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domingo, 17 de febrero de 2019

VALVERDE DEL CAMINO EN EL SIGLO XVI (VIII): VIVIR, VESTIR Y YANTAR


VALVERDE EN EL SIGLO XVI  (VIII): 
VIVIR, VESTIR Y YANTAR  EN EL SIGLO XVI


Juan Carlos Sánchez Corralejo
Facanías, Febrero de 2019, págs. 16-19  


DOTES Y CAPITALES. MARAVEDÍES PARA EL CASAMIENTO

Las escrituras de dote hablan de los bienes que las jóvenes casamenteras llevaban al matrimonio. Lo mismo sobre los capitales aportados por los jóvenes casamenteros. Aquellos documentos notariales obedecían a menudo a estrategias  muy determinadas 

La  dote se  consolidó  en la Edad Moderna[1] como un instrumento de alianza entre las familias  del mismo estatus,  capaz de garantizar  un  sistema reversional o reversible[2] que permitía encarar el futuro con garantías, tanto para los donantes como para la donataria, una vez esta enviudase.

Se ha dicho que conceder la dote significaba  casar con un individuo y con una familia, pero sobre todo con un grupo social. Se aspiraba  a emparentar con familias de parecido nivel social  o claramente superior, si ello era posible. La dote servía para sustentar el matrimonio de la hija con un  pretendiente, buscado más que deseado. Pierre Bourdieu la define como un instrumento  de la autoridad de los padres  para custodiar, proteger y, si resultaba posible, aumentar el patrimonio familiar.[3]

La tradición bajo-medieval y de la primera modernidad concluye que las familias solían  transmitir, bajo la forma de la dote, entre un tercio y un quinto de su patrimonio total. El ordenamiento jurídico  trató de evitar ese tope  en aras a eludir  los endeudamientos, por un lado, y el exceso de pleitos derivados de los incumplimientos de los compromisos dotales, por otro[4], pleitos que fueron muy abundantes.[5]




Dotes y capitales en el Valverde del siglo XVI

El valverdeño Diego Domínguez se casó con Catalina González a mediados del siglo XVI y aportó de capital “como quarenta ducados”[6] . A finales del siglo XVI, María Ramírez ofrece una dote de 40 ducados, al casarse con Juan González Borrero, destacando la ropa blanca y unas colmenas.[7]     

Pedro García vivió más que su primera mujer, Juana Domínguez, hermana de Diego Díaz Macarro, e incluso más que la hija de ambos, llamada Juana, como su madre. Por ello heredo sus bienes. Con este caudal aumentado,  casó en segundas nupcias con Catalina Cornejo, quien aportó al matrimonio otros 50 ducados.[8]    
  

En los siglos XVI y XVII las mujeres se casaban en torno a los  25 años, y habitualmente con un par de años menos si eran de bonanza económica, pero resultaba más fácil casar a una o heredera que a una hija que no heredaba, o bien a las hermanas mayores antes que las menores, sobre todo si  la familia ya había gastado demasiado en las dotes anteriores. Esta realidad obligó  a crear instituciones de caridad para ayudar a las doncellas pobres a casar.

Catalina García, viuda de  Bartolomé González, casó a su única  hija,  María Domínguez. Le dio “toda la ropa de lino e lana, colchones, e todos los peltrechos de ternición de casa que tengo, caldera, loça y las demás cosas”.


La dote y la legítima

El consentimiento familiar del matrimonio llevaba aparejado la concesión de una dote, equivalente a la legítima. Tanto en Castilla como en Aragón, la recepción del derecho romano significó que se asentara la costumbre de que la dote fuera un adelanto o avance de la legítima[9], cifrada  en la cuarta parte del patrimonio. Con los hijos varones menores se actuaba similarmente, aunque  no todos recibían  una parte exacta a la cuarta legitimaria divisible entre el número de hermanos.[10]

Algunas de las dotes analizadas de la década de 1600 alcanzan un valor cercano a los 50.000 y  100.000 maravedíes, entre 1.470 y 2.900 reales, o si se prefiere entre 133  y 270 ducados, mientras que los principales capitales valverdeños oscilan entre los 35.000 y los 40.000 reales. Ana González aportó a su matrimonio con Juan Lorenzo Santos, en las décadas finales del siglo XVI,   53.133 mrs., unos 142 ducados[11]. Por aquellas mismas fechas, aún en el siglo XVI, la triguereña María de Mora aportó 120 ducados, 44.480 maravedíes para casarse con Alonso Simón.

