel Macias Malavé.
BIBLIOGRAFIA.-
·  Preston, Paul: Franco "Caudillo de España, Editorial Random House Mondadori, 1993
  • Preston, Paul: "La política de la venganza. Fascismo y militarismo en la España del siglo XX", Madrid, 1997.
  • Payne, Stanley: El régimen de Franco, Alianza Editorial, Madrid, 1987.
  • Soler Serrano, Joaquín: Girón, entre el ayer y el mañana, Barcelona, Jaime Solá, 1973, 1ª, 167 pp.
  • Marchena Domínguez, José (Coordinador) : Cádiz 1947, el año de la explosión.
  • Tuñón de Lara, Manuel y Viñas, Angel: La España de la cruzada. Guerra Civil y primer franquismo (1936-1959), Cuadernos de Historia 16, Extra XXIV.

viernes, 4 de julio de 2014

EL BAUTISMO DE LAS SIAMESAS VALVERDEÑAS


LAS SIAMESAS VALVERDEÑAS DE 1660: Una historia de mitos, dogmatismos y rituales del pasado.

Por Juan Carlos Sánchez Corralejo

 Revista Raices, 2003, págs. 16-17

El bautismo de las siamesas valverdeñas.-
       
Si el padre Feijoo hubiese conocido a las siamesas valverdeñas, habría determinado que se trataba de dos personas distintas y por tanto portadoras de dos almas. El escribano municipal constató su bautismo el mismo  día de su nacimiento: «Y se les echó agua de bautismo en los pies al naser» ¿Cómo debemos interpretar este hecho?:

        El Ritual Romano establecía como norma general que «nadie debe ser bautizado dentro del útero», salvo si el niño estuviese en peligro de morir. En tales casos «si el niño asomase la cabeza se le bautizará en la cabeza, y no se volverá a bautizar, si después sale a la luz». Del mismo modo, si asomase otro miembro -por ejemplo los pies- se le bautizará en él, siempre que haya peligro de muerte. En este caso, si después nace vivo deberá volverse a bautizar utilizando la fórmula «Si no estás bautizado, yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu santo» (Víd. Riesco-Le Grand. 1848. Cap. IV. Secc. V). Pero, junto a estas normas generales, encargaba una extremada cautela para el bautismo de los monstruos, ordenando consultar, en caso de dudas, al ordinario del lugar y a personas inteligentes.

        Ya en el caso de los siameses de Medina Sidonia de 1736 se optó por un bautismo por los pies, ante el temor de un parto complicado y altas probabilidades de muerte: «habiendo principiado su nacimiento por uno de los dos pies, y reconociendo el riesgo de que saliese muerta la criatura, que se juzgó solo una, se bautizó, echándole agua en el pie que descubría» (Feijoo, 1742, nº 15). A pesar de esta práctica, el padre Feijoo insiste en la necesidad de bautizarlos en la cabeza y nunca en los pies (Feijoo, 1742, nº 31). De la misma manera, cien años después, Riesco Le-Grand, partiendo de la idea de Feijoo, introdujo importantes matizaciones:
        «Cuando los monstruos son por exceso, esto es, cuando tienen dos cabezas, o dos cuerpos se deben bautizar sucesivamente al uno y al otro en la cabeza, y en caso de no poder hacer llegar el agua bautismal hasta las dos cabezas, se bautizarán en dos partes distintas, como si fuesen de niños separados» (Riesco Le-Grand, 1848. Cap. IV. Secc. V).

        En el caso de las siamesas valverdeñas sólo sabemos que fueron bautizadas en el pie. La parquedad de la cita no permite demasiadas reflexiones. Pese a ello, vamos a intentar reconstruir lo que ocurrió. A pesar de la brevedad de la anotación del secretario municipal, todo parece indicar que la ablución se produjo en las mismas casas de la enfermería. En tal caso, el bautismo quizá fuera aplicado por la partera o algún médico adscrito a la enfermería. Por aquel entonces era médico de Valverde un tal Vasco Fernández.

