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lunes, 21 de septiembre de 2015

LA CUESTION CATALANISTA EN LA PRENSA DEL SIGLO XIX (II)

Juan Carlos Sánchez Corralejo
Facanias, pp.  16-22
El debate entre españolistas y catalanistas

Suele ser discurso común que los movimientos regionalistas del siglo XIX  pusieron coto al  cosmopolitismo ilustrado. La búsqueda de unos rasgos constitutivos inmutables (culturales, raciales, psicológicos...) ahistóricos, anteriores y superiores a las personas, cuestionaron los principios de universalidad, tan propios del Siglo de las Luces.
 
Pero también hubo controversia entre distintos nacionalismos: La polémica entre españolistas y catalanistas salpicó las páginas de revistas como El Monte Aventino, La Montaña de Montserrat o La Renaixença, además de los diarios convencionales. La revista La América[1] siempre proclamó su españolidad[2] y a través de sus páginas hubo un intenso debate.  Desde el catalanismo españolista y desde el más puro españolismo español, se niega el derecho a la recuperación de la lengua catalana

La  poesía y la literatura en general se convierten en arma política. Desde Madrid se veía con desagrado las veleidades nacionalistas. Pero también algunos catalanes se alinearon en dicho posicionamiento:  Tarrats de Eixalá y Federico Maresch representan esta postura.  Entre 1867 y 1868, desde las páginas de La América, J.M. Tarrats de Eixalá trataba de refutar los argumentos históricos y literarios de los que él llama con sorna los restauradores de la lengua catalana. Primero fustigó a Pitarra, por sus caídas y contradicciones, aunque reconoce su originalidad, la valía de Las Joyas de la Roser y el carácter ameno de sus obras;  y con inusitada dureza a Eduardo Vidal[3], periodista del Diari Català, a Capmany[4], a Pelay Briz[5], ya que sus obras le obligaban a salir del teatro con espanto: «De las obras de Vidal, Capmany y Briz, no puede uno leer ni una sola escena, pues aquella jerga titulada catalán, no es catalán, ni castellano, ni ninguna otra lengua conocida: aquello únicamente es malo; no encontramos otra palabra que exprese con mas fidelidad el valor de ellas»[6]. De J.M. Arnau, que ya en 1865  hacía representado varias comedias (Al altre mon, Un pollastre aixelat y La Pubüla del Vallés), comenta que debía, como el resto, estudiar otra lengua y otra literatura.[7]

En un  segundo artículo, se centró en un tema ya apuntado y que sobrevuela los anteriores, más allá de la pura crítica literaria: los inconvenientes políticos derivados del renacimiento de la literatura catalana, destacando el ser un “ariete contra la unidad española”, aquel logro nunca bien ponderado de los Reyes Católicos. Critica a unos mal aconsejados poetas, hacedores de poesías aplaudidas por inexpertos jóvenes que difaman a una provincia hermana como Madrid. Tarrats defiende la unidad de la patria emanada desde tiempo de la monarquía visigoda[8]. En el terreno puramente literario insistía en que “la maldita restauración de los juegos florales distrae a los jóvenes de sus estudios”, consideraba el intento una ridiculez, y se mofaba de los poetas autodenominados catalanistas. En febrero de 1868, escribió un tercer artículo, para rebatir a José Leopoldo Feu[9] y su obra  Datos y apuntes para la historia de la moderna literatura catalana[10], donde destaca la obra de tres escritores en lengua catalana, los filósofos Jaime Balmes, el periodista y poeta Pablo Piferrer, y el jurista Ramón Martí de Eixalà como representante de la escuela jurídica catalana del siglo XIX. Tarrats les resta valor a todos ellos y además los asimila al castellanismo más que al catalanismo. Finalmente, insertaba el siguiente soneto de un antiguo catalán españolista reconvertido en catalanista, del que no da el nombre:[11]

¡¡GUERRA!!
¡Santiago y cierra España! no perdones
Que es de sano criterio la cruzada,
Batalla con la turba congregada,
De ridículos, torpes histriones.
Al escuchar sus estridentes sones.
Venganza pide nuestra patria amada;
Véngala, pues, en esta liga osada
Compuesta de fanáticos campeones.
Véngala, pues, y nunca te amilanes
Al escuchar sus estridentes gritos;
Martirízalos, pues, cuña porcuna,
Y verán ¡vive Dios! que hay catalanes,
Y verán ¡vive Dios! por tus escritos
Que hay sentido común en Cataluña. [12]
       



