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jueves, 28 de junio de 2012


EL  MAPA ESCOLAR VALVERDEÑO DESDE LA CRISIS DE LA RESTAURACIÓN HASTA LA SEGUNDA REPÚBLICA (1923-1936)  

LA ESCUELA VALVERDEÑA DURANTE LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA  

LA ESCUELA NACIONAL SAN CARLOS

Juan Carlos Sánchez Corralejo. 
En Raices, nº 8, junio de 2005, pp. 37-39

Ubicada en el Cabecillo de la Cruz -actual calle Santa Ángela de la Cruz nº 6-, era una escuela unitaria, esto es, recogía  niñas de distintas edades, desde los 5 hasta los 14 años. Las clases se dividían por secciones (1ª, 2ª y 3ª), dependiendo del nivel académico de las alumnas.  


Desde abril de 1920 se hizo cargo de ella Dª Carmen Romero Regaña, natural de Sevilla y esposa de Casimiro, empleado en la oficina del  ferrocarril. La maestra habitaba en el piso alto y junto al matrimonio convivía su sobrina «Mariquita» que ejercía de sustituta en caso de ausencia de la profesora titular.  Doña Carmen era sevillana y llegó a Valverde ya casada. Cuando se jubiló, situó su hogar en la calle Menéndez y Pelayo. Allí murieron ella, su marido y su sobrina. Algunas de sus alumnas de la década de 1920 fueron Mª Jesús Domínguez Batanero, las hermanas Petra y Antonia Domínguez, Rafaela, Rosalía, las hermanas Tocino -Teresa, Pepita o Fernanda-,  Petra Muñoz, Francisca y Petra Oso, Encarnación y Rocío Arroyo, Dolores y Reposo Castilla Morales o Ángela Pérez.

 Dª Carmen Romero Regaña con sus alumnas en la escuela del Cabecillo de la Cruz. Década de 1920. Cedida por Mª Jesús Domínguez Batanero

Desde mediados  de la década de 1930,  la escuela del Cabecillo se convirtió en la escuela de Dª María. María Ruiz Cobo de Guzmán (1900-1978) había nacido en Ronda (Málaga), como ella solía decir, circunstancialmente, debido al oficio de ferroviario de su padre, pero se educó en Sevilla y en su escuela Normal cursó los estudios de magisterio. Tras superar las preceptivas oposiciones y su paso por Azuaga (Badajoz), hacia 1926 comienza a ejercer  en Valverde. Inicialmente lo hizo en la llamada Escuela de la Luz y posteriormente en la escuela del piso alto de las Salesianas. Por último, y tras contraer matrimonio con Cristóbal Pino, jefe de la policía local en la posguerra, fue la encargada de la Escuela Unitaria Nacional de San Carlos.  Corría el año 1935. Allí permaneció hasta su jubilación, acaecida a mediados de la década de 1960, de forma anticipada, debido a la enfermedad de su marido.

Las alumnas de la escuela San Carlos  recuerdan aún las grandes bancas de madera con los clásicos  tinteros y evocan la generosidad  de sus padrinos Carlos y Rella Kaesmacher. Doña Regla, como era conocida en Valverde, murió el  13 de marzo de 1928. Entonces, el ayuntamiento  pleno, por unanimidad, afirmando hacerse eco del sentir unánime de los vecinos, acordó rotular con su nombre la por entonces calle Estación «como recuerdo y recompensa justísima a la labor caritativa y altruista de la noble dama».

 Tras su muerte,  D. Carlos decidió abandonar España. Según su biografía, realizada por J. Ramírez, se marchó de Valverde el 16 de octubre de 1929. Dos semanas después fue nombrado hijo adoptivo de la población  como premio a su intachable conducta y a su proceder altruista durante su permanencia en Valverde. Junto a ello fue solicitada la medalla del trabajo de plata de primera categoría como recompensa honorífica para este ingeniero de Lieja. En junio de 1933, el consistorio republicano acordó suprimir la denominación de escuela de San Carlos por la  más prosaica de  «Escuela Nacional de Niñas nº 1»[1], aunque durante la alcaldía de Luis Arroyo Valero, en enero de 1936, volvió a su denominación original, en cuyo cambio pesó, sin duda, el  reconocido carácter católico del alcalde.

En la segunda mitad de la década de 1920 y a lo largo de la II República, la escuela de niñas de la calle Abajo estuvo regentada por  Dª Pepita García Ruiz, esposa que fue de David, oficial de prisiones y jefe de la cárcel local. Entre sus alumnas destacaron Isabel Parreño Bonaño,   
La escuela sufrió cierta enajenación en 1923, durante la alcaldía de D. Cristóbal Mora Benítez de un trozo de unos 10-14 m2, terreno  que fue adscrito a la propiedad colindante de José Mª Mora Benítez. Éste había solicitado la reparación de los daños causados por el agua procedente del inmueble de la escuela de niñas. El ayuntamiento se comprometió a ceder 10 m2 al señor Mora Benítez y éste a abonar el importe de la reparación consistente en el  adecentamiento del muro medianero con la casa nº 6, propiedad de los herederos de Dª Carmen Cera, y un nuevo cejo a la corriente del tejado.  Tal enajenación  fue protestada por la  entonces inspectora Dª Soledad Cabello, recogida en el libro de actas de la Junta Local de Primera Enseñanza en 11 de junio de 1923. Andando el tiempo, el consistorio de 1933 consideró la solución inmoral, punible y lesiva para los intereses municipales y se pidió el rescate del mencionado trozo de terreno.

Los edificios de la escuela de San Carlos y la escuela de la calle Abajo no estaban comunicados –como lo estuvieron posteriormente-, pero sus alumnas competían en cánticos acerca de la idoneidad y los méritos de sus respectivas maestras: 
«Dª pepita está cagá
Porque no sabe ni la a»

Andando el tiempo, el aula de la calle Abajo derivaría en escuela de niños, regentada por D. Antonio Infante Valdayo, que abrió sus puertas en los años 40 y 50 del siglo pasado





[1] A.M.V. /L.A.C. de 1933, 16 de junio. 





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