        Los bautismos de parteras han sido una práctica relativamente usual durante el Antiguo Régimen, reconocida entre otros manuales en el Cursus Theologicus Salmaticensis. La preferencia de parteras en estos casos era evidente, ya que se trataba de salvaguardar la honestidad y decencia  «que en este caso aún debiera la mujer ser preferida a un sacerdote, a quien no es decente asistir a una mujer próxima al parto peligroso».
  
        Por este motivo, los tratados teológicos recordaban la obligación de las parteras de saberse la fórmula bautismal, siendo suficiente «la sepan en lengua vulgar -no en latín-, para que la aprendan y pronuncien mejor». Si el párroco comprobaba a continuación la correcta aplicación del sacramento, no era necesario repetirlo ni siquiera sub contidione. Bastaba con la presencia de un testigo ocular para dar fe de la recta administración sacramental (Víd. C.M.S. Del ministro y sujeto del bautismo). A partir de ahí, el Párroco debía registrar al iniciado en los archivos parroquiales. 

        Lamentablemente, desconocemos si las criaturas valverdeñas lograron sobrevivir. No hemos podido constatar documentalmente su situación a través del Archivo Parroquial, ya que los índices de bautismo son incompletos, mientras que no se conservan ni índices ni partidas de defunciones para estas fechas. 

No obstante, es bastante probable que no lograran perdurar, debido a la alta morbilidad de estos casos: aún hoy, con los actuales avances médicos, el 40% de los bebés siameses nacen muertos y un porcentaje similar mueren al nacer ante la imposibilidad de acceder a un tratamiento adecuado.  Además, el parto espontáneo es imposible y en estos casos se debe acudir a una operación cesárea abdominal. Por ello, nos inclinamos a pensar que no superaron el parto y que debieron poner en alto riesgo la supervivencia de su madre. Quizá por ello el Diego González Huertavieja que se casó con Ana Martín en el año 1672 fuera el padre de estas niñas y su matrimonio realizado en segundas nupcias (A. Parroquial Valverde. Índice de matrimonios, 1672, f. 258)

martes, 1 de julio de 2014

LAS SIAMESAS VALVERDEÑAS DE 1660 (II)

 LAS SIAMESAS VALVERDEÑAS DE 1660: Una historia de mitos, dogmatismos y rituales del pasado.

Por Juan Carlos Sánchez Corralejo

 Revista Raices, 2003, págs. 14-16

El dilema fisiológico y teológico en la Edad Moderna: el bautismo en peligro de muerte.-

        Desde la óptica de las ciencias médicas, es necesario apuntar que la fisiología española del Antiguo Régimen no se quedó corta a la hora de establecer causas extravagantes capaces de explicar el nacimiento de siameses. Así, junto a causas mecánicas y morbíficas -relacionadas con afecciones de la matriz o enfermedades del feto- aluden a causas tan estrafalarias como las llamadas causas sensuales, tratando de culpabilizar a las madres -por su carácter a veces ardiente, a veces supersticioso, a veces histérico o melancólico- de los desajustes de sus hijos.

        Por su parte, la teología cristiana, construida a partir del ritual romano, puso especial énfasis en la regulación del bautismo en casos de peligro de muerte -tanto del bebé como de la madre-, sin olvidar reglamentar el bautismo  de los siameses.

        El bautismo como sacramento de iniciación cristiana comienza a ganar originalidad con el bautismo de Juan el Bautista con la finalidad de lograr el perdón de los pecados como preparación para la llegada del Mesías (Vid. Santidrián 1994: 68-69. Mateos 3, 11). Tales significaciones se ven aumentadas en otros pasajes bíblicos, ya que, además de lo dicho, este primer sacramento de la Iglesia Católica se convierte además en fuente de liberación de la mácula del pecado original, capaz de crear un hombre nuevo revestido de Cristo (Gálatas, 3, 27), a la vez que incorpora al recién nacido a la comunidad de la Iglesia (Efesios, 4, 1-7). Pero a la par, el rito del bautismo ejemplifica la forma más simple de exorcismo, tratando de conferir una especial protección contra las asechanzas del maligno (Catecismo Católico. Numeral 1673).