Frederic Soler (Serafí Pitarra)

     


















Pau Piferrer                          






 Ramón Martí de Eixalà

El poeta Federico Maresch  habla de “La agonía de los juegos florales”, ya que solo había dado contadas composiciones de verdadero mérito y culpaba a los hombres influyentes del mallorquinismo y el vulgarismo, como “un elemento contrario a la unidad del sentimiento nacional”[13]. Incluso el diario satírico Gil Blas criticaba el regionalismo: 

Lo que no veo con buenos ojos es esa satisfacción con que catalanes, valencianos y castellanos, (que de todo hubo en las fiestas) dan cuenta de la resurrección del habla y de la literatura catalana. Dicen que esta es la muerte del espíritu provinciano, y la hermandad de dos literaturas. ¿Con que fomentar una literatura provincial es matar el espíritu provinciano? He aquí en lo que no estoy conforme. Yo quisiera que en la Península hubiera un solo pueblo y una sola literatura, y creo que esas fiestas de nuestros poetas, con la mejor buena fé del mundo, contribuirán á desarrollar el estrecho y mezquino espíritu de provincialismo. Esta es mi opinión: ¡el tiempo dirá Si me he engañado![14]

Los diarios monárquicos y conservadores resaltaban los hechos históricos que significaba unidad. Así, cuando en 1870 la Diputación  Provincial premió la poesía inspirada en la memoria de Mariano Álvarez de Castro, gobernador de Girona durante el sitio de 1809, el diario monárquico La Convicción[15] consideraba que “bien ha hecho nuestra primera Corporación provincial en acordarse de nuestras verdaderas glorias patrias”[16]. En este caso, La Convicción defiende una Cataluña sumisa al pretendiente Carlos VII y la recuperación de sus antiguos fueros en los tiempos previos a la tercera Guerra Carlista.

Balaguer, presidente de los juegos de 1868, hizo una encendida defensa de los mismos frente a los ataques recibidos, defendiendo la armonía entre las literaturas catalana, castellana y provenzal[17]. El novelista y dramaturgo Julio Nombela desde las páginas de La Época, reconocía el esfuerzo de los juegos florales catalanes, frente a la agonía del arte teatral de Madrid.[18]
Numerosos poetas catalanes pasaron por los juegos: Joaquín Riera, Adolfo Blanch y Cortada, Pedro Antonio Ventalló, Francisco Ubach, Antonio Camps, Collell de Vich; Frederic Soler (Pitarra), Forteza. Verdaguer, Martí y Pulguera, Rebentós y Pico, y un larguísimo etcétera. Pero, además, se mira allende del ombligo, en un intento de acreditación externa. Los juegos de Barcelona invitaron a personalidades de prestigio en el ámbito europeo: el príncipe  Guillermo Carlos Bonaparte Wise, 1868), poetas castellanos (José Zorrilla, Federico Mistral, Juan E. Hartzenbuseh, Ventura Ruiz Aguilera,  Gaspar Núñez de Arce, Gañote, Guerra y Orbe, Ayala, Hurtado, etc). Asimismo, a escritores valencianos como Teodoro Llorente, director de Las Provincias, Rafael Blasco, del Diario Mercantil, y los poetas Labaila, Montesinos, Félix Pizcueta, y Ferrer y Bigné, o escritores mallorquines como Gabriel Maura, Ramón Picó o Pedro de Alcántara. Por supuesto, no faltaron los poetas provenzales (Luis Roumieux de Bellcaire, Ernesto Roussell de Nimes, director del periódico Le Courrier du Gard, Pablo Meyer, archivero del archivo de la Casa de la ciudad de París, Félix Herment, redactor del periódico La France, y otros muchos. Incluso se invitó a los poetas portugueses desde el año 1871[19].
En paralelo a los juegos, se publicaron cuadernos coleccionables de poesía catalana bajo el título de Ramallets[20]. Además, los poetas catalanes acudían a los juegos florales de Provenza, como los de Saint Remy, donde se pedía la desaparición –se entendía cultural- de los Pirineos. El diario La España y otros afines criticaban tal petición por razones de geopolítica.[21] 

        
Julio Nombela                                






 Lluis Cutchet i Font. .  Biblioteca Museo Víctor Balaguer


En 1870 el Salón del Ciento fue sustituido por una ubicación más espaciosa, el salón bajo de la Casa-Lonja, decorado con multitud de banderas y pendones que representaban las  diversas provincias de Cataluña, Valencia y Mallorca, debajo de los cuales aparecían los nombres  de algunos de sus poetas más ilustres. El discurso inaugural correspondió a Estanislao Reinalds, un catalanista conservador, cercano a la Unión Liberal, contrario al centralismo liberal y jurista de prestigio, quien había afirmado que “el origen del Derecho civil catalán debería buscarse en la nacionalidad y el carácter del pueblo catalán”[22]:
 