Otras son más modestas. La de Catalina Gómez, hija de Gonzalo Martin Baco, de Juan Márquez,  se sitúa en unos 23.420 maravedíes, destacando las medias casas de la calle del Duque, que supusieron el 60% de la donación, mientras su hermana Leonor Ramírez llega a los 23.413 maravedís. Por su parte, el inventario de bienes de su hermano, Bartolomé Alonso Baco, solo alcanzó un monto de 16.095 maravedíes.  

Ante la posibilidad de un embarazo y el consiguiente aumento de la prole, era necesario replantearse  los cálculos de la legítima. Bartolomé González, casado con Juana Rodríguez, hizo testamento en septiembre de 1583. Se trataba de su segunda mujer y estaba preñada. Por ese motivo, estableció “que si pariere a luz y conforme a las leyes destos reinos”dejaría por heredero universal al hijo póstumo en lo que cupiere de su parte, ya que debía repartir a partes iguales con el resto de sus hermanastros, hijos del primer matrimonio con Catalina Domínguez, a saber: Pedro, Bartolomé, Antón e Isabel. A su mujer le dejaba expresamente la saya y el manto, un sayo negro  y media docena de cabras.[12]

Era relativamente habitual concentrar o limitar la dote para beneficiar a algún otro miembro de la familia, o para aumentar la dote de una hija con el objeto de acceder a un matrimonio socialmente ascendente[13]. Vemos en los protocolos valverdeños  algunos casos que parecen obedecer a esta  estrategia: el inventario de Ana García, hija de Beatriz García, se eleva a  58. 058 maravedíes[14], mientras el de su hermano Francisco Martín se apreció en 42.046 maravedís. Isabel Martin, viuda de Francisco Domínguez, casó a sus hijas; dio  de dote a  Juana Díaz “en ropas y axuar veinte y ocho ducados” para casarse con Juan Lorenzo; a María Domínguez, desposada con Antón Gómez,  un mantón de tres ducados y otros bienes valorados en trece ducados.[15]

Beatriz Sánchez quedó viuda de Francisco Martín Baquero. Su hacienda era muy limitada pero pudo casar a sus dos hijos: a  María Ramírez le dono “una cama de ropa y otros bienes”, entre ellos unas ovejas, por un montante de unos 30 ducados. También casó a su hijo Juan Martin Baquero y “le ha dado ciertos bienes”, aunque el documento no aclara la cuantía exacta.[16]

 Juana Rodríguez, de la calle de Calañas, aporta una dote de 25.160 maravedís para casarse con Diego Bernal[17]; Catalina Domínguez, para casarse con Martin Esteban dio una dote valorada en 42.770 mrs[18]. Todas ellas aportan además una o varias mesas, la loza de barro, la caldera, la caldereta, asadores, cedazos, harneros, “y todo lo demás perteneciente de hierro y candelero. Catalina Díaz  aporta además  2 bueyes, 4 reses vacunas y una casa de morada, bienes valorados en 145.327 maravedíes.[19]

El Pacto Reversional

Pero la dote no era una entrega a fondo perdido. El importe de las dotes era devuelto a la viuda, cuando el marido pasaba a mejor vida.

Juana Domínguez llevo de dote al casarse con Francisco Martín Moro, el Mozo, una dote valorada en 52.122 maravedíes, y por su testamento pedía se le restituyese[20].

Pedro Caballero insistía, en el mismo sentido, en devolver la dote a  su segunda mujer, Marina Gómez, cuando él falleciera, pero tiene especial interés en excluir de esa devolución expresamente aquellos gastos que había realizado a favor de la misma, concretamente 40 reales de unas botas que le compró; 3 ducados que se gastó en el trapero de San Juan, Diego Ramírez; unos reales que le costó una esclava de San Juan, y otros  ducados que se obligó por su hacienda a Diego Tirado, igualmente de San Juan, además de unos ducados de los corridos de los censos. Por el contrario, mandaba darle expresamente una saya de bayeta `para que guardase el luto, tras su muerte.  Pedro Caballero tuvo 3 hijas con su primera esposa, Francisca Rodríguez, pero no con la segunda. Por ello, añadía en su última voluntad testamentaria que “y si acaso mi mujer marina Gömez quedare preñada y pariere hago heredero a lo que pariere conforme los demás”.[21] 

Este proceso de devolución de la dote ha sido interpretado como un  mecanismo de autoridad  familiar y de protección patrimonial de la mujer que buscaba garantizar el desenvolvimiento social de las viudas.  Por ello, se  protegía  a la persona que suplía al cabeza de familia tras su muerte y evitaba que el resto de la parentela exigiese el disfrute  de  un patrimonio en estado de interinidad. 