        La costumbre de bautizar a los niños es muy antigua. Ya aparece en el Concilio de Cartago del año 418 y la misma doctrina es recogida en los de Éfeso, II de Letrán y IV de Letrán. Tras el Concilio de Trento se puso especial énfasis en la necesidad del bautismo de los niños, partiendo de la consideración de que nacían con el pecado original. Frente a esta idea, los niños muertos sin bautismo iban al Limbo y, aunque privados de tormentos, tenían vedado  -al menos inicialmente-  la visión de Dios-, ya que quien moría con el pecado original no podía alcanzar la salvación (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 403). La Iglesia Católica sólo podría confiarlos a la misericordia divina y orar por su salvación en el rito de las exequias. Frente a ello, el bebé que moría después de ser bautizado y antes de tener uso de razón se convertía en un angelito libre de pecado original.

        La teología de Antiguo Régimen no siempre mostró una postura comprensiva hacia esta y otras manifestaciones. En este sentido, no faltaron teólogos que, tras el descubrimiento de América, dudaron de la naturaleza humana de los indios americanos y, por tanto, del derecho a administrarles el bautismo, entuerto teológico éste resuelto finalmente por bula del Papa Paulo III, que declaró que los americanos eran verdaderos hombres (Riesco Le-Grand: 1848).
 
       
        Para analizar los preceptos relacionados con el bautismo en peligro de muerte es necesario partir del famoso «Cursus Theologicus Salmaticensis», publicado en seis tomos, entre 1665 y 1753, que recoge amplísimos aspectos de la Teología Moral centrados en el análisis de los preceptos de la religión católica, las virtudes y pecados de los creyentes y el papel de los sacramentos. Tras la publicación del Cursus,  Antonio de San José, carmelita descalzo nacido en 1716 en Echano (Vizcaya) publicó su «Compendium salmaticense universae Theologiae moralis» publicado en Roma en 1779 a modo de adaptación de la obra anterior. A su vez, el compendio de Antonio de San José fue extractado y traducido a la lengua española por el también carmelita descalzo Marcos de Santa Teresa, en el año 1805, con el título de Compendio Moral Salmaticense. La obra recoge, pues, buena parte de las bases de la teología católica española desde mediados del siglo XVII hasta el siglo XIX.

        Si consideramos esta obra como una unidad, a lo largo de la Edad Moderna la Iglesia Católica proponía bautizar en la cabeza como miembro principal del cuerpo, pero además regulaba el bautismo de los infantes antes de salir del claustro materno en caso de peligro de muerte. En tales casos, se permitía la ablución en los pies, manos u otros miembros en caso de necesidad:       
        «Si sacase la mano o algún pie deberá ser en ellos bautizado, pero pasado el peligro ha de ser rebautizado sub conditione» (Comp. Moral Salmaticense. Tratado 23. del Bautismo). Incluso si no se hacía presente parte alguna del infante, la Iglesia preceptuaba que se introdujese el agua bendita en el claustro materno, con la intención de alcanzar el cuerpo de la criatura.
        En los dos casos anteriormente citados, si el niño llegaba a nacer debía producirse un nuevo bautismo sub conditione, esto es, bajo la fórmula:   «Si non est baptizatus, Ego te baptizo in nomine Patris, et Filii et Spiritus Sancti»

        En estos casos de riesgo de defunción, la Iglesia faculta a cualquier persona, incluso no bautizada, siempre que manifieste intención y aplique la forma bautismal. Esta facultad ya está presente desde el Concilio de Letrán.