(…) por la lectura de un discurso, bello en la forma y filosófico en el fondo, que respiraba un amor puro á nuestras tradiciones patrias y á nuestra lengua en especial; así como una fe viva en Dios y en la religión de nuestros padres. El señor Reinals, que parecía hallarse vivamente afectado, fue objeto de una ovación completa , cuando después de haber hecho notar que las teorías modernas tenían tendencia á borrar el nombre de «patria» que se da a la nación donde uno respira el primer soplo y ve los primeros rayos de luz y que los reformadores de  nuestros  días no tienen ni amor, ni fe, dijo: «Patria sens amor y sens fe, no la vall. El numeroso y escogido auditorio que le estaba escuchando con atención suma y en cuyo corazón iban a grabarse una por una las elocuentes frases del orador, prorrumpió en estrepitosos aplausos, cuando aludiendo á la teoría de nuestros actuales reformistas de hacer una sola de todas las naciones, dijo que un pueblo tal no podía tener historia y que el pueblo que no tenía historia tampoco podía tener poetas.[23]





Juegos Florales 1º de mayo  de 1870 (La Ilustración española y americana. 25/5/1870, p. 11..




                                                                                        Estanislao Reynals y Rabassa


La toma de conciencia político-económica

Pero el distanciamiento no solo tuvo elementos culturales. Los económicos y políticos también fueron esenciales. Uno substancial ocurrió el 21 de marzo de 1869, Domingo de Ramos: en las principales poblaciones de Cataluña y sobre todo en Barcelona, recorrió las calles una gran manifestación de protesta contra el librecambismo del Gobierno. Entre los oradores se encontraban  Valentín Almirall, primer teorizante del calanismo político; Luis Cutchet Font[24] hablaba –y no le faltaba razón- “de la competencia del trabajo extranjero, ejecutado con mucho menores condiciones que el nuestro”, y exigía medidas de protección arancelarias, igual que lo exigían los productores de carbón y de hierro en Asturias y Vizcaya, la industria de  Guipúzcoa y la agricultura del arroz y cáñamo de Valencia.Además, Cutchet i Font aprovechó cinco amplias páginas para un monográfico sobre el debate histórico entre librecambistas y proteccionistas, tanto en Estados Unidos como en la Francia decimonónica, además de repasar con extraordinaria prolijidad la historia española anterior[25]. El arancel Figuerola de 1869 no colmó las esperanzas de la burguesía catalana. El arancel, moderadamente librecambista, debía ser un estímulo para la competencia, porque para Laureano Figuerola la competencia era un factor esencial para el crecimiento económico,  y derivado de ello, pretendía obtener, si acaso a medio o largo plazo,  mayores recursos para la Hacienda Pública. 

También en 1869 se creó la primera sociedad catalanista, la "Joven Cataluña", con evidentes influencias del pensamiento romántico de Mazzini. En opinión de Pere Anguera, fue la primera entidad que unía literatura y reivindicación política, fundada entre otros por Àngel Guimerà y Lluis Doménech y Montaner. La Joven Cataluña organizó veladas literarias catalanas[26], pero se propuso ir más allá del debate literario a fin de dar un primer enfoque político. El abanico ideológico de sus integrantes era diverso, incluía tanto carlistas como republicanos de diferentes tendencias, característica típica de movimientos rupturistas iniciáticos. Más tarde sería necesaria mayor definición.  
En 1871 nació el periódico quincenal La Renaixença, como rotativo catalanista de literatura, ciencias y artes, con el objetivo de ser el divulgador del ideario del movimiento homónimo. En algunos de sus números pide la recuperación de los originales catalanes, como los textos de Vicente Ferrer de la Biblioteca de Oxford[27], pero el periódico no estuvo solo, y el  papel de la prensa en la difusión de este movimiento tuvo muchos más elementos, como ha estudiado Quintí Casals.[28]

La primera proclamación del Estado Catalán  (1873)

La llegada de la Primera República, tras la sorpresiva abdicación de Amadeo I, desencadenó el primer intento fallido de establecer el estado catalán, al tiempo que incentivó los ánimos de los carlistas en dominar una monarquía que consideraban usurpada desde la muerte de Fernando VII.