En la Castilla moderna, la autoridad paterna se dejaba sentir aún tras el traspaso de alguno de los cónyuges. García Fernández ha estudiado cómo y cuándo esto ocurría: la viuda solo podía erigirse en tutora y administradora de los bienes de sus hijos en el caso de que estuviese así decidido por el esposo en una cláusula testamentaria.[22]

Las Viviendas 

Pero, además,  las dotes y capitales nos ayudan de reconstruir el paisaje, tanto urbano, como doméstico. Con un poco de imaginación podremos recrear, en base a estos documentos, aquel Valverde del siglo XVI.   

Las casas más lujosas parecen localizarse en la calle Real  y la calle del Duque. Eran casas de tres o cuatro cuerpos. Nos puede servir de modelo la vivienda de Francisco Martín Moro el Viejo, propietario de una casa-palacio en la Calle Real, arriba de la Plaza

son quatro querpos de casa, los tres estaba presente tapiados y el ultimo por tapiar que es el tercero y se ha de tapiar a rasando y por la   junta del re  ladrillo del arco enderreçando la tapia a la puerta tercera, de manera que  se heche la tapia  a manera que la dicha  puerta se pueda abrir muy bien sin enpedimiento [sic]  de la dicha tapia y con más el perteneciente de los corrales hechando una toniza  muy derecha hasta el cabo del corral con más todo lo que ubierdes menester con medio pozo que está en los dichos corrales, por precio y contía de sinquenta ducados” “[23].

 La vendió a Pedro Sánchez[24]. Era una casa con amplios corrales y huertas en su interior, como la de Pedro Martín Ortega en Calle Real, sita junto al Mesón que fuera de su padre.

Año
Calle
Propietario
Comprador /arrendador
Precio
1583
Media Casa, calle de la Iglesia
Juan Caballero y Catalina Domínguez

 50 ducados = 18.750 mrs
Finales del S. XVI
Casa,  calle de Peñas
Diego Isabel Alonso,.

Capital del marido
30 ducados





Inicios siglo XVII
Real de Abajo , linde con casa de María la Suera
María Domínguez, tía del comprador 
Francisco Martin  Banquero
40 ducados
Inicios siglo XVII
Cª Camacho
Pedro Martin Duque
La cede su padre Pedro Martín Ortega
80 ducados
Inicios siglo XVII
Cª del Pozo Nuevo 
Diego Bernal
La cede su padre Pedro Martín Ortega
80 ducados
1602, dic. 2
Casa palacio calle Real
Francisco Martín Moro el viejo
Pedro Sánchez
50 ducados
1603, mayo, 18

Casa en la Plaza
Alonso Manuel
Juan Camacho
Arriendo por 3 años
7 ducados anuales
1603, julio

Casa
Isabel Ramírez, viuda de Alonso Yanes
Cede la mitad en dote a su hija
89 la casa completa 
1603, agosto, 1
Casa Palacio , linde con Rodrigo Alonso
Isabel García, moza
Catalina Díaz, hermana de la anterior 
18 ducados

1603, octubre, 6,
Casa palacio de la calle de Peñas
Diego Díaz Marismeño Simón
Alonso Sánchez
25 ducados
1603, oct., 10
Casa en calle real
Alonso Simón, esposo de Ana García
-

Casa de 3 cuerpos
200 ducados
1603, dic. 3
Casa
Juan Martin de la Ruiza 
-
100 ducados
1604, marzo, 3 
Unos palacios
Bartolomé Alonso Baco

25 ducados
1604, marzo, 3 
Media casa en C\ del Duque, linde con Palacios de la Rascona 
Catalina Gómez, hija de Gonzalo Martin Baco

