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lunes, 24 de febrero de 2014

VALVERDE E BLANCO Y NEGRO: LA PLAZA RAMÓN Y CAJAL.


Fue en origen la antigua Plaza del Coso, origen de las primeras correrías taurinas valverdeñas.  

 Según Manuel Bermejo Medina, asiduo colaborador de Facanías- fue en 1895, durante la alcaldía de  D. Antonio de Mora y  Vizcaíno,  cuando  se urbanizo el espacio de la Plaza.  Para ello fue necesario corregir el desnivel existente entre un extremo y otro de la misma, delimitado por   las calles Real de Arriba y la Calleja de los Carpinteros, al tiempo que se dotaba al espacio de arboleda y  bancos. Por entonces era la Plaza de la Constitución. Aquellos bancos primitivos acabaron sus días en el cementerio municipal.[1]

 Durante la II República, entonces durante la alcaldía de D. Nicolás Hidalgo Gómez, en 1935,  fue remodelada, siguiendo las trazas del arquitecto provincial Pérez Carasa, quien decidió deshacerse del edifico del antiguo pósito agrícola [2] para obtener un espacio más amplio y diáfano.


Entonces se la dotó nuevos  bancos de mampostería decorados con los hermosos azulejos de Mensaque y  Rodríguez  y de farolas  inspiradas en las de la Plaza de América de Sevilla.

 
EL TIEMPO A TRAVES DE LA PLAZA RAMON Y CAJAL.-
La Plaza Ramón y Cajal, antigua Plaza de la Constitución,  ha visto pasar el tiempo en clave valverdeña y ha sido testigo mudo, aunque intensamente  presente, de buena parte de la historia local.

 La Plaza Ramón y Cajal fue mercado de abastos. Los hortelanos ofrecían en sus tableros manojos de hojas de coles, hortalizas y frutas, procedentes de las huertas de las Adelfillas, de  Pérez Caro, del Correo, de la Becerra, de Pedro López o de la Juncia. No faltaba la «cebá tostá», fabricada con ayuda de los biombos perforados, en el fuego de carbón,  ni el trigo de estraperlo  molturado en las  molinetas domésticas.

Para  monopolizar la distribución de granos y acabar con la  venta fraudulenta de cereales, el  régimen de Franco creó el  Servicio Nacional de Trigo, cuya sede local, también estaba en  la Plaza, en la Hermandad Sindical de Labradores, en el viejo edificio de la C.N.S., bajo la secretaría de Manuel Pernil Cortés.

 
La Plaza fue también escuela. En el edificio de la antigua alhóndiga, una edificación levantada en 1736, situada en uno de los frentes de la antigua plaza del Coso, se abre una de las escuelas republicanas, en el  curso académico 1931/32.

Era un salón corrido al que se accedía por una ancha escalera situada en la calle Real de Arriba, justamente por encima de la taberna de Miguel Romero Carrillo. Allí impartió docencia D. Ángel, maestro asimismo de la Escuela de la Luz y el siempre recordado D. Antonio Rodríguez-Cepeda García.

. Se situaba frente al ayuntamiento viejo y encima del estanco de Ildefonsa Batanero,  la taberna de Miguel Romero Carrillo, «Furrique», y los  puestos de carne, pescado y hortalizas de la antigua plaza de abastos 

En marzo de 1935, con motivo de la  construcción del nuevo paseo público, la alcaldía  propuso buscar un local adecuado a la escuela[3].

Desde la década de los 30, destaca un edificio de ocio,  La Goya.  Todos los sábados y domingos acogía  bailes a puerta cerrada  con Ildefonso Valero al piano. Las hermanas Reposo y Juana Contioso se ocupaban de la cantina, situada al fondo del amplio salón. Reposo Contioso Arrayás lo hacía junto a su marido Ignacio Romero Domínguez.

En la década de los años 50,  la Goya pasó a ser regentada por Porfirio Veiga Mendoza y su esposa, Reposo Sánchez Contioso, sobrina de la dueña primigenia. Entonces  vinieron los billares, los futbolines y las mesas de ping-pong, exclusivos de la población masculina, cuyo acceso estaba vedado a las chicas, que debían ir a jugar o pasear a la Plaza. 

