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viernes, 4 de septiembre de 2015

DIRECTORES Y DIRECTORAS DEL GRUPO ESCOLAR

Juan Carlos Sánchez Corralejo.

Extraído de "El grupo Escolar y Valverde del Camino (1937-1986)". En SÁNCHEZ CORRALEJO , J.C. PÉREZ RITE J.A. Y BARCELÓ MARTÍNEZ M. (2012):  Del Grupo Escolar al CEIP Menéndez y Pelayo, pp. 74-79



Directores y directoras.
 
La inexistencia de documentación conservada de los años iniciales nos impide trazar con precisión la labor directiva de los primeros años  del colegio. 
 
 
 

 

D. Evaristo Arrayás Mariano era director al comienzo de la década de 1950, hasta su jubilacionm en 1952. 
 




 
D. Antonio Rodríguez Cepeda fue director desde 1953 hasta 1956; D. Francisco Díaz Aranda ostentó la dirección del centro desde el curso escolar 1956/57 hasta 1959/60, siendo miembro del cuerpo profesional de directores, y fue el creador de un membrete oficial, utilizado a partir de entonces en todos los documentos del centro[1].
 
D. Manuel Medina Mora fue director en varias ocasiones, entre 1961-1967, y volvió a serlo tras la dirección de Águeda Díaz, entre 1973 y 1975. 
 
«Fue un gran director. Como estaba liberado de clases pasaba a menudo por nuestras aulas para cambiar impresiones».[2]
 
 
 
 
 
Dª Águeda Díaz Barragán (1967-1972) dirigió el centro en los primeros años de la Agrupación Escolar Mixta  Menéndez y Pelayo.
 
Tras su marcha de Valverde se ocupó provisionalmente de la dirección D. Manuel Medina Mora. Su cargo se hizo interino, por votación mayoritaria de los miembros del claustro en septiembre de 1972[3]. Manuel Medina fue director hasta su jubilación, acaecida el 17 de enero de 1975. Aquel mismo día se levantó acta de la reunión conjunta del Consejo Escolar y de la Junta Económica del centro, a fin de que el director hiciera entrega del material y del saldo de las cuentas.[4] 
 
En aquel mismo momento, Manuel Medina hizo entrega de la dirección del colegio al maestro propietario más antiguo en aquel momento, D. Francisco Romero Calleja, que debía encargarse de su administración «hasta que por la superioridad se designe definitivamente a la persona que ha de desempeñar posteriormente el cargo», y, precisamente, a este le tocó otorgar la primera licencia de maternidad a la maestra Mari Cruz Ponce. El discurso de despedida de D. Manuel Medina fue recogido en forma de acta: 
 
«Don Manuel Medina Mora hace constar en este acto su agradecimiento más sincero por la ayuda y entrega total de todos su compañeros [de] este colegio que en todo momento le prestaron. Pidió tesoneramente que conserven esa unión y ese entusiasmo que ha  redundado en conseguir que el día de hoy sea nuestro colegio un modelo de su clase en nuestra provincia».
 
El acto de homenaje se celebró en el Rincón de Juan, siendo invitados todos los maestros del claustro y los profesores en prácticas.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Maestros en la comida de jubilación de D. Manuel Medina: Antonio Pérez Fernández, Mª Dolores Alcaría, Manuel Domínguez Carrero y Sebastián Bermejo Garrido.
 
Pero también hubo homenaje por parte del alumnado del centro. Uno de los componentes del coro creado para  tal fin nos relata de esta guisa la experiencia: 
 
«Justo enfrente de estas últimas clases, en el patio que linda con la calle Rosa Rite, en un atardecer cercano a las vacaciones de verano, un coro de alumnos le cantó a D Manuel Medina un poema de homenaje y despedida por su jubilación. Aquella ha sido mi experiencia más cercana a la interpretación musical»[5].
 
                
 
D. Manuel Medina en su jubilación con  D. Francisco. Romero
 
 Un mes más tarde, se reunió el Consejo Escolar y se dio lectura a un  escrito de la Delegación Administrativa del Ministerio de Educación, que decía asumir la propuesta formulada por el Consejo de Inspección y nombraba como director interino a  Francisco Javier Almonte Martínez.[6]
 
D. Francisco Javier Almonte Martínez fue el director de los años de la Transición Democrática, entre 1975 y 1986. Fue un hombre querido y respetado por sus alumnos. Además, se rodeó de un excelente equipo directivo, del que formaron parte Juan Manuel Alcaría, Juan Luis Duque, Pedro Márquez, José Zamarreño y Carmen Sevilla y, más tarde, José Antonio Santos Lorca y José Luis Sánchez Borrero, muchos de los cuales tendrían responsabilidades directivas en los años siguientes en diferentes centros educativos de la localidad.  
 