La Diputación de Barcelona, dominada por los republicanos federales «intransigentes», proclamó en dos ocasiones el «Estado catalán». En los días siguientes a la proclamación de la Republica, Barcelona parece en calma. El diario La Época hablaba de total tranquilidad, aunque las autoridades piden el refuerzo de unidades militares[29]: La República ha sido proclamada. Han publicado alocuciones los comités provincial y local.  La tranquilidad es completa. Los edificios del ayuntamiento, Diputación y Gobierno Civil están adornados, Se han tomado precauciones militares. El pueblo está armado[30]. Pero a  mediados de mes las cosas estaban agitadas en la ciudad: hubo una intentona de golpe de estado por parte de generales afectos a la causa alfonsina, como comentaba un suelto de La Independencia de Barcelona del día 17, con la  presencia en la ciudad del general Antonio Caballero de Rodas, que quiso contactar con la primera autoridad militar de la ciudad, el general Gaminde, sobre quien el gobierno central ya había puesto el foco de las dudas.  

El 21 de febrero Barcelona esta convulsa. Unos diarios, como La Iberia[31], hablan de que La Diputación de Barcelona, dominada por los republicanos federales «intransigentes» proclamó en el «Estado catalán»: Ya por la tarde circularon rumores de que la corporación provincial de Barcelona había proclamado la República federal y declarádose independiente, izando en su edificio la bandera del cantón: a la hora en que escribimos no se ha desmentido esta grave noticia, cuyo fundamento ignoramos[32]. Otros diarios hablan de un intento de involucrar a las unidades militares de la capital condal en participar en un pronunciamiento a favor del príncipe Alfonso, pero que la tropa ha contestado aclamando la República, fraternizando entusiastamente con el pueblo[33]. El diario carlista La Convicción se jacta de haber vivido los funerales de la causa Alfonsina.

El Imparcial, considerado el periódico más influyente en el último tercio del siglo XIX, da su propia visión de los hechos[34]: un grupo de militares, ante la retirada anticipada del general Gaminde, que iba a ser relevado por el general Contreras, con apoyo popular, manifiestan de manera decidida su apoyo a la república federal y se dirigen a la Plaza San Jaime, sede del palacio de la Diputación Provincial ante las autoridades de la ciudad: 

El batallón Cazadores de la Habana  prorrumpió en gritos de ¡Viva la República! que aumentaron al presentarse en los balcones algunos diputados á quienes la tropa manifestaba su simpatía y adhesión. En este estado, el general Andía, creyendo que no tenía fuerza moral para contener lo que él consideraba como una insubordinación, resignó el mando en el brigadier de ingenieros, Sr. Barraquer, […]  Mas, circulada la noticia, fueron llegando sucesivamente á aquel punto cazadores de Cádiz, Tarifa y Madrid, artillería de montaña y rodada y demás cuerpos de guarnición en Barcelona, todos con armas y sin la mayoría de sus jefes á la cabeza. La reunión de todas estas tropas, á quienes arengaban algunos paisanos desde los balcones de la Diputación, produjo una explosión de entusiasmo en que tomó parte el pueblo, fraternizando soldados y paisanos á los gritos de ¡Viva la República! que se extendieron por todos ángulos de la población. La alegría era indescriptible, y en medio da la agitación que los acontecimientos habían producido, no se cometió un desmán, no hubo el menor desorden, no se vertió ni una gota de sangre, reinando un orden admirable sólo interrumpido por los movimientos de la multitud entusiasmada. Pasados los primeros momentos, las tropas volvieron á sus respectivos cuarteles, declarando terminantemente que se hallan dispuestas á sostener al Gobierno de la República y á la Asamblea Nacional, en cuyo favor hacen votos de adhesión y fidelidad completa. Narciso Buxó y Prats, el alcalde de Barcelona, telegrafiaba al gobierno manifestando la adhesión de los cuerpos del ejército á la República y el orden completo de la ciudad.

Algunas fuentes hablan de que Pi y Margall, a la sazón ministro de Gobernación, logró convencer a las autoridades catalanas de que desistieran, mediante telegramas que les envió desde Madrid. Otros hablan de la actuación determinante de Josep Rubau Donadeu, diputado a cortes por San Feliú de Llobregat, alineado con los republicanos intransigentes desde la Gloriosa y asesor de Estanislao Figueras, republicano unitario, al presidir éste la República, quien habría participado en las negociaciones durante la Proclamación del Estado Catalán.  Su narración en el parlamento nos sirve para conocer las pugnas entre republicanos federales y unitarios: Rubao culpa a la actitud del general Eugenio Gaminde, mientras defiende la fidelidad del pueblo barcelonés a la causa republicana.

