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martes, 26 de abril de 2011

BERROCAL (HUELVA): LAS CRUCES DE ARRIBA Y DE ABAJO

M. Fernado Gómez Cera

LA CRUZ DE ARRIBA Y LA CRUZ DE ABAJO DE BERROCAL.
REVISTA DE FOLKLORE. Caja España. Fundación Joaquín Díaz. Año: 2004. Tomo: 24b     
Revista nº 288 Páginas: 208-213

He tenido la oportunidad de asistir a las Fiestas de la Cruz que se celebran en Berrocal en los primeros días del mes de Mayo, fiestas de un indudable interés etnológico y antropológico, plenas de ritos, de tradiciones, y como no, de piques, algo frecuente en lugares con dos hermandades, más aún si el lugar es pequeño.

Pero, comencemos diciendo que Berrocal, villa, está situada en el Andévalo Oriental de Huelva, a 79 kms. de la capital, en la carretera local HV-5137, que se une a la N-435. Con una población de 400 habitantes, tiene un clima benigno que da lugar a una vegetación de bosque mediterráneo de alcornoques y encinas, quebrantada por el colonial eucalipto (1).

Este año de 2004, el bosque ha sufrido el mayor incendio de la provincia de Huelva en su historia y el mayor de España de este fatídico verano.

EL CULTO A LA CRUZ. UN POCO DE HISTORIA
Para conocer como comenzó en el Cristianismo el culto a la Cruz, es necesario remontarse al proceso llevado a cabo por Pilatos contra Jesús, que ordenó para éste la muerte en la cruz, hasta entonces instrumento de tortura para malhechores y ladrones.

No fue hasta el s. IV cuando la cruz no pudo usarse como símbolo del Cristianismo. Cuenta Eusebio que Constantino “repasó en su memoria el final de todos los emperadores que habían perseguido a los cristianos. Sólo su padre, Constancio encontró una muerte piadosa, tranquila y serena. ¿Acaso porque quiso bien en amistad y protecciones a los creyentes de la cruz?”.

Constantino, durante la guerra civil que sostuvo contra Magencio y Licinio, comprende que para vencer en la batalla ha de recurrir al auxilio del Dios de los cristianos. Según la tradición se le aparece en el cielo una cruz de sangre ardiente con la inscripción “In hoc signo vinces”.

Constantino vence en la batalla del puente Milvio y se proclama emperador. En el año 313 proclama el Edicto de Milán concediendo la libertad religiosa. La emperatriz Elena, madre de Constantino, deseosa de encontrar la verdadera Cruz de Cristo, marcha a Jerusalén y al llegar al Calvario busca afanosamente demoliendo un templo dedicado a Venus y excavando entre los escombros hasta dar con un depósito de agua seco donde se encontraban desordenadas las tres cruces, no pudiendo saber cual de ellas era realmente la de Jesús.

El obispo de Jerusalén, Macario, para comprobar cuál era la verdadera aplica las tres cruces a una enferma, que sana al contacto con la última. Para confirmar el descubrimiento, cuenta la tradición que la aplicaron sobre un cadáver, resucitando el difunto al contacto con la cruz que sanó a la enferma, corroborándose que se había encontrado la Vera-Cruz. Tales sucesos ocurrieron el 3 de Mayo del 325, estableciendo la Iglesia la festividad de la “Invención o hallazgo de la Cruz” cada 3 de Mayo (2).

DE LA HERMANDAD DE LA VERA-CRUZ A LAS HERMANDADES DE ARRIBA Y DE ABAJO
La primera asociación religiosa con este nombre (antigua cofradía de la Vera-Cruz) se fundó en Sevilla a mediados del s. XV, y más tarde llegaron a esta comarca, donde proliferaron.

El documento más antiguo que se conserva en Berrocal de la misma, está fechado en 1700. Dicha cofradía era una institución con sede en la parroquia y estaba dividida en dos cabildos, los cuales representaban 
a dos bandos o partidos, el de arriba y el de abajo.

Un documento posterior fechado en 1875 certifica la desaparición de la cofradía. Se trata de una carta dirigida por el párroco de Berrocal, D. Manuel Díaz a su arcipreste. Es un periodo de disputas y desavenencias, produciéndose una escisión, anunciada por los hechos, de la cofradía en dos hermandades.

La repercusión de la ruptura rebasó el ámbito de las propias fiestas y hermandades; las coplas aludían directamente a las personas. Por fin, la autoridad municipal prohibió estas cuestiones.

