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jueves, 14 de abril de 2011

LOS PRIMITIVOS HERMANOS DE LA BUENA MUERTE

LOS PRIMEROS CORAZONES BLANCOS:

LOS PRIMITIVOS HERMANOS DE LA BUENA MUERTE.-
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Juan Carlos Sánchez Corralejo
La Chicotá, nº 4.  Marzo de 2005.  
Asociacion Cultural de Costaleros blancos

            Mediaba el mes de abril  de 1877 cuando farfullaba sus primeros balbuceos la  nueva Cofradía del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, María Santísima de la Quinta Angustia y San Juan Evangelista, sita en la Iglesia Parroquial de Valverde del Camino. Inició sus primeros pasos con la aprobación de sus Reglas por parte del Juez Diocesano,  D. Ramón Mauri Puig, arcipreste de la Catedral de Sevilla y rubrica del secretario D. Francisco Cabero.

            La iniciativa de su fundación correspondió a cinco sacerdotes y ocho feligreses. Los miembros de la clerecía fueron D. Vicente Linares Bejarano (1831-1911), a la sazón cura propio,  y los presbíteros Benito de Mora y Morales (1823-1879), Diego Sánchez Mora (1836-1905), José María Pérez Bermejo (1843-1917) y José Manuel Vizcaíno Moya (1842-1908). D. Vicente Linares era natural de Zalamea. En su calidad de cura más antiguo actuó como presidente durante la reunión de elección del primer Cabildo, celebrada en la sacristía parroquial en fecha de 15 de julio de  1877. El zalameño fue además, por aquellas calendas, presbítero corrector de la Cofradía de Nuestra Señora del Mayor Dolor.

            Siguiendo los dictados del capítulo IV de las Reglas de la Hermandad, se procedió a la elección de los miembros del primer Concejo entre aquellos que se habían distinguido «por su celo y actividad en bien de la Cofradía». D. José Manuel Moya Matías (1844-1925), con domicilio en la calle Trinidad,  fue designado Hermano Mayor, cargo que ostentó desde 1877 hasta 1883. Desde entonces asumió la presidencia D. José Manuel Vizcaíno Moya (1842-1908), párroco-arcipreste valverdeño desde 1880 y artífice de la llegada a nuestra población de las Salesianas. Tras la muerte de éste último volvió ser elegido Hermano Mayor D. José Manuel Moya.       D. José María Pérez Bermejo se convirtió en su primer secretario. D. Benito compartió con el también presbítero Diego Sánchez Mora (1836-1905) las dos diputaciones eclesiásticas.  Otros presbíteros locales pertenecieron desde sus inicios  a la Hermandad, como Pedro Moya Camacho, párroco desde 1892,  o Benito Mora Morales (1823-1879), hijo del por entonces sacristán José María de Mora. Otros se incorporaron más tarde como D. Francisco Moya Vázquez, D. José Mora Bermejo, D. Ildefonso Limón Huertavieja, D. Manuel Limón Corralejo o D. Francisco Bernal Pérez.

            A los representantes de la clerecía local se unieron varios miembros de la buena sociedad valverdeña como los hermanos Rafael y Simón de Mora Moya, propietarios y rentistas locales, hermanos de padre del que más tarde sería arcipreste de Valverde, D. Jesús de Mora,  y D. Antonio de Sardi Muñoz. Este último era natural de Sanlúcar de Barrameda y  llegó a nuestra ciudad en calidad de jefe de explotación de la Mina Poderosa.  Recuérdese que desde fines de la década de 1870 dicha mina era trabajada por la Sociedad La Poderosa, mucho antes del traspaso de su activos primero a «Arnol Frank Hills y Cia» y más tarde a «The United Alkali». Don Antonio, junto a Rafael de Mora ostentó una de las dos primeras alcaldías desde 1877 hasta 1884.

            Los hermanos Mora Moya fueron hombres de iglesia y mantuvieron una estrecha vinculación con otros movimientos de  devoción  y más tarde con el  Centro Católico. D. Simón de Mora Moya (1850-1908) además de socio fundador de la Buena Muerte sería, andando el tiempo,  diputado de la Hermandad Sacramental y uno de los 42 socios fundadores de la Adoración Nocturna en 1904, su primer presidente hasta 1908 y otro de los artífices de la llegada a Valverde de las Salesianas.  Ocupó el cargo de fiscal de la Hermandad de la Buena Muerte desde 1877 a 1879, pasando más tarde por los cargos de tesorero  y vicehermano Mayor en 1901. D. Rafael Mora Moya fue un hombre clave en los primeros años de la Cofradía, además de prioste de la Sacramental desde la década de 1880.  Fue uno de los dos primeros alcaldes de la Hermandad cargo que ostentó hasta  1900, primero compartiendo responsabilidad con Antonio de Sardi y más tarde con Pedro Zarza Batanero y José Manuel Villadeamigo Santos, con la sola excepción del año 1894 en que fue nombrado primer Vicehermano Mayor, cargo de nuevo cuño creado precisamente aquel año, y  que volvió a ocupar en 1900. Desde 1903 simultaneo ambos cargos.  
   