Algunos hablan de meros rumores de movimientos separatistas, y afirman que en Madrid determinados intereses quisieron exagerar los sucesos de Barcelona. Ese fue por lo menos el argumento del ministro de Hacienda, José Echegaray, en el debate parlamentario: La ciudad era republicana y no se había relajado la tensión militar frente a los carlistas[35]. El diputado Rubau alabó la actuación de la  diputación, que mantuvo el orden y el respeto a la propiedad[36].  
   

Estanislao Figueras                            























   Josep Rubau Donadeu                            












El diario La Época, de orientación centrista[37], habla  biertamente de un mes donde el federalismo, el separatismo y  el socialismo  dominó no solo la Diputación, sino las calles y plazas[38].  Entre el 5 y 7  de marzo de 1873, un mes después de la proclamación de la República, Barcelona sigue convulsa, “Entre los  rumores graves que ayer circularon tenía cabida el de que Cataluña se había declarado independiente, mejor dicho, los republicanos de Barcelona á nombre de Cataluña. Afortunadamente este rumor no se ha confirmado, ni creemos que reconozca fundamento alguno”[39]. Aunque La Iberia lo desmentía, La Correspondencia de España insistía en el rumor: Esta tarde ha circulado el rumor de que en Barcelona 16.000 voluntarios habían declarado independiente el Estado catalán y preso á las autoridades. El gobierno desmiente esta noticia sobre la cual ha pedido informes[40].

La segunda proclamación federalista catalana se produjo el  8 de marzo. Ese día en Madrid tuvo lugar lo que algunos han considerado un intento de golpe de Estado por parte de los republicanos radicales o unitarios, quienes, para evitar una república federal, trataron de impedir la convocatoria de Cortes Constituyentes.  El día 9, en Barcelona hubo rumores generalizados “de que se iba á proclamar a Cataluña independiente, mientras la Diputación recibía á los representantes de las asociaciones obreras que le pedían que proclamara la autonomía del Principado”[41]. Según Jorge Vilches, esta vez no bastaron los telegramas de Pi i Margall, sino que hizo falta que cuatro días después, el 12 de marzo, fuera a Barcelona el propio presidente de la  República, Estanislao Figueras, para que la Diputación retirara la declaración[42]. El diario democrático La Discusión insistía en la tranquilidad: Ya todo el mundo sabe a qué ha quedado reducido el movimiento federalista de Barcelona, movimiento que no tenía por objeto la rebelión contra el Poder ejecutivo, sino que nació de la desconfíanza y que ha desaparecido con ella[43].  El diario La Época,  resaltaba la obligación de acatamiento de Cataluña al poder central.[44]

Este primer arranque exitoso del catalanismo primitivo tan sólo duró unos días, y se produjo en una época realmente inestable. Otras muchas autoridades se manifestaron públicamente a favor de la Republica Federal, en pleno debate parlamentario sobre tal cuestión, y el Cantonalismo estaba a punto de estallar. Pero llama la atención la negación de muchos diarios sobre una cuestión que parecía evidente. ¿Una suerte de guerra psicológica sobre un miedo permanente sobre la independencia de Cataluña?

               
     
La Flaca. 3 de marzo de 1873. Pugna entre republicanos unitarios e intransigentes


La Flaca. Pi y Margall desbordado por el federalismo, representado en
figuras infantiles ataviadas con los distintos trajes regionales