A finales del s. XIX, comienzos del XX, las hermandades construyen sus respectivas ermitas y delimitan sus lugares para celebrar las fiestas. La Hermandad de Abajo edificó su ermita en la estación I del Vía-Crucis, en 1903. La de Arriba hizo lo propio en 1904, en la estación XI.

Nuevas desavenencias se produjeron en 1915 entre las dos hermandades, tal vez económicas, pero fueron “superadas por la asistencia del Señor”.

Durante muchos años ambas cruces se colocaban, y al mismo tiempo, a la vera de una peana que había en las “Cuatro Esquinas”, una de espaldas a la otra, tal era el pique. De este modo, casi confundidos ambos bandos, los roces y el pique llegaron a su máxima expresión. Desde entonces cada bando ocupó el lugar que hoy tienen, “cada cual en su sitio”.

En 1931 la celebración de la Cruz sufre un paréntesis por el advenimiento de la II República. El último año que se celebraron las fiestas antes de la Guerra Civil fue en 1930. El gobierno republicano prohibió todo tipo de manifestaciones religiosas.

El 21 de Julio de 1936, multitud de enseres, imágenes, insignias y otros objetos religiosos fueron expoliados y pasto de las llamas. Hecho trascendente para la Cruz de Abajo fue haber salvado de la quema su bandera, gracias a la astucia de sus mujeres.

Se produjo así un largo paréntesis de diecisiete años en la celebración de la Cruz hasta su última etapa: desde el año 1948 hasta hoy.

Sin embargo, durante este paréntesis subsistieron el pique y los roces, y las coplas se convierten en el vehículo expresivo de la rivalidad de las cruces.

Veamos ahora unas coplas de la Cruz de las peleas entre arriba y abajo, del periodo posterior a la Guerra Civil. Los de arriba achacan la crucifixión de Jesucristo a los de abajo y éstos responden con las Siete Palabras.


ARRIBA
Viernes Santo, ¡qué dolor!
A Cristo han crucificado
En la Santa de Cruz de Arriba
Por culpa de los de abajo.
ABAJO
La Sexta Palabra fue:
¿Por qué me has abandonado?
Aunque me voy para arriba
me quedo con los de Abajo.

Puede verse el fácil juego de palabras arriba/abajo, culpa/redención, cielo/tierra. No es necesario añadir más a este respecto (3).

En 1948 comienza la etapa actual de la celebración de las Fiestas de la Cruz, una aspiración de todos los habitantes de Berrocal, si bien los niños de la población celebraban con anterioridad una Cruz Chica, rudimentaria y decorada con flores, muestra de que la llama festiva de la Cruz perduraba en la conciencia colectiva del pueblo que ansiaba celebrar la fiesta. En esta última época se adquieren nuevos ornatos y reliquias para las Cruces. A modo de ejemplo, y sin ánimo de ser exhaustivos, damos una somera relación de las adquisiciones, con indicación de los años que se produjeron:

Año Cruz de Arriba Cruz de Abajo
1948 Una bandera provisional
1949 Una nueva bandera Un nuevo paso para la Cruz
1950 Un estandarte
1951 Un estandarte
1959 Ampliación salón Hermandad
1973/4 Remodelación ermita
1975 Remodelación interior ermita
1976 Un nuevo paso para a Cruz
1977 Ampliación salón Hermandad Salón para la Hermandad
1978 Un nuevo paso para la Cruz
1991 Hatos nuevos para las bestias
1996/7 Remodelación ermita
1997 Casa nueva para la ampliación del salón de la Hermandad
1998 Casa nueva para la Hermandad
(4).



Santa Cruz de Arriba. Berrocal.
Los pasacalles discurren por los diversos lugares de la población, dándose la circunstancia que al pasar por un cruce de calles al mismo tiempo, una Hermandad acelera el paso y la otra Hermandad ralentiza el mismo –intencionadamente, claro está– ignorándose una a la otra.

En el año 2001, las bestias que habían de cargar con el romero tenían distinto color, castañas las de arriba y tordas las de abajo. Los hatos de las bestias son, sin embargo, ambos rojos. Y al decir de los de arriba, “sospechosamente rojos” y cantan esta copla:

Esos “jatos coloraos”
No le pegan a esa gente,
Que a ellos les pega verde
Del color de la serpiente.

Sin embargo, los de abajo, olvidando esta copla, ensalzan, cómo no, a sus bestias, y cantan:

La gente de Abajo tiene
Mucho gusto y mucho esmero,
“pa” presentar en la Plaza
dos bestias como luceros.

