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viernes, 30 de diciembre de 2016

MOLINOS DE VIENTO DEL ANDÉVALO (huelva)



LOS MOLINOS DE VIENTO DE VALVERDE DEL CAMINO (1744-1978)

EL PATRIMONIO USURPADO


Juan Carlos Sánchez Corralejo

Actas de las VI Jornadas del Patrimonio del Andévalo, pp. 161-167



La recuperacion de los molinos del Andévalo

El principal objetivo de nuestro trabajo es rescatar del olvido los molinos de viento de Valverde, aunque ya no podremos evitar su destrucción. Este trabajo es la descripción, si no de una entelequia, sí de un fantasma, de una muestra patrimonial ya desaparecida. Por ello, pretende ser un grito de protesta contra la usurpación del patrimonio.

Valverde llegó a tener 12 molinos de viento a mediados del siglo XIX; hoy solo conserva la base del viejo molino de la Cabeza de Cañada Luenga. Frente a la negra suerte de los molinos valverdeños hay una alternativa más halagüeña: el rescate de los molinos del resto de las tierras andevaleñas, que han sido puestos en valor desde la década de 1990 hasta la actualidad.

El Centro de Documentación del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico ha creado una ruta cultural bautizada como Ingenios del aire, molinos de viento en la comarca del Andévalo, que integra la visita a varias de estas construcciones: el Molino de La Solana en El Granado, el  de Pie de Castillo de El Almendro y dos de los restaurados en La Puebla de Guzmán, los de La Horca y el Pozo de Bebé.

Pero además han sido rehabilitados y son visitables otros varios molinos del Bajo Guadiana, impulsados por la Mancomunidad de municipios Beturia, como los dos de Sanlúcar de Guadiana, los dos de Villablanca -el de Antonio Pérez, o de Arriba, y el de Tío Javier, o de Abajo-, los tres molinos de San Silvestre de Guzmán -de Vilán, el de Tía Juana Correa y el de Juan Francisco Cantero-, el molino del Zahurdón de Villanueva de los Castillejos, o el molino de José Gómez de El Almendro, enfrentado a otro molino, el de  Pie de Castillo. Asimismo, nos congratulamos de las restauraciones pioneras del molino de La Divisa de Cabezas Rubias, el de Juan Charanga de Santa Bárbara de Casa, y del molino del Escribano de Calañas. A pesar de algunos errores cometidos en el proceso de rehabilitación, ese sí es el camino correcto de recuperación y puesta en valor del patrimonio.   

El molino de La Solada fue restaurado en 1996, empleando piezas traídas de Portugal – a fin de conservar, en la medida de lo posible, su apariencia primigenia. Los molinos de la Cumbre del Cerro se erigen junto a las ruinas de un antiguo castillo,  y se ha dotado al espacio de un parque educativo para conocer especies de árboles y plantas típicos de la zona, a la vez la historia del municipio, contando con variados senderos para pasear.

En calañas existió el molino del Escribano, sito en la Ladera del Peñasquillo. En la década de 1990 fue construido ex novo un nuevo molino de viento muy distinto en cuando a dimensiones, estructura y sistema de aspas al original.

Estos ingenios rehabilitados necesitan, además,  cuidados continuos y es necesario reponer  las  velas desaparecidas, los palos partidos y el brezo protector  de las cubiertas, pero sin duda es una buena inversión. 


    
Molino de viento  de Calañas. Cristóbal Llanes. Calañas, un trozo de Andévalo. 

Nuevo molino de Calañas




Molino de la Solana. El Granado


Molinos de Pie de Castillo y de José Gómez García. El Almendro
(La Cumbre El Cerro)



 
La Cumbre del Cerro. El Almendro


Molinos de Pie de Castillo y de José Gómez García





Sanlúcar de Guadiana



Molino de Tío Javier o de abajo. Villablanca



Molino del Zahurdón. Villanueva de los Castillejos


Molino de Juan Charanga. Santa Bárbara Foto de Antonio Escudero



Vista panorámica de los molinos de Santa Bárbara


Los molinos de viento onubenses

Es relativamente conocido el origen y difusión de los molinos eólicos y el mapa de los molinos de viento en España y Andalucía[1]. Los más antiguos eran molinos de poste o de  trípode, construidos en madera con una planta cuadrada que giraba sobre un soporte de sillería de planta circular para orientarse a la acción favorable de los vientos. A partir del siglo XVI dominan los molinos de torre, formados por una torre cilíndrica fija y una cubierta que permite el giro del ingenio.