Al final del curso escolar 1983-84, Francisco Javier Almonte anunciaba su deseo de no proseguir en la dirección y no hubo candidatura alternativa. Pero en virtud del punto 3.5  de la Resolución de la Dirección General de Ordenación Académica de doce de abril de 1984, los maestros tuvieron que elegir tres aspirantes para proponer el Consejo de Dirección, que fueron el propio Francisco Javier Almonte, José Antonio Santos y Juan Feria Parreño[7], y finalmente se vio obligado a prorrogar su mandato.
 
D. Máximo del Pozo Suero[8], natural de Huelva, fue el primer director del centro tras la apertura del colegio Los Molinos, en el año 1986/87. Había adquirido experiencia directiva en su paso por las Escuelas de Patronato de la Compañía Minera en Nerva, la llamada Escuela de los Protestantes. Su equipo directivo estuvo formado por Juan Feria Parreño como jefe de estudios y Manuel Mogeda Márquez en la secretaría.
 
   D. Casiano Hidalgo Gutiérrez ocupó la dirección entre 1987 y marzo de 1989, respaldado por su gran amigo Máximo del Pozo en la jefatura de estudios y José Luis Sánchez en la secretaría. Su pérdida temprana fue motivo de enorme consternación, y en su recuerdo y como gratitud a su esfuerzo, la Asociación de Padres y Madres del Colegio decidió llevar, en adelante, su nombre.
 
 Tras el nuevo periodo de dirección interina por parte de Máximo del Pozo, entre marzo y junio de aquel año, al iniciarse el curso escolar 1989/90 es elegido nuevo director D. José Luís Sánchez Romero[9], quien permanecerá en el cargo hasta 2004, secundado en la jefatura de estudios por Juan Feria Parreño.
 
Sus últimos directores han sido el valverdeño y antiguo alumno del centro  D.José Antonio Pérez Rite[10] (2004-2006) y Dª María Barceló Martínez (2006-2012), natural de Úbeda, afincada en nuestra ciudad desde 1990, profesora del centro desde 1995 e impulsora del Menéndez y Pelayo del siglo XXI.    
 
 
 
 
La Ley de Educación Primaria de 1945, y el Estatuto del Magisterio de 1947, durante el ministerio de Ibáñez Martín, establecían que el director era el representante legal de la escuela y superior jerárquico de los profesores. Su selección, definida en el estatuto, se realizaba mediante oposición restringida en los Grupos Escolares de más de seis secciones, y por nombramiento del Ministerio de Educación en grupos de menos de seis unidades.[11]
            Los directores de graduadas de seis o más unidades no tenían tareas docentes. Debían coordinar las instituciones complementarias (roperos escolares, colonias, cotos), desarrollar la gestión económica y administrativa con ayuda del consejo de dirección, servir de enlace con la administración en el trámite de documentos y llevar a cabo el control del personal.         
 
En los años sesenta la inspección destacaba la capacidad de liderazgo de los directores y directoras, aunque la ayuda recibida, al menos de forma oficial, solía ser muy escasa:
 
«Que un factor importante en los Grupos Escolares es la unión entre maestros, destacando el papel del director en los mismos. Aconseja que los maestros fomenten un auténtico equipo y que en cada grupo haya dos maestros que ayuden al director: uno en lo administrativo y otro en lo económico. Se acuerda la uniformidad del horario en todos los grupos».[12]
 
