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miércoles, 8 de junio de 2011

HISTORIA DE VALVERDE DEL CAMINO (Huelva): LA ADORACION NOCTURNA Y LA IDEOLOGIA CONSERVADORA (IV)

Juan Carlos Sánchez Corralejo

Procede de  "LA ADORACIÓN NOCTURNA  DE VALVERDE DEL CAMINO EN LA CRISIS DE LA RESTAURACIÓN (1904-1921): Instituto religioso y escuela de pensamiento católico-conservador". En  Anuario de INvestigaciones de Hesperides, XII.  XVII Congreso de profesores investigadores (Aracena. Historia de las mentalidades. Ideologia e Iglesia.  págs 259-260.



Las vigilias mensuales.-

        Estos fieles se reunían mensualmente para rendir culto al Santísimo Sacramento de la Eucaristía, con la obligación de permanecer despiertos y alternar el rezo de oraciones, salmos, cantos y lecturas bíblicas.
     
   Las vigilias nocturnas de oración pueden rastrearse desde los primeros balbuceos del cristianismo y se prolongaron a lo largo de la Edad Media y la Moderna. Pero lo que confiere su seña de identidad a estas vigilias es la devoción hacia el dogma de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. El dogma de la transustanciación,  reforzado desde el Concilio de Trento, de nuevo se fortalece en el siglo XIX , ante el clima creciente de ateísmo. En esta línea, Pío IX recomendaba el culto y devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a quien  León XIII consagró el recién estrenado siglo XX, mientras su  sucesor, San Pío X, concedió en 1906 indulgencias a todos aquellos fieles que mirasen piadosamente la hostia elevada mediante una acto de contrición, simbolizado por la oración «Señor mío y Díos mío».

        Estas vigilias consistían en permanecer toda la noche ante el Sacramento. Los adoradores alternaban el rezo de salmos y las  lecturas de la Sagrada Escritura con la oración silenciosa y terminaban la vigilia besando la bandera y con la jaculatoria que les identifica: ¡Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar! ¡Sea por siempre bendito y alabado!

         Aunque en 1904 los adoradores se reunían en la Iglesia Parroquial, a principios de 1905 se trasladaron a la Iglesia de Santa Ana, el primitivo templo  valverdeño, y a su Casa de ejercicios, levantada en el año 1862. El motivo del cambio no fue otro que la disponibilidad de espacio, ya que contaba con 466 metros cuadrados de superficie y la cercanía del sagrario de la ermita. Este servicio de contemplación implicaba la recompensa de la anticipación del cielo, ya que se lograría la presencia inmediata de Dios mediante la presencia del Cuerpo y Sangre de Cristo, bajo las especies de pan y vino. 

        Entre 1914 y 1920,  la adoración se trasladó de nuevo al Sagrario de la Parroquia, que desde 1910 disponía de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, donada por Reposo de Sardi, hermana de la Cofradía del Santísimo Sacramento. El lugar de descanso se estableció en la sacristía antigua, aunque, al resultar pequeña, volvieron a la capilla de Santa Ana, donde se reunían cuando la sección entró en crisis en 1921, aunque algunas vigilias  se siguieron celebrando en la parroquia desde 1908.

        El número de turnos de vigilia dependió del numero de asociados. Inicialmente, la sección se componía de un único turno, dedicado al sagrado Corazón, el llamado turno «Cor Jesu». En junio de 1904  se creó el turno «Inmaculada Concepción», en enero de 1905 el turno San José y finalmente en 1909 el «turno San Tarsicio», formado por adoradores niños. Pero desde  fines de 1911, comienza a ser preocupante la falta de adoradores activos. El  Consejo Directivo reconoce el estado decadente de la sección por «falta de hombres verdaderos amantes de Jesús hostia, como asimismo por el abandono que de la obra hicieron el llamado turno de tarsicianos». Ya en diciembre de 1911 tuvo que suspenderse la vigilia del turno Inmaculada. Al mes siguientes, se decidió suprimir el turno San José, el último formado, y redistribuir a los asociados entre el Cor Jesu y el Inmaculada. En una fecha imprecisa entre septiembre de 1916 y finales de 1920 la sección quedó reducida de nuevo a un único turno.
       
Las vigilias extraordinarias.-
        Junto a las mensuales, los adoradores celebraban otras vigilias en determinadas fiestas litúrgicas: la noche de Carnaval, el domingo de Cuaresma, la festividad del  Corpus, el día de los difuntos,  fin de año o la dedicada al patrón del movimiento, San Pascual Bailón. A ellas se unían la guarda del Jueves Santo y otras vigilias excepcionales ,como la dedicada al eterno descanso de Pío X.

        De todas ellas queremos destacar las vigilias de carnestolendas, en las que se rezaba contra los desórdenes del carnaval. En el Boletín Parroquial los efectos de las carnestolendas y la exhuberancia del tiempo primaveral son comparados con la serpiente del paraíso que ofrece a los mundanos toda clase de placeres, al tiempo que se recordaba, en cambio, que la pasión de Cristo y, por ende, la Cuaresma debían servir para llamar a los fieles a la oración y la penitencia. El arcipreste local enunciaba su receta contra los desmanes del carnaval: «Misa y comunión por la mañana, visita al Santísimo por la tarde, meditación y ejercicios de reparación por la noche»[1].