Los molinos de viento de La Mancha parecen datar del siglo XIV –se propone la fecha de 1368-, y quizá ya existían en Tarragona con antelación, y en las Baleares desde 1395. Vemos molinos de trípode en Sevilla desde 1511, y en Cádiz y Málaga desde mediados del siglo XVI. Desde mediados del XVI hay molinos de torre en El Puerto de Santa María,  Belmonte y el litoral de Murcia. A fines del XVI, el Campo de Criptana acogía una treintena de artefactos eólicos, según las Relaciones Topográficas de Felipe II, y a mediados del XVII hay testimonios de ellos en Madrid, Barcelona y Bujaraloz (Zaragoza). En otras regiones su aparición se retrasó al siglo XVIII: así ocurrió en Vizcaya desde 1723[2], y en la actual provincia de Huelva en las décadas iniciales del siglo XVIII. 

La proliferación de los molinos de viento a lo largo de la Edad Moderna suele responder a dos coyunturas: la demanda de harina en periodos de crecimiento demográfico, y las sequías que limitaron el papel de los molinos hidráulicos. La deficiencia estructural de los ingenios hidráulicos era  la falta de agua durante los meses de verano. Los nuevos molinos eran capaces de combatir la falta de lluvia mediante la búsqueda de atalayas libres de obstáculos y la orientación hacia la mayor intensidad del viento. Esta última, la sequía,  parece estar detrás del desarrollo de molinos onubenses en el siglo XVIII.

Los molinos de viento onubenses no fueron privativos de la comarca andevaleña, sino que se extendieron también a la Campiña. Aunque habrá que analizar caso a caso, parece que todos estos molinos fueron hijos de la sequía. En 1750, varias poblaciones andevaleñas poseían molinos de viento: había 5 en Valverde, 3 en Castillejos, 2 en El Almendro y uno en Puebla de Guzmán, Alonso, Santa Bárbara, Calañas y El Cerro. Pero también los hubo en Trigueros (2) Gibraleón (1) y Lucena (1)[3].

En la segunda mitad del siglo XVIII, según los datos del cuestionario de Tomás López,  se instalaron en la Sanlúcar de Guadiana (2), y Ayamonte (1), y aumentaron de forma considerable en Puebla de Guzmán (17) y El Almendro (11)[4]. En el siglo XIX, según los daros del diccionario de Madoz, había 1 en El Cerro, 3 en Cabezas Rubias[5] y  Santa Bárbara, 8 en El Alosno, 12 en Valverde del Camino y 18 en La Puebla de Guzmán. También los hubo en Moguer, Manzanilla (1)[6], y Beas[7].

Del cuadro comparativo anexo se deduce la productividad de los molinos eólicos de El Almendro, del único de Alosno, pero también del único molino de viento de Lucena, sito en el Corral de las Monjas, topónimo reconvertido más tarde en molino de viento. Las comprobaciones del catastro de 1760-64, calificadas como el mayor intento de fraude fiscal del siglo XVIII, minimizan, en cambio, la producción de algunos molinos de viento, como el de Calañas[8]:

Molinos de viento 
Características y utilidad reconocida
Molinos de agua
Utilidad de molinos de agua
( en reales)




Almendro, El (2)
2.700 reales (1.350 cada uno)
1
504 reales
Alosno (1)
1 molino de seglar
924 reales.
8
5.986 reales
5 y 1/2 seglar:                  4.608 y 20 mrs.
2 y ¼ eclesiástico patrimonial: 846 20 mrs. 
Calañas (1)
1 molino de seglar
440 reales