LA FIESTA DE LA CRUZ EN BERROCAL Las fiestas en Berrocal son, como indica Moreno Navarro (1974) (6) para Andalucía “…el resultado, en muchos casos, de la actividad de hermandades y cofradías”. Asimismo, Rodríguez Becerra (1985) (7) nos dice que “…las fiestas organizadas por la hermandad, en determinadas circunstancias llegan incluso a anular las ferias y festejos organizados por el municipio…”.

De acuerdo con la clasificación de Caro Baroja, estas fiestas se engloban dentro de las fiestas de primavera, apartado a) fiestas cristianas de Mayo. La cruz (8).

Comienzan las fiestas el viernes con la corta del romero, a las cuatro de la tarde la Cruz de Arriba y una hora más tarde, como ya se ha dicho, la de Abajo. Durante esta faena se cantan coplillas y se bebe aguardiente. Los haces cargados en coche o en mulos se trasladan a los lugares respectivos de cada Cruz, donde se descargan. Cada Hermandad comienza sus actos y la fiesta y el baile continúa hasta bien entrada la noche.

El sábado es el día del romero. Las Hermandades reciben cada cual a “su” banda de música, se organizan los pasacalles, por separado como es lógico, y a continuación tiene lugar un desayuno de hermandad en la casa de cada Cruz.

A las once de la mañana comienza en la Cruz de Arriba, a las doce en la de Abajo, la llamada “Llevada de los Viejos”, es decir, el traslado de los hermanos de más edad a los lugares establecidos para confeccionar los haces de romero que habrán de cargar en las bestias, de tal forma que pueda clavarse en ellos la bandera por el mozo. Son acompañados por el Hermano Mayor y otros hermanos de la Cruz. Los hermanos más viejos engalanan seguidamente las mulas peinando y adornando el rabo, poniéndoles asimismo el hato. Este ritual se efectúa con parsimonia y tranquilidad entre trago y trago de buen vino. Los asistentes a este acto son obsequiados por la hermandad con una comida. Enormes peroles de comida se reparten, mientras otros hermanos, más generalmente las mujeres de cada Cruz cantan las coplillas alusivas a este hecho, picando a la contraria, que hace este mismo rito una hora más tarde, con los mismos actos rituales, en un lugar diametralmente opuesto.

Los rabos de los mulos, las bestias en Berrocal, ásperos de por si, se trenzan y se suavizan echándoles… ¡vino!, porque “…es fiesta y alegría y el vino representa la alegría…”, nos comentan. Luego se recubren de tela del mismo color que los hatos. Los mulos están preparados para el recibimiento general. Las bestias son aclamadas y vitoreadas por los hermanos de forma indescriptible, continuamente con los brazos en alto. Resulta, ciertamente, un espectáculo impresionante, pleno de color y alegría, en tanto que la banda de música toca incansable los sones de las coplas del romero.

Preparados los mulos, inician el trayecto habitual entre los vivas y aclamaciones de la multitud congregada. Después del recibimiento de las mismas, vuelven al lugar de donde salieron pasando por la ermita correspondiente. Los “viejos” cargan en las bestias el romero que antes habían confeccionado.

Más tarde las hermandades salen, cada una a su hora, a por los mozos de la bandera. Entre vivas y clamores, alzando los brazos continuamente, van a recoger a su domicilio, primero al mozo y después a la la moza. Las comitivas se dirigen a su respectiva ermita a recoger su bandera y se trasladan al lugar donde esperan las bestias cargadas de romero, “El Calvario” para la Cruz de Arriba y “Las Eras” para la Cruz de Abajo, como ya se ha dicho. En estos lugares tiene lugar el acto cumbre del día: clavar la bandera. El mozo sube encima de la bestia y clava la bandera en una embocadura ya preparada en los haces de romero. Clavar la bandera a la primera es un éxito, un prestigio y un honor para el mozo. No clavarla a la primera supuso en otros tiempos un serio trauma para algún mozo. Su sentido y significado es trabajo para estudiosos y antropólogos y exceden la pretensión de este trabajo.

Las bestias, los mozos y la comitiva se trasladan a la ermita de su Cruz, donde el mozo vuelve a subirse a la bestia que porta la bandera y la desclava. Se descarga el romero y se ofrenda a la Santa Cruz. Los pasos se trasladan en procesión hasta la iglesia parroquial donde quedan dispuestos para el día siguiente: el día de la Santa Cruz, el domingo.


  En los respectivos salones hay almuerzo de hermandad y un concierto a cargo de la banda de música.