[1] Bajo el subtitulo de Una crónica Hispano-americana.
[2] LOPEZ-OCÓN, Leoncio: Biografía de la "América": una crónica hispano-americana del liberalismo ...
[3] En 1865 publicó Tal farás tal trobarás 
[4] Había estrenado en 1865 La flor d’Ivern
[5] La América.  13/12/1867, pp. 9-10.
[6] Ibidem, p.9. 
[7] Ibídem, p. 10.
[8] La América. Madrid.  28/12/1867, p. 3. “Literatura Catalana”
[9] Autor catalán, nacido en Barcelona en 1836. Estudió derecho y obtuvo el doctorado en 1865. Desde 1864 a 1870 fue secretario general de la Compañía del Ferrocarril de Zaragoza a Barcelona, ​​y se instaló después en Madrid, donde ejerció la abogacía y colaboró ​​en varias revistas.
[10]Memoria leída ante la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona . Tipografía de Narciso Ramírez y Comp., 1865 - 47 páginas
[11] La América. Madrid. 13/2/1868, p. 10.
[12] La América. Madrid. 13/2/1868, p.10.
[13] La América.  28/1/1868, pp. 7-8.
[14] Gil Blas. 28/5/1868, p. 4.
[15] Diario fundando y dirigido por el carlista Luis María de Llauder (1837-1902). Bajo el subtítulo de  “periódico monárquico”, tenía ediciones de mañana y tarde, y estuvo en la calle desde 1870 a 1873
[16] La Convicción (Barcelona). 10/2/1871, p 8.
[17] Vid. La España. 7/5/1868, p.1.
[18] La Época. Madrid.  9/5/1868, p.1.
[19] La Iberia. Madrid.  2/5/1871, página 3.
[20] La España. Madrid.  4/5/1868, p. 2.
[21] La España  16/9/1868, p. 2.  La Época.  16/9/1868, p.3.
[22] SMITH, Angel (2014). The Origins of Catalan Nationalism, 1770-1898 . Palgrave Macmillan.
[23] La Ilustración española y americana. 25/5/1870, pp 10-11.
[24] Periodista, fundó, con Víctor Balaguer, El Consejero, y juntos viajaron por Italia (1859).  Fue uno de los impulsores de la Renaixença  Fue redactor de El Barcelonés y El Telégrafo, y colaborador de Revista de Cataluña, Calendario Catalán y La Renaixença. Como historiador, investigó en el Archivo de la Corona de Aragón, pero destacan su sentido  romántico y el dominio del pensamiento regionalista: El compromiso de Caspe (1851), Cataluña vindicada (1858), justificación de la revuelta catalana contra Juan II, y Historia del sitio de Girona en 1809 (1868).  Como defensor del proteccionismo económico, publicó Ensayo económico político a propósito de la reforma los aranceles (1851), La soberanía nacional en España (1868), La guerra al sentido común (1869, ampliado en 1884) y La República Cubana (1870). 
[25] La América. Madrid.  13/6/1870, pp. 5-13. “La Guerra al sentido común”
[26] La Convicción (Barcelona). 7/5/1871, p.10. “La Sociedad titulada la “Joven Catalunya,» ha dispuesto para la noche de mañana lunes la celebración de  una «Vetllada catalana literaria» en honra de sus consocios y demás poetas premiados en la fiesta de los Juegos florales de este año, la cual tendrá lugar en el salón de grados de esta Universidad a las ocho  de la noche”.
[27] Vid.
[28] CASALS BERGES, Q.  (2011):  El papel de la prensa en la Renaixença cultural de la Cataluña Occidental (1808-1874)”. En El Argonauta español. Nº 8.  Ejemplar dedicado a Médecine et presse médicale en Espagne: entre les savoirs et les pouvoirs (XIXe siècle-premier tiers du XXe siècle.
[29] La noticia procede de La lealtad.  Recogida por La Esperanza. Madrid.  14/2/1873, p.3.
[30] La Discusión. Madrid.  14/2/1873,  p. 2.
[31] Se autoproclamaba “campeón de las doctrinas liberales”  e imparcial aunque  se convirtió en órgano efectivo del Partido Progresista
[32] La Iberia. Madrid.  22/2/1873, p. 2.
[33] El Imparcial.  22/2/1873, p. 2.
[34] El Imparcial.  22/2/1873, p.1.
[35] La Iberia. 23/2/1873, p.1.
[36] La Iberia  9/3/1873, página 1. El Imparcial 9/3/1873, p. 2
[37] Desde 1856 será el órgano de Unión Liberal, y desde  el fracaso de la candidatura de la nueva monarquía de Antonio María de Orleans, duque de Montpensier, Antonio Cánovas del Castillo lo ganó para la causa alfonsina, convirtiéndose en el estandarte periodístico de la Restauración durante el Sexenio Democrático.
[38] La Época . Madrid. 12/3/1873,  p. 2.
[39] La Iberia. 6/3/1873, p.2.
[40] La Correspondencia de España. 7/3/1873,  p. 3.
[41] La Época. 12/3/1873, n.º 7.468, página 2.
[42] VILCHES, Jorge (2001). Progreso y Libertad. El Partido Progresista en la Revolución Liberal Española. Madrid: Alianza Editorial.., p. 37
[43] La Discusión. 12/3/1873, p. 1.
[44] La Época.  12/3/1873, p. 2.

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