Sobre el bautismo de siameses.-

       
 Pero en el caso de los siameses la prescripción bautismal aún se complicaba más. La teología católica se planteaba si se trataba de dos o de un solo individuo, a lo que se unía la preocupación subyacente por determinar qué tipo de bautismo debían recibir. El Cursus Theologicus Salmaticensis afirmaba la necesidad de bautizar a los que tanto la fisiología, las ciencias médicas como la teología llamaban monstruos:
        «Constando ser individuo humano debe ser (bautizado), de manera que si sólo tuviese una cabeza, aunque tenga duplicados otros miembros, solamente se le ha de bautizar una vez. Si constase de dos cabezas, y tuviese duplicados los demás miembros, ha de ser bautizado absolutamente en la que parezca más principal, y después en la otra sub conditione»

        
 Benito Jerónimo Feijoo, a mediados del siglo XVIII, fue un profundo conocedor de las singularidades de los siameses. Él habría calificado a las siamesas valverdeñas de «bicorpóreas» porque:
        «consisten en dos cuerpos enteros, con todos sus miembros distintos; pero unido un cuerpo a otro por alguna parte» (Feijoo, 1742).

        Del mismo modo, si nos atenemos a su dictamen en el caso de los siameses de Medina Sidonia, parte de la idea de que la duplicación de cabezas servía para inferir la duplicidad de almas y, por ello, la necesidad de bautizar a los recién nacidos como dos personas diferentes. Aunque es considerado por muchos uno de los exponentes del espíritu ilustrado español y defensor de la búsqueda de la verdad a partir de todas las ramas del saber –naturalmente, las de su tiempo-, no es capaz de eludir muchas de las supersticiones que él mismo pretendía combatir, tal como puede observarse de algunas de sus famosas Cartas eruditas y curiosas, publicadas en cinco volúmenes entre 1742 y 1760. A los 66 años de edad, cuando residía en el colegio benedictino de San Vicente de Oviedo, publicó el tomo primero de sus cartas eruditas. Concretamente en la carta 6 trata de dar respuesta a la situación de unos siameses nacidos en la localidad gaditana de Medina Sidonia en el año 1736. Tanto ésta como el resto de sus obras se convirtieron en auténticos best-seller: el padre Feijoo llegó a vender más de 500.000 ejemplares de sus textos, cifra fabulosa por aquellos entonces -sin que faltaran las traducciones al italiano, francés, inglés, portugués o alemán-, gracias a un lenguaje ameno y accesible. 

        A mediados del siglo XIX, Inocencio María Riesco-Le Grand vuelve a actualizar el tema del bautismo de los siameses. Inocencio María era un presbítero católico español nacido en 1807, autor de varias obras eclesiásticas, almanaques y libros de texto. Fue asimismo profesor de Filosofía en Puebla de Sanabria, en la década de 1830, miembro de distintas academias y Catedrático de Geografía del Instituto Español. Este prolífico autor publicó en 1848 un «Tratado de embriología sagrada» en su propia imprenta madrileña, la llamada imprenta Greco-latina. El capítulo segundo del Tratado de embriología sagrada en su sección V se ocupa del bautismo de los siameses. Pasando por alto las alusiones a prácticas de bestialismo -que sin duda merecerían otro estudio-, se detiene en el análisis de lo que él llamaba los «monstruos por exceso», es decir, de aquellos compuestos por dos cabezas y cuatro brazos.

        La obra de Inocencio María manifestaba cierta comprensión y condescendencia con estos niños. Establecía que todos «los monstruos nacidos de mujer son siempre dignos de recibir bautismo», incluidos los fetos abortados. De la misma manera, se conminaba a no quitar la vida a ningún siamés, porque -en palabras de Riesco-Le-Grand- «es un asesinato ante la divina presencia, y las leyes humanas deben ser una continuación de la voluntad eterna». Esa propia conminación parece ponernos sobre la pista de la práctica de infanticidios o abandonos más o menos regulares  de estos niños especiales. 