10
18.128 reales
8 ½ seglar:                         13.898
1 y 1/8 eclesiástico:             3.559
3/8 beneficial:                      671        
Castillejos, Los  (3)
396 reales
1 seglar (sin uso)
2 patrimonial
35 fanegas /año/cada uno
10
5.590 reales
-7 ½ seglar:                       3.813  y 1/3
-1/2 beneficial ;                                400
-2 Patrimonial:                  1376 y 2/3
Gibraleón (1)
Seglar
216 reales
15
15.084 reales
10 seglares                          8.406
5 beneficial                         6.678
Lucena (1)
Molino eclesiástico, una piedra
900 reales
0

 Puebla de Guzmán (1)
Seglar
1.320 reales
12
12,660
9 y 1/3 seglar                       9989, 3 mrs.
2 eclesiástico patrimonial: 2.157, 26 mrs
2/3 beneficial                       613,  y 5 mrs.
Santa Bárbara (1)
1 molino seglar
990 reales
5
2.244 reales
-4 y 1/6:  1749
5/6 Eclesiástico patrimonial: 495
Trigueros (2)
2 de Legos
540 reales m (270 cada uno)
8
8.046 reales
5 y 2/3 seglar:                         3.888
 1 y 5/6 beneficial:                  3.430
½ eclesiástico Patrimonial :      720
Valverde (5)
4 de legos. 1 de patrimonial
30 fanegas  anuales
660 reales cada uno
15
33.220
13 y 5/6:                                  30.653 y 1/3
5/6 eclesiástico patrimonial: 1833   y 1/3
1/3 beneficial:                          733 y 1/3
A.G. Simancas. Respuestas Generales del Catastro de Ensenada. Resp. 17. Elaboración  propia. Comparativa de molinos de viento y de agua

     


             

Molino de la Horca. Puebla de Guzmán




Pozo de Bebé. Puebla  de Guzmán




La Divisa.  Cabezas Rubias


Los molinos de viento valverdeños: una respuesta a la sequía de 1743

La respuesta 17 de las particulares del Catastro de Ensenada cuantifica 15 molinos hidráulicos y 5 molinos de viento. Los molinos hidráulicos valverdeños de la Edad Moderna poseían dos ubicaciones distintas: el río Odiel y el arroyo del Castaño.

En el Odiel, situado a  una legua de distancia de Valverde, destacaban 6 molinos, datados entre los siglos  XVII y XVIII. De norte a sur eran: molino del Becerrillo o Becerril; el molino de Azogil, construido con antelación a 1680, situado en las de «juntas de Fresnajoso»,  en las proximidades de la calañesa Sierra del Turnio, de donde deriva su nombre actual; y el molino de Escamocho, que contaba con 2 piedras, junto al Puente de la Coronada. Aguas abajo se encontraban otros 3 molinos en la vertiente valverdeña: el molino del familiar de la Inquisición, que parece  corresponder al actual molino de Ramoncha; el molino del vado que comunica los Cabezos del Vado y las Pertenencias, por parte valverdeña, con la Vega del Tío Dormido, por parte calañesa, construido en 1750 por el valverdeño Martín Martínez; y el molino de la desembocadura del Carrasco en la majada del río Odiel. A ellos se unió un séptimo, el molino de la revuelta del Pirraco. A fines del siglo XIX seguían en funcionamiento los del Turnio, del Puente, de la Presa Larga o Ramoncha, y del Duende o del Vado.[9]

En el arroyo del Castaño, ya desde fines del siglo XVI, existían 9 molinos: los molinos de la Llave o Melera, de la Higuera, del Encinar, de la Cigüeña, de la Huerta, de la Molina, del Ciruelo,  de la Mimbre y el Membrillo, y finalmente del Lanchoso, este último ubicado en las juntas de los arroyos Castaño y La Lapa. Todos ellos, con cambios en su denominación, han permanecido hasta el siglo XX[10]. Estos molinos permitieron la panificación y el abastecimiento de las casas diseminadas a lo largo de la llamada Fuente de la Melera, El Saltillo y las Gamonosas.