40 Ducados[25]
1604, marzo, 3 
Media casa en C\ del Duque, linde con  casa de Juan Pedro Alonso  
Leonor Ramírez

40 ducados
1604 , mayo, 23
Casa en Barrio Viejo
Domingo Gómez y Ana García,

74 ducados
1604, agosto, 12 
Media Casa. C\ de la Fuente, esquina a calle que va a la Plaza
Diego Díaz Borrero
Juan Sánchez
70 ducados
1604, agosto
de la Fuente
Benito García

70 ducados





1604, sept, 8
Palacio de 2 cuerpos con sus corrales en calle de Calañas 
Catalina González, viuda de Diego Bernal
A su hija Juana Rodríguez
25 ducados
1604, sept.
Casas de 3 cuerpos en Calle Calañas, que salen a la de la Fuente
Benito Hernández
Las cede a su hijo  Martin Esteban y Catalina Domínguez, recién casados
67 ducados
1604,  sep.
Casa de un cuerpo con sus solares  en Barrio Viejo
Alonso Sánchez, mayordomo de fábrica
Francisca Rodríguez

1604, sept. 30
Casa en calle Real “de la Plaza arriba”
Francisco Martin Perea,  de Zalamea
Juan Martin Infante
55 ducados
1604, oct., 8
Casa en calle real y Plaza, linde casa de Pedro Alonso 
Alonso Manuel  y María Alonso



1604, oct., 15
Casa en c\ de la Fuente
Diego Díaz Simón Y teresa Pérez


1605
Calle Camacho
Francisco Martin Duque, y Ana Domínguez




Gonzalo Martin Márquez


1605, febrero , 15

Calle Real. Casa con su corral.
Cristóbal García, Catalina García y otros
Francisco Martin de las Ovejas
69 ducados
1605, febr 

Calle Real
Diego Díaz de la Seda


1605, febr., 20 

Calle Real, linde con Juan Martínez Padilla 
Antón Pérez Rabadán
Juan Vélez
160 reales  (14’5 ducados)
1605, febrero 28
Barrio de Santa Ana. Casa y Corral
Diego González de la Mora
Alonso Lorenzo Borrero
112 ducados
1605, abril, 21
 Calle del Mesón de Luis Hernández, linde solar de Gonzalo Martin Vélez       
Juan González Camacho
Hernando Alonso
29 ducados
1605, mayo
Junto a la Fuente. Linde Casa del licenciado Mateo Escudero y de Leonor Alonso, la beata
Juan Domínguez del Berrocal y Catalina Domínguez
Dote de Catalina Domínguez
40 ducados
1605, junio, 5
Casa-palacio en Calle Nueva
Lorenzo Alonso (†) Ana Domínguez
Lo vende a Pedro Marín, vecino 
30 ducados
Casa y palacios de Valverde del Camino. Protocolos de Valverde


Casas, medias casas y lumbres

Era habitual que un padre dejara su casa a sus hijos y que estos la partieran por mitad o a prorrata. Así ocurre, por ejemplo, con el matrimonio formado por Alonso Pérez Blanco y Catalina García, propietarios de la casa del Valle de la Fuente, esquina con la calle que comunicaba con la Plaza,  en la década de 1580. La  vivienda fue dividida y disfrutada por  mitad entre los dos hijos del matrimonio, Diego Díaz Borrero y Benito García. 

Asimismo, muchas viudas dejaban a sus hijas sus casas de morada como dote, reservándose para sí  una lumbre, una “nalia” o unos palacios donde poder vivir. Un ejemplo de esto que decimos es el de  Juana Márquez, viuda de Gonzalo Martin Baco, quien dio en dote a su hija su casa morada, sita en la calle del Duque, pero reservándose la lumbre donde vivir sus últimos años.[26]

Lo mismo hizo Beatriz García, viuda de Bartolomé Díaz, quien cedió  a su hija Ana García su casa del Barrio Viejo, cuando esta se casó con Domingo Gómez, pero se reservaba unos palacios “para su vivir en fin de sus días”. A cambio de esa cesión en vida, imponía a su hija costear una misa anual por su ánima[27]:

De igual manera, terceras y cuartas partes de casas son un elemento habitual de la vida local, especialmente en las familias más humildes. Antón Pérez Rabadán era propietario de una tercera parte de casa.[28]

Eso sí, los propietarios a los que sonríe la fortuna podían optar por comprar las casas aledañas, aprovechando la coyuntura de la muerte de sus ocupantes, y así ampliar un espacio habitable de común muy reducido. Pedro Marín tenía una casa en la calle Nueva que logró alargar, gracias a la venta de otra casa-palacio colindante que le vendió Ana Domínguez, viuda de Lorenzo Alonso, al tiempo de su muerte. El producto de esta venta, y unas colmenas que confesaba tener la última inquilina, debían servir para pagar sus obligaciones testamentarias.
                       