        Estas mismas prácticas llegaron hasta bien avanzado el siglo XX. El doctor Luis Alonso Muñoyerro -nacido en Trillo en 1888 y obispo de Sigüenza entre 1944 y 1951- público un libro titulado «Moral médica en los sacramentos de la Iglesia» ocupándose de lo que él sigue llamando el bautismo de los monstruos:
        «Si son dos cabezas y dos pechos habrá que bautizar cada cabeza. Si son dos cabezas y un pecho, se bautizará una cabeza absolutamente, y la otra diciendo estas palabras: Si eres hombre, etc. Si son una cabeza y dos pechos, se debe bautizar la cabeza incondicionalmente, y luego cada uno de los pechos diciendo: si no estás bautizado ...»

        Estos hábitos y costumbres han sido calificados, a veces,  de sutilezas ritualistas y absurdas. Que sea el lector quién establezca su propio juicio.

 

jueves, 26 de junio de 2014

HISTORIA DE VALVERDE DEL CAMINO: LAS SIAMESAS VALVERDEÑAS DE 1660

LAS SIAMESAS VALVERDEÑAS DE 1660: Una historia de mitos, dogmatismos y rituales del pasado.


Por Juan Carlos Sánchez Corralejo

 Revista Raices, 2003, págs. 13-14

                                               A Antonio Rico Pérez, hombre sabio y tolerante

In memoriam


  Introducción.-

        El padre Feijoo, a la luz de sus lecturas sobre fisiología humana, pensaba que el origen de los siameses se debía a la «conglutinación de dos fetos».

        Hoy se sabe que los gemelos unidos o siameses son individuos monocigóticos -esto es, procedentes del mismo huevo fecundado- y monocoriónicos, lo que nos evidencia que se desarrollan unidos entre sí por alguna región de su anatomía. Por definición, los siameses son del mismo sexo e idénticos desde un punto de vista genético. Su origen se debe a una incompleta división de un cigoto destinado a duplicarse para formar gemelos. Su incidencia es muy escasa, valorada en un caso por cada 60.000 u 80.000 recién nacidos vivos. Igualmente se ha demostrado que esta manifestación es dos veces más frecuente entre el sexo femenino que en el masculino, aunque aún no se han dado razones ciertas capaces de desvelar el misterio de esta ratio (Vid Uranga Imaz, 1981: 367-368; Tovar 1998: 259-263. López Gómez, 2000: 59-61).

        La denominación de gemelos siameses deriva de la celebridad que llegaron a tener dos hermanos nacidos en Siam (hoy Tailandia).          Se trata de los hermanos Chan y Eng Bunker, que vinieron al mundo unidos por el tórax -a través de un ligamento cartilaginoso de trece centímetros- en la pequeña población de Mae-Klong, ubicada a unas 60 millas al oeste de Bangkok, el 11 de mayo de 1811. A pesar de aquel inconveniente del destino, se casaron con dos hermanas inglesas, Sarah y Adelaide Yates, en Carolina del Norte, y llegaron a tener 21 hijos: Chang 11 y Eng 10. Además, esta hazaña la lograron salvando dos importantes inconvenientes: uno el hecho de haberse casado a la edad de 32 años; el otro, los problemas de convivencia entre las hermanas-cuñadas, hecho éste que los obligó a vivir en casas separadas con la obligación de visitarlas en semanas alternas, al tiempo que en el lecho conyugal el desafortunado de cada noche debía mantener los ojos cerrados. Para desgracia de los hermanos, anteriormente fueron exhibidos en un circo por parte del desaprensivo capitán Coffin, quien los llevó a Estados Unidos decidido a hacerse rico gracias a ellos.  

           
        Han existido otros siameses históricos -famosos y no tan famosos- a veces unidos por la espalda, por el abdomen, por el vientre, por el ombligo, por la pelvis, por el cráneo o por las nalgas. En el año 1100 nacieron en Kent, Inglaterra, las gemelas Mary y Eliza, quienes vivieron 34 años con un solo par de extremidades superiores e inferiores. En el siglo XV, los hermanos escoceses Scottish vivieron 28 años unidos de la cintura hacia abajo, mientras que las gemelas húngaras Helen y Judith, nacidas en 1701 y unidas por la región lumbar, llegaron a vivir 22 años. Pero incluso se conservan testimonios médicos y literarios de su existencia desde antes de Cristo (Vid. Tovar, 1998: 259. ).