         Andrés Batanero Geraldo (1846-1882) era cuñado de D. Simón de Mora. Comerciante de oficio y acostumbrado a las reglas contables, fue el primer tesorero. Las dos diputaciones eclesiásticas fueron ocupadas por Benito  de Mora Morales y Diego Sánchez Mora. Los primeros cuatro diputados seglares fueron Francisco Domínguez Vara, José Antonio Arroyo Castaño –sustituido en 1879 por José Mª Arroyo Palanco-, José Asuero Marín y José Manuel Villadeamigo Santos. Este último fue desde 1888  el secretario particular, administrador y hombre de confianza de los negocios particulares de  James Bull, el primer director gerente del ferrocarril  y de los trabajos de explotación de la mina  Buitrón. Villadeamigo fue Diputado hasta 1884, retomando otros cargos con posterioridad. 

            A lo largo de 1877, la Hermandad llegó a 38 hermanos, a los que habría que sumar el personal eclesiástico y 29 hermanas. Entre ellos sobresalen varios sexagenarios y alguna septuagenaria, a los que, además de la devoción a sus imágenes, debió atraer la oferta de honras fúnebres de la recién creada Hermandad. Entre los hermanos que se acogieron a la Congregación en el año de su creación sobresalen varias sagas familiares: los Vizcaíno, los Batanero, los Mora, los Bermejo o los Moya en sus diversas ramificaciones,  así como los Ramírez-Romero o los Márquez-Bernal, éstos últimos muy vinculados a la abogacía. Junto a ellos aparecen representadas las familias Mora-Morales,  Sardi-Mora,  Batanero-Geraldo, Arroyo-Palanco, Arroyo-Castaño, Ramos-Alamillo, Almeida Ramírez, Villadeamigo-Santos, Carrillo-Cejudo,  Domínguez-Vara,  Parreño-Cejudo, Álvarez-Cejudo, Moya-Camacho, Medina-Olías o Hidalgo-Linero. No faltan otros como  los Ramírez-Romero, Carrrero-Lorca, Membrillo-Ribera, Ruiz-Díaz, Mantero-Arroyo. Gamonoso-Castilla, Díaz-santos, Camacho-Alamillo, Arrayás.-Ramírez, Berrocal-Arenas, Cuesto-Parra, Parra-Gómez o Palanco-Domínguez
             En los años siguientes el numero de asociados se amplió aún más el abanico de  apellidos valverdeños. Además se hermanaron en confraternidad el sastre y el abogado, el comerciante y el carpintero, el clérigo y el labrador

          


  Se unieron a la Buena Muerte varios grupos de hermanos de sangre como los  Mora Vizcaíno de la calle Camacho: Manuel y José,  los hermanos Manuel y Ramón Blanco Arrayás de la calle Nueva o los Villadeamigo Santos: Antonio  Mª de la calle de las Peñas y José Manuel de la calle Abajo, o las hermanas Palanco Domínguez: Lorenza y Mª Francisca, así como  los Ramírez Romero, Ana y José Antonio o  los Mora Calero, Pedro y Simón.             Como también es habitual muchos padres se hicieron socios  junto a sus hijos. Rita Parra Gómez se hizo hermana junto a su hija, Victoria Cuesto. Ignacia Díaz Santos (1819-1905), casada con el médico  D. Juan Miguel Ruiz Vázquez -natural de Salvatierra de los Barros (Badajoz)-, se dio de alta en la Hermanad junto a  sus dos hijas menores: Rita e Ignacia. D. Teresa de Mora Vizcaíno (1817-1907), casada con D. Gregorio José Vizcaíno Vázquez, ingresó en el Hermandad junto a alguno de su ocho hijos: Antonio, el abogado y Petra .  De la misma manera, varios matrimonios se convirtieron en cofrades de forma simultánea, como los formados por el comerciante Andrés Batanero  Geraldo y su esposa Mª Reposo Arrayás,  Antonio de Sardi y Mª Reposo Mora, junto a la primera de sus hijas, Ana, o Manuel Hidalgo con María del Rosario Mora Bando y Francisco Batanero Mojarro con Josefa Batanero Geraldo. Igualmente aparecían como cofrades los hermanos de sangre de los miembros de la clerecía local: Juan Ignacio, hermano de D. Pedro Moya Camacho,  las dos hermanas de D. Benito Mora Morales:  Mª del Reposo y Mª Jesús (1839-1908)  o los hermanos del párroco Vizcaíno Moya: Juan, Pedro, Josefa María y Mª Bella.

            Fue asimismo una de las hermanas fundadoras Matilde Haffenden, hija de Tomás Haffenden, el enigmático pionero de la exploración minera del Valverde decimonónico. Aunque J. Ramírez Copeiro recompuso la biografía de Matilde Haffenden Dhalley,  tal como era conocida a nivel oficial, el libro de asientos de la Cofradía cambia su segundo apellido por el de Ramírez y la indeterminación legal del nombre de su madre por la de una tal Gregoria Ramírez. La sevillana se casó más tarde con el médico-cirujano valverdeño D. Francisco Zarza Arroyo, extendiendo la devoción blanca a la familia de su marido. 
           
 Algunos de estos cofrades buscaron la protección de la Hermandad siendo niños, otros apenas adolescentes y unos cuantos cuando ya había llegado al ocaso de su vidas.  Entre ellos sobresale el caso de una septuagenaria, Rita Parra Gómez (1799-1887) que finalmente vivió hasta los 88 años. 


 Todos los hermanos se comprometían a «llevar una vida arreglada y en todo conforme a la Ley Santa del Señor a fin de obtener la gracia de una buena muerte, preciosa a sus divinos ojos», así como  a confeccionarse por su cuenta la túnica de algodón blanca, el antifaz de merino morado, el cíngulo de hilo de color dorado, los guantes blancos y los zapatos de charol para rendir pleitesía a sus titulares en la Semana de Pasión, la mañana del Viernes Santo.

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