En las vigilias de Carnaval tenían una significación preponderante las socias honorarias: desde 1905, en las tres noches de carnaval, desde las 8 hasta las 10 y media, las socias  divididas en tres coros debían visitar al Santísimo, rezarle el acto de desagravio por las injurias de los infieles y cantarle el trisagio. Los adoradores acudían con sus esposas, hijas y nietas que, de esta forma, se perdían los bailes de carnaval celebrados en los distintos casinos de la localidad. En la última noche de carnaval se procedía  a la  «reserva eucarística con procesión claustral».Por su parte, el domingo de Cuaresma se procedía a la exposición solemne del Santísimo dentro de la custodia, precedida de la imposición del distintivo nacional de la A.N.E. a las socias honorarias[2].
       

Otras manifestaciones devocionales.-

        Junto a las vigilias, los adoradores  promueven otras formas de culto a la Eucaristía: procuran el exorno de la capilla del sagrario, la celebración anual de las cuarenta horas, colaboran en los jueves eucarísticos, desarrollan el grupo de niños-tarsicios y contribuyen a la magnificencia del Corpus Christi.
  
      En 1909 se creó el «turno San Tarsicio», formado por adoradores niños y adolescentes, que habiendo recibido la primera Comunión sentían una especial inclinación por el misterio de la eucaristía. Como sus mayores, dispusieron de su propia bandera y de su propio capellán, pero tuvieron una vida efímera: en enero de 1912 se suprimió el turno ante la falta de jóvenes.   

        En otro orden de cosas, tanto el director espiritual,  Jesús de Mora, como los presidentes de turno solían recomendar a los asociados la visita diaria del sagrario. Asimismo, era obligada la presencia de los adoradores en la procesión del Corpus, entendida ésta como una exposición ambulante del Santísimo Sacramento[3], al que la noche anterior se había dedicado una vigilia general. Otra forma de culto habitual era la oración en el monumento del Jueves Santo: si bien no era monopolio de la A.N.E., sino una antigua práctica de devoción individual -constatada en Valverde al menos desde finales del siglo XVII-, los adoradores  trataron de acrecentar el esplendor del acto. Jesús de Mora describía el acto  como «aquella procesión interminable de hombres con sus luces en la mano para trasladar la Sagrada Forma encerrada en el Cáliz que ha de ocupar el magnífico monumento, alrededor del cual han de rezar, y meditar, y velar los fieles durante todo el día y toda la noche»[4].

        Otra manifestación cultual era la fiesta de las espigas. En los primeros años, los adoradores valverdeños eran invitados a las fiestas  celebradas en Bollullos del Condado, Alcalá del Río o los Santos de Maimona. A partir de 1918, celebraron su propia fiesta de las espigas. Dicho año, concretamente, tuvo lugar en La Fuente de la Corcha y constó de visita a Jesús Sacramentado, confesión de hombres, mujeres y niños de primera comunión, vigilia nocturna ante el Sacramento y, a la mañana siguiente, misa y procesión con el paso de la Virgen de la Salud y el Santísimo Sacramento bajo palio y bendición de los campos[5].
       
 No olvidaban tampoco los adoradores el cumplimiento hacia los hermanos enfermos y difuntos, igual que hicieron la mayoría de Cofradías a lo largo del Antiguo Régimen: se les avisaba  de la presencia del Viático para un hermano -mediante seis u ocho campanadas con el esquilón, después de las que eran costumbre en la población-, se realizaban vigilias por los fallecidos, se dedicaba una misa reglamentaria -a veces ampliable a otra por cuenta de la sección en función de los méritos del difunto-, y se ofrecía al finado un banquillo de madera con seis cirios para el exorno de sus funerales. No faltaron tampoco mementos funerarios durante las vigilias, unos por el alma de hermanos fallecidos, otros para el auxilio celestial de pastores como el franciscano Fray Gerardo de Noya, predicador de la sección, dedicando por último vigilias completas a la memoria de algún significado miembro. Estas obligaciones se completaban con la vigilia solemne por los difuntos de la obra y la dedicación de vigilias ordinarias y de dos misas rezadas por la muerte de algún miembro del Consejo Supremo, caso ocurrido, por ejemplo, tras la muerte de  Lorenzo Ortiz de la Azuela, jefe del turno VI, San Isidro de Madrid[6].
    
    Además, los adoradores debían expresar su fe en todos los ámbitos de su vida. Con motivo de la celebración del III Centenario de la beatificación de San Pascual Bailón, el adorador  Eloy de Mora exhortaba a sus compañeros sobre la necesidad de «defender en todas partes y sin miedo a nadie la fe de nuestros mayores»[7].

        La sección valverdeña mantuvo estrechos contactos con otras secciones de  Huelva, Sevilla y Badajoz: una representación de la misma acudió a la vigilia inaugural de las secciones de Valencia del Ventoso, Oliva de Jerez, Marchena,  Fregenal, Huelva o Almendralejo.  Asimismo, estuvieron presentes en la IV Asamblea Eucarística Nacional celebrada en Sevilla en 1904, así como en la V celebrada en Granada en 1913. Igualmente enviaron  su representación a Zaragoza a los actos del jubileo de 1908 y al XXII Congreso Eucarístico Internacional de Madrid de 1911.


     [1] B.P.  de 1 de febrero de 1913.
     [2] L.A.A.N. pp. 37, 68, 122, 154, 195 y 300.
     [3] Víd. A. OLIVAR: «El desarrollo del culto eucarístico fuera de la Misa», en Phase, nº 135,  1983, pp . 187-203.
     [4] B.P. de 16 de marzo de 1913.
     [5] B.P., nº 124 de 9 de junio de 1918.
     [6] L.A.A.N., pp. 19, 21, 56, 57, 75, 77, 85,  88 , 141, 301 y 344.
     [7] B.P., nº 124 de 9 de junio de 1918.

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