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sábado, 22 de julio de 2017

EL ÚLTIMO MOLINO.- Pujina, Pujima o Chicas Mare



LOS MOLINOS DE VIENTO DE VALVERDE DEL CAMINO. 1744-1978. (VII)


Juan Carlos Sánchez Corralejo

Actas de las  VI Jornadas
del Patrimonio del Andévalo, p. 188-191


EL ÚLTIMO MOLINO.-  Pujina, Pujima o Chicas Mare

El último molino valverdeño que permaneció en pie fue el molino de Pujina  -así lo referencian los bosquejos planimétricos de 1898, aunque la transmisión oral hable de Pujima-. Se situaba en pleno casco urbano, en la confluencia de las calles Cabezo Molino y Paymogo.

En los años 30 conservaba sus aspas de madera, pero los vecinos fueron desmantelándolas para la candela[1]. A mediados del siglo XX fue habitado por “Chicas Mare”, un hombre desvalido, que sofocaba su cojera con unas muletas de madera al tiempo que vivía, a veces  de la caridad, a veces de la cría de algún que otro borrego que solía rifar por las tabernas de Valverde. Fue ocupado, después, por Catalina Contioso, ya viuda, para dar cobijo a sus tres hijos, José Antonio, José y Dolores Almeida Contioso, antes de que la familia recibiera una casa en la calle Paymogo. Su último ocupante fue otro indigente local, Benito Batanero Malavé, quien lo habitó hasta su demolición.  

En junio de 1978 fue derribado ante la presión de algunos vecinos y la oposición de la mayoría de la población. A petición de un grupo de residentes de las calles aledañas, el Ayuntamiento acordó su derribo con nocturnidad –ni siquiera dejó reflejo en las actas del plenario ni de la comisión de gobierno-,  con la argumentación de que se había convertido en un foco de suciedad. Su destrucción fue comunicada el 14 de junio de 1978. El 17 de junio, una docena de jóvenes, aún estudiantes de EGB  se organizaron en la llamada “Misión Rescate”[2] y llegaron a recoger 2.000 firmas, recorriendo los casinos y espacios públicos de Valverde. Entregadas al alcalde, Ricardo Olivós, este suspendió su derribo el lunes 19, pero una sentada de los vecinos decantó la balanza por la opción destructiva. Tuvo lugar el martes 20 de junio de 1978[3].

Hubo algunas voces de protesta desde las páginas de la revista Facanías. Unos trataron de prevenir su destrucción[4]; otros hablaron de la vanidad y la ignorancia de sus destructores[5], y alguien emplazó a la historia a discernir si su derribo fue acierto o desatino.[6]

Valverde sufrió una clara muestra de equivocada gestión del patrimonio por parte del ayuntamiento local. Es verdad que era una coyuntura difícil y que el cabildo no contaba con el respaldo de la posterior Ley de Patrimonio Andaluz de 1991, pero lo cierto es que se desoyó a buena parte de la población y que el patrimonio nos fue usurpado para siempre. Los molinos de viento dejaron de formar parte del paisaje valverdeño, y posiblemente de la memoria de las generaciones futuras.  

Cinco años después, en 1983, aquellos jóvenes, reconvertidos en grupo ecologista, se afanaron en el rescate del molino de Feria. Tras un mes de trabajo dejaron al descubierto sus paramentos,  el arranque de la puerta en dirección a poniente, y el arranque de la escalera de ladrillos[7].   
   



 Molino de Pujima  en 1969. Visto desde un cortinal de la Calle Nueva.  



  
Los restos de Pujima. Cayuela, M. 2007        



        
   Limpieza del molino de Cañaluenga. 1983


En 1997, la asociación Amigos del Patrimonio presentó al consistorio local la propuesta de solicitud de subvención para la  construcción ex novo de uno de los doce molinos harineros de viento que poseyó Valverde del Camino, siguiendo los proyectos análogos realizados por otros municipios comarcanos como Calañas o Cabezas Rubias. Proponíamos emplazarlo en las proyectadas nuevas áreas de recreos en la población, bien en el cabezo del Molino, bien en la Dehesa de los Machos. Su acceso se completaría con las visitas al futuro Museo Etnográfico-Arqueológico-Ferroviario, los dólmenes de los Gabrieles y la Calzada Romana. Recibimos la callada por respuesta





[1] Entrevista a Petra Arroyo Quiñones (1918) y Petra Hidalgo Caballero (1920).
[2] En la foto anexa aparecen, de izquierda a derecha, Gregorio Vizcaíno, Ángel Luis Sánchez Macías, F. Fernando Fiscal, Manuel José Batanero Rivera, Ramón Ramírez Delgado, Manuel Cruz Parreño y Francisco M. Sánchez Macías. Otros miembros del grupo fueron José María Gutiérrez Mariano, José Dolores Gutiérrez Acedo, José Tomas Cuesto Cera, Cristóbal Pérez y Rafael Fernández Pérez.
[3] Los batidores de Misión Rescate (1978): “El Molino de Pujina, derribado”. Facanías, junio, p. 9.     CAYUELA MORA, M. (2008): “30 años de la desaparición del último molino”. Facanías, nº  419, junio, p.18.  
[4] RICO, A. El Molino del Pujima. Facanías, 61,  p 3
[5] ALCARÍA, Ignacio, “Matando la historia valverdeña”. Facanías,  64,  p. 10.
[6] MACÍAS, J. Dolores “Canto al molino de Pujina y Elegía”. Facanías, 62  p 8. 
[7] RICO; A., “Por un viejo Molino”. Facanías, nº 121, p. 25.

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