La tarde del domingo es el momento de la puja. Las cruces, cada una en su hora determinada se dirigen al lugar conocido como “Cuatro Esquinas” donde tiene lugar “la puja de la Santa Cruz”, que consiste en que los hermanos y todo aquel que lo desee pueden depositar en una urna o bandeja que hay al pie de la Cruz, dinero como ofrenda. Hemos tenido ocasión de ver abrir las urnas de las cruces y si antes la abren, antes se llena de dinero, billetes de valor mediano y grande y en menor medida monedas. Sin duda, la aportación de los hermanos y visitantes en estos momentos resulta fundamental para el desarrollo de la fiesta. La hermandad está detrás del aspecto económico, los hermanos mayores cargan con una buena parte del presupuesto, en los salones de las hermandades se despachan bebidas y comidas, y sin duda la comisión de festejos del Ayuntamiento colabora también.

Finalizado este acto, las cruces se trasladan al salón de cada Hermandad, donde permanecen hasta la noche, en que se llevan a su ermita. Decir, como curiosidad, que la distancia entre las dos ermitas es relativamente corta, en torno a los 100-150 metros.

El lunes es el “día del lobo”, llamado así porque el menú principal es la carne. Este día hay pasacalles por la población, cada cruz por su lado evitando encontrarse, con diversas paradas donde los presentes son obsequiados con vino y comida. En cada casa de Hermandad tiene lugar un almuerzo con la carne como plato principal.

El martes es el “día de la zorra”, nueva comida de hermandad cuyo plato principal son las “habas enzapatás”, plato típico de toda la zona del Andévalo, que consiste en habas cocidas a las que se le echa orégano, ajo y poleo, desde luego regado con buen vino.

LA RIVALIDAD Y EL PIQUE De todo cuanto se ha dicho, hemos de resaltar ahora un elemento muy importante para la vitalidad de la fiesta: la rivalidad y el pique entre las dos mitades de la población, entre Arriba y Abajo. Ejemplos se han visto ya como para tener una idea bastante aproximada de esta rivalidad. Y hay más aún en la realidad. Si bien en alguna ocasión han ocurrido incidentes, afortunadamente no pasaron a mayores, prevaleciendo finalmente la sensatez y la cordura de las personas.

Abogamos decididamente por la rivalidad sana, que no vaya más allá de la competencia por hacer de su Cruz la mejor, cosa que ya se refleja en las coplillas que se cantan.

“La rivalidad existe ya sea a mitades, ya sea entre las doce calles de Bonares que montan cruces”, nos dice Rodríguez Becerra (9). En su ánimo por exaltar aún más su Cruz, las hermandades de Berrocal publicaron en uno de los diarios de la provincia una página completa cada una el año 2001, con la descripción de los actos de fiesta, con ligeras variaciones en los dos reportajes.

La Cruz de Abajo incluyó en su reportaje una foto a todo color de la Santa Cruz y otra más pequeña, también a color del Hermano Mayor. La Cruz de Arriba hizo lo propio con tres fotos en blanco y negro, una de la Santa Cruz, otra de la salida de las bestias y otra más pequeña del Hermano Mayor (10).

La rivalidad es esencial para la celebración de esta fiesta en Berrocal. Decíamos al principio que la localidad tiene pocos habitantes que, sin embargo, mantienen desde hace ya muchos años una vitalidad inusual en estos tiempos donde lo tradicional y popular se va perdiendo poco a poco.

Este año del 2004 el panorama se ha presentado desolador. Causas ajenas al pueblo, un inmenso y devastador fuego ha calcinado miles de hectáreas de bosque, encinas, alcornoques, monte bajo, etc. que para muchos de los habitantes del pueblo era su única fuente de ingresos.

Pese a las ayudas oficiales, las consecuencias se notarán durante bastantes años. Desconocemos aún el alcance que pueda tener este hecho en la fiesta de la que hemos hablado, pero no debe haber duda de que la fiesta se celebrará. Para ella han trabajado todos los días del año durante muchísimo tiempo y así debe seguir siendo.


Este día, tras las respectivas dianas floreadas, tiene lugar en la iglesia parroquial a las doce la Santa Misa, con las dos cruces “cada una en su sitio”. Después de la misa, procesión de ambas cruces, ahora juntas, acompañadas de la Hermandad y de la banda de música correspondiente. Finalizado el recorrido la cruces se trasladan al porche de la iglesia donde “sus bandas de música” interpretan unas piezas en honor de las cruces, enfilando después cada una a su ermita entre el lógico contento de los hermanos.