La Plaza Ramón y Cajal se convierte en la principal terraza de la ciudad, donde tomar un vermut, mientras los más jóvenes paseaban tras la preceptiva misa mayor del domingo  

A mediados de la década de 1950, durante la alcaldía de D. Pedro Vizcaíno,  se inauguró el Templete -que acogería en adelante los conciertos de la Academia de Música-,  El maestro Lama dirigió a los músicos de la  banda municipal.

La  Plaza  estrenó además  su  nueva iluminación con luces de mercurio

     Pérez Carasa fue asimismo el encargado de la dirección de obras del nuevo ayuntamiento valverdeño, cuya erección comenzó en 1940.
 

En una de sus esquinas se levantó  humilde pero orgullosa,  la heladería el Valenciano, que nace en 1942 de la mano de Pascual Guillén Samper, venido desde Ibi, la ciudad alicantina paraíso de los helados, del hielo artesanal de los  pou de Neu o pozos de nieve, y de los juguetes. Sus exquisitas producciones eran entonces, y han seguido siendo, una de las señas de identidad de Valverde del Camino.


El Casino Republicano fue cuartel de Falange, antes de convertirse en el Bazar de Alberto Domínguez Almeida   En el frontal oeste, en la Calleja de Carpinteros, en los  altos del antiguo Casino Republicano se situó la sede de los Flechas, aquellos chiquillos  vestidos de uniforme azul de Falange con el “cangrejo” y el gorro azul con su cinta roja que aprendían  a desfilar, a presentar armas con fusiles de madera, marcando los tiempos, y a ejecutar el saludo fascista y ea entonar el Cara al Sol

 

Tienda de chucherías, como la tienda de Medina, allá por los  años 40,  donde la chiquillería compraba las trompas y algo más tarde La Casita de Papel de Francisca Peña,  situada por encima de s  farmacias de Rafael Fleming Rodríguez , la  droguería de la viuda de Gregorio Hidalgo en Ramón y Cajal 9, o  la tienda de accesorios Viuda de Manuel Morián Mora

 

Durante años, la Plaza Ramón y Cajal  fue además  Caseta de feria,  bajo la gerencia de José Doblado Vizcaíno. Solo desde 1979 desparece la gestión privada de la Caseta de Feria de la Plaza Ramón y Cajal, r sustituida por una Caseta Municipal con horario popular desde mediodía hasta las 12 de la noche, entrada libre y gratuita y actuaciones de orquestas. A partir de las 00:30 era necesario el abono de entrada para sufragar parte de los costes de su gestión.[4]  

 La Plaza Ramón y Cajal ha sido también espacio reivindicativo  

En el  verano de 1977, acogió la famosa sentada, promovida por la Asociación de Vecinos -tras una asamblea celebrada en elo Colegio Menéndez y Pelayo- y secundada por un inmenso gentío, en pro de la consecución de un Instituto bajo el grito de “Vecino, únete.

En diciembre de 1986, Valverde respondió de forma masiva a la huelga general del alumnado de enseñanzas medias: los días 16 y 17, los alumnos del Instituto de BUP y de la Escuela de de Formación Profesional se pusieron en huelga, con sentada incluida en la Plaza Ramón y Cajal, en petición de aumento de presupuesto para la educación pública, la mejora de las deficientes instalaciones, la congelación de las tasas académicas y el fin de la selectividad y de los númerus clausus en la Universidad[5].

 Acogió la repulsa de un pueblo, por el secuestro de Miguel Ángel Blanco

Ha sido el escaparate de los concursos de macetas del centro de adultos[6], de las primeras ferias de la tapa con objeto de recaudar dinero para fines benéficos o solidarios, de la llegada de S.M. Los Reyes de Oriente.

La Plaza  ha sido y sigue siendo esencia concentrada de la historia de Valverde del Camino.  




[1]BERMEJO MEDINA, Manuel  “Plaza de Ramón y Caja”. En FACANIAS, 373, agosto de 2004, p. 56.
[2]BERMEJO MEDINA, Manuel  “Plaza de Ramón y Caja”. En FACANIAS, 373, agosto de 2004, p. 56.
[3]. SÁNCHEZ CORRALEJO J.C., 2005, 43-44.  
[4]. Comisión Informativa. Información General de nuestro Ayuntamiento. FACANIAS,  Extraordinario de feria. Agosto de 1979.
[5]. “Huelga de los alumnos en los centros de enseñanza media”.  FACANIAS; nº 162, enero de 1987, p. 3.
[6]. “Semana Cultural organizada por el Centro de adultos”. En FACANIAS, nº 167, junio  de 1987, p. 3.




 

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