[1] GAUDEMET, Jean, El matrimonio en Occidente, Madrid, 1ª reimpr., 1993.
[2] Vid. GARCÍA FERNÁNDEZ, Máximo, “La dote matrimonial: implicaciones sociales, sistemas familiares y práctica sucesoria...” V Congreso de la Asociación de Demografía Histórica, Logroño, 1999, vól. V, pp. 78-100.
[3] BOURDIEU, Pierre, El baile de los solteros, Barcelona, 2004.
[4] RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, Ángel, “El poder familiar. La patria potestad en el Antiguo Régimen”, en Tiempos Modernos, 2002.
[5] Víd. Mariela FARGAS PEÑARROCHA, Mariela. Hacia la autoridad contestada: Conflictividad por la dote y familia en Barcelona (ss. XVI-XVII). Investigaciones históricas 30 (2010) pp. 99-118. Universidad de Valladolid
[6] Así lo refiere en su testamento de mayo de 1605.
[7] Vid. La referencia en el testamento de Juan González Borrero. 13 de marzo de 1606.
[8] A.P.V. 31/05/1605. Testamento de Pedro García. Leg. 3
[9] GARCÍA MARTÍN, Javier, Costumbre y fiscalidad de la dote: las Leyes de Toro entre derecho común germánico y Ius Commune, Madrid, 2004, p. 482.
[10] Vid. FARGAS PEÑARROCHA, Mariela, 2010,  pp. 107-108.
[11] Testamento de Juan Lorenzo Santos. 30 de julio de 1604.
[12] A.P.V. Testamento de Bartolomé González. 23 de septiembre de 1583. Leg. 1.
[13] Vid. FARGAS PEÑARROCHA, Mariela, 2010,  pp. 107-108 .
[14] A.P.V. Inventario de bienes. Ambos llevan fecha de 23 de mayo de 1604. Leg. 1.
[15] A.P.V. 5 de junio de 1605. Testamento de Isabel Martin.  Leg. 3.
[16] A.P.V. 9 de junio de 1605. Testamento de Beatriz Sánchez. Leg. 3. 
[17] A.P.V. Inventario, 8 de septiembre de 1604. Leg. 1.
[18] A.P.V. Dote.  13 de septiembre de 1604. Leg. 1.
[19] A.P.V. Algunas como Catalina Díaz, hija de Leonor Ramírez. 3 de noviembre de 1583. Leg. 1.  
[20] A.P.V. Testamento de Francisco Martín Moro. 23 de septiembre de 1603. Leg. 1.
[21] A.P.V. Testamento de Pedro Caballero. Enero de 1605. Leg. 1.
[22] GARCÍA FERNÁNDEZ, Máximo, “Resortes de poder de la mujer en el antiguo régimen”, en Studia Histórica, XII (1994), p. 241.
[23] A.P.V. Escritura de venta. 6 de diciembre de 1602. Leg. 1
[24] A.P.V. Escritura de venta. 6 de diciembre de 1602. Leg. 1
[25] Añade el inventario “saca la susodicha Juana Márquez, madre de la joven, una lumbre que son tres ducados para en   que biba, treinta y siete ducados”
[26] Valorada la media casa en 40 ducados, añade el inventario “saca la susodicha Juana Márquez, madre de la joven, una lumbre que son tres ducados para en Que biba, treinta y siete ducados” A.P.V. Inventario. 3 de marzo de 1604. Leg. 1)
[27] A.P.V. Inventario de Ana García.  22 de mayo de 1604. Leg. 1. “La nalia del dicho palacio se entienda en toda la casa catorze ducados y no en el palaçio”.
[28]  A.P.V. 20 de febrero de 1606. Venta. Leg. 3.