El Reglamento de directores escolares de 1967 supuso la regulación  de sus condiciones, funciones, forma de acceso y desarrollo de tareas, además de  sentar las bases de un cuerpo de directores de primaria, carente de carga docente[13]. Se accedía por un doble proceso, oposición libre y superación de un curso de formación dedicado a formación cultural, psicopedagógica y sociológica, organización escolar y técnicas y prácticas de dirección. Entre sus deberes destacaban presidir el Consejo Escolar o Consejo de Dirección, poner en práctica las instrucciones de la inspección educativa, mejorar la organización y el sistema docente del colegio, organizar los servicios complementarios, cuidar las instalaciones y el material escolar, conceder permisos de hasta 10 días -con comunicación posterior a la Comisión Provincial de Enseñanza Primaria-, estimular el espíritu de colaboración de los maestros, y formar parte de tribunales de oposiciones. Pero además debía –ese era el primer deber- cooperar con la familia, la Iglesia y las Instituciones del Estado, del Movimiento y de las Corporaciones Locales. La norma regulaba, asimismo, la provisión de vacantes y cambios de destino,  así como las vacaciones, licencias y sustituciones.
 
El cuerpo de directores profesionales duró poco, ya que la Ley General de Educación de 1970 abandonó la concepción directiva profesional: desaparece el cuerpo de directores, quienes vuelven a tareas docentes. La nueva legislación, muy ambigua, establecía que el órgano competente era la Dirección Provincial, oídos el Claustro y el Consejo Asesor. El Decreto 2655/74, de 30 de agosto, perfiló mejor el ejercicio de la función directiva: establecía como requisitos una antigüedad de tres años en el cuerpo de profesores de EGB[14]. Su función continúa, siendo la plena dirección del centro con la asistencia del Claustro y del Consejo Asesor.
 
A partir de 1978 se incentiva la gestión democrática de la educación. En EGB se dictan anualmente instrucciones para tal cometido. En 1980 se aprobó la Ley Orgánica que regulaba el Estatuto de Centros Escolares. La aprobación de la L.O.E.C.E.[15] significó el fin del Director como único responsable del gobierno de los centros. Junto a él aparecen otros cargos unipersonales, Jefe de Estudios y Secretario, y nuevos órganos colegiados, Claustro y Consejo de Dirección. El Director sería nombrado en virtud de lo dispuesto en el R.D. 1275/ 1981, de 19 de junio (BOE del 29), por el que se aprobó el reglamento de Selección y Nombramiento de Directores de los Centros Escolares Públicos.  El Director se ocuparía de la representación institucional del centro, la organización administrativa, el cumplimiento de la legislación y la jefatura de personal. Junto a él nace el Consejo de Dirección, que se ocupa de la disciplina del alumnado.
 
En 1985 se aprobó la Ley Orgánica reguladora del Derecho a la Educación (LODE)[16], que derogaba la LOECE, por la cual el director o directora de centros públicos era elegido por el Consejo Escolar y nombrado por la Administración Educativa para un mandato de tres años (art. 37 y 46), y con ello comienza la participación de la comunidad escolar, se abandona la vía profesional de acceso a la dirección y se orienta el gobierno de los centros docentes hacia fórmulas de autogestión y cogestión.[17]
 
Actualmente, la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación,  artículo 132, del capítulo IV, del Título V, establece las competencias de la dirección: ostentar la representación del centro, dirigir y coordinar todas las actividades del centro, ejercer la dirección pedagógica y promover la innovación educativa, garantizar el cumplimiento de las leyes y disposiciones, ejercer la jefatura de todo el personal, favorecer la convivencia en el centro, impulsar la  colaboración con las familias e instituciones, impulsar las evaluaciones internas del centro y colaborar en las externas, convocar y presidir los actos académicos y las sesiones del Consejo Escolar y del Claustro de profesores, realizar las contrataciones de obras, servicios y suministros, proponer a la Administración Educativa el nombramiento y cese de los miembros del equipo directivo, previa información al Claustro de profesores y al Consejo Escolar del centro y cualesquiera otras que les sean encomendadas por la Administración Educativa.
 
Además, el capítulo IV del Título V está dedicado al proceso de  selección, formación inicial y nombramiento de directores y directoras de los centros docentes públicos. A partir de la LOE, Andalucía se dota del Decreto 59/2007, de 6 de marzo, por el que se regula la selección, formación inicial y nombramiento de Directores/as de  Centros y la Orden de 26 de febrero de 2007, por la que se desarrolla el procedimiento de selección de los Directores y Directoras. El procedimiento se basa en un concurso de méritos y en la valoración de un Programa de Dirección, la formación inicial mediante un curso teórico, y la realización de un período de prácticas, además de la valoración de un mandato de cuatro años, en el que, de ser evaluados positivamente, podrán continuar ejerciendo el cargo.
 
