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viernes, 15 de mayo de 2015

LA LLEGADA DE LA ELECTRICIDAD


Retales de Valverde del Camino en las décadas de 1930 y 1940 (III). La economía que venció a la crisis. Notas sobre el suministro eléctrico.

Juan Carlos Sánchez Corralejo
Revista Facanías. Abril de 2015.

La segunda revolución industrial en Huelva. La llegada de la electricidad

La iluminación pública de las calles de Valverde y de sus Casas Capitulares, en el último tercio del siglo XIX, se realizaba a gas, con la mera contratación de un sereno. El ayuntamiento destinaba a tal menester 200 escudos, sin perjuicio del remate de la subasta del alumbrado público, aunque el contratista no siempre cobraba con regularidad. A menudo, el recorte de servicios públicos que se producía asiduamente en épocas de crisis se cebaba precisamente en los gastos de sanidad y alumbrado público.

La llegada de la electricidad transformó radicalmente las ciudades. En España fue Barcelona la primera urbe que tuvo suministro eléctrico, desde 1881, el mismo año que Londres y Nueva York, seguida al año siguiente por Madrid y Valencia. Gerona fue la primera que dispuso, en 1886, de una red eléctrica completa[1]. En Andalucía, la electricidad apareció en los años ochenta, mediante la iluminación de las ferias y fábricas, y desde 1890 cinco ciudades disfrutaban de luz eléctrica regularmente: Algeciras, Almería, Cádiz, Sevilla y Málaga.

Las primeras centrales eléctricas fueron instaladas en colonias industriales, en molinos harineros o en industrias textiles que, desde mediados del XIX, aprovechaban la energía cinética del agua de los ríos. Hacia principios del siglo XX, muchos de los industriales que les dieron vida efectuaron un paso importante: reinvertir una parte de sus beneficios en producir energía más eficiente. Pero, en muchos lugares de España dominaron pequeñas “fábricas de la luz”, que no fueron capaces de efectuar el cambio de escala en la producción de electricidad, basado en la ampliación del capital social y del marco territorial, la mejora continua de sus equipamientos y la reinversión continuada[2]. A menudo, su producción tenía un corto alcance, limitado a los lugares de consumo más cercanos, el minifundismo  empresarial, la dispersión de instalaciones y una capacidad muy modesta.
En Andalucía, a finales del S. XIX, se empezaron a transformar algunos molinos harineros en molinos de producción eléctrica. La electricidad que se fabricaba era de corriente continua y de baja tensión, y servía para abastecer las primeras bombillas de las casas de nuestros tatarabuelos. Además, sendas leyes municipales de 1870 y 1877 otorgaron a los consistorios la competencia en el alumbrado público, que debía sustituir al alumbrado de gas anterior, aunque en la mayoría de los casos se recurrió a empresas privadas, debido al estado calamitoso de las haciendas locales y la carencia de personal cualificado para  tal empresa, y la dificultad para conseguir carbón de calidad a buen precio, utilizado para producir termoelectricidad.[3]
 En 1900, la iluminación eléctrica había llegado a 33 localidades andaluzas, entre ellas 7 capitales de provincia. Huelva y Almería aparecían entonces como las provincias con menos poblaciones iluminadas y con menos factorías productoras. Al término de la I Guerra Mundial, había llegado hasta 333 ciudades.[4]
 Huelva fue a la zaga en el salto a la electricidad desde los años iniciales del siglo XX. Por entonces nacen las primeras eléctricas de la provincia de Huelva como Electro Serrana de Aracena, o la  fábrica de la luz de Faustino Moreno, de Encinasola, en 1903, poblaciones con 6.281 y 4.768 habitantes, respectivamente, nacidas en la mayoría de ocasiones como iniciativas comunitarias que poco después serian absorbidas por la empresa Santa Teresa[5] (1902), el gigante serrano de la  electricidad (levantada en la pedanía de El Repilado, en el municipio de Jabugo, inmediata a la línea de ferrocarril Huelva-Zafra y frente a su estación), que combinó la producción térmica con la hidroelectricidad de la  central El Salto, en el río Múrtiga. Santa Teresa llegó a controlar el mercado eléctrico de las Sierras de Aroche y Aracena y sur de Badajoz: en 1910 ya había logrado llegar a Cortegana, Jabugo, Aracena, Fuenteheridos o Alájar, y posteriormente al resto de la Sierra, convirtiéndose en el engranaje fundamental de la industrialización serrana, en expresión de Félix Sancha. Las restantes se limitaron a revender la producción de Santa teresa, aunque también la empresa jabugueña tuvo que comprar kilovatios a Sevillana en determinadas coyunturas. En la década de 1960 llegó a contar con 168 trabajadores.[6].

Hacia 1905, la empresa Isleña de Electricidad construyó la primera fábrica que daba suministro a Isla Cristina. Funcionaba quemando guano y fue adquirida por la Compañía Sevillana de Electricidad  en la década de 1920[7]. Mientras, en Huelva, Antonio Mora Claros[8], diputado a cortes,  puso en marcha la fábrica de electricidad San José y San Antonio[9], de la que dependía toda la industria local, incluida la Compañía Río Tinto y el Puerto de Huelva, además de ofrecer el fluido eléctrico a la capital, Gibraleón, Trigueros y San Juan del Puerto. La fábrica se mantuvo a pesar de la crisis carbonífera, utilizando para ello 40.000 encinas de su finca El Partido[10]. A cuenta de su bolsillo, abasteció a la ciudad de alumbrado eléctrico, creó el servicio de Bomberos y el Teatro Mora de la calle Gravina, además de fundar el Diario Huelva.

