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jueves, 12 de marzo de 2015

CAMPANILLEROS Y ESQUILADORES DE VALVERDE DEL CAMINO


ARTESANOS DE VALVERDE DEL CAMINO: CAMPANILLEROS Y ESQUILADORES


Juan Carlos Sánchez Corralejo.
En Facanías, nº 500. Febrero de 25, pp. 41-43  









Los campanilleros se afanaban en las labores de planchado y moldeado de la chapa, antes de darles voz, el sonido peculiar y diferenciador de cada campanilla. Campanillas y cencerros  tomaban forma de las manos sabias de Manuel Bermejo Salas, cuyo taller se levantaba en su domicilio, en el número 45 de la calle Nueva, esquina con las Calas Solas. Allí aprendió el oficio su hijo Manuel Bermejo Arrayás, quién al casarse se vino a su casa de la calle del Duque 34 y allí abrió su propio taller y construyó su propio horno de campanillas[1]. José María Bermejo Montes y Manuel Bermejo Limón aprendieron el oficio y trabajaron, tanto con el padre como con el hijo.
       El taller de Manuel Bermejo Duque,  Manolito Mariantonia  se situaba inicialmente en una casilleta del domicilio familiar, en el 10 de la calle Nueva, antes de ser trasladado a la Huerta Nueva. Entre sus operarios destacaron José Bermejo Limón y el hijo del propietario, Manuel Bermejo Arrayás. 

       A menudo era una ocupación complementaria. Un buen ejemplo fue el taller de José Antonio Bermejo Mora, el Pollo”, de la Huerta Nueva- actual calle Huerta Nueva 8-, situado en la “casilleta de abajo” del domicilio familiar, que disponía naturalmente de su propia chimenea de ladrillos refractarios que aún sigue en pie. Allí trabajaron sus hermanos, el menor, Pedro, y Manuel, -quien le ayuda por las tardes, ya que era zapatero en la Inval-, y el hijo del propietario, José  A. Bermejo Llanes, que debía colaborar en el negocio familiar tras salir de la escuela de D. Antonio Infante de la calle Real de Abajo. Ya de adulto, José Antonio siguió con las campanillas, a pesar de su oficio de tablajero en la Plaza de Abastos.   

       Pero la familia que ha mantenido la tradición  local desde 1870 es la familia  Bermejo de la calle Nueva nº12. Su pericia y maestría pasó de José Mª Bermejo Montes (1903-1990) a sus hijos Juan y José María Bermejo Jiménez, y de éste último a su hijo José María Bermejo Arroyo, a lo largo de tres generaciones[2]. Tienen a gala ser el único taller de campanilleros de Andalucía, sobreviven a las dificultades y, sobre todo, mantienen a flote un bello oficio artesanal y llevan el nombre de su pueblo por toda la región: “Aunque sigue habiendo ganado las fincas están cerradas y quien antes compraba veinte piquetas ahora solo compra cinco”.[3]  
       Las campanillas valverdeñas son piquetas realizadas a partir de planchas de hierro[4], moldeadas con ayuda del martillo y la bigornia,  a las que se abre el orificio de la hembrilla, que servirá de sujeción del badajo, bañadas en metal por dentro y por fuera, embarradas con una mezcla de tamo y de tierra de Los Cristos, la única capaz de resistir  las temperaturas de fundición del hierro de 1400 º C, y secadas al sol antes de la fundición. Las campanillas son las de menor tamaño, y van desde las huroneras de 2 cm hasta las mulares de 8 cm, mientras que los cencerros van desde las piquetas chicas de 9 cm a los gordos de 30, cencerros que abrazan el cuello de cabras, ovejas y vacas. Esta empresa ha tenido históricamente y mantiene en la actualidad 16 tamaños en su catálogo, en función de los centímetros de abertura: huronas (2), paveras (3), bolleras (4), cochineras (51/2 ); burreras (61/4), grande mulares (8) y gitanas (91/2 ), piquetas chicas (9), piquetas grandes (10), cencerras con badajo (111/2), entremedianas (13),medianas (15), piquetas grandes (19), cuarteños (22), cañones (27) y gordos (30).[5]  
   
  

                                                                 Los hermanos Juan y José María Bermejo Jiménez
        



Taller de la familia Bermejo. Calle Nueva, nº 12
            
  
El Viejo Horno de campanillas 
de Manuel Bermejo Arrayás.
                     Calle del Duque, 34           



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Horno de campanillas de Antonio Bermejo
Mora, “el Pollo
  Entre los esquiladores de ovejas destacaron Joaquín Blanco, de la calle Peñuelas, Jaime Berrocal, Teodoro Alcuña, José Rentero, el “Motero” o Manuel Rentero. La cuadrilla de los hermanos Rentero Berrocal -Macario, Plácido y Gregorio-,[6]esquilaba ovejas desde Raboconejo al Tumbalejo y desde La Bienvenida a Candón y La Peñuela, pero además se desplazaba a localidades tan lejanas como Cumbres Mayores. Entre los peladores de caballerías de aquellos años destacaba Joselito el Pelaó, de los Trascorrales, que rasuraba a las bestias en plena calle, frente a la carpintería de Leonardo Domínguez.



[1] Entrevista a su hija Reposo Bermejo Bermejo. 
[3] Entrevista a José María Bermejo Jiménez.
[4] Antiguamente José María Bermejo Montes compraba los bidones de hierro que transportaban el alquitrán y debía limpiarlos y enderezarlos para obtener la materia prima; más tarde llegaron a Valverde planchas de hierro a través de las herrerías de los Arroyo. 
[5] Entrevista a José María Bermejo Jiménez.
[6] Macario Rentero era zapatero, pero abandonó la ocupación por enfermedad y se dedicó al oficio de tablajero y a la venta de ultramarinos en la tienda de la calle Nueva 51.

3 comentarios:

  1. Es magnífico que todavía se mantengan este tipo de oficio, del que siempre me ha llamado la atención como se afinan tanto campanas como cencerros. En una ocasión en Extremadura vi como lo hacían, y es un arte, ya que dar un martillazo de más, y todo se estropea. Además me explicaron como servía para distinguir cada dueño su animales sin verlos.
    Muy interesante su blog.
    Saludos.

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  2. Es magnífico que todavía se mantengan este tipo de oficio, del que siempre me ha llamado la atención como se afinan tanto campanas como cencerros. En una ocasión en Extremadura vi como lo hacían, y es un arte, ya que dar un martillazo de más, y todo se estropea. Además me explicaron como servía para distinguir cada dueño su animales sin verlos.
    Muy interesante su blog.
    Saludos.

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