En el capítulo VI (Los primeros años de la E.G.B., 1971-1979) analizamos la creación de un equipo directivo en el Menéndez y Pelayo que permitió una gestión más grupal, que daría no solo responsabilidades parciales a los distintos miembros de los equipos directivos, sino a la totalidad de miembros del Claustro. 





[1]. Entrevista a José Martín de Toro. 
[2]. Entrevistas a Dolores Arroyo Medina y Josefa Parreño Fiscal.
[3]. Tras el reparto de papeletas individuales a cada asistente, los maestros  relacionaron libremente y por orden de preferencia su propuesta para la dirección, procediéndose finalmente al recuento de votos emitidos, que dio el siguiente resultado: Manuel Medina, 12 votos; María de las Virtudes Pino,  9 votos; y José Zamarreño León, 8 votos. El resultado fue elevado al conocimiento del  Inspector Jefe de Enseñanza Primaria de la Provincia.  A.C.M.P. Acta de 1 de Septiembre de 1972.
[4]. A.C.M.P. Acta de 17 de enero de 1975.
[5]. ARROYO BERMEJO,  L., 2012 
[6]. A.C.M.P.  Acta de 28 de Febrero de 1975.
[7]. A.C.M.P. Actas de 7  y 21 de mayo de 1984.
189. Había realizado el bachiller superior y el preuniversitario en el instituto Rábida de Huelva y primero de magisterio por libre. Completó magisterio en la Normal de Huelva. Sus primeros destinos fueron en los colegios  Luis Vives de Nerva, La Naya de Riotinto y San Silvestre de Guzmán, y tras cumplir el servicio militar estuvo en  Ayamonte, La Atalaya y las escuelas graduadas que la compañía minera tenía en Nerva.  
[9]. Alumno del colegio salesiano de María Auxiliadora, hizo los estudios de bachillerato y el magisterio gracias al Colegio Libre Adoptado. Su vida profesional se inicia como educador en el Seminario de Huelva, y prosigue como maestro interino en Nerva y Beas, cinco años en Carmona, y su paso por el colegio Arias Montano de Huelva, antes de llegar a Valverde 
[10]. Desde los 6 a los 10 años en la escuela de D. Fausto. Este valverdeño terminó magisterio en Barcelona, en la escuela de magisterio Jaime Balmes, y allí empezó como interino. En el curso 1972/73 obtiene una interinidad en el Cerro de Andévalo y aprueba las oposiciones junto a otros compañeros como Isidoro Mantero Pérez, Mª Jesús Fernández Márquez y Juan Román Domínguez Carrero. Todos ellos obtienen destino en la asesoría del Colegio Fray Claudio de Trigueros. Tras su paso por el colegio José Nogales del Santo en el curso 75/76 y once años en Zalamea, en el 86/87 llegó como definitivo al Menéndez y Pelayo. Desde 1983 fue el representante del ayuntamiento en el Consejo de Centro del Menéndez y Pelayo, y finalmente su director.   
[11]. Ley de 17 de julio de 1945 (B.O.E. de 18 de agosto) sobre Educación Primaria. Decreto de 24 de octubre de 1947 (BOE de 17 de enero de 1948) sobre Estatuto del Magisterio. Vid EGIDO GÁLVEZ y PAREDES LABRA, J, 1995, pp. 89-90.
[12]. Mensaje del inspector D. Eutiquio Jesús Guijarro Sanz.  Acta del Centro de Colaboración Pedagógica de 21 de Octubre de 1966.
[13]. Decreto 985/1967, de 20 de abril (BOE 117 de 17 de mayo), pp.6578-6580, sobre Reglamento de Cuerpo de Directores Escolares.  O.M. de 10 de febrero  de 1967(B.O.E. dl 20)  sobre Reglamento de Centros Estatales de Enseñanza Primaria.         
[14]. Vid EGIDO GÁLVEZ I. y PAREDES LABRA, J, 1995, p.  92.
[15]. Ley orgánica 5/1980 de la Jefatura del Estado, de 19 de junio (BOE del 27), por la que se regula el Estatuto de Centros Escolares. 
[16]. Ley Orgánica 8/1985, de 3 de julio, reguladora del Derecho a la Educación.
[17]. MURILLO F. J. y GÓMEZ MARTÍN, J.C., 2006.

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