Los valverdeños protagonizaron, además, una fiebre de construcción molinera paralela a la ocupación de los baldíos de Niebla[11]. La presencia valverdeña en Caballón y Raboconejo se vio completada con la construcción de los molinos de Caballón, de la Llave, del Acebuche, de la Encinita, el de las Juntas del Gallego y el molino de Barrancoso. En el arroyo de Helechoso, asociados a las tierras de sembradura y a los aprovechamientos apícolas del huerto del Pilón y el Valle del Gamonital, existían varios molinos, propiedad de valverdeños: los de la Llave y del Acebuche, los dos molinos lindantes del Palmito y de la Retama, y el molino del Vínculo de los Cruzado. Todos ellos están incluidos en las Respuestas del catastro de Niebla.[12]

Los primeros molinos de viento valverdeños datan de mediados del siglo XVIII. En año y medio, entre febrero de 1744 y julio de 1745 se construyeron seis molinos de viento con «seis piedras corrientes», cuya situación era la siguiente: tres molinos en el cabezo de San Gregorio, -el llamado Cabezo del Molino en Valverde-, otro en el cabezo de San Sebastián,  el molino de la cabezada de Cañada Luenga, y el molino de la Peña Gorda.
           
Los registros climáticos del siglo XVIII hablan de las sequías de 1726, 1734, 1737 y 1740-43[13]. Estas dos últimas sin duda estuvieron detrás de la fiebre de construcciones de molinos de viento que vivió Valverde en 1744: Andalucía occidental sufrió un sequia prolongada y pertinaz entre 1733 y 1737, cuyas consecuencias evidenció hace años Ponsot y más recientemente otros estudios provinciales y locales: García Rodríguez en Carmona; Sánchez Corralejo en Écija; Núñez Roldán en Marchena o Carmona y en pueblos de la provincia de Huelva como Almonte y Puebla de Guzmán,  que dieron lugar a una aguda crisis de subsistencia.[14]

Valverde no escapó a este fenómeno. En 1734 se produjo una subida espectacular del precio del trigo desde 36 reales en abril, hasta los 50 en mayo y junio, debido a la extrema sequía. En estas circunstancias se acudía a empréstitos de personas hacendadas[15], para emplearlos en la compra de trigo y cebada en Sevilla o Extremadura[16]. Además, el cabildo prohibía la venta de pan a forasteros, excepto el necesario para su tránsito, y trataba de disminuir la maquila abusiva que cobraban los molineros, que se había situado en dos almudes por fanega de trigo, mientras que los pueblos comarcanos la seguían cobrando a un único almud.[17]

La nueva sequía que se prolongó de 1740 a 1743 fue el aldabonazo para construir nuevos ingenios molineros ajenos a las veleidades de la lluvia, ya que los molinos hidráulicos no eran capaces de moler todo el trigo que se nesesita para el avasto de los vezinos de ella[18]. Esta circunstancia se veía agravada, en nuestro caso, por la preferencia que daban los molineros valverdeños a la molienda de los forasteros, esto es, las dificultades que tenían las justicias de la villa para garantizar el primo real derecho de los vecinos de esta república.[19]

En definitiva, la pertinaz sequía y el aumento abusivo de la maquila por parte de los molinos hidráulicos tuvieron como consecuencia el desarrollo de la molinería de viento. Los nuevos molinos ofrecían claras ventajas: su cercanía al núcleo de población facilitaría la labor de los lugareños que, de otra manera, se veían obligados a acudir a los ingenios hidráulicos del río Odiel o del arroyo del Castaño, sitos a una legua de distancia de la población. Con la construcción de los nuevos artilugios eólicos  se garantizó al pobre vecino el pronto despacho a la hora de adquirir algún trigo.[20]