De 1915 data la fábrica de electricidad Celorico Feria y Compañía, de Villanueva de los Castillejos. En la década de 1920 abrieron sus puertas nuevas centrales eléctricas; en el bienio 1924-1295, las centrales de  Pérez y Feu, y la de Juan Delgado Pérez, ambas en Ayamonte. También en 1924 nacen la de Rafael Repiso Macías en Moguer, la de Seis Moreno en Niebla y la San Vicente de Zalamea la Real. En 1925, la electro-harinera de Santa Olalla del Cala. En 1931, la de Fernández Núñez en Calañas.

La profesora Fernández Paredes combina dos indicadores (número de poblaciones con alumbrado público de electricidad y gasto público de las corporaciones municipales), a fin de establecer variables y tendencias provinciales. En tal sentido, el retraso onubense inicial fue compensado por el mayor gasto público de las corporaciones para tal menester, cuantificado  en nuestra provincia, en la década inicial del siglo XX, a razón de 0’5 ptas./hab., mientras que en Córdoba y Sevilla era de 0’3 y en Jaén de solo 0’2; a fines de la década de 1920 igualaba el promedio andaluz.[11]

 La legislación sobre suministro eléctrico, a principios del siglo pasado, se basó en el reglamento recogido en el Real Decreto de 7 de octubre de 1904, sobre verificación de contadores,  completado por el reglamento de 27 de marzo de 1919, mientras el sistema de control administrativo de los contadores de electricidad arranca de un Real Decreto de 26 de abril de 1901. Otro Real Decreto de 12 de abril de 1924, atribuyó  al Ministerio de Trabajo, Comercio e Industria la reglamentación de tales servicios,  para la garantía de la seguridad e intereses públicos. En el preámbulo aquel  Real Decreto se establecía que la declaración de interés público estaba justificada porque “las necesidades de la vida moderna y las exigencias de la industria no permiten que la Administración pública se desentienda de los suministros de energía eléctrica, agua y gas, indispensable para la existencia de los individuos y de las industrias”.



[1] Sobre la historia de la electricidad en España, es de obligada consulta el trabajo de BARTOLOMÉ, I.: La industria eléctrica en España (1890-1936), Madrid, 2007. Vid también ALAYO, J. C.: L’electricitat a Catalunya. De 1875 a 1935, Lleida 2007, 30 y ss.
[2] Vid URTEAGA, Luis. El proceso de electrificación en Cataluña (1881-2000). En Obras públicas en Cataluña. Presente, pasado y futuro. Barcelona, Real Academia de Ingeniería, 2003, p. 355-376.  A nivel andaluz, ARCAS CUBERO, Fernando y GARCÍA MONTORO, Cristóbal (Coords): La disponibilidad de electricidad de Andalucía en el contexto español (1900-2000). Mercedes Fernández Paradas: “Andalucía y España. Identidad y conflicto en la historia contemporánea”; actas del congreso celebrado en Málaga, 22-25 de febrero de 2005 /, Vol. 1, 2008, ISBN 978-84-92526-07-9, págs. 203-232. FERNÁNDEZ PARADAS, Mercedes: “Los comienzos de la electricidad en Andalucía: el ejemplo de Antequera (1892-1912)”. Baética: Estudios de arte, geografía e historia, Nº 32, 2010, págs. 507-525; FERNÁNDEZ PARADAS; Mercedes: “El alumbrado público en la Andalucía del primer tercio del siglo XX: Una lucha desigual entre gas y la electricidad”. Historia contemporánea,  nº 31, 2005, págs. 601-622. A escala provincial destaca el trabajo de Félix Sancha sobre la Sociedad Anónima de Electricidad Santa Teresa de Jabugo. “La primera revolución Industrial en las sierras de Aroche y Aracena: Santa Teresa de Electricidad S.A. (1902-1936)”.
[3] Vid FERNANDEZ PARADAS, M.: Los comienzos de la electricidad en Andalucía,  p. 511-512.
[4] FERNANDEZ PARADAS; M “La implantación del alumbrado público de electricidad en la Andalucía del primer tercio del siglo XX”. Historia contemporánea.
[5] Fue creada en 1902 por Román Talero, junto a cuatro socios. Fue abandonada  en 1973 y en 1980 la compañía quedó absorbida por la Compañía Sevillana de Electricidad.
[6] SANCHA; F, 2001.
[7] SOSA RODRÍGUEZ, José (1970). Historia de Isla Cristina (Biografía sentimental). Sevilla: Esc. Gráfica Salesiana. SE-356-1970.
[8] Casado con Josefa Jiménez Vázquez, nombrada condesa de Mora Claros por su santidad papal, fue alcalde de Huelva desde 1920 a 1922, y desde su palacio de la esquina de las calles Puerto y Botica tomaba todas las decisiones políticas. Fue un hombre poderoso, de extremada influencia en los círculos políticos onubenses.
[9] MARTINEZ NAVARRO,  Historia menuda de Huelva.
[10] El alma del Mora Claros. http://www.huelvainformacion.es/
[11] FERNANDES PARADAS, M, La implantación…, 12.

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