        Hoy en día, la ciencia médica ha logrado normalizar la vida de estos gemelos. En noviembre de 2002, el equipo de cirugía pediátrica del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla logró separar y reconstruir con éxito a dos gemelas siamesas de siete días de vida, procedentes del hospital gaditano Puerta del Mar, que habían nacido unidas por el tercio inferior del abdomen. Anteriormente se habían producido cinco casos más en este mismo hospital, aunque la mayoría no pudieron ser resueltos satisfactoriamente. Por su parte, Cosme y Damián, los únicos siameses españoles adultos actuales, han conseguido tener una vida placentera en Madrid: Cosme, de quien dicen que es el más cerebral de los dos hermanos,  trabaja en una biblioteca, mientras que Damián, el más extrovertido,  cimenta su afición al cine como dependiente en un videoclub, todo ello con el apoyo de sus familiares. amigos y novias.

           

Las siamesas valverdeñas.-

        En la madrugada del seis al siete de julio del año 1660, la valverdeña Ana González, casada con Diego González Huertavieja, tuvo dos niñas en las casas de la enfermería. El escribano del Cabildo, que se llamaba Juan Ramírez Manzano, describe a las recién nacidas -dando fe de haberlas visto con sus propios ojos-, afirmando que poseían:

        «Dos cabesas con todas sus facciones y pegados los pechos hasta el pesqüeso, y dos brasos de la parte de adelante de afuera ques derecho y ysquierdo, y los dos braços por la parte de atrás con sus manos y dedos y por baxo del hombrigo abierto con sus dos piernas y pies cada parte, de modo que tienen quatro piernas y pies».

        A tenor de la descripción del amanuense valverdeño, había asistido al nacimiento de unas siamesas unidas por la cara anterior del tórax -lo que la actual ciencia médica denominaría, con cierta frialdad, gemelos simétricos toracópagos-. Sin duda, aquellas dos tiernas niñas recién nacidas serían muy parecidas a los siameses de Bangkok. 

Tal acontecimiento sin duda conmovió a la población, pero sobre todo puso en guardia tanto a las autoridades civiles como a las eclesiásticas.

lunes, 16 de junio de 2014

EL MILAGRO VALVERDEÑO DE LA VIRGEN DEL ROCIO DE 1899


VIRGEN DEL ROCIO: EL MILAGRO DE 1899: LA SANACION DE LA  JOVEN VALVEDEÑA MUDA Y PARALITICA 
Juan Carlos Sánchez  Corralejo

 En mayo de 1899, la prensa andaluza y parte de la nacional se hicieron eco de un hecho milagroso atribuido a la Virgen del Rocío

La prensa andaluza refiere el siguiente hecho ocurrido en la romería celebrada el domingo último al Santuario de la Virgen del Rocío,

 Cuentan que entre los romeros  iba una joven de diez y nueve años, muda y paralítica de un brazo. Era natural de Valverde del Camino
La ermita rebosaba gente, los labios plegarias y los corazones fe.
Todos rezaban menos la pobre muda, que lloraba amargamente.
De pronto  exclamó con torpe voz
¡Viva la virgen del Rocío!
El asombro fue inmenso
Todos rodearon a la joven y vieron que había recuperado el habla y que el brazo antes paralítico se movía.El entusiasmo fue indescriptible.
 La noticia recorrió la prensa catolica y la no católica . La noticia fue recogida por el, Lábaro de Salamanca, publicado en la imprenta de Calatrava [1].  En los días siguienes pasó a la prenda católica El Áncora [2] y  La Lectura dominical[3]


[1] El Lábaro: diario independiente Año III Número 653 - 1899 mayo 29, p. 2  

[2] El Áncora : diario católico-popular con censura eclesiástica Año XV Epoca 2 Número 4284 - 1899 junio 5

[3] La Lectura dominical.  Revista Semanal Ilustrada. Órgano del Apostolado de  Prensa.  Domingo 11 de junio de 1899, nº 284