[1] CARO BAROJA, J., (1952) inició la localización geográfica de los molinos de viento en España en Disertación sobre los molinos de viento. Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, Tomo VIII, Cuaderno 2. Madrid, pp. 213-366; SÁNCHEZ MOLLEDO, J. M. (1987): “Los Molinos de viento en España: Evolución Histórica y situación actual”. IV Jornadas Etnología de Castilla-La Mancha. Toledo, España. pp. 199-212., amplió su dispersión por todo el territorio español; FERNÁNDEZ LAVANDERA y FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, (1998), elaboraron un mapa actualizado de los molinos de viento en España, apoyándose en referencias históricas; más recientemente, ROJAS SOLA y AMEZCUA OYÁGAR, (2005), Origen y expansión de los molinos de viento en España pp. 316-325, revisan su tipología y distribución de manera muy asequible para el lector.
[2] Los primeros molinos fueron los de Artxanda (1723), Getxo, Ispanter, Abadiño y Sopela.
[3] A.G.S(imancas). Libros de Respuestas Generales, art. 17.
[4] RUIZ GONZÁLEZ, J.E, (1999). Los pueblos de Huelva en el siglo XVIII según el diccionario del geógrafo real D. Tomás López. Diputación Provincial pp. 36, 60, 244 y 272.
[5] Uno de ellos se situaba en el Cerro del Celemín. Patrimonio de Eugenio Hermoso. A.P.V. 20/07/1852. Leg. 99.  
[6] Vid.MADOZ, P., op. cit.  Madoz habla del paraje moguereño del molino del viento, «distante unos 200 pasos de la ciudad».  
[7] En la finca de Cumbreño, en el arroyo de la Huerta del Conde, donde se alzan aún los restos del último molino de agua beasino, existió asimismo un molino de viento.
[8] A.M.C(alañas). Leg. 559. Las Comprobaciones del Catastro tratan de demostrar que carecía de utilidad: el Molino de Viento que se menciona no produze, ni ha produzido uttilidad alguna de diez años a estta partte a causa de que con los molinos de agua hay bastantes para moler el trigo nezesario para el avasto, del pueblo y sólo podría produzir alguna utilidad en uno o dos meses, en el rigor del verano, en un año en que por muy escaso de agua le venga a faltar a el Río.
[9] Bosquejo planimétrico. Instituto Geográfico y Estadístico. Valverde 1898, hojas 1 y 3. No recoge los molinos de Becerril ni el de la Revuelta de Pirraco.
[10] A fines del XIX eran 7: de La Higuera, de la Encina, El Morterete, de las Huertas, de Celindo, de la Mimbre y de Lanchoso, (Bosquejo planimétrico. Valverde 1898, hoja 4). En el siglo XX terminaron siendo conocidos como de la Melera, de Matías, de la Higuera, de Feria, de la Huerta o del Lechero, del Pirraco, del Lanchoso. A ellos se unían dos más, La Lapa y el del Huerto de los Marines, en el arroyo de La Lapa.  
[11] El análisis de los protocolos notariales valverdeños nos ha permitido rastrear sus fechas de construcción, los cambios de propiedad y los sistemas de usufructo. Próximamente dedicaremos un estudio a tales cuestiones. 
[12] Víd. SÁNCHEZ CORRALEJO, J.C, (2004), “Los baldíos de Niebla durante los siglos XVI y XVII: aprovechamientos comunales en el corazón del Condado Valverde del Camino, Trigueros, Beas y Villarrasa”. VIIª Reunión Científica de la Fundación Española de Historia Moderna / coord. por Francisco José Aranda, Vol. 2, 2004 (El mundo rural en la España moderna),  págs. 1035-1052.

[13] Los repartos del pósito valverdeño corroboran estos datos. 
[14] GARCÍA RODRÍGUEZ J., 1980, Crisis de subsistencia y pósitos. La coyuntura de 1737 en Carmona. Actas II Coloquios de Historia de Andalucía, Córdoba. Andalucía Moderna Tomo I. Publicaciones del Monte de piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, pp. 265-273. NÚÑEZ ROLDÁN F. 1997, Crisis agraria en Andalucía El caso de Marchena (1734-37).  III Jornadas sobre Historia de Marchena. Marchena en la modernidad (siglos XVII-XVIII). p.165-181. SÁNCHEZ CORRALEJO, J.C., 1990, El pósito y la coyuntura del mercado del trigo en la primera mitad del siglo XVIII”. Actas del II Congreso de Historia Écija en el siglo XVIII, 1989, pp. 153-167.  
[15] A.M.V. Acuerdo de 6 de abril de 1734. Leg. 5.
[16] A.M.V. Acuerdo de 18 y 29 de julio de 1734. Leg. 5.
[17] A.M.V. Acuerdo de 3 de mayo de 1734. Leg. 5.
[18] A.M.V. Acta capitular de 2 de marzo de 1744, Leg. 6.
[19] A.M.V. Acta capitular de 5 de julio de 1745. Leg. 6.
[20] A.M.V. Acta capìtular de 7 de julio de 1745. Leg. 6.