OTRAS CRUCES DE LA PROVINCIA

Para terminar, decir que en toda la provincia de Huelva se celebra la festividad de la Santa Cruz: Bonares, Paymogo, Alosno, Campillo, Huelva, Las Delgadas, Moguer, etc., pero por su parecido con las cruces de Berrocal, la rivalidad y el pique se muestran sobre todo en dos localidades. La Palma del Condado, en la tierra llana, con la Santa Cruz de la Calle Sevilla y la Santa Cruz, Santa Caridad y Nuestra Senora del Rosario (Calle Cabo) por un lado (11), y por otro en Almonaster la Real, en la sierra de Huelva, con la Cruz del Llano y la Cruz de la Fuente.

No hay duda que la tradición crucena en toda la provincia de Huelva permanece viva año tras año. Fiestas como las de Berrocal, La Palma y Almonaster, con la rivalidad de fondo son buen ejemplo de ello. Esta misma rivalidad se manifiesta de forma diferente en Bonares, donde hay nueve cruces.

Esperamos que este trabajo haya servido para conocer más de cerca esta población del Andévalo onubense, hoy dañada por el fuego, pero que a buen seguro mantendrá viva la tradición.

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NOTAS

(1) Datos tomados del programa de fiestas de la Real Hermandad Sacramental de la Santa Cruz de Arriba del año 2001.
(2) Tomamos estos datos del trabajo de HERNÁNDEZ MORALES, Juan Antonio: “El culto a la Santa Cruz en Moguer”, en la Revista Montemayor del año 1999.
(3) Fiestas y Coplas… (ver nota siguiente) recoge una versión parecida. Las coplas aquí anotadas se deben a D. José Arrayás Mora, ya fallecido, que fue párroco de Berrocal desde 1940 a 1944, sin que pudiese, lamentablemente, recordar el resto.
(4) Hemos seguido de forma bastante esquematizada, e indistintamente los datos ofrecidos por la dos publicaciones siguientes: CALERO ROMERO, José Luis y DELGADO DE MORA, Carlos Javier: La Cruz Verde de Berrocal, Hergué Editorial, H-1999 y sin mención de autor: Fiestas y Coplas de la Santa Cruz de Arriba de Berrocal, Artes Gráficas Girón, H-1998, siendo la primera de ellas una obra muy documentada que trata en profundidad el devenir de la Cruz de Abajo y una excelente colección de coplas e historia de la Cruz de Arriba la segunda.
(5) Este punto no está constatado con ninguna encuesta o trabajo de campo. De forma visual puede observarse que hay más o menos la misma gente en los actos de cada Cruz. Hace unos años unas personas de Abajo nos indicaban que la proporción es de dos a uno a favor de los de Abajo, pero resulta difícil el mantenimiento de una rivalidad durante tantos años con esta proporción en un pueblo tan pequeño…
(6) RODRÍGUEZ BECERRA, Salvador: Las fiestas de Andalucía, p. 47, Gr- 1985. Cita tomada de MORENO NAVARRO, Isidoro: Las Hermandades andaluzas. Una aproximación desde la Antropología, (Sevilla, 1974).
(7) RODRÍGUEZ BECERRA, Salvador: Las fiestas de Andalucía, p. 82, Gr-1985.
(8) Véase RODRÍGUEZ BECERRA, Salvador: Op. cit., pp. 43-44.
(9) RODRÍGUEZ BECERRA, Salvador: Op. cit., p. 128.
(10) Huelva Información, Fin de Semana, pp. 6-7, artículos de Francisco Chaparro del día 27 de Abril del 2001.
(11) Sobre la rivalidad de las cruces de la Palma, hemos de constatar un incidente ocurrido en 1973, siendo a la sazón párroco de La Palma, D. José Arrayás Mora (véase nota 3). Este sacerdote escribió al diario El Correo de Andalucía una carta rectificativa de noticia, que, entre cosas, decía: “Después de las cuatro, por las rivalidades existentes entre las dos Hermandades de la Cruz de esta localidad, y sin que la parroquia tuviese nada que ver, se originó una especie de guerra de cohetes entre los dos bandos, aunque en lugares diferentes. Esto motivó que se incendiaran y explotaran varios paquetes de cohetes en la azotea de la capilla de la llamada Cruz de la calle Sevilla, que causó varios heridos, por desgracia algunos de gravedad”.
La cita esta tomada de MORENO NAVARRO, Isidoro: “Cofradías y Hermandades andaluzas”, colección Biblioteca de Cultura Andaluza, nº 17, nota de las pp. 90-91, Gr-1985.
Años después, ya jubilado, D. José Arrayás nos comentaba que: “la Cruz debía ser, no signo de rivalidad entre los cristianos, sino signo de unión entre los mismos”. De modo parecido se expresaba en el final de la carta dirigida al diario.

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